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Rodrigo Sepúlveda

Tiempo Libre

11 de Marzo de 2026

Rodrigo Sepúlveda: “Yo no tengo camiseta política, jamás he tenido. Por lo tanto, me paro frente a lo que pasa en el país con total neutralidad”

El periodista y conductor de Meganoticias Alerta fue elegido entre los tres rostros en los que la gente más confía en la televisión chilena. Rodrigo Sepúlveda solo fue superado por José Antonio Neme y quedó por sobre Julio César Rodríguez. Sus cinco años al mando del espacio lo han acercado al público con un estilo que transita entre la indignación y la empatía. A sus horas en pantalla también suma su trabajo en Radio Romántica y en “Te lo Cedo”, programa de entrevistas que se emite por Zapping y YouTube, cuya primera entrega alcanzó 20 millones de reproducciones. Criticado por su estilo alarmista, el periodista asegura que toma esas opiniones como parte de la libertad de expresión y que sus emociones en pantalla no responden a un personaje.

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Sorprendentemente, Rodrigo Sepúlveda no está en Mega para esta entrevista, sino en dependencias de Canal 13. Al interior del edificio de Inés Matte Urrejola funcionan las oficinas de Zapping, el servicio de televisión digital que en el último tiempo ha incorporado contenidos propios. Uno de ellos es “Te lo Cedo”, un espacio de conversación que conduce el periodista y que ya estrenó su segunda temporada.

“Sepú”, de 53 años, aparece desde el estudio donde graba el programa con una camisa a cuadros, semiformal, y se pasea relajado por el espacio. Aunque no está en Mega —canal donde trabaja desde 2003—, se maneja como delantero en el área en este espacio distinto a su habitual escenario televisivo en el edificio de Vicuña Mackenna.

Justo ese día, el Consejo Nacional de Televisión publicó un estudio sobre la televisión chilena, donde Sepúlveda quedó en segundo lugar entre los rostros que transmiten más confianza. José Antonio Neme aparece como la figura con mayor credibilidad, con un 37% de las menciones, por encima de Sepúlveda (11%) y Julio César Rodríguez (9%).

Otro logro para la carrera de Sepúlveda, quien además lleva años liderando en su franja horaria. Los números respaldan la larga trayectoria del periodista. Sin embargo, su estilo también lo ha llevado a caminar por el filo de la crítica, debido a su tono de indignación y a la emocionalidad con la que aborda las noticias.

Más allá de los comentarios negativos en redes sociales, uno de los momentos más visibles ocurrió en el Festival de Viña del Mar 2025, en la llamada “noche anglo”. En esa ocasión, el periodista fue jurado y, tras su presentación, recibió una sonora pifiadera del público.

Pero Sepúlveda dice que las críticas no le afectan. Las considera expresiones de democrática. Además, repite una frase: “Usted es dueño del control; si no le gusta, se cambia de canal”.

“Te lo Cedo” es la antípoda de “Meganoticias Alerta”. Acá hay conversación larga y distendida, con sabor a una sobremesa alargada con un amigo: se conversa pausado y se escucha. El periodista no busca aquí los grandes titulares ni los cortes que puedan generar miles de visualizaciones en redes sociales, un estilo diferente para “Sepu”, quien dice estar sorprendido por la recepción del programa.

“Zapping fue muy generoso, me invitó a participar acá y yo accedí de inmediato, porque me encantó la onda, el espíritu, el profesionalismo que hay, la juventud y también la mirada que tienen”, destaca sobre este lugar de trabajo. En la primera temporada pasaron por el estudio Alejandro Tabilo, el futbolista Gustavo Canales, Guillermo Coppola y Carlos Caszely, además de otros nombres no ligados al deporte como Pedro Ruminot y Francisco Melo.

Sobre los invitados, dice que no se involucra demasiado y que es algo que deja en manos de la producción. No le gusta presionar. Además, en esta segunda temporada sueña con llevar su programa al “en vivo”, en un teatro, donde la gente pueda interactuar con él y con los invitados, hacer preguntas y ser parte del diálogo.

—¿Cómo conviven en ti esas dos emocionalidades? Una más pausada, otra más indignada. 

—Es como la vida, un carrusel de emociones nomás. Yo en el noticiero tengo una libertad absoluta. Mega a mí me da una libertad absoluta para hacer ese noticiero con la personalidad que uno tiene y con un equipo que es maravilloso. Entonces, si hay emoción, hay emoción; si hay rabia, hay rabia; si hay pena, hay pena. 

— ¿Y en “Te lo Cedo”?

Acá es un rol de poder escuchar, de poder comprender, de poder hablar de cosas que habitualmente no se conversan. Yo no ando buscando el gran título, no ando buscando la gran noticia del invitado, sino que es una opción de mirarnos en la cara, de descubrir al personaje, al ser humano que está detrás. Y para mí eso tiene un premio tremendo, porque se confiesan con mucha facilidad, con mucha naturalidad. Hablan de cosas que yo jamás había escuchado. Aquí sientes que hay un espacio de apertura, sin tanta presión, sin ir a buscar la gran noticia. Y eso para mí es maravilloso: que podamos conversar con total transparencia.

—Pero en el noticiero del día a día y te lo pregunto también como espectador: a veces da la sensación de que los periodistas que se exponen mucho quedan atrapados dentro de un personaje o de una línea que tienen que actuar todos los días. ¿Cómo llegas a ese tono?

—No. Es que yo no soy un personaje, yo soy así. Tú me podrías poner ahora acá, en este mismo espacio, a hacer un noticiero y lo voy a hacer igual como lo hago en el estudio. Entonces, para mí no hay dificultad. No es que yo me ponga un traje y vaya a hacer un noticiero de esta forma. Es más, es un noticiero que tiene una cualidad de conexión con la gente tremenda, porque yo también me voy sorprendiendo al aire con las noticias. No es que yo haga una estructura de pauta con mi grupo editorial. Ellos hacen su trabajo y yo me siento en el noticiero con la sorpresa de lo que va pasando, y eso a mí también me permite ir reaccionando en vivo, al igual que la gente en su casa.

—¿Te pones algún límite al aire?

—No tengo límites al aire.

—Pero no me refiero a lo editorial, sino a tu forma de ser. ¿Te pones algún límite ahí?

—No, ninguno, ninguno. Si me hubiera puesto límites, no habría mostrado emoción, no me habría enojado con ciertas situaciones, no habría ido, por ejemplo, a Lirquén a ayudar a la gente en los incendios.  Es un espacio que nosotros tenemos hace cinco años y que es muy heavy. Pero esto es gracias a la gente, porque es la gente la que ve el noticiero. Y eso yo lo veo minuto a minuto, porque hago el noticiero con el celular en la mano. La gente me va comentando, va participando conmigo, va escribiendo, reaccionando a lo que va pasando, me van informando mucho también. Entonces es una comunidad muy linda, muy honesta, la gente de “Alerta”.

—¿Vas leyendo los comentarios en vivo de redes?

—Sí.

—¿Y cómo te tomas los malos comentarios también?

—Súper bien, súper bien. Muchas veces lo he dicho: hay gente que opina a favor de lo que uno dice y gente que opina en contra de lo que uno dice. 

—Pero ¿eso se trabaja? O sea, generar ese “cuero de chancho”.

—Es que es normal. A mí me puede gustar cómo juega la selección y a ti no. Y yo lo voy a decir, y si a ti no te gusta, no por eso vas a ser un enemigo mío. En eso tengo mucha tranquilidad y mucha aceptación de las opiniones de la gente. Vivimos en democracia, y lo que yo pido siempre es justamente eso: democracia y distintas opiniones, pero con respeto.

Entonces para mí es muy lindo, además, leerlos siempre. Algunos dicen “estoy de acuerdo”, otros “no estoy de acuerdo”, y está bien. Al final, no todos vamos a ver las situaciones bajo la misma perspectiva.

—¿Qué es lo que más te indigna hoy en día?

—A mí me indigna, primero, la inseguridad que estamos viviendo. Eso me da mucha rabia. Y también me indigna la lentitud del Estado, en general, para llegar a la gente en las grandes crisis. O sea, no puede ser que, frente a un incendio, los grandes entes solidarios hayan sido Pailita, La Naya u Otakin, que hicieron una pega maravillosa. Más allá del gobierno que sea, porque a cualquier gobierno le habría pasado lo mismo. Somos muy lentos en eso.

—Tú estuviste ahi.

Yo estuve ahí varios días y la gente no tenía nada, nada. Pasaban los días y seguían sin tener nada. Entonces, esas cosas a mí me indignan. También me indigna el maltrato y el poco respeto que hay hacia los adultos mayores en nuestra sociedad. Para mí eso es inentendible.

—¿Qué más?

Me indigna que haya hombres que sigan golpeando a las mujeres. Es algo que no tiene nombre, es prehistórico. Estamos en 2026 y seguimos hablando de eso. Ese tipo de cosas me indignan mucho: las injusticias, la nula capacidad que tenemos a veces de entender al otro, la escasez de empatía también. Chile es un país tremendamente solidario: en las crisis están todos ahí, ayudando y luchando. Pero también nos falta mucho en otros aspectos.

—Hay una discusión permanente sobre la delincuencia y el rol de los medios. Existe la crítica de que la televisión amplifica la sensación de inseguridad, sobre todo si se compara el delito real con la cantidad de minutos dedicados a robos u otros hechos policiales en las noticias. ¿Cómo lo ves tú?

—Lo que pasa es que la televisión impacta tanto que uno cree que en todo el país sucede lo mismo. Pero cuando tú vas a una comuna, le pones el micrófono a la gente y le pides que se exprese sobre sus necesidades, todos te van a decir que necesitan seguridad. En cualquier comuna. Eso a mí me pasa permanentemente en el noticiero.

Entonces, no es algo que los noticieros quieran exacerbar o a lo que quieran darle mayor cabida de manera artificial, sino que es lo que está ocurriendo. Nosotros exponemos la realidad de lo que pasa en Chile. Acá no hay ninguna búsqueda de poner un tema por sobre otro, jamás.

En esa misma línea, y con un cambio de mando ad portas de suceder, se levantan suspicacias sobre eventuales cambios en la línea editorial según el gobierno de turno: que a veces un tema se enfatiza más y otros desaparecen. En un momento que puede ser álgido para el país, con cambios políticos, ¿cómo se mantiene la objetividad al aire?

—No hay ningún problema con eso. Se trata simplemente de hacer lo mismo siempre. Así como aplaudimos cuando corresponde —tal como lo hicimos con el presidente Boric en su momento— también criticamos cuando corresponde, al presidente o a los ministros.

Se trata de mantener una mirada objetiva y realista de lo que sucede. Yo no tengo camiseta política, jamás he tenido. Por lo tanto, me paro frente a lo que pasa en el país con total neutralidad. No tengo la intención, ni yo ni mi equipo, de perjudicar a un presidente o a un ministro, pero sí de decir lo que efectivamente está pasando, con la libertad que también nos da el canal para opinar respecto a las situaciones que ocurren.

—En lo personal, estar gran parte del día frente a noticias de tragedias, incendios o delincuencia debe ser pesado. ¿Cómo te llevas eso a la casa?

—Justo hoy hablaba de eso en la radio, por unos estudios que salieron. A mí lo que más me afecta es no poder ayudar a toda la gente que necesita ayuda: remedios caros, gente que no tiene su casa. Eso es lo que a mí me pega y me lo llevo conmigo. Trato de ayudar como puedo a la gente que me pide ayuda en esas cosas, porque siento que uno también tiene un rol ahí.

¿Qué haces para limpiar un poco ese ruido y buscar algo más positivo?

—Bueno, con mi familia y haciendo deporte. Para mí eso es clave en mi vida. Todos los días hago deporte, y es algo que me ayuda mucho. Me genera una tranquilidad mental durante un período que me permite enfrentar el día con inteligencia emocional y con más herramientas.

Porque a mí me importan las noticias, me importa lo que pasa en Chile, me importa lo que le pasa a la gente. Mucho. No es que sea un noticiero desechable donde presento una noticia y listo. A mí me importa de verdad. Entonces me llevo problemas, trato de solucionarlos, y cuando quiero despejarme, el deporte y mi familia son lo que me sacan de eso.

—Ese sentimiento de solidaridad, de querer ayudar al resto, que parece tan central en tu vida, ¿de dónde crees que viene?

—De mis viejos, de mi familia, siempre. De mi señora también. Siempre, siempre. Yo no puedo entender la mirada egoísta de la gente en muchas cosas. A pesar de eso, en las grandes crisis me doy cuenta de que el pueblo chileno, la ciudadanía chilena, tiene una solidaridad increíble. Gente que no tiene nada y aun así está ayudando. Pero en mi caso eso lo saqué de mi familia, desde chico.

—¿Son creyentes en tu familia? ¿Es algo religioso?

—No, no va por ahí. Es simplemente dar la mano a quien lo necesita, más allá de una religión. Y a mí me gustó mucho llevar eso al noticiero, porque siento que nuestro noticiero puede ayudar a mucha gente. De hecho, lo hemos logrado en innumerables ocasiones. Hemos podido ayudar a mucha gente, y pucha, yo me siento pagado con eso.

—Da la impresión de que lo tuyo es más terrenal que espiritual, en el sentido de la acción del día a día, de lo que está pasando entre nosotros. Como que ahí está tu motor.

—Me llena mucho, me gusta mucho lo social. Siempre he estado cerca de la gente que necesita ayuda: en los incendios, en los terremotos. Por eso también sucedió que, a través de la radio y de mi Twitter, encontré a diez personas que estaban desaparecidas, y para mí eso es un premio.

En las últimas inundaciones, por ejemplo, la gente me escribía al noticiero. Yo daba la dirección, me comunicaba, todo esto en coordinación con Carabineros, y ellos mandaban un helicóptero. Así se salvaron familias que estaban atrapadas en sus casas, haciendo esa triangulación. Para mí esas cosas son muy lindas.

—¿Duermes poco?

—Duermo poco.

—¿Es una constante?

—Duermo poco porque tengo que hacer radio temprano. Parto con mi programa en Radio Romántica a las siete de la mañana.

—¿Y a qué hora apagas la cabeza? Debe costar.

—Doce y media. Y me levanto a las cinco y media de la mañana.

La larga conexión de Rodrigo Sepúlveda y Mega

Cuando habla de sus metas profesionales, Rodrigo Sepúlveda vuelve inevitablemente a un recuerdo que marcó su carrera. Cuando comenzó en el periodismo, su gran sueño era cubrir un Mundial con la selección chilena. Lo logró en 2010, en Sudáfrica, y desde entonces —dice— todo lo que ha venido después ha sido, en cierta medida, un regalo.

Hoy no se plantea grandes objetivos personales dentro de la televisión. Más bien vuelve a mirar hacia la Roja. Le gustaría volver a vivir un Mundial con Chile, especialmente ahora que comienza un nuevo proceso clasificatorio y considerando que Mega tiene los derechos de la selección. Sin embargo, aclara que no se siente el rostro fuerte del área deportiva del canal.

“Jamás me voy a poner yo la camiseta de titular en algo”, explica. Prefiere verse como parte de un equipo: si el canal decide que debe asumir un rol en la cobertura deportiva, estará disponible. Lo importante para él es que Chile vuelva a clasificar y que los hinchas puedan dejar de ver los mundiales por televisión. Eso sí, deja claro que cualquier participación en ese ámbito no implicaría dejar su espacio en “Meganoticias Alerta”.

Con el Festival de Viña del Mar le pasa algo similar. Asegura que nunca ha sido un objetivo personal conducir el evento. De hecho, recuerda que para él ya fue un sueño participar como jurado, porque pudo ver a los artistas desde la primera fila.

—No habíamos tenido la posibilidad de hablar desde el fallido enroque que hubo en Mega. ¿Cómo viviste tú ese momento?

—Fue un momento de incertidumbre. Yo soy el más antiguo de Mega, llevo 23 años en el canal.Llegué en 2003 a Mega y llevo toda una vida ahí, un lugar que amo.

—¿Cuál sientes que es tu rol dentro del canal?

Siempre he entendido que soy un soldado, un empleado de la compañía. Eso si, todos los pasos que quiere dar el canal se conversan, y eso para mí es muy importante. No hay una obligación de hacer algo.

En ese momento, cuando me ofrecieron hacer el matinal y querían impulsar todos esos cambios, yo no tenía la intención de hacerlo, porque para mí nunca ha sido un objetivo profesional hacer un matinal. Pero como soy un empleado de esta industria, tomamos la decisión de hacerlo. Después, de un momento a otro, cambió toda la historia. Y me alegré mucho de que José Antonio Neme siguiera en el matinal, porque quién mejor que él para hacerlo. Yo quería seguir haciendo “Alerta”, sigo haciendo “Alerta”, y Juan Manuel Astorga sigue con su noticiero prime, que es su espacio.

—¿Te acomodaba el formato de matinal?

—Es que nunca lo he hecho.

—Pero cuando aceptaste ¿cómo te imaginaste ese escenario?

—Lo que más me empujaba a hacerlo era que estaba Karen Doggenweiler. Karen es una tremenda persona, una tremenda mujer, alguien con quien me llevo muy bien. Habría sido muy fácil trabajar con ella. Cada cosa que hacemos juntos sale con mucha naturalidad, como si hubiéramos trabajado años.

—¿Y por qué crees que has sido tan leal a Mega todos estos años?

—Amo a Mega. Siento que tengo una libertad tremenda para hacer el noticiero como quiero. Fíjate que, en todos estos años —y sobre todo con esta propiedad, con Carlos Heller— jamás he recibido un llamado de él para aplaudir a algún político o criticar a alguno. Jamás. Ni siquiera respecto a un equipo de fútbol.

Siempre he tenido esa libertad. Y eso para un periodista es maravilloso. Nunca he recibido un “oye, no le pegues a tal ministro o a tal presidente”. Todo lo contrario: jamás he recibido una llamada respecto a algo así.

—También, con la distancia de un año, está lo del Festival de Viña. La Quinta te pifió y luego hubo un cambio rápido en la coanimación para protegerte. ¿Cómo fue eso por dentro?

—Yo lo tomé muy bien. Me mostraron el video incluso después, y algunas personas que estaban ahí me escribieron. Fue un momento de expresión democrática. Nadie es monedita de oro. A lo mejor no les gustó algo que dije o la forma en que hago el noticiero.

—Pero igual duele en el ego, ¿no?

—No, porque yo estoy muy tranquilo con lo que hago.

—Una cosa es dormir tranquilo y otra es estar en la Quinta y que te pifien…

—Pero todos tienen derecho a expresarse como estimen. Yo no condiciono a la gente para que me aplauda. También hay mucha gente que me aplaude. Entonces, ¿qué? ¿Me tendría que volver loco y creer que soy el mejor del mundo porque me aplauden? ¿Y porque alguien me pifien sentirme el peor? No. Uno tiene que ser muy equilibrado en la vida.

Yo lo tomo bien. Si a alguien no le gusta mi trabajo, perfecto. Siempre les digo: hay otros canales, pueden ver otro noticiero. “Alerta” lleva cinco años siendo el noticiero más visto, así que para nosotros como equipo eso es un premio. Y si a alguien no le gusta lo que digo o cómo hago el noticiero, compadre, usted es dueño del control remoto: cámbielo y vea lo que quiera.

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