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Opinión

27 de Marzo de 2026

Cuidado con los “productos milagro”

Foto autor Maribel Vidal, directora ejecutiva de Conar Por Maribel Vidal, directora ejecutiva de Conar

Maribel Vidal, directora ejecutiva de Conar, escribe y hace un llamado a la responsabilidad en el consumo de "productos milagro". "En una época donde se cuenta con acceso a información como nunca antes hubo en la historia, los consumidores también cuentan con posibilidades mayores de contrastar datos, corroborando la real sintonía entre promesa y realidad", asegura. 

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Recientemente un medio online de alcance nacional dio a conocer una noticia que alertaba sobre los riesgos cardiovasculares de suplementos alimenticios y algunos productos alterados que podrían comprometer la salud. 

En una cultura donde la inmediatez y la promesa de resultados rápidos parecen dominar la conversación pública, los llamados “productos milagro”, que pretenden hacer magia para resolver una gran diversidad de problemas y expectativas, han ido ganando espacio en las pautas publicitarias. Muchos de ellos con grandes inversiones en medios, sin embargo, junto con su popularidad, también aumentan los riesgos asociados a la desinformación y a expectativas poco realistas que pueden afectar directamente la salud de las personas.

Como Consejo de Autorregulación y Ética Publicitaria, creemos firmemente que la publicidad responsable no solo es posible, sino necesaria. Las marcas comprometidas con la ética comprenden que su comunicación debe ajustarse a principios claros que protejan a los consumidores, evitando exageraciones, omisiones o mensajes que puedan inducir a error.

En este sentido, el Código Chileno de Ética Publicitaria establece criterios especialmente relevantes para este tipo de productos. El artículo 25° advierte que no se debe sugerir que un producto es seguro o efectivo simplemente por ser “natural”, una práctica que, lamentablemente, sigue siendo frecuente. Lo “natural” no es sinónimo de inocuo, y presentar esa idea como argumento publicitario puede llevar a decisiones de consumo mal informadas.

Asimismo, el artículo 8° es categórico al señalar que no deben prometerse beneficios universales ni resultados garantizados. El organismo de cada persona reacciona de manera distinta, y afirmar que un producto es “absolutamente seguro” o “libre de efectos secundarios” no solo es incorrecto, sino potencialmente riesgoso.

Los principios de la ética en comunicación publicitaria son claros al establecer que las marcas deben entregar libre acceso a la  comprobabilidad de su origen y funcionamiento, así como evidencia de lo que se promete en la publicidad. Además  la información debe ser confiable, honesta y no engañosa, reflejando lo que el producto realmente es.

En una época donde se cuenta con acceso a información como nunca antes hubo en la historia, los consumidores también cuentan con posibilidades mayores de contrastar datos, corroborando la real sintonía entre promesa y realidad. 

El llamado es claro: los compradores, los usuarios finales de estos productos, deben también experimentar un cambio cultural, adoptando un rol activo y crítico frente a la publicidad. Antes de adquirir un suplemento alimenticio, un rejuvenecedor, un quemador de grasa o hasta un producto para corregir imperfecciones de la piel, es fundamental revisar su composición, verificar su autorización sanitaria y desconfiar de mensajes que prometen resultados rápidos, sin esfuerzo o sin riesgos.

La autorregulación funciona cuando existe un compromiso compartido. Las empresas deben cumplir con estándares éticos exigentes, pero también es clave que las personas se informen, pregunten y contrasten la información que reciben.

Una publicidad responsable no solo construye confianza: también contribuye al bienestar de la sociedad. Y en materias que involucran la salud, esa responsabilidad es, simplemente, ineludible.

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