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Emmanuel Horvilleur

Tiempo Libre

8 de Abril de 2026

El desconocido vínculo de Emmanuel Horvilleur con Los Jaivas: “Cuando era pequeño vivían en Argentina y viví un tiempo con ellos”

Emmanuel Horvilleur viajó de Buenos Aires a Santiago para promocionar su último álbum, “Mi año gótico”, y su próximo show en Blondie en mayo de este año, marcando así un nuevo capítulo en su historia con el país. Un vínculo que comenzó en la década de los 90, cuando debutó con Illya Kuryaki and the Valderramas, el dúo que formó junto a Dante Spinetta, que aún se mantiene activo y que marcó la carrera de ambos.

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Vestido completamente de café, con anteojos de sol y un pañuelo rojo, Emmanuel Horvilleur habla con la prensa chilena en la comuna de Providencia. El artista trasandino realizó un viaje exprés de dos días a la capital para continuar con la promoción de su último álbum, “Mi año gótico”, un trabajo que contrasta con su nombre, ya que sus sonidos bailables y una textura eléctrica muestran luz, pero también la intimidad de Horvilleur.

A través de sus letras, el músico explora la búsqueda de lo sensual desde la mirada de un hombre de 50 años, transitando entre lo erótico y lo íntimo, con tintes irónicos y deslenguados que remiten al espíritu que marcó el inicio de su carrera junto a Dante Spinetta en Illya Kuryaki and the Valderramas

En su último trabajo hay presencia de dos artistas nacionales: Alex Anwandter y Javiera Mena, siguiendo así la lista de colaboraciones que ha tenido el artista trasandino con figuras del pop chileno; antes ya lo había hecho con Francisca Valenzuela. Además, el álbum incluye otras colaboraciones, como Ale Sergi, Fito Páez y Julián Kartun.

Eso si, la relación de Horvilleur con Chile viene de antes que su carrera artística. Su primer acercamiento con la música local fueron Los Jaivas. Cuando la madre de Emmanuel Horvilleur, Mercedes Villar, se separo del padre del artistas. Ahí en búsqueda de un hogar término viviendo con Los Jaivas, cuando la banda nacional vivia en el país tras el exilio vivido en la dictadura militar. 

“Creo que lo más fuerte que me une a Chile tiene que ver con mi madre. Cuando era pequeño y ellos vivían en Argentina, viví un tiempo con ellos. Mi mamá se había separado de Horvilleur, de mi padre, y se ve que había sido una separación no muy cool. Entonces Los Jaivas la recibieron”, cuenta Horvilleur. 

Después los fui a ver tocar en Buenos Aires. Tengo el recuerdo de un escenario que era como medio la cordillera, todo muy psicodélico. La montaña y ellos con una especie de túnicas”, dice sobre el recuerdo de la banda chilena. Además, revela que mantuvo una relación de amistas con Juanita Parra antes que se conviritera en la baterista de la banda.

La primera visita a Chile

Emmanuel Horvilleur recuerda que su primera visita a Chile fue en 1995, cuando llegó a Santiago junto a Illya Kuryaki and the Valderramas. El músico cuenta que se hospedaban junto a Dante en un hotel cerca del centro cívico, en los alrededores de La Moneda. Desde ahí observaba la ciudad y le parecía un lugar muy tranquilo, todavía marcado por una fuerte presencia de carabineros en las calles. En ese momento incluso llegó a preguntarse si alguien iría a verlos tocar.

Sin embargo, la percepción cambió cuando comenzó el concierto. Horvilleur recuerda que el público llegó con una energía y una vibra muy intensas, algo que interpretó como una forma de liberación tras años de dcitadura. “Chile tiene como una cosa subcutánea que sale”, reflexiona sobre esa primera vez en el país.

En el plano solista, el artista reconoce que mantiene algunas asignaturas pendientes con Chile. Durante varios momentos quiso venir al país, pero distintas circunstancias lo hicieron difícil. Por lo mismo, ahora busca saldar esas distancias y reencontrarse con el público local. Ese acercamiento tendrá un hito el próximo sábado 9 de mayo, cuando se presente en Blondie, en Santiago.

Mi “Año Gótico”

—En tu nuevo álbum, “Mi año gótico”, hay una idea que aparece bastante: la búsqueda del erotismo y de la sensualidad desde la mirada de un hombre de 50 años. Sobre todo considerando que tus canciones de juventud también tenían ese juego erótico y sensual. ¿Cómo se transforma hoy esa mirada en tus letras?

—Creo que también tiene que ver con el humor. Hay una canción en este disco que se llama “Tu cara de culo”, que habla un poco de eso. Es una canción bastante sexual, pero desde la cotidianidad de una pareja que lleva años junta. No es el tipo que sale a la discoteca a “cazar”, sino otra cosa, una intimidad distinta.

—¿Tiene que ver también con tu propia etapa de vida?

—Sí, claro. Obviamente, en algún punto eso también se adapta a quién sos ahora. Podés usar la memoria emotiva y escribir desde otros lugares, y yo no tengo problema con eso. Pero también me parece natural que esa sensualidad se mezcle con algo más personal, con cómo está mi vida hoy.

—En tus canciones siempre hubo algo sensual, pero quizás antes estaba más ligado a lo nocturno o a la juventud.

—Exacto. Es distinto contar la historia de una noche en una discoteca, algo más juvenil, que abrir la puerta de tu casa y mostrar la intimidad de una pareja. En este caso apareció esta canción y me divirtió poder plasmarla, porque me pareció algo nuevo en mí.

—También mencionas mucho las influencias musicales detrás de esa sensualidad.

—Sí. Tiene mucho que ver con la música que escucho y que me influencia. Mucho funk, soul… A veces incluso sin saber exactamente de qué hablan las letras, porque están en inglés y quizás no les presto tanta atención. Pero todo ese groove, esos sonidos, se me traducen en algo sexual y sensual. Para mí es una influencia muy fuerte.

—¿Esa sensualidad en la música es algo transversal, entonces?

—Totalmente. La música puede inspirar a cualquiera. Yo puedo escribir para jóvenes o para quien sea. Al final cada uno se sube a la música desde donde quiere. Uno escucha a alguien como Chet Baker, por ejemplo, y aunque sea jazz instrumental, hay una sensualidad y un misterio ahí que te llevan a muchos lugares. Eso es lo que hace la música.

La comparación de Catriel y Paco Amoroso y la opinión sobre el holograma de Cerati

Emmanuel Horvilleur explica que, tanto en su carrera solista como en su etapa con Illya Kuryaki and the Valderramas, siempre existió una tendencia a ir en dirección contraria a lo que se esperaba de la banda. Recuerda que tras el enorme éxito de “Chaco” en toda la región, el siguiente paso fue publicar “Versus”, un disco que hoy considera fundamental dentro de su discografía, pero que en su momento no fue del todo comprendido por el público porque proponía un camino distinto.

Con el paso del tiempo, dice, discos como “Chaco”, “Versus” o “Leche” pueden escucharse como parte de una misma unidad artística. Sin embargo, cuando fueron lanzados generaron desconcierto porque cada uno exploraba terrenos diferentes. Horvilleur señala que ese movimiento constante fue algo natural para el grupo: llegar a un lugar, explorarlo, plantar su bandera y luego avanzar hacia otro sonido. Según explica, esa búsqueda permanente forma parte de su identidad como músico,

—A Catriel y Paco Amoroso muchas veces los han comparado con ustedes, con Illya Kuryaki and the Valderramas, por ser una dupla con una energía irreverente. Primero quería preguntarte qué te parece esa comparación y si ves elementos en común. Y segundo, ¿cómo ves hoy la música argentina más joven, considerando fenómenos ligados al trap, la cumbia y otras mezclas?

—Sí, bueno, hay de todo. Hay mucho trap, mucha cumbia, pero también hay bandas de rock buenísimas. Ahí, cruzando Mendoza, está Usted Señalemelo, por ejemplo, que son muy buenos. Y Catriel y Paco Amoroso también lo son.

Yo los tengo en el radar desde que aparecieron. Incluso primero salió Catriel y después Paco; cada uno hizo discos solistas que están buenísimos. Entiendo todos los vínculos que se pueden hacer con Illya Kuryaki, porque ambos somos dúos. Y la verdad es que ellos la están rompiendo en el mundo. También se les acomodó algo que estaba ahí latente y han podido canalizar toda esa fuerza en una proyección global que pocas bandas logran. Desde ese lugar, mis mayores respetos.

—Tienes una canción con Gustavo Cerati, y la semana pasada se generó debate por el tour “Ecos”, que utiliza una proyección holográfica del músico. ¿Qué opinión te merece este tipo de iniciativas para conectar a nuevas generaciones con artistas que ya no están?

—Es un tema que tiene muchas aristas. Si me pongo en el lugar de chicos de 20 o 24 años que escuchan a Soda Stereo y que nunca tuvieron la posibilidad de verlos en vivo, puedo imaginar que llegar a un espectáculo así, con ese holograma y con todas esas canciones increíbles, puede generar una emoción muy fuerte.

Ahora, si me pongo en el lugar de alguien como yo, que tiene 51 años y vio a Soda Stereo muchas veces, se vuelve algo más extraño. Ver un holograma de Cerati es raro. Además yo conocí personalmente a Gustavo y a veces me pregunto si a él le habría gustado algo así. Quizás sí, no lo sé, nunca lo hablamos en esa época.

También pienso en Zeta Bosio, en Charly Alberti y en todos los músicos involucrados. Tal vez podrían haber buscado a alguien que cantara muy bien y hacer otra versión del show, porque ellos también son Soda. Pero son muchas preguntas. Yo mismo soy fan de muchos artistas: si mañana hubiera un espectáculo similar con Prince, quizás iría a verlo, porque amo esas canciones. Lo vi tres veces en mi vida y fueron conciertos increíbles. Capaz estas son nuevas maneras de consumir música. Dependiendo del día en que me preguntes, puedo tener distintas opiniones sobre el tema.

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