Luis Cordero: “El Gobierno debería comunicar de un modo más claro su plan de seguridad y la estrategia”
El exministro de Seguridad, Luis Cordero, analiza los primeros meses del Gobierno de José Antonio Kast y la gestión de su sucesora, la exfiscal Trinidad Steinert. "El Gobierno tiene un margen todavía para recuperar y retomar su agenda. Pero la pregunta más relevante es cuál es ese plan de seguridad, más allá de los operativos semanales", se pregunta Cordero. Además, cuestiona al ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, luego de que comparara los oficios filtrados con cartas entre parejas. "Los oficios de la administración pública lo que menos tienen es ser cartas de amor", dice.
Por Martín Browne 3 de Mayo de 2026
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Luis Cordero, exministro de Seguridad durante el gobierno del expresidente Gabriel Boric, vivió una semana intensa. No al nivel de cuando era parte del Ejecutivo, pero sí su nombre salió a la palestra, y se ganó críticas de integrantes del Partido Republicano, luego de que se supiera que hacía clases en la Academia de Carabineros.
El tema, finalmente, mostró diferencias en la derecha más que ser un flanco para Cordero. Gran parte de Chile Vamos salió a defender su derecho a hacer clases -en un establecimiento de educación superior- por su larga trayectoria como académico. Además, por las clases Cordero solo recibe $253 mil mensuales y antes de dejar su cargo en el Gobierno rechazó ser parte del Consejo de Defensa del Estado, lo que para la centroderecha fue una señal positiva.
Para Cordero el tema fue una muestra más de los tiempos actuales de la política, en los que la “provocación se impone sobre la responsabilidad”. Ese mismo llamado, Cordero lo hace a su sector.
“Me sorprendió mucho la crítica por hacer clases en Carabineros. Yo soy profesor de Derecho Administrativo en la Facultad de Derecho en la Universidad de Chile hace 25 años. Antes de ser ministro de Estado, que más bien es un paréntesis en mi vida, toda mi vida profesional y académica ha girado en torno al Derecho Administrativo. Y la invitación que me hizo Carabineros para hacer clase este semestre en la Academia de Ciencias Policiales, que es una institución de educación superior, por cuatro horas a la semana, el valor hora es $58.000 por hora, más o menos, por cierto, no tiene que ver con el valor monetario, sino que para aprovechar también ese espacio para poder profundizar algunas cuestiones de Derecho Administrativo que son relevantes para Carabineros”, dice Cordero a The Clinic.
Y agrega: “Entonces, me parece que es una discusión entre algo ficticio y que no se compadece ni con los hechos ni con la realidad. Lo demás supongo que tiene que ver con los tiempos en que vivimos”.
—¿Está preocupado por cómo está el ambiente político?
—Sí, yo creo que vivimos en tiempos más de provocación que de consenso. Eso es un problema para gobernar en Chile y en distintas partes del mundo. Esta es una sociedad, la nuestra, que viene hace muchos años teniendo como énfasis central buscar mecanismos de acuerdo y cuando los incentivos de la política están esencialmente en la provocación, entonces las posibilidades de acuerdo tienden a diluirse, o sea, a ser más costosas. Y eso tiene consecuencias muy negativas en el largo plazo.
Si uno quiere tener certeza jurídica, certeza para las inversiones, si uno quiere tener tranquilidad, en general lo que necesita es un sistema político que converja más que se provoque permanentemente.
—¿Es muy difícil gobernar hoy en día?
—Es muy difícil. Primero, gobernar es difícil porque hay elementos que están muy condicionados también por explotar emociones negativas. La política pareciera que está permanentemente en campaña y pareciera que es una de las maneras de sostener la atención es explotando emociones negativas y eso tiene consecuencias perjudiciales para las personas en el largo plazo. Es difícil porque los problemas públicos tienen complejidades y entonces tú tienes un estado muy fragmentado y los problemas públicos requieren de integración. La prudencia es quizá uno de los principales atributos que uno debiera exigirle a los gobernantes.
—¿Y este Gobierno cree que no ha sido prudente?
—No, yo creo que es un gobierno que todavía se está instalando. Tiene poco más de 40 días. Gobernar implica no solo conocer el Estado sino que apropiarse de la función. Gobernar requiere acción más que declaración y cuando se gobierna se pagan los costos de todos los problemas públicos. Entonces gobernar es muy difícil y gestionar es muy difícil.
—¿Ser oposición es más fácil en el fondo?
—En general es así y es lo que está pasando. El elemento común de los resultados electorales en buena parte del mundo es que ganan las oposiciones y tiene un poco que ver con eso. Y eso ha sido muy frecuente en el caso nuestro en los últimos procesos electorales.
—¿Usted está conforme con cómo ha sido la oposición en este primer mes?
—Yo creo que la oposición está observando. Los partidos, cada uno tiene sus agendas de cómo van a terminar convergiendo.
—Pero esto de ir a Contraloría todos los días prácticamente…
—Eso de ir a la Contraloría siempre por parte de los parlamentarios yo creo que se hizo muy habitual hace 15, 20 años. Lo que pasa es que en Chile lo que hay es que quienes participan del debate público tienen poca memoria, como la memoria de los peces, siempre tienen memoria muy corta. Me parece que mientras los actores del sistema institucional utilicen los canales formales del sistema institucional, son parte de las reglas del juego. Yo creo que lo complejo en una sociedad es cuando se ocupan instrumentos extra institucionales.
A uno le gustaría que fuese en algunas cosas con un tono distinto, con menos provocación y más proposición. Pero mientras utilicen los cauces institucionales, son las reglas del juego.
—¿La oposición debe dejar de lado la provocación por ir hacia un camino diferente?
—La pregunta para la oposición, y para el progresismo en general, más que para la contingencia, es cuál es la propuesta para el país teniendo presente los próximos años que vienen. Pero esto es una reflexión bastante más global, una reflexión que excede solamente a Chile.
—¿Y salirse de esa figura de la provocación?
—Claro. Y asumir los costos que eso implica. Y yo creo que estos son tiempos donde uno tiene que dejar la provocación y son tiempos de la responsabilidad. De la responsabilidad pública.
Los tiempos no son fáciles, no son fáciles para el mundo en general, no son fáciles para el diálogo democrático. Los niveles de adhesión a la democracia han ido disminuyendo y yo creo que esos indicadores que participan de la política debieran mirarlos con mucha atención.

“El Ministerio de Seguridad no tiene funciones operativas y no es una oficina adicional del Ministerio Público”
El exministro Cordero retomó su vida tras dejar el Ministerio, su rol como columnista, ha podido concentrarse más en sus clases en la Universidad de Chile y también ha vuelto a trotar. Eso sí, no corrió la Maratón de Santiago, los 42 kilómetros, porque aún cree que debe prepararse más luego de años de intensidad que no le permitieron estar a tono para una corrida de esa magnitud.
En todo caso, todo eso no significa que no esté pendiente de la gestión de su sucesora, la exfiscal Trinidad Steinert.
—Viéndolo en perspectiva, ¿fue una buena idea poner a una exfiscal en Seguridad?
—A ver, yo creo que… un exfiscal o una exfiscal, como el caso de la ministra Steinert, siempre es un nombre interesante para el Ministerio de Seguridad. Lo que yo creo que no puede pasar es que uno asuma el Ministerio de Seguridad asumiendo que tengo las mismas herramientas de antes.
El Ministerio de Seguridad no tiene funciones operativas y no es una oficina adicional del Ministerio Público. Pero respecto al conocimiento, a las capacidades, nadie dudaría de que la ministra Steiner está en buenas condiciones de asumir su cargo.
—¿Cómo ha visto la agenda del Ministerio de Seguridad?
—Esta es una administración que hizo de la seguridad uno de los principales discursos de campaña. Y es esta necesidad de tratar de combinar la acción inmediata para los problemas contingentes… Seguridad tiene esta tensión, que tiene que abordar los problemas diarios. Pero, en segundo lugar, no tiene que perder de perspectiva el mediano y el largo plazo. Sí, hay que reducir los delitos violentos, hay que reducir los homicidios, hay que combatir a las organizaciones criminales y en eso hay pleno acuerdo. El tema es que esa disminución sostenida de los delitos violentos está aparejada a políticas públicas de intervención más estructural.
—¿En qué sentido?
—Más o menos hoy día sabemos que 25 comunas representan más del 50% de los homicidios en el país. Sabemos más o menos qué comunas son, pero en segundo lugar sabemos los barrios en específico de esas comunas. Basta por ir simplemente a intervención policial y de persecución penal. Es decir, ha existido mucha intervención, hay que seguir teniéndola, pero probablemente uno requiere de intervenciones sociales mucho más estructurales. Entonces, mirar los temas de seguridad en la contingencia, pero sin perder de perspectiva los impactos y los resultados de mediano y largo plazo.
Porque el objetivo final, al final del día, en seguridad, ¿cuál es? Que las personas puedan vivir con tranquilidad. Pero no solo eso, sino que puedan percibir la tranquilidad. O sea, no es solo disminuir el número en términos absolutos. El objetivo que Chile tiene también es disminuir su sensación de inseguridad que está muy desacoplada con los indicadores de victimización.
—¿Y los errores iniciales entrampan mucho ese plan?
—Yo creo que hay que tener… Uno son los errores que se puede cometer desde el punto de vista sectorial. Otro es que la dimensión de seguridad abarca más que el Ministerio de Seguridad. Sí, pueden afectar. Pero el Gobierno tiene más de 40 días y tiene un margen todavía para recuperar y retomar su agenda. Pero la pregunta más relevante es cuál es ese plan de seguridad, más allá de los operativos semanales.
—¿No se ha visto ese plan de seguridad?
—El Gobierno ha dicho que tiene un plan. La pregunta es cómo lo comunica. ¿Y por qué importa? Porque comunicar inseguridad es muy complejo. Es muy complejo porque… ¿Cómo hace la comunicación de riesgo? Y ese horizonte tiene que ser más que un reporte semanal. Tiene que, al final del día, bastante que ver con el mediano y el largo plazo.
—¿Pero cree que todavía no lo ha comunicado?
—Yo creo que al menos debiera comunicarlo mejor, pero en su plan más estructural. No simplemente cuánto es el número de delitos que está disminuyendo a la semana o cuánto es el número de migrantes que está expulsando. Porque siempre, cuando usted va a comparar así, en datos muy contingentes, siempre va a tener un dato que puede terminar por afectar su relato. Y la única, o por lo menos esa es mi opinión, yo creo que las personas de seguridad lo que necesitan no solo es el día a día, sino que también que la autoridad muestre cuál es el horizonte.
Por ejemplo, el gobierno del presidente Boric redujo de 6.8 a 5.4 los homicidios. Se redujo más del 20% los homicidios. Redujo particularmente los robos violentos. Entonces, mostrar un horizonte también le da un respiro a la autoridad. Porque yo creo que no hay nada más complejo que vivir en el vértigo diario sin tener una perspectiva de hacia dónde va el camino.
—Escuchando al Gobierno, esos datos no parecen ser ciertos.
—Los datos son los datos.
—¿Y qué debería hacer el Gobierno?
—Seguir profundizando eso. Hay una reforma que está invisibilizada y que tenemos que llevar a cabo, que está asociada a estos pasos de Gendarmería desde el Ministerio de Justicia al Ministerio de Seguridad. En Chile tenemos más de 150% de sobrepoblación. Tenemos una capacidad de poco más de 42.000 para cerca de 64.000 personas privadas de libertad. Eso es consecuencia de las modificaciones del Congreso, de la eficiencia policial, de la eficiencia de la persecución penal. Y yo creo que la reforma al sistema penitenciario, y la reforma a Gendarmería, requieren un consenso relativamente transversal. Pero la sobrepoblación está ahí. Y, por lo tanto, lo que uno debería tratar es contribuir a que esos acuerdos se logren porque una crisis penitenciaria es una crisis que no perjudica solo al gobierno, perjudica al país. Creo que en eso uno tiene que extraviarse.
—¿Y si es que el Gobierno no sale de esta inmediatez y no muestra un plan, qué es lo peor que podría pasar?
—A ver, los gobiernos siempre necesitan un plan. Yo creo que no es cierto que los gobiernos no tengan planes. Porque la fuerza de los hechos lo lleva a eso.
—¿Pero tiene que ser más claro?
—Yo creo que efectivamente tiene que comunicar el plan de seguridad y su estrategia de un modo más claro.

“Los oficios de la administración pública lo que menos tienen es ser cartas de amor”
Cordero, además, como profesor de Derecho Administrativo, vio críticiamente otra de las crisis del Ejecutivo esta semana: la polémica que surgió luego de que se filtrara un oficio del ministerio de Hacienda, encabezado por Jorge Quiroz, en que se recomendaba descontinuar programas sociales.
Esta semana, para defender su labor, el ministro Quiroz comparó los oficios con cartas de amor. “Es como que alguien venga y revise la carta de una pareja y empiece a dar opiniones”, dijo Quiroz.
—¿Cree que está bien que un ministro diga que un oficio es como una carta de amor entre privado?
—Los oficios de la administración pública lo que menos tienen es ser cartas de amor. Lo que menos tienen. Es una expresión que probablemente lo que hace es que encierra un cierto desconocimiento de cómo funciona el Estado. La administración pública se expresa por medios formales. Las burocracias administrativas entienden que esas comunicaciones tienen oficialidad, que transmiten un mensaje y una decisión. Y, por cierto, cuando una autoridad expone un asunto en un oficio, toda la administración pública entiende que es un mandato, una orden o bien una orientación que debe ser satisfecha de alguna manera.
Por eso esa expresión creo que es inadecuada y que creo que en algún sentido prescinde de los impactos que ese tipo de comunicaciones pueden provocar. No es un Twitter de una autoridad, no es un mensaje en sus redes sociales, no, no. Es una comunicación formal dirigida de ministros a ministros, donde hay elementos de cómo se va a componer la estructura del diseño presupuestario del año 2027.
—¿Cree que es un error grave?
—Yo creo que uno tiene que tener muchísimo cuidado con qué comunica y cómo lo comunica. Y yo creo que el problema central de ese oficio no tiene que ver con el proceso presupuestario, porque eso tiene una dinámica y va a enfrentar un debate cuando llegue al Congreso, sino que tiene que ver fundamentalmente con cómo se comunica tanto, que genera que los propios ministerios comiencen a defender los programas que aparentemente se desean prescindir. Entonces una comunicación inadecuada termina generando una alarma y además de eso definiendo posiciones de defensa que se dan al interior del propio Gobierno.
Lo que no puede pasar es que usted sea forzado a generar un diálogo y una oposición, en términos de posición, entre el ministro de Hacienda y los ministros sectoriales, porque eso no le hace bien al Gobierno.



