Entrevista al dueño del Bar El Túnel: casi 60 años de historia del local, la respuesta al viejo mito de si alguna vez fue un cabaret y su incursión en redes sociales
En conversación con The Clinic, su dueño, Pablo Urzúa, repasa las casi seis décadas de historia del local y los 27 años de Bar El Túnel. Además, explica el famoso “mito del cabaret”, aborda el sello de la discoteque como un espacio de carrete familiar y reflexiona sobre su histórica trayectoria en la vida nocturna santiaguina.
Por Colomba Bolognesi 10 de Mayo de 2026
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“Si estás carreteando en El Túnel y sales afuera a fumar, recuerda guardar silencio, porque la fiesta es adentro”. Seguramente te has topado en redes sociales con los ya clásicos videos de Bar El Túnel, parte de una campaña que busca evitar ruidos y molestias a los vecinos del Barrio Bellas Artes, sector donde el local acumula 58 años de historia y 27 años funcionando bajo el nombre El Túnel.
Al entrar, te recibe una especie de taberna subterránea, con escaleras que hay que bajar para llegar a la barra y la pista de baile. El estilo cavernoso de la entrada se remonta a la época en que el lugar era conocido como Catacumbas 2000, una icónica discoteque inaugurada en 1968, considerada una de las primeras de la capital y muy popular durante los años 80, que funcionó hasta el 97.

Con una atmósfera íntima y misteriosa, Bar El Túnel está iluminado casi por completo por luces rojas y violetas que envuelven el espacio. Su barra está revestida con cuero acolchado dorado y detrás una pared repleta de botellas iluminadas en tonos azules y morados. Su piso de baldosas blanco con negro, tipo ajedrez aporta un aire retro.
En la pista de baile, la protagonista es una mesa de DJ que simula una gran bola de disco y está rodeada por caños, un detalle que ha alimentado un extendido rumor sobre el lugar: que antiguamente funcionó como cabaret. Un detalle importante lo hace diferenciarse de gran parte de las discoteques: no suena trap ni reaggeatón.
Bar El Túnel abre sus puertas de martes a sábado. Los viernes y sábado la entrada tiene un costo de $15.000 e incluye un cover, tanto para hombres como para mujeres. De martes a jueves, tienen promociones: si llegas antes de las doce de la noche, solo se te cobra el cover. Los viernes y sábado, la discoteque llega a recibir hasta 300 personas, y los días de semana esperan alrededor de 60, según cuenta su dueño, Pablo Urzúa a The Clinic.
Con solo 15 años, Pablo comenzó a adentrarse en el negocio de la vida nocturna. Gracias a su pasión por la música y que su papá le regaló un mezclador, comenzó a tocar en las fiestas de colegio. En ese entonces, su padre era dueño del 50% de Catacumbas 2000, y Pablo le pedía las llaves del lugar para ir a escuchar música con sus amigos.
El local ya había cerrado, cuando en 1999 a Pablo, se le ocurrió pedírselo prestado a su papá, que ya era dueño del 100% del lugar, para organizar una fiesta. Un poco inseguro de la petición de su hijo, finalmente terminó cediendo. El éxito de la fiesta fue tanto, que Pablo, a sus 25 años, terminó quedándose con el local y así inaugurándolo como Bar Él Túnel.

“Hicimos esta fiesta y nos fue muy bien. En ese minuto, decidimos que esto había que seguirlo, que no podía parar acá, para qué íbamos a cerrar el local. Y una amigo mío llegó con el nombre El Túnel”, cuenta Urzúa.
—¿Cuál sientes que es el sello de El Túnel hoy en día?
—Hoy en día es bien transversal, vienen de todo tipo de clases sociales y de todo tipo de edades. Aquí puedes encontrarte con alguien de 20 años, como te puedes encontrar con la señora de 65, celebrando sus 65 años de cumpleaños. El que quiera venir a escuchar buena música, a bailar, es un lugar seguro, donde aquí prácticamente peleas no existen porque es gente más adulta. Y cuando vienen los jóvenes, se adaptan a eso. Ha pasado varias veces que vienen los nietos con la abuela. Vienen y lo pasan chancho.
—Cuéntame un poco de su música, ¿Acá se caracterizan por la música black room?
—Aquí siempre partimos con música más negra. Porque yo cuando ponía música siempre el estilo mío era muy onda disco. Yo trabajaba con todos estos vinilos antiguos, toda música negra de los años 60, 70. Además, mucha Madonna, mucho Michael, de todo ese estilo como ochentero. Y eso se ha ido manteniendo siempre. Pero obviamente, ha ido variando. Hoy en día necesitamos ampliar un poco el público, entonces lo que hacemos es que se ponen los hits del momento mezclados con ese estilo. Pero, los hits del momento eliminando todo reggaetón o toda pachanga. Música urbana sí suena, pero menos. Porque hoy en día con la música urbana todos se imaginan reggaetón o trap, y eso está prohibido.

“Se remodeló para ser un cabaret, pero nunca alcanzó a funcionar“
—El mito del cabaret. ¿Es verdad que en algún minuto el local funcionaba como cabaret?
—Todo el mundo siempre pensó que Catacumbas era un cabaret. Y no era un cabaret, era una discoteque de parejas, así la llamaban. Era oscuro, súper oscuro, tenía muchas como cadenas, cosas raras por todos lados. Uno se podía sentar en una mesa, pero cerrada, más privada. Era diferente, no había barra, se atendía solo a la mesa. Tenía una mini pista de baile y era música más romántica. Lo del cabaret fue después, el año 97 se cerró Catacumba, porque se vendió para ser un cabaret. Se remodeló para ser un cabaret, pero nunca alcanzó a funcionar. Estaba todo listo y parece que se arrepintieron las personas que lo habían comprado. Tuvo hasta letrero, todo. Pero no alcanzó a funcionar.
Pablo cuenta que la barra acolchada y los dos caños son parte de lo que quedó del intento de convertir el lugar en un cabaret. Aunque el proyecto nunca llegó a funcionar como tal, El Túnel todavía mantiene parte de sus elementos.
—Hace poco empezaron fuerte con la campaña del silencio en redes sociales, ¿sientes que esos videos les han traído más público?
—El tema de la campaña de silencio es un tema que hubo que hacerlo por un tema de empatía. Porque a la vuelta de la pandemia los vecinos se desacostumbraron a que ellos vivían alrededor de la discoteque. Entonces, lo hicimos para que la autoridad se fijara en que no estábamos de brazos cruzados, sino que hacíamos algo para mejorar el tema. Ahora, antes de la pandemia, nosotros siempre hacíamos la publicidad, pero la hacíamos con letreros en la puerta. Hoy en día, el 50% de nuestra publicidad está dedicada a eso. En un principio, hacíamos el video de las personas solo diciendo silencio, pero luego de eso le incorporamos un video del ambiente y eso ha dado muchos resultados.
—¿Consideras que El Túnel tiene una competencia directa?
—No. Mira, en algún minuto, cuando partió Subterráneo ellos eran bastante competencia. Y es más, se llevaban nuestros DJ´S. Nunca pelea, porque yo conocía al dueño, pero él se inspiró acá para hacer Subterráneo, porque trabajó con nosotros un tiempo. Y de ahí él abrió el local allá. Y le fue súper bien, nos mermó un poquito, pero tampoco tanto porque eran locales diferentes. Estéticamente este local era muy superior y el alma de este local era algo que era insuperable.
—¿Consideras que son una especie de patrimonio de la noche de Santiago?
—Claro que sí. Somos los más antiguos. Ha sido duro, no ha sido fácil. Pero somos los más antiguos y llevamos años divirtiendo a los santiaguinos. Y seguimos y ojalá tengamos para mucho tiempo más.



