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Opinión

24 de Mayo de 2026

Columna de Kike Mujica: ¿Por qué Steinert?

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

No por qué debio irse, la gran duda es por qué llegó. ¿Cuándo y cómo al entonces candidato Kast se le cruzó en el camino el nombre de Steinert? ¿Quiénes fueron los candidatos al cargo que no pudieron o no quisieron?

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El entonces candidato José Antonio Kast tuvo 1.456 días -entre la segunda vuelta de 2021 y la de 2025- para pensar con perspectiva quién podría ser su zar o zarina contra la delincuencia. La o el Sheriff de la comarca. El cargo más importante para su gobierno: la lucha contra la crisis de seguridad -asociada por la opinión pública con la migración- lo encumbró en las encuestas. Luego lo hizo, después de dos intentos, ganar por goleada.

Por ello, la presunción de que Kast, antes de La Moneda, analizó docenas de currículos, escuchó a los potenciales ministros hablar de sus ideas, de sus planes, evaluó sus fortalezas y debilidades. 

Un casting puntilloso, un headhunting quirúrgico. 

Que en definitiva el candidato tenía listo el plan A.

Pero no. 

Recién el fin de semana antes del anuncio del primer gabinete -el 17 y 18 de enero: los nombramientos fueron el 20- Trinidad Steinert se cruzó seriamente en el camino de la Oficina del Presidente Electo (OPE).

Kast, en tiempo express, decidió que ella sería la nueva ministra de seguridad.

¿Por qué?

No quiero, no puedo

“Fue una apuesta. Y no resultó. Simple”, me dice un miembro del Gobierno.

¿Pero quién pensó que podría resultar?, es la pregunta para saber el ex ante y no el ex post, más que conocido. Para evitar la crítica con el diario del lunes.

Los nombres que Republicanos barajó en medio de la campaña fueron varios. Ninguno Steinert. Algunos conocidos como Rodolfo Carter; el general de carabineros (r) Enrique Bassaletti; el exgeneral de Ejército, Cristián Vial; el vicealmirante (r) Alberto Soto y el Contraalmirante Jorge Parga.

“Todos fueron potenciales… algunos más que otros”, me dice alguien de la ex OPE.

Otras alternativas que no se filtraron fueron Arturo Squella -si perdía la elección senatorial- y el mismísimo Martín Arrau. “En enero, Martín era el ministro de seguridad”, me dice un republicano.

El nombre de Arrau fue descartado. La OPE concluyó que él era el más indicado “para meterle mano al MOP”.

Carter, Squella, Basaletti y Vial fueron candidatos a las parlamentarias.

Y ganaron.

¿Por qué los dejaron presentarse si eran los nombres que corrían con ventaja?

“Nunca he entendido esa crítica. Si les iba bien, existían otros nombres a los cuales recurrir. Y en caso extremo, podían renunciar a sus cargos”, dice un miembro del Gobierno.

“Las plantillas parlamentarias se conformaron cuando ni siquiera punteábamos en las encuestas. De hecho, en un momento estuvimos terceros. Ante la incerteza de la presidencial, lo primero era asegurar la parlamentaria. Y la estrategia fue exitosa: ganaron. Nadie en su sano juicio podría cuestionar el plan”, dice un dirigente republicano.

“Y si les iba mal, la campaña igual les serviría para tener visibilidad y conocimiento, muy necesarias para ser ministro”, agregan.

Eso se evaluó con Rodolfo Carter. Las opiniones se dividieron: algunos opinaban que había que tenerlo sí o sí por su experiencia en la calle y el manejo comunicacional. Otros, entre ellos el presidentes de Republicanos, Arturo Squella, no veían con buenos ojos que después de ser investido como senador, renunciará  para firmar a las pocas horas como ministro.

Cuentan que la opción ministerio iba ganando. Eso calmó a la OPE. “Pero Carter, dos días antes, dijo que no”, me dice un miembro de la oficina.

Me dicen desde republicanos que Carter argumentó que nunca le dejaron bien en claro en qué cancha podía jugar y le molestaba que lo ensalzaran por “ser el rey de la cuña”. 

¿Qué hacemos?, fue la pregunta ese fin de semana cuando ya se sabía que quedan días para presentar a la primera línea de JAK.

Rodolfo Carter

¿Y si es un fiscal?

“Un ex o un fiscal siempre fue una alternativa. No se nos ocurrió un día antes”, precisan desde La Moneda.

“El plan que decidimos para el ministerio fue fortalecer la dimensión de persecución y sanción. ¿Entonces era mala idea contar con alguien que tuviera experiencia en la fiscalía? No, pues”, dice un parlamentario republicano.

Steinert no tenía vínculo alguno con el mundo de Kast. Varios hasta hoy no saben cómo se fraguó su nombramiento. “La única persona del partido que supe que la conocía era una militante que fue su compañera de curso en el colegio”, cuenta un republicano.

¿Quién puso el nombre de Steinert en la mesa?

“Fue Arturo Squella”, dicen desde La Moneda.

“Es cierto que yo, y también otros parlamentarios, pensamos en su nombre. Nos reunimos con ella cuando dirigía la asociación de fiscales. Nos dejó muy buena impresión por su manejo de los temas y su seguridad al abordarlos”, dice Squella. 

“Se peinaba con los temas”, me dice otro senador.

Otros tres fiscales también fueron opción: Mario Carrera, fiscal regional de Arica y Parinacota; Roberto Garrido, de La Araucanía; y el exfiscal de esa misma región, Francisco Ljubetic: abogado y exfiscal regional de La Araucanía. 

Los tres, más Steinert, gozaban de buen currículo. Garrido fue desestimado. Era desvestir un santo: la cruzada contra el terrorismo en la Macrozona Sur. “Era por lejos el mejor nombre”, precisa un republicano.

Ljubetic fue en su momento “el” nombre. Él aceptó, pero no cuajó. Al final, fue nombrado delegado presidencial en La Araucanía.

“Trinidad pintaba muy bien. Fiscal exitosa en su lucha contra el Tren de Aragua. También persecutora de uniformados involucrados en casos de corrupción”, me dice un exmiembro de la OPE.

Cuando se supo su nombre -y la idea de que fuese una fiscal- fue casi unánime el aplauso. El entonces ministro de seguridad, Luis Cordero, tuvo elogiosas palabras para ella. Recuerdo haber hablado con el exfiscal Carlos Gajardo quien también destacó sus méritos.

Todo iba viento en popa. La apuesta de Squella. 

Hasta que.

Bala pasada

Cuarenta y ocho horas después de asumir, Steinert comenzó a pavimentar su salida: una bala pasada que terminó en una herida auto infringida.

El 13 de marzo la ministra pidió respuestas a Eduardo Cerna, director de la PDI, por el traslado de un grupo detectives que habían trabajado con ella cuando era fiscal en Tarapacá. 

Esto terminó con el despido de Consuelo Peña, jefa de inteligencia de la PDI, responsable de la gestión que molestaba a Steinert.

La oposición acusó una intervención indebida de la ministra en decisiones internas de la policía civil. Cerna se hizo cargo de la decisión. 

Pero no bastó.

A conferencia de prensa que concurría -fuere del tema que fuere- Steinert terminaba hablando del tema. Incluso se vio obligada a aclarar un rumor sobre una supuesta relación amorosa de ella con uno de los detectives trasladados.

“No hizo nada ilícito. Pero políticamente fue una decisión pésima. Su misión era concentrarse desde un principio en la gestión de la seguridad, no meterse en temas antiguos”, me dice un republicano. “Fue un descriterio”, dice tajante un parlamentario oficialista.

El descriterio encendió una alerta temprana. La misión era blindar a Steinert -con asesores de confianza de La Moneda-, bajar los riesgos y levantar nariz. 

“Estaba mal rodeada”, dicen.

De sobra está decir que tuvo dos mega problemas: no tener experiencia política y rehuir la comunicación. Una mezcla fatal.

 “Nunca dio la imagen de seguridad… una paradoja para una ministra de… seguridad”, dice un miembro del Gobierno.

“Nombró muchos asesores legislativos. Eso era caótico. Nunca ejerció liderazgo dentro del ministerio. No le gustaba ir al Congreso. Creo que se sentía intimidada ahí. Nos decía que no era necesario concurrir. Es más que sabido que no asistir a una sesión, le costó la animadversión de varios senadores, incluido oficialistas”, dice un miembro del ministerio.

Desde el ministerio dicen que Steinert era consciente de que estaba en problemas después de una entrevista en radio Agricultura. Ahí dijo que desconocía que debía tener un plan de seguridad. Luego se desdijo. El Presidente explicó lo que no debía explicar. 

Steinert fue la segunda ministra de Seguridad de la historia de Chile. Y la primera en salir tan prontamente desde la vuelta a la democracia.

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