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Reportajes

Francisco Melo: “Me gustaría saber cuál es el proyecto cultural que pretende impulsar este Gobierno”

El actor nacional debuta detrás de las cámaras tras sumarse como socio a la productora Juntos Films, desde donde impulsa "Plata Fresca", la película inspirada en el Caso La Polar. En esta entrevista, aborda las complejidades de hacer cine en Chile y analiza los recortes en cultura impulsados por el ministro Francisco Undurraga, su excompañero de colegio en el San Ignacio. “Más allá del recorte, tiene que ver con cuál es la política detrás de ellos”, afirma.

Por 6 de Junio de 2026
Francisco Melo
Francisco Melo
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Sentado en el patio interior de la casona que alberga a la productora Juntos Films, en la comuna de Providencia, Francisco Melo (60) reflexiona sobre el cine como un vínculo que se genera en un momento exacto de la vida. Por eso, su película chilena favorita sigue siendo “La Frontera” (1991). “Me marcó profundamente; más allá de lo que contaba, era el cómo, el dónde y quiénes lo contaban”, asegura sobre el emblemático filme de Ricardo Larraín.

Hoy, se instala en un nuevo espacio detrás de las cámaras, y mantiene intacta esa filosofía sobre el arte. “Quien completa una película, una obra, un libro o un cuadro es el espectador, y cada uno lo ve de manera distinta”.

Aunque su trayectoria ha estado ligada principalmente a la televisión y las teleseries, Melo también ha desarrollado una carrera en el cine chileno. Su trabajo más reciente fue “Oro Amargo“, película protagonizada junto a Kat Sánchez y filmada en el desierto de Atacama.

La cinta tuvo un recorrido por festivales internacionales, pero no logró cautivar al público local. Atraer espectadores chilenos a las salas sigue siendo uno de los grandes desafíos de la industria. Sin embargo, más allá de los resultados de taquilla, esa experiencia marcó el inicio de una nueva etapa para el actor: su incorporación como socio a Juntos Films, productora responsable de documentales como “La fabulosa máquina de cosechar oro” y “Los Castores”, además de ficciones como “Inmersión” y “Gran Avenida”.

“Conozco el proceso de levantar una obra de teatro y de producir montajes, algo que he hecho durante mucho tiempo junto a Felipe Castro. Pero lo que significa sacar adelante una película y llevarla a puerto es algo todavía más grande”, afirma Francisco Melo sobre este nuevo desafío en la industria audiovisual.

Tras la gira de “Oro Amargo” y luego de asumir como productor ejecutivo de “Plata Fresca”, la película inspirada en el Caso La Polar, los socios de Juntos Films —Francisco Hervé, Moisés Sepúlveda y Felipe Egaña— lo invitaron a integrarse a la productora.

Más que asumir un rol ejecutivo, la propuesta lo sedujo por la posibilidad de participar activamente en las discusiones creativas, aportar ideas y contribuir al desarrollo artístico de los proyectos. En una etapa de su vida en la que busca nuevos desafíos, Melo vio en la oferta una oportunidad natural para ampliar su vínculo con el cine más allá de la actuación.

—¿Cómo te preparas para este rol?

Creo que tiene que ver con la experiencia y con el amor que uno siente por sacar adelante proyectos artísticos, porque sabe el impacto que significa que eso ocurra. No solamente para el equipo que logra concretar una película, una obra de teatro o una teleserie, sino también para nuestro gremio en general, porque genera trabajo y fomenta espacios de creación que son muy sanos.

Además, tiene un impacto en la sociedad y en la circulación de obras que uno cree que vale la pena que la gente vea. En el cine, uno se prepara a través de la experiencia, de las conversaciones y de las discusiones que acompañan cada proyecto.

Y hay una palabra que se me viene a la cabeza: honestidad. Ser realmente honesto respecto de lo que uno quiere que suceda. No se trata de vender algo, sino de invitar honestamente a las personas a acercarse a una obra. Ya sea como productor ejecutivo, socio o actor, lo importante es que la gente entienda el valor que tiene que un proyecto vea la luz.

—¿Qué tan complejo es hacer una película hoy en día en Chile? ¿Y cómo se trabaja con las alianzas internacionales para concretar esos proyectos?

Es extremadamente complejo. Hoy en Chile es muy difícil levantar una película. Hay muchos proyectos postulando a fondos, pero los recursos son limitados. Por eso surgen alianzas con la empresa privada, inversionistas o distintas estrategias que permitan reunir el financiamiento necesario. Hay que ser creativo y buscar alternativas de todo tipo.

Cuando uno ve películas con productoras de distintos países involucradas, eso responde justamente a esa necesidad. En el caso de ‘Plata Fresca‘, por ejemplo, existe una alianza con Argentina, mientras que en ‘Oro Amargo’ hubo colaboración con México. Son esfuerzos conjuntos que permiten sacar adelante los proyectos, porque hoy hacer una película o una serie tiene costos altísimos y, sin esas alianzas, sería prácticamente imposible.

—¿Los recortes en Cultura hacen aún más difícil hacer películas?

Totalmente. Pero más allá de los recortes, tiene que ver con cuál es la política que hay detrás de ellos. Han surgido comentarios bastante agresivos, como si los artistas, los actores o los audiovisuales estuvieran pidiendo plata para vivir. No se trata de eso.

Una política cultural debe generar los puentes para que la cultura llegue a la sociedad. Esos puentes pueden ser recursos, pero también estrategias que permitan que el trabajo de artistas, académicos, escritores, actores, bailarines y creadores llegue a las personas.

—¿Cuál crees que debería ser el rol del Ministerio de las Culturas?

Me gusta pensar que esa es precisamente su responsabilidad: generar los canales para que eso ocurra. No para darle plata a los artistas, sino para darle cultura a la sociedad. Cuando esos puentes se estrechan o desaparecen, se debilita algo que considero fundamental.

Uno entiende que, cuando un país enfrenta dificultades económicas, muchas veces el entretenimiento parece pasar a segundo plano. Pero la cultura es mucho más que entretenimiento. Por eso estos recortes generan desolación, preocupación y desesperanza en gran parte del gremio.

Lo que está en juego es la posibilidad de que niños, jóvenes y adultos tengan acceso a una vida cultural rica y diversa. No se trata solo de asistir a una obra de teatro o ver una película, sino de que exista una discusión cultural permanente, un espacio para el pensamiento y la reflexión dentro de la sociedad.

—¿Hubo un retroceso al pasar de una ministra proveniente del mundo de la cultura a un político en el cargo?

Yo creo que sí. Evidentemente, alguien que está vinculado al mundo de las culturas tiene mejores herramientas para entender cuáles son las necesidades, las sensibilidades y los desafíos del sector.

Lo que pasa con Francisco Undurraga es que, además, es contemporáneo mío: salimos juntos del Colegio San Ignacio. Entiendo que su trayectoria ha estado más ligada al mundo de los negocios y de la política. No conozco bien cuál ha sido su vínculo con la cultura, y justamente por eso sería interesante que profundizara más esa relación.

—¿Qué es lo que echas de menos de su gestión hasta ahora?

Si puedo hacerle una crítica, con todo respeto, es que más allá de anunciar recortes, echo de menos una hoja de ruta. Me gustaría saber cuál es el proyecto cultural que pretende impulsar este gobierno bajo su conducción. Eso es lo que no me queda claro.

Hoy estamos en medio de la discusión por los recortes y de varias noticias que el mundo cultural ha recibido de manera negativa. Entonces surge una pregunta legítima: ¿cuál es el horizonte? ¿Cuál es el plan? Porque hasta ahora hemos escuchado principalmente malas noticias y todavía estamos esperando conocer cuáles son las buenas.

—Existe una crítica recurrente al cine chileno que apunta a que muchas películas vuelven una y otra vez a la dictadura. Sin embargo, proyectos como “Oro Amargo” o “Plata Fresca” abordan otros temas. ¿Por qué te interesa impulsar otro tipo de historias?

Una de las razones por las que decidí vincularme a Juntos Films tiene que ver con las historias que quieren contar. Me pareció interesante que desde sus inicios buscaran explorar otros relatos, algo que se ve en películas como ‘Oro Amargo’ o ‘Gran Avenida’.

Entiendo de dónde viene esa crítica, porque hubo un período en que gran parte del cine chileno estuvo muy concentrado en la dictadura. Pero tengo la sensación de que hoy eso ya cambió. Las nuevas generaciones están contando las historias que quieren contar y han aparecido miradas mucho más diversas.

La dictadura seguirá siendo un tema relevante, tal como la Segunda Guerra Mundial lo sigue siendo para otros países. Pero eso no impide hablar de muchas otras cosas. Y justamente ese ha sido uno de los objetivos de Juntos Films desde su origen.

—¿Qué es más importante para ti: que una película sea premiada en festivales internacionales o que tenga las salas llenas?

Yo creo que una cosa lleva a la otra. Lo que he aprendido es que muchas veces el recorrido comienza en los festivales. Los premios ayudan a que una película gane visibilidad, sea valorada afuera y también aquí, además de facilitar su circulación y venta en otros países.

Pero, al final del día, todos queremos que las películas conecten con el público. Si a una película como ‘Plata Fresca’ le va bien, no es para que alguien se haga rico; es para poder seguir haciendo más películas. Ese es el escenario ideal: que la producción artística logre generar los recursos necesarios para sostener nuevos proyectos.

Por eso, para mí, lo ideal es una combinación virtuosa entre festivales, premios y público en las salas.

—Tu carrera en televisión ha estado marcada por el éxito. Las teleseries en las que participas suelen estar entre los programas más vistos, mientras que el cine chileno, en general, no siempre logra ese mismo nivel de impacto o convocatoria. ¿Cómo convives con esa diferencia entre el éxito masivo de la televisión y las frustraciones que a veces puede traer el cine?

Creo que primero hay que definir qué entendemos por fracaso. A mí me gusta verlo como parte de una experiencia y de un proceso de crecimiento. Uno se cae, aprende y vuelve a intentarlo.

En el caso de ‘Oro Amargo’, hicimos todo lo posible para que la película encontrara a su público. Probamos distintas estrategias de difusión, trabajamos mucho en redes sociales y hubo un enorme esfuerzo detrás del proyecto. Sin embargo, no le fue bien en salas, y evidentemente queda una sensación amarga.

—¿Da pena esa indiferencia ? 

Lo que da pena no es solo el resultado, sino pensar en todos los años de trabajo y en la cantidad de personas que participaron para que esa película existiera. Porque una obra finalmente se completa cuando encuentra a su espectador. Si no ocurre, queda algo inconcluso.

Entonces uno trata de entender qué pasó, qué se puede mejorar y cuáles son los aprendizajes para el próximo proyecto. Ahí aparecen el coraje y las ganas de seguir adelante. Más que dolor, lo que queda es una sensación de amargura.

La película del caso La Polar

El desafío más próximo de Juntos Films es el estreno de “Plata Fresca”, título por el que finalmente decantó la ya anunciada película sobre el caso La Polar, dirigida por Moisés Sepúlveda y que en un inicio se llamó “Que se acabe todo”. El elenco está compuesto por nombres como Paulina Urrutia, Benjamín Vicuña, Mariana Loyola y Daniel Alcaíno, entre otros.

La película fue filmada en cinco días en el centro de Santiago. Este thriller financiero, rodado en formato de plano secuencia, se encuentra actualmente en etapa de postproducción, mientras el equipo busca nuevas alianzas para su recorrido por festivales y su posterior llegada a salas locales.

—¿Qué les interesó de contar este caso hoy?

Es un caso que, de alguna manera, ya forma parte de nuestra memoria reciente. Hemos visto otros escándalos económicos y seguimos viendo nuevos casos, pero este es particularmente relevante porque no solo afecta a los consumidores, sino también al sistema financiero y a los accionistas.

Además, la película dialoga con algo muy actual: hoy estamos mucho más atentos a las estafas, a los engaños y a las distintas formas en que podemos ser vulnerados. Es un drama, pero también una historia muy entretenida y vertiginosa.

Hubo además un trabajo de investigación muy grande, de años, que permitió construir una ficción basada en hechos reales. No es un documental, pero sí una recreación lo más fiel posible del caso, con nombres y situaciones reconocibles.

—¿Hubo presiones durante el desarrollo del proyecto?

Sí, hubo presiones. Eso lo puede explicar mejor Moisés, porque es una etapa anterior a mi incorporación. Pero fue un proceso delicado, en el que hubo que tener cuidado con cómo se contaba la historia”.

—¿Cuál es tu rol como productor ejecutivo?

Desde que me integré a Juntos Films, mi rol ha sido principalmente apoyar en la gestión: conseguir fondos, abrir puertas, hacer contactos en la industria y aportar desde mi visibilidad también. A veces ayuda estar presente en redes o activar ciertos vínculos.

Es un trabajo colectivo donde todo suma: contactos, ideas, estrategias de comunicación, incluso pequeñas acciones que ayudan a que el proyecto avance”.

¿Qué esperas que genere la película en el público?

Espero, primero, que la gente la vea y la disfrute como película: por su ritmo, su lenguaje, sus actuaciones y su guion. Y luego, que también le haga sentido desde lo que cuenta, porque en el fondo es una historia que nos involucra a todos.

Uno podría decir que todos fuimos, de alguna manera, víctimas de lo que ocurrió. Y también abre una pregunta sobre por qué seguimos siendo vulnerables a este tipo de casos y qué falla en lo cultural o en los sistemas de control.

—¿Cuándo se estrena?

Por ahora viene un recorrido por festivales. No hay fecha de estreno definida todavía en Chile; probablemente sea hacia fines de este año o comienzos del próximo. Aún está en etapa de postproducción.

—En lo personal, ¿qué te mueve de este nuevo rol?

Me interesa seguir aprendiendo lo que significa hacer cine. Me gusta poder participar en las reuniones donde se discuten los proyectos, donde hay distintas películas en desarrollo, cada una en su etapa.

Y también, si puedo aportar a que las películas se hagan, se vean y generen recursos para seguir haciendo más cine, me siento profundamente agradecido. Ser parte de un equipo que puede impactar culturalmente a la sociedad es algo que valoro muchísimo.

—¿Esperas ganar plata haciendo películas?

En lo personal, no veo esta etapa del negocio como una instancia para ganar plata. No es una expectativa para mí, porque tampoco me parece ese el foco. Siento que los recursos que necesito para vivir ya los tengo más o menos resueltos con lo que hago.

Me interesa más el crecimiento como persona y el aporte que puedo hacer a la cultura, siendo parte de un equipo que está realmente comprometido con lo que hace. Además, creo que si una película le va bien, eso permite generar otros proyectos, no para comprarnos una casa en la playa.

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