“Nada en mi vida ha durado tanto como mi psicóloga”: El dilema de pacientes que permanecen años en terapias y no pueden (o no quieren) abandonar sus sesiones
Decirle adiós a tu psicólogo puede ser una decisión difícil. Muchas personas que llevan años con el mismo profesional reconocen que no han sido capaces de poner fin a la terapia, pese a sentir que el proceso se ha estancado y que ya no observan avances. Entre el apego, la culpa y el temor a perder un espacio de contención, expertos analizan, en conversación con The Clinic, cuándo una terapia sigue siendo útil y cuándo puede transformarse en una relación de dependencia.
Por Colomba Bolognesi 27 de Junio de 2026
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“En un momento llegué a sentir que era como mi segunda mamá. Así de fuerte es el vínculo que construí con ella”, cuenta Amanda Gómez (24) al hablar de su psicóloga, con quien lleva casi siete años de terapia.
La acompaña desde que salió del colegio, pasó junto a ella toda la etapa universitaria y hoy también la guía en el inicio de su vida laboral. Al principio, dice, la terapia fue clave para enfrentar un periodo especialmente complejo. Con el paso de los años, sin embargo, las sesiones dejaron de responder solo a una necesidad puntual y terminaron convirtiéndose en parte de su rutina.
Aun así, reconoce que le cuesta imaginar su vida sin ese espacio. “Siento que, de alguna forma, la necesito. Ella me ha visto crecer, me ha visto pasar por etapas muy importantes y conoce toda mi historia. Entonces es a quien más le puedo pedir un consejo, aparte de mi familia”.
—¿Sientes que has generado una dependencia hacia ella?
—Sí, yo creo que sí. A veces voy y ni siquiera sé que es lo que tengo que hablar, pero voy porque agende nomás. Ahora no siento la necesidad de ir tanto, menos semanalmente. De hecho, se me está haciendo muy difícil terminar la terpia, o decirle que ya no puedo ir tan seguido. Me da pena. Se lo voy a decir por WhatsApp, porque no se lo quiero decir cara a cara.
Ni Amanda ni su psicóloga han hablado de la posibilidad de un alta: “Es que yo creo que ella piensa que me está ayudando, y también claramente porque cobra plata. Yo creo que podría seguir eternamente con ella”.
El caso de Amanda no es único. Catalina Muga (26) lleva casi once años con la misma psicóloga. Aunque reconoce que el tratamiento fue fundamental en un comienzo, hoy siente que las sesiones dejaron de generar cambios.
“Ella me ayudó mucho al principio, pero ahora voy a la sesión, conversamos, me aconseja y todo, pero siento que la terapia está estancada”, dice.
Pese a esa sensación, le cuesta dar el paso de terminar el proceso. Después de más de una década, la relación con su terapeuta se volvió parte de su vida.
“Ahora me voy a ir a vivir a Países Bajos porque haré un magíster. Y no sé cómo decirle que tengo que cambiar de psicóloga, porque ya no me va a alcanzar la plata y también porque me gustaría probar otro enfoque terapéutico. Me da culpa, pena y no quiero decepcionarla”, reconoce.
Para la psicóloga clínica y expresidenta del Colegio de Psicólogas y Psicólogos de Chile, Isabel Puga, ese tipo de situaciones no deberían depender únicamente de que el paciente tome la iniciativa. “Desde una ética profesional responsable, esperar a que el paciente ‘se vaya solo’ es una práctica cuestionable y técnicamente insuficiente”, sostiene.
“El alta no es un evento fortuito; es un rito clínico fundamental que debe ser gestionado por el terapeuta. Si el paciente no ha logrado internalizar la figura del terapeuta para sostener su autonomía, es precisamente porque el proceso no ha cumplido su objetivo. Un profesional que detecta esta incapacidad en su paciente y, aun así, elige no intervenir, está evitando su responsabilidad técnica”, afirma.
Desde la psicología constructivista, agrega, el cierre no representa un fracaso del tratamiento, sino una parte esencial de él. “Es el momento en que se consolida todo lo aprendido. El terapeuta, gracias a su formación, posee la mirada técnica para detectar un eventual estancamiento y tiene la obligación ética de ponerlo sobre la mesa”.

“Retener inncesesariamente al paciente puede generar tanto dependencia emocional como psicólogica”
“No creo en las altas”, comentó el psicólogo español Héctor Escajadillo en un video que se volvió viral y abrió un intenso debate en redes sociales sobre cuánto tiempo debería durar un proceso terapéutico.
“¿Cómo te voy a dar de alta? Al principio voy delante del paciente, después caminamos al lado y, más tarde, es él quien va delante. Llega un momento en que mira hacia atrás y yo ya no estoy”, plantea. Y agrega: “Si quieres verme cada 15 días o una vez al mes, esa decisión no la tomo yo, la tomas tú”.
Detrás de esa reflexión hay una discusión más amplia sobre qué se espera de un proceso de salud mental y cuándo, si es que ocurre, este realmente termina.
En ese debate también suele aparecer una diferencia entre terapia y psicoterapia. Algunos especialistas distinguen que la terapia puede enfocarse en resolver dificultades concretas del presente, mientras que la psicoterapia busca un trabajo más profundo y sostenido para comprender cómo experiencias y patrones del pasado influyen en la vida actual de una persona.
La presidenta del Colegio de Psicólogas y Psicólogos de Chile, Francisca Pesse, aclara que: “La psicoterapia no siempre funciona con una lógica médica tradicional de “alta” cerrada y definitiva, porque hay procesos breves, otros de más largo plazo y también personas que vuelven a consultar en distintos momentos de su vida. Esto también depende del modelo y enfoque que utilice el psicoterapeuta. Hay algunos modelos de intervención breve, centrados en soluciones, que son más cortos, por ejemplo. Otros no funcionan con plazos, sino que por objetivos”.
“Dicho eso, sí es cuestionable que un proceso se prolongue indefinidamente por inercia, sin evaluación periódica, sin objetivos claros y sin una conversación explícita sobre continuidad o cierre“, añade la presidenta.
“Desde una práctica ética, el o la psicóloga debiera revisar con la persona si la terapia sigue siendo necesaria, útil y pertinente. No corresponde que el paciente quede sosteniendo solo la decisión de irse, especialmente si nunca se abrió un espacio para pensar el término del proceso. Más que “esperar que se vaya solo”, lo esperable es trabajar un cierre responsable, conversado y clínicamente fundamentado”, sentencia.
El video del psicólogo español generó respuestas desde otros profesionales. Una de ellas fue la de la psicóloga clínica Daniela Reyes Fuentes, quien cuestionó abiertamente la idea de que un proceso terapéutico no deba tener un cierre.
“Me acaba de salir un video en TikTok de un psicólogo que dice que no da altas, que nunca las ha dado. No dar el alta a pacientes que ya están en condiciones de recibirla es sumamente peligroso y poco ético. Retener innecesariamente a una persona en terapia puede generar tanto dependencia emocional como psicológica”, señaló en un video publicado en redes sociales.
En conversación con The Clinic, Reyes profundiza en esa postura. “Considero que es una práctica muy cuestionable porque la psicoterapia debería tener una dirección clara, aunque esa dirección pueda modificarse con el tiempo. Cuando no existe una reflexión sobre los avances o sobre la posibilidad del alta, existe el riesgo de que la terapia se transforme en un espacio que continúa por inercia. Ya no sabemos qué estamos tratando ni cuál es el objetivo, pero el proceso sigue simplemente porque parece que tiene que seguir”.
A su juicio, esa lógica también distorsiona el rol del psicólogo. “Puede reforzar la idea de que el trabajo del terapeuta consiste únicamente en escuchar, cuando en realidad su objetivo debería ser promover bienestar, crecimiento, autonomía y entregar herramientas para que la persona pueda desenvolverse sin depender permanentemente del espacio terapéutico”.
La especialista añade que el contexto cultural también influye en la prolongación de algunos tratamientos. “Vivimos en una época en la que se ha instalado con mucha fuerza la idea de que siempre debemos estar mejorando o trabajando en nosotros mismos. A veces eso genera la sensación de que nunca es suficiente y de que siempre habrá algo que corregir. La terapia puede ser una herramienta muy valiosa, pero no debería transformarse en una búsqueda interminable de perfección personal”.
Francisco Briceño (32) está en terapia hace cinco años. “Yo no voy al psicólogo a resolver cosas. No es mi finalidad en el psicólogo. Voy a abrir más problemas. Voy para desahogarme, pero cada vez que hablo de algo que se me ocurrió, se abren como nuevos problemas, nuevas líneas de pensamiento”
“Efectivamente hay gente que va a terapia a resolver cosas en específico, que son las terapias más conductuales. Y hay otras terapias que son más del psicoanálisis, que uno va a basicámente conversar, y la piscóloga se vuelve una guía más que una resolvedora de problemas. Hay gente que está en contra de ese tipo de terapia, porque ´atrapa´ al paciente hasta el infinito”, cuenta.
“Igual creo que hay una dependencia, porque nada en mi vida ha durado tanto como mi piscóloga de cinco años: duró más que mi última relación, ha durado más que mis trabajos últimamente, me ha durado más que los departamentos donde he vivido, entonces obviamente tiene que haber una dependencia de algo. Sí veo un problema en no salir nunca de esta terapia, que sea un círculo interminable de conversación y de abrir nuevos problemas, porque siempre los hay”, agrega Francisco.
“Ahora, siento que yo puedo terminar la terapia cuando quiera. Pero igual me hace bien a mí mismo sentir que estoy todas las semanas trabajando en mí“, explica Francisco.

¿Cómo evitar una dependencia?: lo que dicen las voces expertas
“Lo primero es entender que una psicoterapia bien llevada busca promover autonomía, no dependencia. Para evitar que eso ocurra, tanto el paciente como el o la psicóloga tienen un rol”, explica la presidenta del Colegio de Psicólogos y Psicólogas de Chile.
Del lado del psicólogo, explica, se debe definir objetivos de trabajo, revisar periódicamente los avances, conversar abiertamente sobre el sentido de continuar y favorecer que la persona vaya desarrollando herramientas propias. “El terapeuta no debiera instalar la idea de que sin él o ella el paciente no puede funcionar”, expresa.
La tarea del paciente también es fundamental, para lo que la piscóloga explica que este debiera preguntarse: “¿Qué me está aportando hoy este proceso?”, “¿Estoy avanzando?”, “¿Siento que dependo de este espacio para todo?”.
Para la directora de la carrera de Psicología de la Universidad Central, Carolina Pezoa, “suele ocurrir que exista una suerte de culpa, incomodidad de terminar los procesos terapéuticos. En ese sentido, esto puede entenderse por distintos factores, que podrían ser el vínculo terapéutico, una dependencia emocional, etc. Hay que generar siempre una especie de alianza terapéutica que se vincule a ciertos acuerdos de objetivos, de tareas”.
“Si no me han explicado bien cuál es mi proceso, es legítimo poder abandonar esos procesos sin ninguna culpa. Por lo tanto, la invitación y consejo es a informarme bien de cuáles son las líneas teóricas del psicólogo al cual yo voy a asistir. Y de esa manera tomar una decisión. Si siento incomodidad ante cualquier prestación de servicio, yo creo que hay que tomar la decisión de abandonarlo, porque es algo que no me está sirviendo”, añade Pezoa.
“Poder plantear esas dudas en sesión es totalmente válido. Una buena psicoterapia también incluye la posibilidad de hablar sobre el vínculo terapéutico, sobre el estancamiento e incluso sobre el cierre”, sentencia Pesse.



