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7 de Julio de 2026Denuncian daños a geoglifos milenarios por antigua instalación de antena en el Desierto de Atacama: “Se requiere urgente una política que asegure su protección”
La Fundación Desierto de Atacama alertó sobre daños parciales en geoglifos de La Encañada, en María Elena, atribuidos a la instalación de una antena de telecomunicaciones. Sin embargo, denuncian que no es la primera vez que ocurre, y que la instalación fue montada hace más de 20 años.
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La Fundación Desierto de Atacama denunció, a través de sus redes sociales, que la instalación de una antena de telecomunicaciones daña parcialmente los geoglifos en la zona de La Encañada, en María Elena, Antofagasta. Estos geoglifos se inscribieron en el desierto hace más de 1.000 años, y hoy son denominados monumento arqueológico por el Consejo de Monumentos Nacionales.
La organización, que trabaja por la protección del patrimonio arqueológico, mostró preocupación por la instalación de estas antenas, que, aunque fueron montadas hace más de 20 años, fue solo cuando tomaron imágenes aéreas que pudieron reconocer el daño que presentan.
El presidente de la Fundación, Gonzalo Pimentel, explica: “Desconocemos qué empresa instaló las antenas, aunque tampoco actuamos como persecutores legales de estas malas prácticas empresariales. Eso le corresponde a los organismos pertinentes, como el Consejo de Monumentos Nacionales”, afirma el arqueólogo.
Según el Consejo de Monumentos, los geoglifos se construyeron por pueblos prehispánicos entre los años 700 y 1.500 d.C., y se cree que fueron realizados como guías en las rutas, útiles para las caravanas de viajeros que atravesaban distintas zonas ecológicas, comunicando la pampa con valles, quebradas, cordilleras y zonas costeras.
Se preservan hasta el día de hoy, debido a que en el desierto de Atacama llueve pocas veces al año, y el sol intenso y las duras condiciones hacen que la vida vegetal y animal sea casi inexistente, lo que deja al desierto prácticamente intacto.
La poca protección a los geoglifos
Estos monumentos arqueológicos están protegidos por la Ley de Monumentos Nacionales, a pesar de ello, los geoglifos han recibido daños en múltiples ocasiones, porque “la legalidad por sí misma no asegura la protección física del bien, estando la mayoría de los sitios sin un resguardo real que aseguren su integridad y conservación en el tiempo”, dice Pimentel.
En el 2024, la Fundación Desierto Atacama denunció que miles de motos y camionetas pasaban por encima del patrimonio milenario, durante carreras todoterreno tanto autorizadas como ilegales. Corrían en circuitos de cientos de kilómetros alrededor del desierto de Atacama, ignorando el daño al patrimonio.
Un año después, la misma fundación hizo una denuncia de la mala restauración del Geoglifo de Talabre, luego de que la empresa estatal Codelco dañara su figura en consecuencia a la extracción de minerales a nivel industrial.
Según el presidente de la Fundación Desierto Atacama, esto se debe a que, tanto el Estado como las grandes mineras “han visto históricamente al desierto de Atacama como un lugar para extraer riquezas, pero raramente como una zona de cuidado y de valor patrimonial”.
“El actual modelo extractivista que promueve el Estado y las grandes empresas ha sido el principal responsable de la poca o nula protección que poseen o, más bien, de su acelerada destrucción”, agrega.
En la actualidad, no existe una política estatal que proteja a los geoglifos, como sí pasa en el país vecino, con el Área de Reserva Arqueológica Líneas y Geoglifos de Nasca, en el desierto de la región de Ica, Perú. El área protege cerca de 5.633 km² de desierto, y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
“Se requiere urgente de una política estatal integral que asegure su protección. No sólo poseen un alto valor arqueológico, histórico y social, sino que también pueden producir valor económico. Es cosa de ver lo que ha hecho Perú desde hace varias décadas con los geoglifos de Nasca, siendo hoy día uno de los lugares más visitados del país vecino”, afirma el arqueólogo.
Desde la Fundación, denuncian además que varias mineras “hacen publicidad sobre sus supuestas intenciones de cuidar los geoglifos”, pero que, según dicen, no viene de la mano con propuestas serias.
“Así, nos resulta impracticable que las mismas empresas que han venido destruyendo los geoglifos, sean las que nos entreguen la solución. No va a ser desde estas gigantes extractivistas que se alcance un plan integral de cuidados y puesta en valor de los geoglifos. Esto debiese ser una tarea propia del Estado en conjunto con las organizaciones de la sociedad civil”, concluye Gonzalo.