Secciones

The Clinic
Buscar
Entender es todo
cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad

Opinión

11 de Julio de 2026
Sandro Baeza

Columna de Isabel Plant: Te amo, pero con separación de bienes

Su vida es feliz, con un matrimonio perfecto, tres hijos y dos casas. Pero después de veinte años juntos y con la pandemia, el marido de Belle Burden la abandona, y ella se pregunta si estuvo viviendo junto a un extraño. La viral historia de la neoyorquina de alta sociedas -cuyos derechos ya compró Netflix— sirve a la columnista Isabel Plant para poner el foco en una realidad mucho más cercana: la vulnerabilidad patrimonial de miles de mujeres casadas en Chile, debido a la falta de reformas de la Sociedad Conyugal. "La moraleja es una sola: las mujeres deben tomar acción y parte de las finanzas compartidas en pareja", escribe.

Sigue a The Clinic en Google News
Compartir

La historia de Belle Burden es tan, pero tan sabrosa, que los derechos ya los compró Netflix para hacer una película protagonizada por Gwyneth Paltrow.

Belle Burden tiene 56 años, es abogada, pero buena parte de su vida adulta se dedicó a cuidar a sus tres niños. Es miembro de una de las familias más famosas, adineradas y de alta alcurnia de Nueva York. Su abuela era uno de los cisnes de Capote, y si eso no le dice nada, imagínese que la Gran Manzana tiene realeza: Belle Burden sería descendiente de princesa.

La cosa es que Belle se casa con un buen tipo, de familia elegante, pero venida a menos económicamente, un abogado que conoce en el trabajo. Es buen padre, buen partner, arman una vida, a él le va muy bien, cada vez mejor. Ella usa su herencia para comprar el departamento familiar en Nueva York y la casa en la playa, donde son miembros del country club local.

Todo está perfecto, cuando comienza la pandemia y ella recibe un llamado por teléfono: su esposo la está engañando. Al día siguiente, él se va de la casa diciendo que no es feliz, y que ella se quede con todo, incluyendo a los niños. No le pide custodia compartida.

El detalle vital es que veinte años antes, justo antes de casarse, luego de una conversación de enamorados, ella había modificado su acuerdo prenupcial: él podía quedarse con el patrimonio que ganara por su lado durante el matrimonio, pero los bienes conjuntos se dividen. Así que, ahora, él podía pedir la mitad de cada casa, siendo que ella puso todo ese dinero. Por supuesto que él no le había transparentado realmente cuánto dinero estaba ganando y ella, además, no había preguntado. Él se ocupaba de las platas.

Belle Burden, una mujer muy elegante y bastante tímida, escribió una columna con su historia para el New York Times -el exmarido aprobó la publicación antes- que se volvió viral: era sobre que a veces estamos casados varias décadas con alguien que, de un día para otro, desconoces. Eso luego se convirtió en el libro “Strangers” (“Extraños”, que estará disponible en un par de meses en Chile), el best seller del año en EE.UU., comprado por Netflix.

El libro es muy sincero y por eso es adictivo: no es usual que una mujer patalee de forma tan sincera ante una traición que no entiende (excepto, claro, Shakira). Pocas veces podemos adentrarnos tanto en las vidas de los ricos, que también lloran. Pero es también un llamado de alerta a otras mujeres: no confíen ciegamente, infórmense de sus finanzas compartidas y, por sobre todo, no cambien el acuerdo prenupcial. Cuiden la separación de bienes.

El tiempo ha pasado: Burden no perdió las casas -llegaron a un acuerdo-, él nunca pidió la tutela de los niños y ni tampoco le explicó por qué dejó de quererla. Ella sanó, se empoderó, se convirtió en estrella. El libro ha hecho que aumenten las consultas no solo a abogados expertos en divorcio en Estados Unidos, sino de mujeres casadas yendo a hacer preguntas sobre patrimonio compartido.

En un país como Chile, ojalá que la historia de Belle Burden también resuene. Más de la mitad de la población que se casa en Chile lo hace sin separación de bienes. Y gracias a nuestro Código Civil y su sociedad conyugal que data de 1857, bajo ese régimen, el patrimonio de los cónyuges es administrado por default por el hombre. Si el hombre quiere vender la casa, por ejemplo, no necesita el consentimiento de su esposa.

Incluso para manejar los recursos que eran de ella, previo al matrimonio, sin separación de bienes quien los maneja legalmente es el hombre.

Desde el primer gobierno de Sebastián Piñera que en el ejecutivo han intentado liderar iniciativas para modificar esta anacronía legal; en 2018, en plena ola feminista, fue una de las promesas de agenda mujer el ponerle suma urgencia. La ministra Orellana, en el gobierno de Boric, también dio su intento, pero la cosa queda ahí, entrampada.

Hoy la reforma está lista, esperando que alguien se digne a ponerla en tabla para su aprobación en el Congreso. Consultados al respecto en el Ministerio de la Mujer, hoy liderado por Judith Marín, cuentan que recientemente hicieron un conversatorio al respecto, buscando recoger propuestas para destrabar y avanzar en los cambios. “Nos parece relevante que se incorpore la posibilidad de que la mujer pueda administrar sus bienes propios”, añaden.

Ojalá se logre, finalmente, llegar a puerto. Porque historias como las de Belle -y con harto menos glamour y colchón económico familiar- abundan en todas las latitudes. Y la moraleja es una sola: las mujeres deben tomar acción y parte de las finanzas compartidas en pareja. Es su derecho y también su responsabilidad, decir te amo, pero con separación de bienes.

Notas relacionadas