Política
29 de Julio de 2026Cómo La Cofradía se convirtió en un dolor de cabeza para Johannes Kaiser
El espacio de streaming, donde participan militantes y adherentes del Partido Nacional Libertario, acumula polémicas que han obligado a la colectividad a salir a contener daños. El caso de Ítalo Omegna volvió a instalar el debate sobre un programa del que Johannes Kaiser intenta tomar distancia, pese a su estrecha identificación con el mundo libertario.
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Cuando Johannes Kaiser apareció el domingo conectado desde Berlín para hablar a través de su canal de YouTube, el tema no era la agenda internacional que lo había llevado a Alemania. Tampoco los encuentros políticos que sostuvo en Europa. El líder del Partido Nacional Libertario tuvo que dedicar parte importante de su transmisión a explicar por qué su colectividad había decidido actuar con rapidez contra uno de sus militantes más conocidos, Ítalo Omegna.
El episodio había estallado pocas horas antes. En redes sociales comenzó a viralizarse un registro donde Omegna realizaba comentarios ofensivos en contra de menores con trastorno del espectro autista (TEA).
24 horas después, el diputado y vicepresidente del partido, Hans Marowski, resolvió poner fin a la asesoría legislativa que el militante realizaba en su equipo. Paralelamente, el Instituto Mises Cono Sur —vinculado a la colectividad— comunicó su desvinculación, mientras que el Partido Nacional Libertario emitió una declaración condenando los dichos y anunciando la apertura de un procedimiento disciplinario.
El caso de Omegna, sin embargo, reabrió la inquietud que en el entorno de Kaiser existe con La Cofradía, el programa de streaming que, con un formato distendido, alcohol de por medio y conversaciones que mezclan política, humor e insultos, se ha transformado en una vitrina para militantes, adherentes y figuras cercanas al mundo libertario. Al mismo tiempo, se ha convertido en una fuente recurrente de controversias que terminan golpeando al partido y al propio Kaiser, que en sus planes tiene una nueva candidatura a La Moneda.
Un programa incómodo
La Cofradía es conducido por el empresario Emiliano Fernández, creador del canal de YouTube La Mano Invisible. Aunque el espacio no pertenece formalmente al Partido Nacional Libertario, en la práctica reúne a varios de sus rostros más reconocibles.
Entre sus participantes habituales figuran el propio Ítalo Omegna; Marcelo Anabalón, funcionario de la Municipalidad de La Reina y asesor parlamentario del diputado Pier Karlezi; Fernando Ortiz Herrera, hijo del actor homónimo y creador del personaje Gato Juanito, quien además participó en la campaña presidencial de Johannes Kaiser; y Diego Dahmer, uno de los integrantes más jóvenes del espacio.
A ellos se suman, de manera frecuente, dirigentes y parlamentarios libertarios. Uno de quienes ha participado en diversas oportunidades es el diputado Karlezi, uno de los nombres más visibles de la bancada.
Tras la polémica por Omegna, Diego Dahmer anunció su salida del espacio. En una declaración pública sostuvo que los dichos del militante no lo representaban y afirmó que intentó contactar a los responsables de La Cofradía para que emitieran disculpas públicas, pero que no fue escuchado. Lo propio comunicó Anabalón en las últimas horas.
En paralelo, también comenzó a circular otro registro del programa en el que varios panelistas se burlan en duros términos de la actriz María Ignacia Omegna, hermana del exasesor parlamentario, con el propio Ítalo Omegna presente en la conversación. Lo propio ha ocurrido con un extracto en que los panelistas se burlan del aspecto físico de la militante del Frente Amplio Valeria Cárcamo.

El antecedente de Labbé
No es la primera vez que La Cofradía obliga al Partido Nacional Libertario a salir a apagar un incendio.
A fines del año pasado se viralizó un video donde el entonces diputado Cristián Labbé, quien además ejercía como jefe de campaña de Johannes Kaiser, lanzó una frase que rápidamente se expandió por redes sociales: “Que los zurdos me la mamen”.
El episodio obligó nuevamente al partido a tomar distancia y condenar públicamente las declaraciones.
Con el correr de los meses, la relación entre Labbé y la directiva libertaria terminó deteriorándose por otros motivos. El exparlamentario comenzó a cuestionar abiertamente la conducción de Kaiser y criticó la decisión del partido de mantenerse fuera del gobierno de José Antonio Kast. Finalmente presentó su renuncia a la militancia.
Aunque ambos episodios tienen orígenes distintos, dentro del partido reconocen que comparten un mismo denominador: nacieron en un espacio comunicacional que, pese a no formar parte de la estructura oficial de la colectividad, es percibido por buena parte del público como una extensión del ecosistema libertario.
La distancia de Kaiser
Precisamente por esa asociación, Kaiser ha intentado marcar una separación cada vez más clara respecto del programa.
Si bien ha sido invitado en reiteradas ocasiones a participar de La Cofradía, el exdiputado ha evitado asistir. Tras la controversia protagonizada por Labbé, varios adherentes le preguntaron públicamente cuándo acudiría al espacio para abordar la polémica. Optó por no hacerlo.
Desde entonces, en distintas transmisiones por su canal de YouTube ha insistido en que el programa no representa las decisiones del Partido Nacional Libertario ni forma parte de su estructura política. El mismo mensaje repitió el domingo desde Berlín, al explicar las sanciones contra Omegna.
Sin embargo, esa separación no siempre convence dentro del propio mundo libertario. La reacción frente al caso del exasesor parlamentario abrió un intenso debate en los chats internos del partido. Mientras la directiva defendía la necesidad de actuar rápidamente para contener el costo político, otros militantes criticaban la decisión de apartarlo. “Manga de moralistas. Son igual de canceladores que los zuros”, escribió uno de los participantes de esas conversaciones.
La discusión volvió a exponer una tensión que la dirigencia ha debido administrar desde la campaña presidencial: cómo compatibilizar un movimiento que ha crecido en buena medida gracias a plataformas digitales donde prima la irreverencia, con las exigencias que supone conducir un partido que busca proyectarse institucionalmente.



