Tras la pérdida repentina de dos de sus hijas, Paula Assler comparte cómo pasó de estar "borrada" por el duelo a elegir activamente la vida, construyendo un puente de acompañamiento para otros que atraviesan pérdidas.
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Hablar de la muerte sigue siendo uno de los mayores tabúes en nuestra sociedad, una omisión que puede dejarnos sin herramientas cuando el duelo toca la puerta. En este episodio de “Hay un después”, el podcast de Funeraria Hogar de Cristo con Mariana Derderian, Paula Assler relata su proceso tras la muerte de sus hijas, María José y Antonia, y cómo esa experiencia mutó su relación con la existencia.
Paula describe los primeros minutos tras la pérdida como un periodo en el que estuvo “borrada”, sumida en una tristeza profunda donde buscaba los rostros de sus hijas en cada extraño de pelo crespo en la calle. Sin embargo, en medio de esa parálisis, surgió una disyuntiva vital. “Tengo dos posibilidades: o muero o me la juego por la vida”, comenta en el podcast.
Aceptar que sus hijas no volverían fue el primer paso para “matar al ego” que preguntaba constantemente “¿por qué a mí?”. Desde esa aceptación, Assler comenzó a construir un nuevo propósito, utilizando la curiosidad y el amor por sus otros hijos y nietos como motor.
Herramientas para transitar el duelo
La conversación destaca varias estrategias que la ayudaron a “subirse al tren hacia la felicidad” nuevamente.
- Meditación activa: Las manualidades y el juego con sus nietos funcionaron como espacios de desconexión necesarios para calmar la mente.
- La escritura como terapia: Escribió un libro sobre su vida para que sus nietos conocieran su historia, descubriendo en el proceso que toda su vida había estado aprendiendo a “perder” y a hacer duelos.
- Rituales de despedida: Paula Assler valora haber podido estar una semana con los cuerpos de sus hijas antes del entierro, vistiéndolas ella misma, lo que permitió una decantación del dolor menos violenta que la inmediatez de los ritos tradicionales.
La deuda de nuestra sociedad: hablar de la muerte
Uno de los puntos importantes de la conversación entre Paula Assler y Mariana Derderian es la falta de preparación de la sociedad chilena frente a la muerte. Paula enfatiza la importancia de educar a los niños desde pequeños sobre la pérdida —empezando por la muerte de una mascota— para que aprendan que el dolor se camina y se llora, no se reemplaza.
Para ella, la espiritualidad no es necesariamente religiosa; es una preparación diaria para un “viaje”. Hoy, siente que sus hijas la acompañan de forma invisible pero constante, ayudándola incluso en las pequeñas cosas de la vida cotidiana.
