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Opinión

2 de Agosto de 2026

Columna de Kike Mujica/ La Cofradía: el stand up comedy de la derecha

Foto autor Kike Mujica Por Kike Mujica

El programa de streaming se instaló como uno de los espacios políticos más vistos de la derecha chilena y quedó en el centro de la controversia tras un video de uno de sus panelistas. El caso reabre el debate sobre humor, redes sociales y la nueva comunicación de la derecha radical.

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“La transgresión cambia de bando: es la derecha la que dice “las cosas como son”, en nombre del pueblo llano, mientras que la izquierda –culturalizada– sería solo la expresión del establishment y del statu quo. La derecha vendría a patear el tablero de la corrección política y a combatir a la “policía del pensamiento”; la izquierda defendería el reinado de una neolengua con términos prohibidos para evitar que la verdad emerja a la superficie… Esa élite ha venido maltratando al “hombre común” al prohibir las gaseosas gigantes o el cigarrillo, al transformar el término “hombre blanco” en un insulto, al tratar de fascistas a quienes se muestran “inseguros” con la inmigración o de homófobos a quienes se oponen al matrimonio igualitario, al defenestrar a los que desean portar armas y no quieren comer quinua, al reírse de la Biblia pero jamás del Corán, al tratar las disidencias como discursos de odio”.

Pablo Stefanoni. ¿La rebeldía se volvió de derecha?: Cómo el antiprogresismo y la anticorrección política están construyendo un nuevo sentido común (y por qué la izquierda debería tomarlos en serio).

¿QUIÉNES SON? Cinco hombres en torno de una mesa. Todos de derecha. Bien de derechas. La puesta en escena parece meticulosamente improvisada. Un contertulio parece Hells Angels; otro seminarista: porta una cruz católica; otro es gay. 

La conversación es nada distinta a la de amigotes universitarios en una sobremesa de un asado, piscoleando, echando la talla, jugando al bullying “y tu hermana está rica” y “tu mamá también”. Risas a mandíbula batiente, tipo Beavis and Butt-Head.

La chacota se mezcla con comentarios políticos afiladísimos y border -sin perder las risas y el “que me la mamen”-contra las feminazis, el Islam, los zurdos, los periodistas progre -Matamala, Cavada y JC lejos los más odiados- el merluzo Boric, Vallejo, Cariola y compañía. 

Lo woke, básicamente.

Hablamos de La Cofradía, uno de los streaming político más vistos en Chile. Son tema en redes sociales porque divulgaron un video donde uno de sus panelistas, Ítalo Omegna, festina con comentarios de connotación sexual sobre menores de edad y niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA). 

Los daños colaterales impactaron al Partido Nacional Libertario y, en concreto, a Johannes Kaiser. 

Ese es el hito político.

Omegna era -perdió el trabajo- asesor legislativo del diputado PNL, Hans Marowski. Otro de los comensales, Marcelo Anabalón, oficiaba de asesor del diputado Pier Karlezi, que antes de unirse a la Cámara, fue parte de la Cofradía (lee la historia en The Clinic).

Varios parlamentarios de derecha han pasado por el programa. Kaiser también. La Cofradía es un satélite más de ese mundo libertario.

Los cófrades, tras el episodio, dicen acusar el impacto del episodio. Dos de los cinco dejaron el programa. Acusan amenazas de muerte y persecución política, desde la izquierda, la derecha y el PDG. Han pedido mil perdones por los dichos. Demasiados a juicio de sus fans: no están para derechistas cobardes. Milei no se retracta. Trump tampoco.

EL FUNDADOR: Emiliano Fernández es el creador, cerebro y conductor de La Cofradía. Pelao, le dicen. Viste una polera negra con letras azules: “Lágrimas de zurdo” reza, debajo de una imagen de la motosierra de Milei. 

En los streaming, Fernández no es de euforias desmedidas ni es gritón. Poco Milei.

Parece motoquero. Existe cierta estética de la nueva derecha radical: huyen del atuendo de misa dominical en parroquia del sector oriente.

Fernández descarta una cruzada política tras su emprendimiento: habla de que son un stand up comedy contingente. Un espacio de humor. Eso sería lo suyo: no agendas políticas solapadas ni misiones encubiertas. Asegura que no son militantes libertarios y que no reciben financiamiento de partidos políticos. Desde la centroderecha sospechan del reciente desapego, mutuo, entre La Cofradía y Kaiser. Huele a divorcio táctico para salvar la tormenta de estos días.

—¿Qué es La Cofradía?

—Es un programa de humor contingente: nos juntamos cinco amigos a hablar de infinidada de temas, siempre con humor. A veces hablamos de política.

—Cuesta creer que no exista un plan político tras La Cofradía…

—Nunca pensé que desde y por la derecha teníamos que hacer algo. A mí lo que me mueve son las comunicaciones. 

—¿Cómo se financian?

—Exclusivamente con las vistas de YouTube, con los aportes que los suscriptores que ese canal genera, y con los auspiciadores, la mayoría pymes.

—¿No son armada de la batalla cultural?

—No nos erigimos como actores de la batalla cultural. Somos lo que somos porque nos aburrimos de esa derecha tradicional tan sosa, fome, del tipo con traje, pacato, formal. Por eso nos ha ido bien. Y por eso la gente engancha. Somos gente normal. Nos gusta el humor negro y eso puede chocar.

—En el manual de las nuevas derechas está desconfiar de los medios tradicionales y explorar las redes sociales. ¿Eso es la Cofradía?

—Más que si la derecha se apropia de las redes sociales, esto tiene que ver con que las comunicaciones hoy no van por los medios tradicionales: van por el streaming, que es cercano a la comunidad. Esa comunidad nos apaña, sobre todo hoy, cuando vivimos momentos difíciles.

Le pregunto a Fernández por sus referentes. En economía, “la escuela austríaca”. En política, “algo de Milei”, aunque en uno de los programas dijo que “Milei es lo mejor que le ha pasado a la política en los últimos 20 años”. 

Menciona a Jordan Peterson.

¿Quién es el?

Es un sicólogo canadiense crítico de la identidad de género, del feminismo contemporáneo y la “cultura de la cancelación”.

La fórmula

The Guardian -uno de los diarios más importantes del mundo- lo describió así: “Steve Bannon: El exteniente de la marina, banquero de Goldman Sachs y productor de cine de Hollywood, criado en una familia obrera católica irlandesa en Virginia, ha sido comparado con Rasputín y Joseph Goebbels”.

Bannon fue el cerebro comunicacional de Trump 1.0. La prensa estadounidense lo catalogó en su momento como el segundo hombre más poderoso de EE.UU. Es un bicho raro, marginal. Provocador. Creador de medios alternativos por redes sociales: detesta al periodismo tradicional. Por progre, por zurdo.

Dirigió Breitbart, un medio en redes que marcó la pauta de la derecha trumpista. Con alta audiencia. Luego condujo War Room, otro streaming político con cientos de miles de seguidores.

¿Cuál es la fórmula Bannon?

-Ocupar las redes sociales. Combatir a la prensa tradicional. Superarla. Vencerla. Distanciarse de su supuesta y mentirosa neutralidad.

-No crear “audiencias” sino generar “comunidades” activistas y militantes. “Con lenguaje compartido y participación activa”, dice.

Suena a La Cofradía. Casualidad o no.

¿Existe un Milei en Chile?

Un político de izquierda me dice -con alivio, pero también con mucho de provocación- que la derecha radical en Chile, a diferencia del resto de sus iguales en el mundo, es timorata en las formas. 

“Milei agrede, insulta al mundo woke, dice barbaridades, anda con una motosierra, participa en conciertos de rock, habla de sexo. Ni que hablar de Trump. Acá son poco de pasarse pueblos. Y cuando lo hacen, se llenan de arrepentimientos, acusan amenazas de muertes, se victimizan”, argumenta.

¿PESAN? La élite política y mediática suele mirar en menos lo disruptivo en la comunicación política. Kast y Parisi son dos ejemplos de candidez o pereza intelectual. Avanzaron en silencio: “no lo vieron venir”. “La casta” fue sorprendida. O se dejó sorprender. 

Sin Filtros -el streaming líder en audiencias, también con línea editorial de derecha bien de derecha- puede llegar en Youtube a marcar 180 mil vistos. La Cofradía, 79 mil. Sin sumar los view de todas las otras redes sociales. Y el boca a boca.

Pensar que estos streaming son subproductos plebeyos de los medios tradicionales, es un error. Creer que son causales de fenómenos políticos a gran escala, suena poco factible. Especular que son correlación es muy plausible.

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