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La doble vida del abogado “feminista” de la SMA: almacenó más de 3.000 archivos sexuales creados con IA de sus compañeras de trabajo y otras mujeres de su círculo

Maximiliano Ramírez tenía estudios en derechos humanos y capacitaciones en equidad de género, y sus compañeras aseguran que se identificaba como feminista. Un sumario de la Superintendencia del Medio Ambiente —el lugar donde trabajaba— reveló otra cara: recopilaba fotografías de mujeres de sus círculos laboral y universitario y, según la investigación, utilizaba herramientas de inteligencia artificial para generar contenido sexual explícito. El hallazgo también dio origen a una inesperada red de protección entre las afectadas: se contactaron, guardaron silencio cuando fue necesario y se cuidaron entre ellas para poder denunciar. Ramírez fue destituido y el caso llegó a la Fiscalía.

Por Sebastián Palma y Dominga Krotik 15 de Agosto de 2026
SMA
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Sandro Baeza
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Resúmenes generados por Intelgencia Artificial Resúmenes inteligentes
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Un sumario de la Superintendencia del Medio Ambiente reveló que Maximiliano Ramírez almacenó más de 3.000 archivos con mujeres sexualizadas mediante IA, incluidas compañeras de trabajo y universitarias. La investigación también registró mensajes de acoso. Fue destituido y el caso llegó a la Fiscalía Metropolitana Oriente.

  • El sumario de la SMA investigó a Maximiliano Ramírez por acoso y probidad.
  • Se halló una carpeta con más de 3.000 archivos sexuales creados con IA.
  • Las imágenes incluían compañeras de trabajo, universitarias y otras mujeres de su círculo.
  • Camila, su ex pareja, encontró el material en un iPad y contactó a las afectadas.
  • La SMA lo destituyó y remitió el expediente a la Fiscalía Metropolitana Oriente.

El artículo relata cómo una investigación interna en la SMA destapó una doble vida atribuida al abogado Maximiliano Ramírez. Según el sumario, insistía con mensajes y, además, almacenaba material sexual explícito generado con IA a partir de fotos de mujeres de su entorno. El caso terminó con su destitución y una denuncia penal.

Estos resúmenes son generados por inteligencia artificial y chequeados por el periodista a cargo.

El regalo estaba envuelto cuando lo dejó sobre el escritorio. Grande, visible, puesto ahí para que todos en la oficina lo vieran antes que ella. No hacía falta abrirlo para saber de quién era: su jefe llevaba meses aprendiendo su rutina, sabía a qué hora salía a almorzar, qué día tomaba café, cuándo faltaba. Por dentro se sentía expuesta, vulnerable y llena de rabia.

No era la primera vez que tenía que fingir comodidad. Antes habían sido los mensajes por Teams, uno detrás de otro, cuando la oficina ya estaba vacía: “Quiero que sepas que tkm y que cuando no vamos por café te extraño”, “los días que no tomamos café te extraño”, “oli te extrañé ayer”,”[No es necesaria tu respuesta] como siempre, te extraño en mi cotidiano querida”. 

Sumado a las invitaciones a almorzar que ella declinaba con excusas y que volvían la semana siguiente, intactas, como si la negativa no hubiese ocurrido. Antes había sido una frase que le escribió: “Hay cosas que me gustaría invitarte o hacer, y entiendo la regla, pero si no te incomoda podemos probar”.

Ella puso límites. Se lo dijo a su jefatura, guardó capturas de pantalla, bloqueó cuentas, ensayó en su mente frases para decirle que solo quería una relación laboral. Él insistía igual. 

Mientras él persistía, ella intentaba dejar de lado los pensamientos intrusivos, tratando de convencerse de que lo peor ya estaba por terminar. 

El caso ocurrió en la Superintendencia del Medioambiente y quedó registrado en un sumario administrativo en contra del abogado y jefe de la sección de atención a público y regulado Maximiliano Ramírez. La descripción de ella tan cotidiana para una mujer en una oficina, fue el preámbulo de una situación más sórdida y compleja.

Ella fue llamada a declarar en un sumario en contra de Ramírez y abierto en enero de este año. La investigación interna no era por sus mensajes, sus invitaciones o sus miradas lascivas, era por otro asunto el que quedó registrado así: Producción y almacenamiento sin consentimiento de imágenes y videos de carácter sexual explícitos por medio de inteligencia artificial.

Allí la mujer escuchó lo que se había comenzado a rumorear en los pasillos de la SMA. Que la novia de Ramírez había encontrado en la nube de su iPad más de 3 mil archivos con distintas mujeres sexualizadas a través de la IA. El almacenamiento no solo la incluía a ella, sino que a algunas de sus compañeras de trabajo, a compañeras de la universidad del abogado e incluso –según el relato de la pareja– a parientes más jóvenes de sus conocidos.

No supe con el hombre que estuve 

En septiembre de 2025, Camila, la entonces pareja de Maximiliano, llevaba unos días decidida a diseñar la invitación al cumpleaños de su sobrino, por lo mismo decidió subir al segundo piso de la casa de sus suegros en el sur –donde se encontraban de vacaciones–  y usar el iPad de su pololo.

Con tranquilidad terminó el diseño en Canva y decidió mandarlo a ella misma a través de Dropbox. Al intentarlo, la pantalla abrió la aplicación y en miniatura, apareció la fotografía de una mujer desnuda que ella reconoció, era una compañera de trabajo de Maximiliano. 

Temblando se le aparecieron pensamientos por la cabeza. ¿Esa imagen era real? Viendo la carpeta comenzaron aparecer más imágenes, eran interminables ¿Quiénes eran estas mujeres? De un segundo a otro, pasó de la incertidumbre al miedo. Temió por su seguridad.

–Esta fue una situación donde yo me sentía en muchísimo peligro desde el inicio– dice a The Clinic Camila.

–En ese momento pensé: no conozco a esta persona en absoluto, ni en lo más mínimo–, añade sobre su ex pareja.

A pesar de que Maximiliano no era una persona precisamente violenta físicamente, Camila sintió que estaba en peligro, en solo minutos su pololo pasó a ser un completo desconocido. 

La carpeta con las fotografías se llamaba CEDAN, dentro había imágenes desde el 2016 de compañeras de universidad, de colegio, de trabajo y amigas. Entre ellas pudo reconocer a varias funcionarias de la Superintendencia con quienes su pareja convivía a diario, e incluso a amigas de la hermana menor de Maximiliano. 

En Concepción pensó qué hacer. Si enfrentarlo, si salir corriendo, si pedir ayuda, pero optó por guardar silencio y fingir normalidad. Desde ahí en adelante –dice– trabajó minuciosamente guardando y archivando el contenido, sabía que su meta era mayor que sus miedos. En simultáneo tenía que sobrevivir bajo la misma casa que él.

–Había recolectado varios videos si no me equivoco, hay varias tomas donde yo simplemente estaba con el celular tomando fotos y deslizando con la otra mano sin ver qué era lo que había (…) al momento yo misma entendí que no iba a poder lidiar con toda la información que estaba recibiendo– menciona Camila.

Tras reunir las pruebas, comenzó una tarea bastante más difícil: ponerles nombre a esas mujeres. Revisó una por una las imágenes, buscó rostros en Instagram, repasó seguidores, “me gusta”, fotografías antiguas y recuerdos de conversaciones que hasta entonces no significaban nada.

A veces reconocía a una amiga. Otras, a una compañera de trabajo de Maximiliano. Después aparecía alguien que había estudiado con él. Así fue armando, rostro por rostro, una lista que no dejaba de crecer. Detrás de cada archivo había una mujer que probablemente todavía no sabía que estaba ahí.

Luego comenzó a contactar a las involucradas una a una, como quien cumple una manda se prometió a que todas se enteraran directa o indirectamente. El 21 de noviembre, le escribió a una de ellas por Instagram, la conversación días después sería adjuntada en el sumario de la SMA:

“Por mero accidente un día estaba mandando yo unos documentos en su iPad […] se abrió su app de Dropbox. Las weas que encontré, conchesumadre. Este weon asqueroso creó contenido pornográfico con tus fotos de Instagram. No solo tuyo, de otras amigas y compañeras de pega, pasantes, etc. No puedes contarle esto a nadie aún… me siento en tanto peligro con esta wea”.

El 14 de enero de 2026, con un pendrive que contenía todo el material extraído del iPad, las víctimas confirmaron lo que temían: no eran solo fotografías. Había también videos –creados con inteligencia artificial, con sus rostros, en escenas sexuales explícitas– alojados en una plataforma de pago llamada ainude.best, junto a capturas del historial de navegación donde se veía, minuto a minuto, cómo los había hecho.

Su necesidad de denunciar estaba relacionada principalmente con el temor de que pudiera hacerles daño a otras mujeres, más que con la creación del contenido en sí. En total, logró contactar a más de 10 mujeres, quienes reaccionaron de distintas maneras: algunas incluso se negaron a revisar el material debido al nivel de crudeza de las imágenes.

Quienes recibían los llamados entendieron rápidamente que, antes de hacer cualquier movimiento, tenían que proteger a Camila. Ella todavía vivía con Maximiliano y cualquier reacción podía alertarlo.

–Las chicas por su lado se empiezan a alejar de él y al mismo tiempo a mí me empiezan a proteger. Porque en el momento en que yo las contacto a ellas, yo aún no podía arrancar del departamento que compartíamos –cuenta.

Por eso acordaron guardar silencio. La prioridad era que Maximiliano no sospechara que Camila había encontrado la carpeta antes de que ella pudiera salir del departamento. Recién cuando lo consiguió, presentaron la denuncia ante la Superintendencia.

–Fue una sensación muy de cuidarse en la tribu. Estábamos súper pendientes de lo que estaba pasando con la otra, de cuándo algunas iban a poder actuar. Las chicas, a pesar de que yo llegué con esta información, me creyeron inmediatamente y empezaron a contenerme también –añade Camila.

El relato de las otras víctimas

Según relata el sumario administrativo abierto tras la revelación de Camila, Maximiliano Ramírez era un hombre persistente, a pesar de ser rechazado. Cuando las funcionarias eran explícitas respecto de su rechazo y su deseo de mantener una relación estrictamente laboral el trabajador enviaba constantemente mensajes vía Whatsapp, Teams y redes sociales. 

Usaba expresiones manipuladoras. Llegó a decir: “Así se muere definitivamente mi sueño platónico de estar contigo” o “nunca cumpliré mi sueño de estar contigo”, “cacha que a mi me gustas desde el día uno” y mensajes de reproche ante la falta de respuesta o por la falta de reciprocidad en su interés, eran comunes frente a una de las denunciantes.

Una de las trabajadoras de la SMA comenzó un tratamiento farmacológico debido a la ansiedad que le provocaba la situación que vivía a diario, “se sentía vulnerable porque él era amigo de todos y tenía miedo de que nadie le creyera ya que era una jefatura”, dice el sumario.

La mujer agregó que el denunciado le recriminó “haberse alejado, indicando que era una mala amiga, lo cual también se lo dijo a otras personas”. 

Según el sumario Maximiliano visitaba los perfiles personales de Instagram de sus compañeras de trabajo, incluso de aquellas que ya lo habían bloqueado, utilizando cuentas falsas para capturar y descargar fotos de sus rostros y publicaciones cotidianas hechas entre 2020 y 2025.

Una vez recopiladas las imágenes de los rostros las procesaba mediante diversas herramientas y navegadores web de IA de pago hechas para crear material (Undress.APP, Alnude.best y ai.Note.vest). A través de estas plataformas, desnudaba digitalmente a sus compañeras de trabajo o montaba sus rostros en cuerpos ajenos con fondos de carácter sexual explícito, generando imágenes y videos pornográficos altamente realistas.

Luego centralizaba y almacenaba de manera oculta y sistemática todos sus archivos en su iPad y ligado al dispositivo iPhone de Maximiliano. Tenía una carpeta específica en Dropbox que contenía más de 3.000 archivos ordenados, que incluían las fotos reales, las capturas de Teams y el material pornográfico generado con IA.

Una de las denunciantes añade que la situación la hizo sentir distraída a ratos, que sintió que había un riesgo importante de difusión de aquel material audiovisual, sintiéndose vulnerada y amenazada. 

Agregó que su compañero era muy intenso para indicarle que le gustaba y que creyó que la creación del material pornográfico era una forma de represalia por no acceder a un vínculo amoroso. 

Indicó también que la última vez que el inculpado le escribió fue para año nuevo, donde nuevamente le reiteró sus intenciones amorosas.

El hombre ‘intachable’

El acusado declaró ante la Fiscal instructora del sumario administrativo, tener una conducta intachable y que buscaba mantener un trato de cordialidad y amistad respetuosa con hombres y mujeres de su trabajo.

Según su currículo, Ramírez se formó como abogado en la Universidad Diego Portales y continuó su formación en la misma casa de estudios, donde cursó los magísteres en Derecho Internacional de los Derechos Humanos y en Derecho Público y Litigación Constitucional, además de una diplomatura en Derechos Humanos y Empresas. Sus compañeras aseguran que se identificaba como feminista, animalista y que participaba activamente de la vida universitaria, siendo incluso presidente del centro de alumnos en 2015.

A lo largo de los años, realizó distintas capacitaciones en la materia. Dos de ellas, leídas a la luz de los hechos que hoy se investigan, resultan particularmente difíciles de obviar: “Equidad de género”, cursada en 2018 en la propia Superintendencia del MedioAmbiente, y “Políticas pro-equidad de género”, impartida en 2020 por el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género.

Su rol como dirigente estudiantil fue destacado por la propia casa de estudios en su memoria anual. Allí Maximiliano destacó la organización animalista Cedan en un texto a página completa. 

“La Semana Ecológica y de Derecho Animal que buscó por una parte concientizar a la comunidad acerca de una correcta conducta ambiental y por otra, promover un área no trabajada en la Escuela, que es el Derecho Animal, resultando en el primer Grupo de Estudio y Activismo de Derecho Animal de nuestra Universidad”. 

Cedan es el mismo nombre de la carpeta que su ex pareja encontró con las fotos de mujeres hechas con IA.

Su ex pareja logró identificar en las imágenes a cuatro de sus compañeras de universidad a quienes contactó para que pudieran tomar medidas legales fuera del sumario. Todas son abogadas y desde su experiencia profesional, temen que la denuncia presentada por una de ellas ante la Fiscalía no avance con la rapidez necesaria y que aún no existan regulaciones suficientes frente al contenido generado mediante inteligencia artificial.

Una de las afectadas, contactada por The Clinic valora la empatía de la ex pareja de Maximiliano al asumir la difícil tarea de rastrear a las involucradas. La mujer asegura que ella y sus compañeras de la UDP temen que las actuales estudiantes de pregrado puedan verse expuestas a la misma pesadilla.

Hasta enero de este año Maximiliano fue ayudante del programa Derecho y Política Ambiental UDP haciendo clases a alumnos y alumnas de pregrado.

The Clinic contactó a la Universidad Diego Portales. Desde la institución señalaron que “Maximiliano Ramírez Moyano fue ayudante del programa Derecho y Política Ambiental UDP hasta enero de 2026. Cuando se tomó conocimiento del sumario que levantó la Superintendencia de Medioambiente, se suspendió su participación en dicho programa. Hasta el momento la UDP no ha recibido alguna denuncia”.

Este medio también consultó a la universidad por el inicio de una investigación en torno al almacenamiento del material, sin embargo no respondieron a dicha consultas.

El abogado Sebastián Dueñas, subdirector e investigador del Programa Derecho, Ciencia y Tecnología UC, indicó a The Clinic que las denunciantes se enfrentan a un complejo escenario penal. “(…) cuando el cuerpo es generado por inteligencia artificial, seguramente la defensa lo que va a argumentar es que no se expuso ninguna intimidad, básicamente, de la víctima, porque los hechos, o lo que se muestra en ese contenido, técnicamente nunca ocurrieron. Entonces, yo diría que ahí es donde se encuentra una debilidad actual del sistema, que no está pensado para este contenido generado sintéticamente”.

La SMA lo despidió

En el sumario administrativo el acusado solicitó la absolución de todos los cargos, argumentando que las conductas descritas no constituían acoso sexual, pues no hubo requerimientos sexuales indebidos, amenazas o perjuicios laborales ni falta de consentimiento.

Como abogado conoce la ley. 

Sostuvo además que no tenía una posición de superioridad jerárquica directa sobre las denunciantes y defendió cada una de las relaciones señaladas: con una funcionaria afirmó que existió consentimiento recíproco y que, tras su rechazo, se limitó a mantener una relación laboral; respecto de otra, alegó que la interacción fue consentida y que su testimonio presentaba contradicciones con las conversaciones que mantenían; y sobre una tercera, sostuvo que eran amigos desde 2024 y que existía consentimiento en sus salidas y conversaciones.

También defendió la captura de imágenes de reuniones de Teams, señalando que no vulneraba la probidad administrativa porque no se acreditó un uso ajeno al Servicio y cuestionó la proporcionalidad de la imputación. 

Respecto de las imágenes y videos pornográficos generados con Inteligencia Artificial que fueron extraídos de su iPad, sostuvo que fueron obtenidos ilícitamente, vulnerando su privacidad y derechos fundamentales, y afirmó que no existían pruebas de que él los hubiera difundido. 

En su declaración ante la Fiscal Instructora, aseguró que sus invitaciones o manifestaciones de interés amoroso hacia compañeras eran transparentes y que, ante un rechazo, se limitaba a mantener una relación laboral o de amistad. Asimismo, cuestionó la existencia y origen de las pruebas, negando tener imágenes de contenido artificial o fotografías de funcionarias de la SMA en sus equipos personales.

Pese a sus descargos, se determinó su responsabilidad como autor de los cargos de acoso y por una grave infracción al principio de probidad y a la dignidad de las funcionarias, por lo que se le aplicó la sanción de destitución, la medida disciplinaria más severa del Estatuto Administrativo. 

El proceso concluyó que si bien Maximiliano sostuvo no mantener actualmente fotografías ni videos editados mediante inteligencia artificial, “no negó haber realizado la transformación de las imágenes cuestionadas. Del mismo modo, indicó que sus alegaciones sobre la ilicitud de la prueba implicaban, en los hechos, un reconocimiento de la existencia del material”.

El mismo documento añade que: “se acredita que el inculpado utilizó las imágenes previamente recopiladas para generar, a través de las plataformas “undress.app” y “ainude.best”, representaciones sexualmente explícitas y altamente realistas de las afectadas”.

Consultada para este reportaje la SMA envió un comunicado en el que señaló: “La Superintendencia del Medio Ambiente inició en enero un sumario administrativo, decretando simultáneamente la suspensión del denunciado como medida cautelar. El procedimiento concluyó con fecha tres de junio y dispuso la destitución del sumariado. En su oportunidad, el servicio derivó los antecedentes al Ministerio Público”.

El mismo documento añadió: “Dada la reserva legal que rige estos procedimientos, no es posible referirse a su contenido específico. Sin perjuicio de lo anterior, esta institución reitera su compromiso con la probidad y el cumplimiento irrestricto de la ley”.

Desde la Fiscalía indicaron que: “La denuncia fue realizada por una funcionaria pública del SMA a quién se le tomó declaración. La causa se encuentra desformalizada con diligencias en curso. Se está trabajando con el cibercrimen de la PDI”.

Es precisamente en la investigación penal donde aparece una de las paradojas del caso. La creación mediante inteligencia artificial de imágenes de connotación sexual de mujeres adultas, aún cuando se utilicen sus rostros sin consentimiento, no constituye por sí misma un delito bajo la legislación vigente. Una frontera que ayuda a explicar la complejidad de la investigación y que obliga a determinar qué otros antecedentes contenidos en los dispositivos y archivos podrían tener relevancia penal.

Entre las diligencias pendientes está la declaración de la expareja de Ramírez, la mujer que encontró y recopiló el material. Uno de los puntos que deberá esclarecer la investigación es si entre los miles de archivos existen o no imágenes que involucren a menores de edad, lo que sí constituye un delito.

La pregunta no es menor. Mientras el sumario administrativo ya estableció responsabilidades y terminó con la destitución de Ramírez, la justicia penal todavía debe determinar si aquello que las mujeres descubrieron, denunciaron y describieron como una vulneración puede, además, ser perseguido como un delito.

The Clinic se contactó con Maximiliano Ramírez, quien derivó la solicitud de entrevista a su abogado Eduardo Espinoza Rodríguez a través de correo electrónico. El jurista sostuvo que “la supuesta autoría de mi representado respecto de la creación o manipulación de esas imágenes no constituye un hecho establecido, sino una imputación formulada por un tercero, cuya veracidad y circunstancias se encuentran controvertidas”.

Según el abogado, el material habría sido obtenido “desde un computador de uso personal al cual tuvo acceso una tercera persona”, siendo luego “extraído de dicha esfera privada y difundido a otras personas sin autorización de mi representado”.

El abogado añadió lo siguiente: “Debo precisar que mi representado no ha sido notificado de la existencia de proceso penal alguno seguido en su contra. Lo que existe, hasta donde tenemos conocimiento, es únicamente la remisión de determinados antecedentes al Ministerio Público para que éste actúe en el ámbito de sus atribuciones. Por consiguiente, no corresponde presentar tales hechos como constitutivos de responsabilidad penal establecida. Las conclusiones existentes hasta este momento se circunscriben al ámbito del procedimiento administrativo, cuyos hechos y conclusiones han sido controvertidos por esta parte”.

Finalmente el abogado de Ramírez indicó que: “Existe una diferencia sustancial entre informar acerca de hechos de interés público o dar cuenta de antecedentes contenidos en un procedimiento administrativo, y exponer o reproducir antecedentes, imágenes, archivos o información que permitan afectar innecesariamente la honra, vida privada o demás derechos fundamentales de las personas involucradas”.

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