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Demasiado jóvenes, demasiado mayores o madres: la dispar barrera que golpea a las mujeres en medio de la crisis del empleo

Casi un millón de personas están desocupadas en Chile y 465 mil son mujeres. Detrás de esta estadística hay historias sobre las dificultades de encontrar empleo en un mercado cada día más exigente. Son mujeres que llevan meses buscando todo tipo de trabajos, enviando cientos de postulaciones y asistiendo a entrevistas, una de las etapas más duras del proceso: preguntas sobre la maternidad, estado civil, requerimientos de experiencia laboral mínima, o por el contrario, ocasiones en las que informan estar buscando un perfil más joven o con menos experiencia.

Por 27 de Septiembre de 2026
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Requieren de más experiencia laboral. Buscan gente más joven. Horarios poco flexibles. Ingresos muy bajos. La pregunta de si es madre o si está casada persiste. Muchas postulaciones, pocas entrevistas. Y cuando la respuesta llega, es la misma: NO. Hay desánimo, frustración, decepción. Esta es la realidad de las mujeres que se enfrentan a la búsqueda de empleo desde hace varios meses. 

Las autoridades señalan que el país enfrenta una crisis laboral. Las cifras, por su parte, dejan en evidencia esta situación: el último informe de empleo trimestral del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) registró una tasa de 9,5%, la cifra más alta en cinco años. En este período, 184 mil personas llevan al menos un año buscando trabajo con un tiempo promedio de búsqueda de 8,1 meses, el mayor nivel desde la pandemia. En total, se contabilizan 981.044 personas desocupadas. De esta cifra, 465.000 son mujeres en edad de trabajar y que no consiguen empleo. 

En términos generales, las estadísticas del último trimestre arrojan que la tasa de desocupación en mujeres asciende a 10,3%, lo que equivale a un incremento de 0,6 puntos porcentuales respecto del mismo período del año anterior y corresponde al quinto trimestre consecutivo de desempleo sobre el 10% entre mujeres.  


(Francisco Paredes / THE CLINIC)

Ser madre

“Es la primera vez que me cuesta tanto encontrar un trabajo”, dice Camila (31), quien emprendió la búsqueda laboral en diciembre del año pasado tras terminar una certificación en programación y análisis de datos en la Fundación Soymás. “Soy una persona a la que le gusta mucho trabajar, pero tuve que renunciar a mi trabajo anterior hace cuatro años cuando mi hijo menor recibió un diagnóstico de autismo. Ahora él está más regulado, se adapta mejor al colegio y ha avanzado un montón. Entonces, era el momento para volver al mundo laboral”. 

Pero la vuelta no ha sido fácil. En los meses que ha durado su búsqueda ha tenido varias entrevistas. A estas alturas, busca en lo que sea. La mayoría de sus postulaciones son en puestos de atención al cliente, áreas administrativas y casinos. La explicación que le dan es que su perfil está sobrecalificado para el trabajo. Otras veces simplemente no responden. Como Camila cuenta con una certificación en manipulación de alimentos y pastelería, por mientras, se dedica a hacer pedidos desde su casa. “Pero no es un trabajo formal, ni tampoco es un ingreso fijo”. 

Camila es parte del rango etario donde más ha aumentado la desocupación. Según los datos del Observatorio del Contexto Económico (Ocec) de la Universidad Diego Portales, en el tramo entre 25 y 35 años, la tasa de desocupación se incrementó en 1,2 puntos porcentuales en términos anuales al trimestre de mayo-julio 2026, alcanzando el 12,7%. 

La búsqueda es difícil para las mujeres, reconoce. Pero lo que más influye es ser mamá, afirma. “Siempre me preguntan la edad de mis hijos, constantemente buscan que los niños sean más grandes. Yo tengo hijos más pequeños, de 8 y 14 años. También me preguntan, por ejemplo, si estoy casada”. Otra dificultad, señala, es la flexibilidad de los horarios: “Tengo que llevar a mis hijos a las 8:00 de la mañana al colegio y la mayoría de los trabajos comienzan a esa hora”. 

El análisis del Ocec-UDP da cuenta de que hay más mujeres trabajando, pero hay menos empleos de calidad. En el último trimestre reportado, el número de mujeres con empleo aumentó en 41.489, pero al mismo tiempo se destruyeron 54.147 puestos de trabajo asalariados en el sector privado, es decir, empleos con contrato y cotizaciones. Esto significa que el aumento de mujeres ocupadas se explica por otro tipo de trabajos —como el empleo informal o por cuenta propia— y no por más y mejores puestos formales.

Educación universitaria completa, experiencia insuficiente 

El mismo informe demuestra que de las 33.069 mujeres que quedaron cesantes en el último año, casi la mitad (16.521)  tiene estudios superiores completos ya sean universitarios o técnicos. Por eso, la tasa de desempleo de este grupo (mujeres con educación superior completa) subió 0,5 puntos porcentuales en doce meses, llegando a 8,8%. 

Carolina (de 32 años) refleja claramente esta realidad. Se tituló de enfermería, buscó empleo en el rubro un par de semanas y optó por dedicarse a otra cosa y formó su propio negocio para trabajar de forma independiente. “Recuerdo que tuve una entrevista con una clínica estética y el proceso de selección fue trabajando un par de días en el lugar, con horarios y procedimientos establecidos, pero al ser recién egresada eran muchas horas de trabajo y pocos ingresos”. Una dificultad que recuerda del proceso, es la edad: “Al ser joven no cuentas con los años de experiencia necesarios que piden en las postulaciones”.

Paula (24) coincide con que los requerimientos de trayectoria mínima son algo recurrente desde que egresó de periodismo en agosto de 2024: “En la mayoría de los trabajos te piden experiencia laboral mínima, dos o tres años mínimo. ¿Y de dónde la saco si recién terminé de estudiar?”. Afirma que dejó de buscar cosas solo relacionadas a su carrera y ahora, dice, postula a todo. De periodista, de cajera o de bodeguera.

“Una se pregunta y se cuestiona si es que la carrera realmente valía la pena estudiarla porque realmente no hay empleo. Amo lo que estudié, amo de lo que se trata, pero el tema laboral es injusto y precario. De repente me arrepiento de haber elegido una carrera profesional y no una técnica, por ejemplo. Entonces, la situación afecta bastante por el estrés y causa mucho desánimo”, confiesa. 

“Tuve algunos trabajos freelance, pero sin contrato, sin ningún tipo de reconocimiento legal. Eso da inseguridad sobre el futuro también”, comenta. De momento, se encuentra en búsqueda activa: puede pasar hasta tres horas en las aplicaciones y plataformas de trabajo. “Buscando, en realidad, lo que sea. He visto trabajos que tienen 500 postulantes o más de mil. Entonces es una competencia muy grande”, recalca.

“La edad pesa”

A diferencia de Paula, Natalia (42) ha recibido otro tipo de respuestas en sus postulaciones a un empleo: “Yo diría que logré avanzar en varias etapas, como en tres o cuatro postulaciones de trabajo. Finalmente, se me da a entender que la edad pesa. Se necesita de conocimientos que hoy en día la gente joven tiene mucho más adquirido. Además, el sueldo no llega a mi pretensión de renta con la edad y la experiencia que tengo”. 

Natalia estudió administración hotelera, carrera que no ejerció directamente. Durante casi una década trabajó en el área de servicio al cliente de una corredora de propiedades. Hace tres años renunció pensando en optar por mejores oportunidades. Hizo trabajos independientes de paisajista, rubro en el que también tiene formación. “Intenté ser independiente, pero se me hizo muy difícil por los gastos que hay que cubrir”.

Hace 18 meses que busca trabajo. “Al principio traté de enviar mi currículum a lugares similares a los que trabajé antes, pero lamentablemente las corredoras de propiedades no tienen un sueldo base, sino que se gana por comisión de lo que se vende. También influye el hecho de que con esta crisis que estamos viviendo las personas no acceden a créditos hipotecarios. La situación no era fácil en esa área”. 

Actualmente, efectúa trabajos esporádicos, nada formal y sin contrato. Confiesa que con lo que gana ahí solo le alcanza para pagar el arriendo, lo que le genera un endeudamiento mes a mes. “Se transforma en una bola de nieve”. Y agrega: “Es frustrante querer trabajar y no poder. Hoy busco lo que sirva en realidad, pero eso también me genera frustración porque no estás eligiendo lo que a ti te gusta”.

Otras opciones en medio de la búsqueda 

La informalidad golpea con más fuerza a las mujeres. En el trimestre mayo-julio 2026, la tasa de ocupación informal femenina llegó a 28,3%, un alza de 0,8 puntos porcentuales en doce meses, mientras que entre los hombres se ubicó en 25,1%, con un alza de apenas 0,2 puntos. Así, la brecha se amplía. A nivel país, la tasa de ocupación informal se ubicó en 26,5%, con un incremento de 0,5 puntos porcentuales respecto del mismo período del año anterior.

Las personas ocupadas informales aumentaron 1,6%, incididas exclusivamente por las mujeres (3,9%), dado que los hombres ocupados informales cayeron 0,4%. Por rubro, el incremento se debió principalmente a transporte (8,2%) y a servicios administrativos y de apoyo (10,2%), sectores donde se concentra buena parte del trabajo precario que están asumiendo las mujeres.

Pero también hay quienes, en la búsqueda de oportunidades, buscan otras opciones. Por ejemplo, estadísticas experimentales del INE, elaboradas a partir de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE), indican que 182.800 mujeres se encontraban trabajando en plataformas digitales en el último trimestre mayo-julio. A comienzos de 2020, eran apenas 25.000. Solo en el último año (respecto de mayo-julio 2025) sumaron 37.690 mujeres más, un alza de 26%, un crecimiento más acelerado que el de los hombres (20%).

Desde PedidosYa señalaron que la participación de mujeres pasó de un 18% a un 22% del total de repartidores entre 2024 y 2026, y en algunas zonas el fenómeno es aún más marcado: en Coyhaique las mujeres ya representan el 47% de quienes reparten. Uno de los atributos más valorados por ella, según la empresa es la flexibilidad de este tipo de empleos, como el poder decidir cuándo conectarse, desde dónde, con qué tipo de vehículo y cuánto tiempo dedicarle, lo que permite compatibilizar esta actividad con otras responsabilidades. Para quienes prestan servicios de manera habitual, la ganancia promedio mensual supera los $1.100.000 más propinas, calculada sobre un esquema de 40 horas semanales.

Este tipo de empleo cuenta además con un marco regulatorio propio. “En Chile, existe  la Ley 21.431 que regula la relación que se da entre plataformas y repartidores. Esta norma reconoce la figura del trabajador independiente de plataforma y garantiza su acceso a seguridad social, capacitación en seguridad y salud,  la entrega de elementos de protección personal y contrato de prestación de servicios, entre otros temas relevantes”, indican desde la compañía. 

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