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Reportajes

Marco Moreno sobre las salidas de Duco y las ministras independientes: “Son fusibles que se ocupan rápidamente y ya van tres”

En conversación con The Clinic, el analista se refiere a la salida de Natalia Duco del Ministerio del Deporte, quien se convierte en la tercera baja del Gobierno, lo que, asegura, responde a que los ministros técnicos e independientes no tienen ni respaldo ni manejo político. Además, el académico reflexiona sobre el funcionamiento de la administración actual y el que -cree- es su problema central: la falta de una coordinación para la toma de decisiones y el ruido que generan tanto sus propios ministros como los parlamentarios oficialistas.

Por 15 de Agosto de 2026
Marco Moreno es decano de la Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central. Ilustración: Sandro Baeza.
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La renuncia de Natalia Duco y Andrés Otero marca la tercera baja del Gobierno de José Antonio Kast en cinco meses. Marco Moreno sostiene que son "fusibles que se ocupan rápidamente" y que la salida responde a ministros técnicos e independientes sin respaldo político, en medio de un Gobierno que aún no logra "una arquitectura para tomar decisiones".

  • Duco y Otero renunciaron tras controversias y un video sobre uso de auto fiscal.
  • Con su salida, Duco se convierte en la tercera secretaria de Estado removida.
  • Marco Moreno dice que son "fusibles" y que el costo de mantenerlos es alto.
  • El analista ve falta de coordinación y un problema de "arquitectura decisional".
  • También critica el ruido interno del Gobierno y la ausencia de un centro de gobierno.

El artículo aborda la salida de la ministra del Deporte, Natalia Duco, y del subsecretario Andrés Otero, y cómo este episodio expone tensiones en el Gobierno de José Antonio Kast. Marco Moreno analiza el peso de los nombramientos técnicos e independientes, la falta de respaldo político y la dificultad para ordenar decisiones y la agenda oficial.

Estos resúmenes son generados por inteligencia artificial y chequeados por el periodista a cargo.

La renuncia de la ministra del Deporte, Natalia Duco, y del subsecretario de la cartera, Andrés Otero, marca un nuevo remezón para el Gobierno de José Antonio Kast a cinco meses de su llegada a La Moneda.

La salida se produjo luego de una serie de controversias que protagonizó Duco, donde la gota que rebalsó el vaso fue la difusión de un video donde se le muestra en una reunión social, a la cual asistió en abril usando su auto fiscal, lo cual la cartera negó a Contraloría cuando le consultaron por aquello.

Con su salida, se transforma en la tercera secretario de Estado removida de su cargo, lo que, según analiza el cientista político y decano de la Universidad Central, Marco Moreno, también transparenta el criterio del Gobierno. 

“Cuando el Presidente la remueve, no solo resuelve una crisis en Deporte, sino que intenta instalar, creo yo, un criterio que es que cuando una autoridad comienza a consumir más capital político del que aporta, su permanencia deja de ser sostenible”, comenta Moreno.

—Un criterio sobre que las polémicas no se tomen la agenda. 

—Claro, de alguna manera lo que el Presidente busca evitar es que, primero, la agenda se ensucie y se contamine por estos temas. Había presentado el Plan Cancerbero, venía de ganar la megarreforma, instaló el ACOT. Entonces el ruido al interior del Gobierno, sumado al episodio de Alvarado y Quiroz, lo que hace es distraer la conversación, lo que hace al gobierno perder el control de la agenda.

—La salida de Natalia Duco se suma a la de Mara Sedini y Trinidad Steiner, y ninguna de ellas eran personas con experiencia política. ¿Qué tanto se puede caer en un error al nombrar tantas personas independientes o técnicas en un gobierno?

—Lo que ocurre es que quienes ganan las elecciones no quieren recurrir a los partidos políticos, que es la cartera natural para proveerse de cuadros que puedan trabajar en el gobierno porque tienen más experiencia. Entonces, evitan eso yendo a buscar a personas fuera de las estructuras partidarias, pero el elenco que te encuentras afuera tampoco es que sea muy numeroso. Por ejemplo, Natalia Duco no era la número uno para el cargo. 

—Claro, se lo ofrecieron a Francisca Crovetto también. 

—Crovetto, Claudio Bravo… Ella era la número tres o cuatro, entonces no había mucho elenco, porque afuera no hay tanto elenco. Y lo que hizo Kast fue un gabinete muy personalizado, muy a su medida, con prescindencia de los partidos políticos. Entonces, se encuentra con estas situaciones. Al que acaba de nombrar como ministro de Deporte, también responde a una designación improvisada. No era que estuviera pensado, que hubiera estado analizando lo que estaba pasando con Deporte. También hay improvisaciones y también van a buscar a alguien afuera que no tiene respaldo político, que no tiene experiencia política. Ahora, es más fácil sacarlos también.

—Porque no tienen partidos que los defiendan. 

—Claro, es decir, el costo de mantenerlas es mucho más alto que sacarlas. Es más fácil sacarlos porque no tienen respaldo político, pero mantenerlos también es un costo muy alto, por eso son fusibles que se ocupan rápidamente. Y ya van tres.

—¿Y cree que el ministro que nombraron recién corre el mismo riesgo de ser un fusible?

—Sí, claro, porque gobernar requiere ciertas capacidades no solo técnicas. Ese es un error de pensar que uno coloca técnicos y que por sí solos, porque conocen el problema con un punto de vista técnico, van a resolver los problemas. En realidad, los problemas son multidimensionales y cada vez más se requiere capacidad de gestión política, gestión comunicacional. Y muchos de estos nombres fallan. Duco la primera cuña que dio fue que le iba a comprar ropa bonita a los deportistas. Luego metió a un chamán que tenía como asesor. Es gente que no entiende cómo funciona la lógica del poder y la política. Entonces, traerlos del mundo no político siempre tiene un costo. 

Hay alguno que pueda resultar, pero en general no conocen los códigos, llegan al Congreso y no tienen con quién hablar porque no conocen a los parlamentarios… Entonces, esta idea de solo recurrir a técnicos despolitizados, que no pertenezcan a partidos políticos, también es un error. Porque al final del día siempre las decisiones son políticas y no son solamente técnicas.

—¿Por qué cree que se está dando esta tendencia? Porque Boric hizo lo mismo, su primer gabinete también tenía gran presencia de independientes y técnicos. ¿Por qué ahora hay tanto resquemor con nombrar a personas de partidos?

—Lo que pasa es que los partidos están en una situación de crisis de representatividad hace tiempo. En cualquier estudio de opinión, en cualquier encuesta, desde hace años, los peores evaluados en la escala de confianza institucional son los partidos políticos y el Parlamento. Entonces los gobernantes tratan de tomar distancia de los partidos políticos por la crisis en la que están, pero ahí hay un error.

Porque si bien es cierto, los partidos no pasan por su mejor momento, son los espacios que pueden proveer de cuadros con mayor nivel de compromiso, con mayor nivel de apoyo que cualquier persona, por muy experto que sea en un tema, porque los problemas no son solamente técnicos, sino que son políticos. Entonces, esta idea de los gobernantes de solo buscar personas con capacidades técnicas ha quedado demostrado que no está dando resultados. Yo no digo que sean militantes de partido, pero que a lo menos tengan algún conocimiento de cómo funciona el mundo político.

“Lo que vemos es que todavía el Gobierno no logra dar con una arquitectura para tomar decisiones”

—Considerando que ya han salido tres ministras en apenas cinco meses de Gobierno, ¿eso no dice algo sobre lo que fue la apuesta inicial del gabinete?

—El diseño original se acabó al día 69 cuando hizo el primer cambio de gabinete, cuando sacó a las dos ministras. Luego el diseño estuvo marcado por poner todas las fichas en la megarreforma, y también tuvo un éxito legislativo, no una victoria política, pero sí una victoria legislativa. Y por lo tanto, empezaba una segunda etapa del gobierno y esa segunda etapa había comenzado bien. Pero con este imprevisto, que en el fondo lo de la Contraloría General de la República fue la gota que rebalsó el vaso con Duco (…). Lo que vemos es que todavía el Gobierno, a pesar de ya llevar cinco meses y un par de días, no logra dar con una arquitectura para tomar decisiones.

Y eso se vio también en el tema con Alvarado, por ejemplo. Que haya dicho que no se había enterado del veto. Hay como una lógica de silos, que no se comunican entre sí. Entonces tenemos un problema con la arquitectura decisional, y el gabinete evidentemente cae en esa lógica. Los ministros sectoriales se manejan sectorialmente, lo que da cuenta de que no hay técnicamente lo que se llama un centro de gobierno. El centro de gobierno no es solamente el lugar físico donde está el Presidente, sino que es el que ordena y articula lo que es la acción de los ministros, que son sus colaboradores.

—Rol que suele tener el Ministerio del Interior también.

—Claro, con la modificación que se hizo cuando se le sacó seguridad para transformarlo en un nuevo ministerio, el Ministro del Interior quedó con una jefatura de gabinete. Pero esa función hasta ahora no se ha podido ejercer. 

La pregunta es: ¿Quién toma las decisiones en la moneda? ¿La toman los ministros? ¿La toma el segundo piso? ¿La toma el Presidente que se junta con dos o tres más? Por eso te digo que hay un problema de arquitectura decisional. ¿Quién y dónde se están tomando las decisiones? (Giorgio) Jackson tuvo la mala idea de decir el principio de los círculos concéntricos. Aquí está pasando algo parecido. No sabemos bien todavía cuáles son esos silos y quiénes son los que toman las decisiones, pero que un ministro del Interior no se entere de una iniciativa que lo afecta directamente deja mucho que decir respecto de cómo se están tomando las decisiones.

—Dice que falta coordinación, pero más allá de eso, ¿puede ser que influya esta especie de rivalidad que parece haber entre ciertos ministros y que tal como pasó en el gobierno de Boric, haya dos almas en el Gobierno?

—Primero hay un problema de arquitectura institucional. No es que los ministros no conversen, es que los gobiernos no deberían coordinarse porque los ministros recuerden que hay que llamarse por teléfono. Deben hacerlo porque hay círculos institucionales que obligan a que determinadas decisiones pasen por determinados actores. Eso no está ocurriendo.

Hay un problema en torno a que hay varios centros que toman decisiones, entonces hay una fragmentación decisional y una falta de coordinación, pero más que de coordinación, es la falta de un centro de gobierno que pueda articular bien el proceso de toma de decisiones.

—¿Y cuál cree que sería la mejor arquitectura? ¿Quién debería coordinar o ayudar en la toma de decisiones? 

—En un sistema presidencialista como el que tenemos en Chile, al final del día, los presidentes no solamente son jefes de Estado, son jefes de gobierno y al mismo tiempo son líderes de la coalición. Lo que pasa es que a los presidentes no les gusta, en general a todos, no les gusta asumir este rol (…). Pero lo que estamos viendo es que el Presidente va a tener que empezar a asumir roles más activos. No ha querido o no ha estado interesado, no importa, pero va a tener que cambiar. Porque lo que estamos observando es un problema que requiere mayor centralización de la toma de decisiones. Ese es un aspecto clave, alguien tiene que integrar políticamente las decisiones antes de que se transformen en decisiones de gobierno.

—¿Cree que con la salida de Duco, el Gobierno pueda seguir en este “segundo tiempo”? ¿O ahora ya tiene que empezar un tercer tiempo?

—Yo creo que esto no alcanza a afectar la agenda de seguridad, la ACOT que el Gobierno quiere tramitar en el Congreso. Creo que es más fuerte la falta de una arquitectura decisional, que el ministro político vaya por un lado y los otros por otro. Eso es más complicado para la tramitación de una reforma que requiere cuatro séptimos en aquellos temas que requieren cambio constitucional. 

Por supuesto, es la conversación, el Gobierno ha perdido 24 horas y tampoco es una conversación sobre el Plan Cancerbero. Lo tapa de alguna manera esta polémica. Entonces, el Gobierno va a tener que ahora tratar de retomar el control de la agenda, volver a ponerle impulso al tema de la agenda de seguridad.

Pero el problema del Gobierno es que tiene mucho ruido propio. Porque un día es “escucha tu corazón”, después son 60 parlamentarios que están pidiendo que haga indultos, después otros que están enojados porque se suspende la construcción de la infraestructura vial en el Gran Concepción. Ese es ruido propio, el Gobierno no logra ordenar al oficialismo si no es para las votaciones. Cada vez que hay una votación logra ordenarlo, pero por eso es una victoria legislativa, pero no es una victoria política.

—¿Y ahí quién está al debe? El ministro García Ruminot es el encargado de las relaciones con el Congreso.

—O sea, el error es del Gobierno. Porque García Ruminot y Alvarado están haciendo su mayor esfuerzo, ponen todo su capital político. Pero cuando el Gobierno dice vamos a ir con la agenda ACOT, y por el lado Quiroz dice: ‘Bueno, vamos a nosotros ahora a impulsar una reforma al mercado capital y al estatuto administrativo’. ¿Eso es culpa de Alvarado y de García Ruminot? No, es un problema, como te decía, de arquitectura decisional. ¿Quién deja que Quiroz tome estas decisiones de meter otra discusión parlamentaria? (…). Eso es el ruido propio, ¿y eso por qué se produce? Porque no hay una arquitectura decisional, no hay un centro de gobierno, y por eso lo que tenemos es una fragmentación de las decisiones.

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