Carta a la directora / Solidaridad: donde nadie se salva solo
Compartir
Vivir en la calle no es sólo la ausencia de techo. Es la ausencia de esperanza diaria, de esa confianza mínima en que mañana habrá un mejor futuro. Esa esperanza sólo existe con una base sólida, con historia, relaciones, vínculos. Ese piso mínimo que conserva la esperanza es lo que llamamos solidaridad.
Las soluciones reales a la situación de calle nacen de la colaboración y la confianza entre actores. Hay tendencias, como los desalojos, que ganan miles de likes. Pero ninguna medida aislada basta. Se necesita techo, acompañamiento, vínculos y colaboración para construir un futuro juntos, donde nadie sea simplemente desplazado. Recuperar un espacio puede resolver una urgencia; recuperar una trayectoria de vida requiere mucho más.
Alberto Hurtado lo sabía. En su legado siempre hay encuentro. Reunió al Estado, la Iglesia y el mundo empresarial en torno a desafíos comunes. Ese mismo principio sostiene hoy a Juntos en la Calle. Somos una alianza —CPC, Comunidad de Organizaciones Solidarias, Corporación 3xi— porque ninguna institución resuelve esto sola. Y convencidos de algo fundamental, nadie está en la calle porque quiere y para salir se necesita un techo.
Con todo, la solidaridad no es patrimonio de las instituciones. Estar unido a los problemas de todos es patrimonio común. Conocer a quien duerme en tu barrio. Informarse sobre las rutas de apoyo. Colaborar con un centro de día. Pequeños gestos que abren puertas grandes.
Este 18 de agosto, la pregunta a la que invito es ¿qué nos falta para dejar de estar separados?
