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Opinión

10 de Agosto de 2026
Sandro Baeza

Columna: Áreas prioritarias en investigación

Por María Fernanda Lanfranco, Historiadora Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

La decisión de reservar hasta un 70% de los proyectos FONDECYT de Postdoctorado para áreas prioritarias no solo amenaza la inserción laboral de jóvenes investigadores: también vuelve a poner en cuestión el lugar que las humanidades y las artes ocupan en un sistema de investigación cada vez más condicionado por criterios de rentabilidad. El escenario, sin embargo, puede ser una oportunidad para revisar cómo financiamos, valoramos y protegemos estas disciplinas, según expone la columnista.

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El concurso FONDECYT de Postdoctorado 2027 ha definido que hasta un 70% de los proyectos adjudicados deberá enmarcarse en áreas prioritarias. Si bien no existe una exclusión formal de las humanidades y las artes, esta medida las sitúa en una desventaja considerable respecto de otras áreas del conocimiento. La gravedad de esta decisión puede advertirse a partir de varias razones; mencionaré dos.

Primero, el concurso de Postdoctorado tiene por objetivo apoyar a los investigadores jóvenes que han terminado recientemente su formación doctoral, y constituye una herramienta fundamental para facilitar su inserción laboral. Conviene destacar que gran parte de los recursos de este concurso, a diferencia de otros proyectos FONDECYT, se destina a pagar el sueldo de un investigador que todavía no se ha incorporado a una institución, dado que estas suelen priorizar a académicos con trayectorias más consolidadas. Por lo tanto, si hay instrumentos que conviene proteger porque contribuyen a la inserción de los posgraduados, en quienes, en muchos casos, el país ya ha invertido recursos a través de becas de magíster y doctorado, son precisamente concursos como este. Así, esta política envía una señal que podría comprometer el futuro de esos investigadores, de sus disciplinas y del valor de su contribución al desarrollo de nuestra sociedad.

En segundo lugar, la medida sitúa en un lugar subordinado a los investigadores y académicos que cultivan las humanidades y las artes. Es cierto que nos cabe una autocrítica sobre el interés y el esfuerzo que dedicamos a comunicar el valor de estas disciplinas al resto de la sociedad. Pero también en ella opera un criterio basado en la rentabilidad económica de la inversión, frente al cual disciplinas como la historia, la filosofía o las artes siempre estarán en desventaja. Quizás debimos cuestionar, hace ya bastante tiempo, las métricas que determinaban la adjudicación de proyectos en estas áreas, las cuales nos medían con varas provenientes de otros campos del conocimiento.

Con todo, quizás valga la pena tomar este escenario como una oportunidad para repensar las políticas universitarias en materia de investigación y nuestra propia labor como académicos e investigadores. En esa línea, cabría revisar los criterios y la forma en que se asignan proyectos como FONDECYT; reconsiderar el valor de la investigación como una actividad permanente, asociada o no a proyectos financiables externos; discutir la importancia de destinar recursos a garantizar condiciones de trabajo dignas para los investigadores precarizados; y exigir a las propias universidades que asuman que las humanidades y las artes son tan fundamentales para la vida en sociedad, que su protección y su cultivo no pueden quedar a merced de la variabilidad de las políticas de un gobierno u otro.

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#academia#correo#Fondecyt

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