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Foto: Adriana Thomasa / The Clinic.

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20 de Agosto de 2026

El “gatio”: la pareja de arquitectos que diseñó su casa en torno a sus cuatro gatas y que por ellas ha postergado irse de Chile

Lo que comenzó con una gata abandonada terminó convirtiéndose en una familia de seis. Leonardo y Valentina, ambos arquitectos, adaptaron su casa, sus rutinas y hasta sus planes de vida para convivir con cuatro gatas. Desde un “gatio” diseñado para que puedan trepar y explorar hasta una huerta donde siembran y cosechan parte de sus alimentos, la vida junto a ellas también los llevó a repensar su relación con el entorno y las decisiones cotidianas. En esa búsqueda por compatibilizar el bienestar de sus gatas con una vida más consciente del medioambiente, incorporaron Catit Go Natural, una arena para gatos orgánica elaborada con fibra de cáscara de arvejas.

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En el sur de Santiago, en La Pintana, hay una parcela compuesta por tres casas y un patio extenso lleno de vegetación. Un pulmón verde dentro de la metrópolis. Hay un huerto y el ruido de los autos, que pasan muy poco por la vereda más cercana, es casi imperceptible. Leonardo (31) creció ahí y ahí sigue viviendo, ahora desde su propia casa en el lugar.

En 2020 habían botado a unos gatitos cerca de su parcela. Siempre fue de perros, dice. De hecho, los gatos no le llamaban la atención. Nunca pensó que una gata se convertiría en su compañera incondicional, una más de la casa.

“Desde que la gata llegó, me seguía a todas partes”, dice.

A los pocos meses, la gatita abandonada se escapó y luego volvió a su casa. Leo la notó un poco gordita, pero no le dio muchas vueltas, hasta que se volvió evidente que estaba embarazada. Ordenó distintos espacios en la casa para que pudiera tener a sus crías y la gata escogió el lugar al lado de su cama.

Estaba decidido a regalarlos a todos. No podía tener más gatos: era mucha responsabilidad y una invasión para su padre, que no simpatizaba demasiado con los felinos. Alcanzó a dar a dos gatitos. Un tercero le pareció casi criminal. No le dio el corazón para regalarlas. Así, tres gatitas pasaron a ser parte de su casa, de su hogar.

Años después, Leonardo tiene su propio apartado en la parcela, donde vive con su pareja, Valentina, y las cuatro gatas. No le gusta pensar en ellas como sus hijas —“es banalizar la paternidad”—, pero sí son su hogar, su familia. “Hacemos toda la vida con ellas, duermen con nosotros en la cama. Ya son parte de la vida en realidad, del diario”.

Foto: Adriana Thomasa / The Clinic.

Hoy cuenta que para cada decisión que se toma en la casa se piensa en las gatitas. Ocurre con las vacaciones, con la distribución de los espacios y también con cosas bastante más pequeñas: qué compran, qué materiales utilizan o cómo resuelven los cuidados cotidianos de cuatro animales que viven puertas adentro.

En la parcela, además, Leonardo y Valentina intentan mantener una relación particular con el entorno. Tienen un huerto, siembran y cosechan parte de lo que comen y, con los años, esa preocupación por el medioambiente también se ha cruzado con la vida junto a sus gatas.

Por eso, incluso la elección de algo tan cotidiano como la arena terminó entrando en esa lógica. Actualmente utilizan Go Natural, una arena elaborada a partir de fibra de cáscara de arvejas. Con cuatro gatas, además, mantener limpio el espacio donde viven es parte importante de la rutina: la arena es 99,9% libre de polvo, forma grumos rápidamente y sus pellets están diseñados para no adherirse a las patas.

Foto: Adriana Thomasa / The Clinic.

“Estamos buscando maneras de que impacte menos el uso de arena, porque igual teniendo cuatro gatas es mucha la basura que se generaba”, comenta Valentina.

“Para nosotros es muy importante la relación con el medioambiente. Nuestros gatos nos han enseñado bastante sobre eso”, dice Leo.

Esa convivencia entre humanos y gatos también ha terminado condicionando otras decisiones. Cuando tienen la idea de irse de vacaciones, les cuesta alejarse del nido y dejar a las gatas, aunque sea solo por unos días.

Incluso, un sueño que él y su pareja han tenido desde que están juntos —hace doce años— es irse del país. Sin embargo, esta es una decisión que se ha postergado por el costo económico que significa hacerlo con cuatro gatas. “Ese ha sido nuestro freno, la dificultad de llevarnos cuatro gatas”, cuenta.

El “gatio” que construyeron pensando en ellas

Al cambiarse de casa, dentro de la misma parcela, el espacio era menor que el que Leonardo tenía en la casa de su padre. Y, como ambos son arquitectos, intentaron contrarrestar la pérdida de tamaño con un espacio más dinámico. “Los dos somos arquitectos, entonces se nos han ocurrido formas más lúdicas para contrarrestar la pérdida de espacio”.

La puerta para salir al patio está dentro de la pieza principal, donde, además de la cama en que duermen Leonardo y Valentina, están el bebedero de las gatas, su comida, el arenero y pequeñas camas que, durante la noche, ignoran casi por completo: prefieren dormir con sus humanos.

El “gatio” tiene tres árboles, que las gatas trepan con facilidad. “La idea es que tuviera distintas alturas y texturas en el terreno. Entonces, tiene tierra, tiene pastizal y los árboles en el espacio, por los que van subiendo y tienen un espacio para mirar hacia fuera”.

“Ese era el concepto, que no se sintieran encerradas en la casa, pero que tampoco se salieran de la casa”.

Leo se mueve por el espacio, entre los árboles que forman parte del “gatio”. Las gatitas lo siguen con la mirada. Cuando sale a buscar la arena Go Natural para rellenar el arenero, maúllan para obtener su atención. Pareciera que quieren saber lo que hace en todo momento.

Con cuatro gatas, ese gesto se repite con frecuencia. Los pellets de 1,5 milímetros de la arena pueden absorber hasta un 300% de su propio peso y forman grumos firmes que facilitan su retiro. Cada empaque contiene 5,6 kilos y puede durar hasta 60 días en un arenero.

Pero las gatas parecen bastante menos interesadas en esas características que en seguir los movimientos de Leonardo. Van detrás de él por una casa que, de alguna manera, también fue diseñada alrededor de ellas.

“Es un lazo que igual es difícil de explicar. Es difícil de explicar, pero es un lazo potente”.

Foto: Adriana Thomasa / The Clinic.

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