La historia de los vecinos de La Pintana que construyen con sus propias manos el Metro que esperaron por décadas
En La Pintana, una de las comunas más postergadas del sistema de transporte de Santiago, hay obreros que no solo levantan la futura Línea 9: también son vecinos que la usarán. Javier Badilla, albañil, y Mauricio Mancilla, eléctrico de mantención, cuentan cómo es construir con las manos la obra que promete terminar con cuarenta años de aislamiento.
Por Sebastián Palma 6 de Septiembre de 2026
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En La Pintana, vecinos como Javier Badilla y Mauricio Mancilla trabajan en la futura Línea 9 del Metro, que unirá la comuna con Santiago. Ambos dicen sentirse orgullosos de “hacer un aporte a la comuna” y de construir la obra que promete terminar con “cuarenta años de aislamiento”.
- Javier Badilla, carpintero y vecino de La Pintana, trabaja en la futura Línea 9 del Metro.
- Mauricio Mancilla, eléctrico de mantención, también vive en la comuna y participa en la obra.
- La Línea 9 tendrá 27 kilómetros y 19 estaciones entre ocho comunas de Santiago.
- La alcaldesa Claudia Pizarro ha dicho que la llegada del Metro pone fin a más de 40 años de espera.
El artículo cuenta la historia de dos vecinos de La Pintana que hoy trabajan en la construcción de la futura Línea 9 del Metro. La nota muestra cómo la obra, esperada por décadas, es vista por ellos como un aporte directo a la comuna, porque reducirá tiempos de viaje y acercará el transporte a sus hogares.
En el paradero 44 de Santa Rosa, donde la avenida deja de cerrarse por un enfilamiento de casas, todavía sobreviven las viñas, los terrenos agrícolas y esa sensación de que Santiago terminó unas cuadras atrás. Hay un terminal de buses RED, un carrito de completos. Hacia un lado, los Huertos José Maza, uno de los primeros asentamientos de la comuna y hacia el otro, la Plaza de La Pintana y la población El Castillo.
Allí la mayor parte del paisaje sigue siendo una explanada de tierra. Pero entre el polvo ya se levanta un proyecto clave para el sector sur de la ciudad. Cientos de trabajadores construyen los talleres y cocheras de la futura Línea 9 del Metro, el lugar donde los trenes serán revisados, cambiarán de vía y saldrán a recorrer los 27 kilómetros que, por primera vez, unirán a La Pintana con el resto de Santiago.
Uno de esos trabajadores es Javier Badilla. Carpintero de oficio, preciso con las manos y vecino de la comuna desde hace más de un cuarto de siglo. Trabaja para Ferrovial, una de las empresas contratistas de Metro, y hace unos meses lo destinaron a esta faena, a menos de quince minutos de la casa donde vive con su familia, en el sector de Santo Tomás con Santa Rosa.
Él es gestor de uno de los cambios más trascendentales que vivirá su comuna. “Antes teníamos una o dos locomociones que llegaban a la población. Ahora ya entran tres o cuatro micros. Es más fácil llegar”, dice.
Para cualquiera esa mejora puede parecer menor. Para quienes crecieron en una comuna históricamente aislada, una mejor locomoción, significa dejar de calcular la vida en transbordos y esperas.
Así, por ejemplo lo evidenciaron estudios como el del Consejo de Desarrollo Urbano: en hora punta de la mañana, un viaje en transporte público puede tomar hasta dos horas en comunas como La Pintana.
Cuando se le pregunta a Badilla si alguna vez imaginó que tendría una estación de Metro a quince minutos caminando de su casa, ni siquiera se toma un segundo para pensarlo.
—No. Jamás.

El carpintero empezó en la construcción hace 20 años, como jornal. De a poco fue subiendo de categoría, aprendiendo el oficio en las distintas empresas donde ha trabajado, hasta llegar hoy a la albañilería en uno de los proyectos de infraestructura más grandes que ha visto la zona sur de Santiago.
“Estoy muy orgulloso de todo, porque ya mis hijos están creciendo con otros conceptos de vida, de comodidad, y sí, es muy agradable lo que está sucediendo con el metro”, dice. El orgullo no es solo por el trabajo bien hecho: es por lo que ese trabajo significa para la siguiente generación, la que va a crecer con una estación cerca de la casa.
Javier no es el único pintanino trabajando en una línea que, cuando esté terminada, probablemente también usará para moverse por Santiago. Dice que entre sus compañeros hay más vecinos de la comuna y que, afuera de la obra, la expectativa se siente.
—Mucho, mucho. Yo creo que la gente no se pone para nada en contra de esto. Están muy alegres y contentos con lo que está pasando —dice.
“Me siento orgulloso de hacer un aporte a la comuna”
A pocas cuadras de la cochera en la futura estación Plaza de La Pintana trabaja Mauricio Mancilla, eléctrico de mantención. Su trabajo es menos visible que el de quienes levantan muros o mueven tierra, pero igual de necesario: revisa que las herramientas eléctricas estén certificadas, inspecciona tableros, luminarias y, en general, todo aquello que permite que la obra funcione sin que alguien salga herido.
Mauricio también es vecino de La Pintana, donde llegó hace algunos años, cuando —como él mismo dice— le “salió” un departamento después de años de esperar la casa propia.
Hasta hace poco, sin embargo, trabajaba al otro extremo de Santiago. Estaba en las obras de la Línea 7, que conectará el centro con Vitacura, una de las comunas de mayores ingresos de la capital. Cada mañana necesitaba cerca de una hora y media para llegar desde su casa. Y después, al terminar la jornada, tenía que hacer el mismo camino de vuelta.
Ahora la distancia entre su casa y el trabajo se mide en minutos.
—Para mí es súper importante, muy bueno, porque son oportunidades que llegan y hay que aprovecharlas al máximo. El Metro me ha ayudado, la empresa en la que estoy me ha ayudado harto. En ese sentido, como persona, me ha ayudado —dice.
Hay algo, sin embargo, que parece importarle todavía más que haberse ahorrado esas horas de viaje. Por primera vez está construyendo una línea que llegará hasta el lugar donde vive.
—A las personas que transitan por acá les va a hacer más fácil la vida en cuanto a locomoción, trayecto, tiempo. Es ser un aporte para la comunidad.
Cuando se le pregunta si eso le produce orgullo, la respuesta llega inmediatamente:
—Obviamente, obviamente. La Pintana es una comuna grande, hermosa, y siempre trato de aportar algo para la comuna.
Mauricio ya conoce la construcción del Metro desde el otro lado de Santiago y por eso establece una diferencia. No es lo mismo, dice, levantar algo que tendrá un dueño, que trabajar en una obra por donde algún día pasarán miles de desconocidos.
—Trabajar para la gente le da un impulso distinto a hacer, por ejemplo, un edificio, que es una cuestión privada. Trabajar para beneficiar a miles de personas es bueno. Estamos muy orgullosos de lo que estamos construyendo.
Y ese sentimiento, dice,es común entre los trabajadores de la obra. Mauricio cuenta que varios de sus compañeros viven en los alrededores y que entre ellos existe una preocupación que parece elemental, pero que en una faena de esta magnitud se repite todos los días: cuidarse entre todos.
—La seguridad es un trabajo muy comprometido. La idea es que lleguen sanitos y se vayan sanitos a su casa.

Al final de la conversación, Mauricio vuelve sobre La Pintana. Habla de una comuna humilde, de sus vecinos y del esfuerzo que conoce porque también es el suyo. Después mira la obra que algún día dejará de ser una excavación para convertirse en una estación de Metro.
—Me siento orgulloso de hacer un aporte a la comuna, porque es una comuna humilde, pero con gente trabajadora y con grandes esfuerzos. Una comuna hermosa, como uno puede decir. Así que aquí estamos, poniéndole todo el poder.
La percepción de Mauricio es respaldada por Metro: “existe evidencia de que la expansión de Metro puede generar impactos que van mucho más allá del transporte: un estudio sobre Línea 4 mostró cómo una mejor conectividad permitió a jóvenes acceder a oportunidades educacionales en otras comunas y, posteriormente, alcanzar mejores ingresos”, dice Ximena Schultz, gerente de División de Proyectos de Metro de Santiago. .
Los vecinos de La Pintana que levantan la línea 9
Javier y Mauricio trabajan hoy en dos puntos distintos de una obra que, vista desde arriba, terminará atravesando buena parte de Santiago. Desde La Pintana, la Línea 9 avanzará por el eje de Santa Rosa a lo largo de casi 27 kilómetros, con 19 estaciones repartidas entre ocho comunas: Recoleta, Santiago, San Miguel, San Joaquín, La Granja, San Ramón, La Pintana y Puente Alto. En Cal y Canto ocurrirá algo inédito para el Metro de Santiago: cuatro líneas —la 2, la 3, la futura 7 y la 9— se encontrarán bajo una misma estación.
Las obras comenzaron formalmente el 19 de agosto de 2025, en una ceremonia encabezada por el Presidente Gabriel Boric, pero la historia de esa línea había comenzado bastante antes. Durante décadas, mientras la red avanzaba hacia distintos extremos de Santiago, La Pintana siguió apareciendo en el mapa sin una estación.
La alcaldesa Claudia Pizarro ha descrito la llegada del Metro como el fin de una espera de más de cuarenta años y de jornadas en que algunos vecinos pueden gastar hasta cuatro horas entre el viaje de ida y el de regreso.
“Estamos construyendo una nueva línea que transformará la conectividad de comunas como La Pintana y, al mismo tiempo, contamos con vecinos de estas mismas comunas que hoy son parte de su construcción. Son personas que están contribuyendo a construir el Metro que mañana utilizarán ellos, sus familias y sus comunidades.” añade Ximena Schultz,desde la División de Proyectos de la empresa.
Por eso, para Javier y Mauricio la promesa de la Línea 9 difícilmente puede reducirse a los kilómetros de túneles, el número de estaciones o los minutos que algún día ahorrará un estudio de transporte. Es la comuna donde crecen sus hijos, la casa a la que vuelven después de cada turno y las micros que durante años fueron la única manera de salir de ahí.

Y hay una pequeña paradoja en que sean precisamente ellos quienes estén ayudando a acortar esas distancias. Durante años, trabajadores como Mauricio cruzaron Santiago para construir edificios, estaciones y líneas de Metro en otras comunas. Esta vez, la obra llegó hasta ellos.
Algún día las faenas terminarán, las grúas desaparecerán de Santa Rosa y por esos túneles comenzarán a pasar trenes llenos de pasajeros. Cuando eso ocurra, Javier y Mauricio podrán subirse a uno de ellos sabiendo algo que la mayoría de quienes viajen a su lado probablemente ignorará: que una parte de ese camino la construyeron ellos mismos.



