Ale Sergi de Miranda!, sus hallazgos de vinilos en el Persa Bío Bío y su estreno en Fiebre de Canto: “Chile tiene un gusto musical refinado”
El vocalista de Miranda! vuelve a Chile para sumarse como jurado de "Fiebre de Canto". En conversación con The Clinic, recuerda los años en que tocaba para 80 personas en Santiago, sus recorridos por el Persa Bío Bío buscando discos, la cercanía con Gustavo Cerati y el impacto que tuvo la banda en una generación que creció escuchando "Sin restricciones".
Por Sebastián Palma 12 de Septiembre de 2026
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Ale Sergi vuelve a Chile como quinto jurado de Fiebre de Canto, de Chilevisión, y recuerda sus primeras visitas a Santiago, cuando Miranda! tocaba para 80 personas. En la entrevista repasa sus recorridos por el Persa Bío Bío, su vínculo con Gustavo Cerati y afirma: “Chile tiene un gusto musical refinado”.
- Ale Sergi se suma como jurado de Fiebre de Canto durante los domingos de septiembre.
- Recuerda cuando Miranda! tocaba en Santiago para 80 o 100 personas.
- Cuenta que compró discos en el Persa Bío Bío y valora el gusto musical chileno.
- Destaca el apoyo de Gustavo Cerati y su invitación a tocar con la banda.
- Dice que juzgará desde la escucha musical y no desde el show televisivo.
El artículo repasa el regreso de Ale Sergi a Chile para integrarse al jurado de Fiebre de Canto. A la vez, reconstruye su relación de años con el país, desde los primeros shows de Miranda! hasta sus visitas a tiendas de discos y su mirada sobre el público local. También aborda su experiencia televisiva y su vínculo con Gustavo Cerati.
Ale Sergi guarda un recuerdo de sus primeras visitas a Chile, mucho antes de llenar estadios con Miranda! y de convertirse en jurado de “Fiebre de Canto”, el programa de Chilevisión que lo tendrá cruzando la cordillera durante los domingos de septiembre.
En ese recuerdo camina por Santiago y comienza a fijarse en los afiches de la discoteca Blondie. Anunciaban fiestas dedicadas a artistas de renombre mundial que, evidentemente, no iban a presentarse esa noche.
Al principio no entendía.
“Yo decía: ‘¿Qué, vienen todos estos?’”, recuerda. Después descubrió que no. Que simplemente había una discoteca donde cientos de personas podían reunirse una noche para escuchar un disco completo de Depeche Mode, Morrissey o algún otro artista. “Eso no lo había visto nunca”.
Han pasado más de veinte años desde entonces. La primera vez que Miranda! tocó en Santiago, Sergi calcula que había 80 o, con suerte, 100 personas. Después los viajes se hicieron habituales y Chile terminó convirtiéndose en una especie de segunda casa para la banda. Tocaron en Blondie, pasaron por el Caupolicán y el Movistar Arena. En 2024 Sergi incluso presidió el jurado del Festival de Viña del Mar y un año después se presentó en el Claro Arena.
Ahora regresa por una razón distinta. Durante los domingos de septiembre será el quinto jurado de “Fiebre de Canto“, el estelar de Chilevisión conducido por Diana Bolocco, que en su estreno alcanzó a 1,4 millones de personas en sus distintas plataformas. Sergi se suma a Luis Jara, Verónica Villarroel, Emilia Dides y Vasco Moulian.
Es un terreno que ya conoce por su experiencia en la televisión argentina. Allí protagonizó un fenómeno junto a Juliana Gattas, su eterna compañera. “Tu misterioso alguien”, una canción que Miranda! publicó en 2009, volvió a convertirse en un hit 15 años después. El registro se viralizó, la canción encontró una nueva generación de oyentes y tuvo una segunda vida.
En Chilevisión esperan que algo de esa fórmula vuelva a ocurrir. Y la expectación se percibía el pasado domingo en los pasillos del canal. A las 18:30, ejecutivos de la señal llegaron para recibirlo. Diana Bolocco fue directamente hasta la sala de maquillaje para saludar apasionadamente al nuevo integrante del programa. Sergi la recibió tranquilo, sin gritos. Y siempre con una sonrisa en el rostro. Su estampa poco estridente escapa al estereotipo televisivo.
La invitación para “Fiebre de Canto” había comenzado también de una manera sencilla. Una persona que trabaja con él tenía redes con Chilevisión, se cruzaron correos. La propuesta tenía, además, un atractivo difícil de separar de esos primeros viajes de hace dos décadas: significaba volver a Chile, un país al que, dice, nunca le ha costado encontrar razones para regresar.
“Está bien que alguien se moleste con lo que hacés”
Ale Sergi y Miranda! comenzaron a hacerse conocidos en Chile a principios de los 2000. Su éxito fue prácticamente paralelo al que tuvieron en su país. Era una época distinta: la de “La guitarra de Lolo”, y en la que escuchar Miranda! no era una decisión neutra para un adolescente.
Antes de que la estética fluida se incorporara al lenguaje del pop masivo en Latinoamérica, Sergi y Gattas aparecían sobre los escenarios maquillados, con ropas extrañas, tonos de voz agudos y canciones que llevaban el melodrama romántico a una versión con sintetizadores y purpurina (o escarcha, como decimos en Chile) de Pimpinela.
Miranda! se transformó entonces, para muchos, en una pequeña forma de ensayar una identidad. Pese a ello, Sergi prefiere no atribuirse demasiado mérito.
—Para nosotros era natural porque de ahí veníamos —dice—. Íbamos a bailar a muchas discotecas donde nos juntábamos todos. Había gays, había pakis. Estábamos todos juntos bailando, pasándola bien, y no había mucha diferenciación en eso.
—Pero Miranda! no es solo ese lugar.
—Sí, cuando con Miranda! salimos un poco de esa burbuja, vimos que en otros lugares no era tan así y que alguna gente se sorprendía. Pero lo tomamos como algo positivo. Yo antes de ser músico soy fan de la música. Y a muchos les ha pasado eso, que en un principio han sido resistidos por alguna parte de la gente o como que no fueron entendidos del todo al comienzo, o como acá se les han burlado en algún momento.
“Y yo siento que, bueno, mientras sea una porción de la gente, mientras no sea el 100%, estamos bien, ¿entendés? Está bien que alguien se moleste con lo que vos hacés porque eso yo creo que significa que estás haciendo algo nuevo. Nosotros no pretendíamos cambiar nada, pero veníamos con la onda nuestra y no la íbamos a cambiar solo porque estuviéramos en un escenario más grande. Éramos fieles a lo que nosotros sentíamos”.
—El Chile de los 2000 todavía era una época bastante más conservadora y recuerdo haber comprado “Sin restricciones” pirateado en una feria. Para muchos adolescentes, Miranda! significó una especie de liberación desde una banda con letras en español, una posibilidad de ser más “femenino” o “masculino” sin que eso determinara necesariamente tu orientación. ¿Ustedes sintieron que estaban provocando algo en quienes los escuchaban?
—Yo no sabría decir cómo la gente lo vivió, porque yo no estuve ahí y me suena un poco petulante hacerme cargo de la liberación de las personas porque cada quien utiliza lo que tiene a su alcance para expresarse. Sí me da mucha alegría que nuestra música haya servido como a mí me sirvió la música de tantos para buscar mi identidad o personalidad. Cuando eres adolescente y estás buscando tu identidad, la música que escuchas te define mucho.

Gustavo Cerati subiendo tres pisos por escalera
Entre quienes entendieron temprano lo que estaba haciendo Miranda! hubo alguien particularmente importante.
Hace poco volvió a circular en redes sociales un antiguo registro de Gustavo Cerati escogiendo la canción “Imán” y a Miranda! como la banda revelación de 2002.
“Gustavo nos dio una mano enorme”, dice.
Cerati frecuentaba el ambiente de la música underground en Argentina. Iba a ver bandas nuevas y estaba atento a lo que comenzaba a ocurrir en Buenos Aires. Cuando conoció a Miranda!, se acercó.
—¿Qué significó que alguien como Cerati los validara cuando todavía estaban comenzando?
—Lo primero, el primer gesto que tuvo, fue votarnos. Era una encuesta que hacía todos los años uno de los diarios más importantes de Argentina, donde los músicos elegían a sus favoritos. Él nos votó y realmente fue un espaldarazo muy fuerte para nosotros.
Después vino algo todavía más fantásico.
Miranda! presentaba “Sin restricciones” en un pequeño teatro de Buenos Aires, frente a unas 700 personas. Cerati aceptó tocar con ellos.
Podría haber llegado minutos antes del concierto, subir al escenario y confiar en que ser Gustavo Cerati sería suficiente.
—Vino a ensayar a mi departamento. Me dio una vergüenza, un departamento diminuto que tenía yo, tres pisos por escalera. Vino Gustavo y los vecinos me miraban como diciendo: “¿Cómo hiciste?”. Nadie entendía nada.
—¿Cómo recuerdas esa experiencia?
—Después vino a probar sonido y se quedó entre la prueba y el concierto. Esas cosas las aprendés cuando ves de cerca a tus ídolos trabajando. Ves la seriedad con que se tomaba la presentación. Él iba de invitado, siendo Gustavo Cerati, a tocar con un grupo joven. Podría haber dicho: “Che, ¿a qué hora arranca? A las nueve. Bueno, nueve y cuarto estoy ahí”. Y vos sabés que subía y la iba a romper igual.
Sergi se quedó con otra lección.
—Ahí entendés por qué sonaba como sonaba. Talento tenés, pero encima él lo trabajaba. Y por eso era lo grande que era.

Chile, un país que “se toma en serio” la música
Sergi habla de Chile con una impresión que comenzó a formarse precisamente durante aquellos primeros viajes. No cree que solo exista una conexión especial entre Miranda! y el público local. Cree que hay algo particular en la manera en que los chilenos escuchan música o en los vinilos que ha encontrado en Santiago.
En sus visitas a Chile recorrió el Persa Bío Bío, donde compró algunos singles ochenteros y CD de bandas de los años 90 como Bananarama, New Order, Fatboy Slim o Shakira.
“Siento que Chile es un país con un gusto musical refinado”, dice.
—¿Por qué?
—Hay una cultura. Yo soy mucho de comprar música y acá hay buenas tiendas donde encontré unas cuantas joyas. Hay interés en la música. Siento que se toman en serio el gusto por la música.
“De hecho, tienen un influencer, Chico Pérez, que tiene una colección muy importante de discos y que ahora creo que estaba vendiendo su colección. Siento que acá se toman muy en serio el gusto por la música. No digo que en otros países no pase, porque cada país tiene su particularidad, pero en Chile, desde el primer día, siempre sentí eso”.
Hay un género que le llamó especialmente la atención en el país: la electrónica.
—Tienen unos cuantos referentes. A Matías Aguayo lo escucho desde siempre. También Villalobos, Luciano… Hay una cultura de música electrónica que a mí me sorprendió cuando llegué. Siento que los fans se nutren, estudian también, se fijan.
Esa obsesión por la música tiene hoy también una versión en redes sociales. Sergi publica videos en los que explora su lado más nerd como coleccionista: muestra vinilos, se detiene en ediciones particulares, explica detalles de producción que pasan inadvertidos para la mayoría. Precisamente, en uno de sus últimos videos puso la mirada en Chile y repasó Anenoa, de Matías Aguayo.
El jurado Ale Sergi
La invitación de Chilevisión encontró a Sergi en un terreno que ya no le resulta completamente desconocido. La televisión le permitió en Argentina protagonizar uno de esos fenómenos que hoy ningún productor puede fabricar del todo: “Tu misterioso alguien”, que volvió a explotar una década después gracias a una interpretación espontánea en televisión.
La producción, recuerda, buscaba otra cosa.
—Nos pedían todo el tiempo que hiciéramos chistes, cosas graciosas para que después se recortaran y se pusieran en redes. Pero a mí eso me cuesta. Los chistes me salen cuando se me ocurren. No soy gracioso de por sí. Ahora, si hay una banda, se pone a tocar y yo canto, eso sí me sale.
Eso fue lo que hizo.
—Fue tan natural como si estuviéramos acá, vos sacaras una guitarra y nos pusiéramos a cantar y justo estuvieran filmando. Literalmente fue eso. Después explotó y ya no nos pedían más chistes: querían que cantáramos todo el tiempo.
—¿Entonces vas a intentar provocar algo parecido ahora en Chile?
—Si lo buscás así, pienso que no sale. La magia se va por otro lado, cuando es algo un poquito más natural. A mí, al menos en televisión, siempre me resultó de esa manera. Cuando me fue bien fue cuando menos lo pensé.
Tampoco pretende convertirse ahora en un personaje televisivo.
—¿Te tomás el rol de jurado con el profesionalismo del músico o entendiendo también que esto es un espectáculo?
—El sentido del show y del espectáculo, y más en televisión, te diría que no lo tengo porque no sé cómo se hace. Yo sé hacer música. Y a mí me apasiona mucho la música.
—¿Desde dónde vas a juzgar entonces?
—Doy mi parecer acerca de lo que veo y escucho como si estuviéramos en casa escuchando un disco. Esa es básicamente mi vida diaria. Todos los días escucho música y, si tengo a alguien al lado, le digo: “Che, qué bueno estuvo eso. ¿Escuchaste ese tema?”. Me acerco desde ese lugar. No podría decirte que conozco o que estudio los tiempos televisivos. Vengo a hacer yo y a hacer lo que yo hago.
Sergi ya revisó algunas actuaciones de quienes tendrá que evaluar. Sabe también que la mayoría no son cantantes profesionales.
—No podés pretender eso porque tampoco ellos están vendiendo entradas para cantar. Me parece que hay que juzgarlos de otra manera. Tampoco quisiera dejar pasar todos los detalles porque no son cantantes. En cuatro semanas quizás no conseguís mantener una afinación si no la tenés naturalmente, porque eso requiere trabajo. Pero sí podés pararte con más soltura en el escenario, conocer tus virtudes y apoyarte un poquito en eso.
Ale Sergi: “Tenemos los presidentes que nos tocan”
La conversación inevitablemente se cruza con la política. Sergi llega a la televisión chilena justo cuando las diferencias entre los gobiernos de Chile y Argentina volvieron a quedar expuestas tras la visita de Javier Milei al foro de Madrid. Pero él prefiere separar a los gobiernos de una relación entre ambos países que, dice, nunca ha sentido distante.
—¿Puede tener algún significado que una figura argentina llegue a la televisión chilena justo en un momento en que políticamente ambos países han tenido diferencias?
—Yo siento que Argentina y Chile siempre estuvieron súper hermanados. A veces está esa cosa de que nos peleamos, que no nos queremos. En mi vida lo sentí, ni yo viniendo acá ni recibiendo artistas chilenos allá en Buenos Aires.
Entonces enumera músicos como Javiera Mena o Alex Anwandter, a quienes ha visto cruzar la cordillera y ser recibidos con entusiasmo por sus colegas argentinos. Al menos desde la música, dice Sergi, esa supuesta rivalidad nunca le ha resultado demasiado real. Y remata:
—Lo que pasa es que tenemos los presidentes que nos tocan.
Su regreso a Chile, en todo caso, tiene una explicación bastante menos política.
—Cuando recibí la invitación me puse contento porque, honestamente, me gusta venir a Chile. Siempre me trataron bárbaro y siempre la pasé muy bien.
Hubo una época en que las cámaras le provocaban exactamente la sensación contraria.
—Antes me ponía muy nervioso. Medio que no quería. Yo siempre quería cantar nada más. Pensaba: “Voy a hablar, voy a decir una boludez y la voy a cagar. Mejor canto y ya está”.
En uno de sus primeros viajes lo invitaron a un programa de televisión chileno. Su mánager lo convenció de aceptar.
—Me cuidaron, me trataron bien. Yo estaba re nervioso y no sé si habré hecho muy buen papel, pero al menos no me hicieron sentir mal. Eso me gustó y me animó a seguir aceptando invitaciones. Ahora ya me lo tomo más fresco y creo que me voy a divertir.
Antes de terminar la conversación aparece nuevamente aquel lugar que Sergi miraba en los afiches durante sus primeras caminatas por Santiago.
—Ahora que vas a estar viniendo, ¿te vas a animar a ir a Blondie?
Sergi se ríe.
—Me gustaría ir a la Blondie, sí.




