Ministra de Salud, May Chomali: “No me acomoda nada ser la díscola o la rebelde”
A seis meses de asumir el cargo, la titular de Salud reconoce que ha cometido errores y ha tenido que aprender en el camino de las complejidades políticas del cargo, pero "aprendo rápido", enfatiza. En conversación con The Clinic, aborda la complejidad del presupuesto y su relación con Hacienda, el desafío de ordenar las listas de espera y su gran apuesta por avanzar, al menos, en entregar más información a los pacientes sobre el tiempo que deberán aguardar por una atención.
Por Marianne Mathieu 12 de Septiembre de 2026Compartir
May Chomali reconoce que ha cometido errores y que ha debido aprender “la política se aprende, se entrena” en sus seis meses como ministra de Salud. Aborda los roces por el presupuesto, la relación con Hacienda y el desafío de ordenar las listas de espera, donde busca transparentar tiempos y entregar más información a los pacientes.
- Chomali dice que no le acomoda ser “la díscola o la rebelde” del gabinete.
- Admite errores, pero afirma: “aprendo rápido” y que la política se entrena.
- Reconoce tensión por el presupuesto, aunque asegura buena relación con Hacienda.
- Propone mostrar mejor los tiempos de espera y ordenar las listas de espera.
- Sostiene que más consultas elevan derivaciones a cirugías y pesquisas oncológicas.
La entrevista muestra a la ministra de Salud, May Chomali, haciendo balance de sus primeros seis meses en el cargo. Habla de los aprendizajes políticos, de la negociación presupuestaria con Hacienda y de su prioridad: ordenar el sistema, mejorar la atención primaria y entregar más información sobre los tiempos de espera a los pacientes.
Decenas de ministros de Salud han ocupado la oficina que desde marzo le ha tocado habitar a May Chomali, en el tercer piso del edificio de Mac Iver. Con el tiempo, cada uno la hace suya: suman recuerdos, regalos que les hacen en visitas, fotos o cuadros de su gusto.
En el caso de la especialista en salud pública su oficina todavía es el reflejo de su condición de recién llegada. Más allá de carpetas y documentos, no hay mucho que muestre que Chomali ya ha pasado ahí seis meses, pero hay un cuadro que destaca: un pájaro de colores amarillos con un fondo de flores rosadas.
Su origen se remonta a una visita de la ministra a un hospice pediátrico, donde conoció a María José, una paciente oncológica de 12 años, quien mientras pintaba y dibujaba, compartió una larga conversación con Chomali sin saber que hablaba con una autoridad de Estado.
La ministra compartió ese mismo día que el encuentro, para ella, fue profundamente significativo. Siguió en contacto con su familia, hasta que hace pocas semanas la niña falleció. Fue entonces que el padre de la menor le hizo llegar el mismo cuadro que la joven pintaba cuando conoció Chomali, el que ahora resalta en la mitad del despacho de la ministra mientras reconoce que “estoy con muchas ganas de poder hacer cosas, de repente me gustaría que las cosas anduvieran un poco más rápido”.
Se ha sentido tanto ansiosa como contenta en el cargo, comenta la ministra en conversación con The Clinic. Y no solo por las propias dificultades que enfrenta un sistema con una población enferma y que, menciona, requiere un profundo orden, sino también por lo que implica el manejo político del trabajo.
Ha tenido que aprender sobre la marcha esa dimensión, dado su perfil técnico que siempre estuvo más ligado al mundo privado. Ello le ha generado más de un roce o que incluso se le señale como una voz disidente en el gabinete, pero Chomali defiende que “la política se aprende, se entrena. Y en seis meses yo creo que me he entrenado harto. He cometido errores, sí, pero aprendo rápido”.
—Generalmente los ministros tienen conversaciones con quienes fueron sus antecesores, ¿le dijeron cómo iba a ser el trabajo o le advirtieron de la dificultad?
—Conversé específicamente con la doctora (Ximena) Aguilera, y me decía ‘mira, esto es un trabajo 24-7, que uno no puede no estar, es difícil no estar’. Entonces, en temas de vacaciones o fines de semana largos… Pero yo creo que eso es habitual en cualquier trabajo cuando uno quiere que las cosas funcionen, a lo mejor con mayor intensidad. Por eso la importancia de tener equipos bien consolidados, confiar en los equipos para que sea distribuida la carga. No es que uno no la tenga, pero por lo menos que sea distribuida.
—¿Cuál es el principal desafío o urgencia del ministerio? Uno tiende a pensar que son las listas de espera.
—Lo que pasa es que las listas de espera o el acceso, diría yo, es la traducción de que no estamos haciendo bien las cosas. Es el resultado del gran desafío que tiene la salud pública chilena, que es que la población está más enferma de lo que debería estar. Tenemos una población muy enferma. En salud mental también.
—¿Y ahí el foco del Ministerio entonces estará en la prevención?
—Idealmente, y por eso para nosotros es tan fundamental la atención primaria, por todo lo que es la promoción y la prevención en la comunidad, avanzar y mejorar todos los programas de pesquisa.
Presupuesto y sobreejecución de los recursos de este año: “Lo sabíamos y el Ministerio de Hacienda lo sabe”
El Ministerio de Salud fue uno de los que más demoró en zanjar su recorte presupuestario a comienzos de año, cuando la instrucción de Hacienda fue que todas las carteras disminuyeran un 3% de lo asignado en la ley.
Y si bien en el caso del Minsal se logró que el recorte solo fuera un 2,5% del total, de todas formas se generaron críticas por la rebaja.
Expertos advirtieron que era inevitable que no se agotaran los recursos considerando que el ministerio tiene una tendencia hace años a que el presupuesto asignado sea insuficiente, y finalmente esta semana Chomali admitió lo mismo en el Congreso: según el gasto proyectado, se requieren cerca de $3,2 billones adicionales para terminar el año.
—¿Por qué cree que existe este problema de que todos los años el Ministerio de Salud termina sobre ejecutando su presupuesto?
—Primero, creo que no hemos sido capaces de demostrar lo que cuesta producir lo que producimos. Solo decimos cuántas cirugías, cuántas consultas, cuántos exámenes. Pero hay muchas cosas: incorporaciones de leyes, por ejemplo, o nuevos procedimientos, que no se calcularon los costos.
—Se criticaron mucho los recortes de presupuesto en Salud, a lo que dijeron que mejorando y aumentando la productividad era la fórmula para reducirlo sin que afectara al sistema. ¿Fue así?
—Sí, o sea, de hecho nosotros aumentamos en todas las líneas, en consultas, en cirugías mayores, en cirugías menores, en atención odontológica, en todas, sin gastar más. Es decir, manteniendo el gasto del año pasado, produjimos más.
—¿Y eso cómo se logra? ¿Con un reto a los directores de hospitales?
—Es un reto a los directores de hospitales, a los directores de servicios…
—De los que removieron a muchos también.
—Les pedimos la renuncia a varios. Estamos en proceso de recuperar varias titularidades con los concursos de alta dirección pública. Pero efectivamente ha sido un reto, pero interesante, de ordenar. Para que tratemos de no llegar con deuda a final de año, para que el próximo año la mitad del presupuesto no se gaste pagando deudas.
—Igual es difícil que para este año se pueda eliminar la deuda de arrastre, ¿no?
—En un año yo creo que no, pero sí creo que somos capaces. Porque ya en tres meses y medio pudimos, sin aumentar el gasto, a la misma fecha del año pasado, aumentar la producción en todo.

Foto: Felipe Figueroa / The Clinic.
—De todas formas, usted expuso en el Congreso que este año ya no va a alcanzar el presupuesto del ministerio. Entonces probablemente también va a haber una sobre ejecución, ¿no?
—Sí, lo sabíamos y el Ministerio de Hacienda lo sabe.
—¿Y lo supo siempre el Ministerio de Hacienda?
—Es que esto es algo que viene arrastrando este ministerio por mucho tiempo, muchos años, en el que efectivamente el presupuesto no alcanza para cubrir el gasto efectivo. El gran problema es que aumentaban un 5% el presupuesto y crecía en un 10% el gasto.
—Si se sabía que era probable, ¿cuál era el sentido de recortarle al ministerio un 2,5% de su presupuesto si después se le iba a tener que volver a inyectar?
—Lo que nos pasó es que nos dijeron, tú vas a tener un presupuesto superior al del año 2025, que no es todo lo superior que habían dicho, porque te rebajaron un poco, y sabemos que vas a tener una brecha, pero trata de no gastar más de lo que gastaste el año pasado. Ese fue el mensaje. Y estamos trabajando para que esa brecha sea cada vez menor y podamos decir ‘efectivamente, este es nuestro presupuesto y vamos a gastar nuestro presupuesto’ y no hacer esto de chutear la factura para el próximo año, cosa que es muy dañina para el sector.
—Igual ya proyectaron que para el próximo año el presupuesto tendría que crecer entre un 4 y un 5%.
—Eso es lo que estamos negociando con la Dipres en este momento. Y esperemos que nos vaya bien.
—¿Les dijeron que era factible?
—Es lo que pedimos nosotros, aunque no nos han dicho que es factible. Todos los ministerios piden, de ahí a lo que nos vayan a dar, puede haber una diferencia. Estamos negociando.
—¿Y ese aumento se condice con el 1% global que propone el ministro Quiroz?
—Es que nosotros asumimos que, dado que estamos priorizados, podríamos conseguir un poco más. Igual estas cosas son muy conversadas. Nosotros estamos en una muy buena relación con el Ministerio de Hacienda. Ellos entienden cuáles son nuestras dificultades. Nosotros estamos colaborando en todo lo que sea necesario para que las dificultades se resuelvan. Así que esperemos.
“Uno tiene que ir aprendiendo de que no se discute el presupuesto fuera de la casa con quienes manejan la billetera”
—Van mejor las cosas entonces después del incidente en que, si bien luego explicó que era a tono de broma, en un punto de prensa dijo que “le vamos a decir al ministro Quiroz”…
—(Ríe) Claro, ‘el mensaje al ministro Quiroz’.
—¿Le llegó reto por eso?
—Uno tiene que ir aprendiendo que no se discute el presupuesto fuera de la casa, con quienes manejan la billetera. Pero bueno, gajes del oficio.
—¿Está mejor su relación con el ministro Quiroz? ¿Hablaron de eso?
—Sí, sí. Nobleza obliga.
—No es secreto igual que el ministro Quiroz ha tenido roces con otros ministros, como con el titular de Vivienda, Iván Poduje. ¿Es un problema relacionado a él o a que es difícil negociar con quien maneja la billetera?
—Creo que usaría dos términos distintos. Sobre la facilidad, claro que no es fácil, pero uno tiene argumentos, y otra cosa es que lo hagan más difícil por la forma. Es difícil, estamos de acuerdo. Y eso está bien, porque cada uno tiene que pelear por su cartera. Pero otra cosa es que sea desagradablemente fácil o difícil. Ha sido un ambiente de mucha cordialidad, de mucho respeto, de mucha comprensión, aún cuando son conversaciones difíciles. Yo no le tengo miedo a conversaciones difíciles. Siempre y cuando se den en un ambiente (de respeto) y no por la prensa.
—¿Cómo se ha sentido con que le digan que es la ministra rebelde dentro del gabinete?
—No me acomoda nada ser la díscola o la rebelde. Nunca he sido la díscola o rebelde en ninguna etapa ni acción de mi vida. No fui la hija díscola o rebelde, no fui la alumna díscola, para nada. La verdad es que no es algo que me guste mucho.
—¿Y que le adjudicaran el término lo alude a qué? ¿Siente que los parlamentarios o partidos la tratan como una persona díscola?
—No, no. Yo no sé quién me puso eso, la verdad. Nunca he jugado ese rol en la vida, en ninguna parte.

Foto: Felipe Figueroa/The Clinic.
Listas de espera: “Lo que yo espero es que la gente espere menos que ahora y que sepa cuánto va a esperar”
La pandemia dejó una deuda que el sistema de salud todavía no termina de saldar. Durante los meses más críticos, las atenciones que no eran urgentes quedaron postergadas para priorizar a los pacientes con covid-19, mientras consultas, diagnósticos y cirugías se acumulaban.
El resultado fue un cuello de botella que, incluso con la normalización de la actividad hospitalaria, no ha logrado descomprimirse.
Miles de nuevas derivaciones siguen ingresando a una lista de espera que arrastra el rezago de esos años y que continúa tensionando a la red pública, sin importar que bajo la instrucción de Chomali los indicadores de productividad hayan mejorado, según ella, en todo aspecto.
Aún así, la ministra enfatiza en que lo relevante no es la cantidad de personas. De hecho, la mayoría de los países tienen listas de espera, y en el nuestro, además, la cifra probablemente va a seguir aumentando, dice Chomali, dado que ahora el sistema de interconsultas es centralizado -los hospitales no deberían tener su propio registro- y automático.
Lo relevante, menciona, es avanzar hacia tiempos oportunos y distinguir entre quienes esperan más de los que esperan menos: “En ese 1,9 millones de personas en lista de espera están también los que incluso hoy día, en la mañana, les dijeron que tenían que ir a ver al dermatólogo. Entonces, ¿esa persona está en una lista de espera?”, pregunta.
—No lleva tres años esperando, pero está en la lista. Está en la fila.
—Claro, pero ese 1,9 millones también incorpora a las personas que hoy día les dieron la indicación. Entonces uno puede decir ‘no, la lista de espera parte cuando lleva más de X cantidad de tiempo’, eso nunca se ha hecho.
—¿Y le gustaría que fuera así?
—Estamos revisando… Lo que se muestra es la mediana, que significa que la mitad están esperando menos de 270 días y la otra mitad más de 270 días. Pero a mi me interesa ver cuántas personas de las que están ahí están esperando menos de 30 días, menos de 60 días, más de un año, más de dos años.
—Es distinto que haya un millón y medio de personas esperando hace un mes a que estén tres años.
—Exactamente, no es lo mismo. Y además que el paciente sepa. Que puedan decir ‘hoy día me dieron una indicación y yo sé que los próximos seis meses me van a llamar para la consulta’. Cosa que actualmente no sabe. Es muy incierto. Hay gente que espera menos de 30 días y gente que está esperando 3 años y todavía no los llaman.
—¿Y ahí cómo están pensando hacer el cambio, técnicamente hablando?
—Nosotros ahora ya fuimos capaces de mostrar los tiempos de espera por periodo y estamos mirando, investigando, si es bueno que la gente sepa. Pero lo que sí se incorporó ya en el portal paciente es cuál es el promedio de tiempo de espera que tiene su patología. Por lo menos entregarle un poco más de información, porque puede tomar decisiones.
—¿Como atenderse por fuera?
—O hay gente que dice ‘me salió un trabajo temporal tres meses, y si yo sé que no me van a llamar, entonces me voy’, o al contrario. Entonces pueden tomar decisiones. O decir ‘mira, la verdad es que mi familia va a hacer un esfuerzo y va a comprar un paquete o un bono PAD’.
Y esa es otra cosa que estamos haciendo que es bien interesante, porque estamos tratando de que la libre elección la podamos usar no solamente en las personas que pueden pagar un bono, sino que también las personas que no pueden comprar un bono puedan acceder en ciertas etapas o comprar a través de la modalidad de libre elección. Usar los recursos de la libre elección con mayor sentido sanitario (…). Son cosas que vamos a tener que ir cambiando un poco para reducir los tiempos.
—El cambio sería que se informe diferente entonces. Diferenciar los que llevan esperando días de los que llevan años.
—Esa es la idea. Además hay que mirar otra cosa: muchas veces son personas que los llaman, no contestan y no terminan el proceso para sacarlos por razones administrativas. El trabajo de limpieza de las listas, de mantenerla actualizada, se hace casi que una vez cada dos años. Y esa es otra cosa que estamos haciendo (…). Muchas veces pasa que cuando los llaman después de dos años porque tienen una hora, dicen que ya se atendieron. Ese paciente hace dos años que debió haber salido de la lista de espera.
—El gobierno pasado se casó con una meta que después no logró cumplir, de reducir la mediana de los tiempos de espera a 200 días. ¿Aquí existe algún objetivo en ese sentido?
—No nos hemos puesto metas porque estamos entendiendo bien el problema para poder definir una. Pero si me preguntas cuál podría ser, qué es lo que yo espero, es que la gente espere menos de lo que está esperando y sepa cuánto va a esperar.
—¿Por qué aumentaron tanto las cirugías en lista de espera este trimestre?
—Porque hay algo que ocurre que es que, cada vez que tú aumentas las consultas, aumentan las indicaciones de cirugía.
—¿O sea que es por un aumento de la productividad?
—Sí, es que siempre pasa eso. Si aumentas el número de consultas que haces, aumenta el número de cirugías que se necesitan. Aumenta la lista de espera, pero no es por baja de la producción, sino que es por mayor indicación, por mayor necesidad.
—¿Y no puede ser que, por ejemplo, la gente esté llegando más grave a la consulta?
—No, es que como hay más consultas, muchas de ellas terminan en cirugías. Por ejemplo, casi que la mitad de las consultas de otorrino termina en una indicación quirúrgica.
—¿Y por qué en el caso del cáncer aumentó la lista de espera este segundo trimestre? Si bien disminuyeron respecto del primero, en comparación a 2025 hay varios que aumentaron, como el colorrectal, el gástrico, el de pulmón… ¿No debería mostrar un resultado diferente con la alerta oncológica?
—En el colorrectal y el gástrico el gran retraso es en las endoscopías y en las colonoscopías, en las pesquisas. Por eso estamos haciendo este examen en atención primaria. El cáncer de colon aumenta y hay más conciencia y más solicitudes de exámenes de colonoscopía. Pero son exámenes de colonoscopía, no es que aumenten los casos de cáncer de colon. Porque de las colonoscopías solo el 10% derivan en cáncer. Es como los papanicolau.
—¿Quiere decir que hay más ingresos y activaciones de las patologías, pero que no necesariamente implica que hayan más personas con esas enfermedades?
—Exactamente. Esa es la distorsión que estamos tratando de resolver con las pesquisas que se están haciendo en la atención primaria.
—Entonces dice que no necesariamente porque hayan aumentado las cifras de lista de espera de cáncer hay más personas con cáncer.
—Claro, no. Estamos haciendo más pesquisas.
—¿Estamos mejor que el año pasado en cifras oncológicas?
—Exactamente.



