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15 de Septiembre de 2026

El mito del “buen chofer”: por qué tener años de experiencia no te salva en las calles de Chile

En una sociedad donde el apuro y el exceso de confianza encubren graves riesgos viales, el perfil del conductor responsable ha cambiado radicalmente: dominar el auto ya no alcanza si no se ejerce la anticipación, la humildad y la inteligencia emocional detrás del volante.

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EN RESUMEN: LOS PUNTOS CLAVE

  • La paradoja del hábito: Contar con 10, 20 o 30 años de licencia no asegura mejores reflejos ni decisiones acertadas ante imprevistos; confundir la costumbre con la idoneidad vial perpétua la siniestralidad en el país.
  • Una realidad crítica en cifras: En 2025 se produjeron 73.081 siniestros de tránsito en Chile con 1.507 fallecidos. El 28% de los decesos estuvo asociado a velocidad imprudente o pérdida de control del automóvil, registrándose además 1.539 siniestros urbanos por exceso de velocidad, un 5% más que en 2024, según CONASET.
  • Causas y sesgos arraigados: El 28% de los decesos viales en Chile responde a velocidad imprudente o pérdida de control del automóvil, mientras casi un 20% de los automovilistas admite cometer infracciones graves según estudios de la ACHS de 2025.

¿Qué es un buen conductor?

Durante décadas, la cultura popular definió al “buen chofer” mediante destrezas puramente mecánicas. Quien lograba maniobrar con fluidez en la congestión de la ciudad, meter las marchas sin tirones o estacionar en espacios reducidos al primer intento, llevaba el estandarte del conductor ejemplar. Sin embargo, en el complejo panorama del tránsito contemporáneo, esa definición ha quedado obsoleta. Hoy, ser un buen conductor en Chile exige una profunda reconfiguración conceptual: la destreza al volante ha cedido su protagonismo a la gestión de riesgos, el respeto normativo y el autocontrol ético.

Existe una paradoja recurrente cada vez que se debate sobre seguridad vial en el país: casi nadie se reconoce como parte del problema. La inmensa mayoría de los automovilistas asume que conduce de manera óptima, pensamiento reforzado por diversas observaciones de la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (CONASET). Pese a esta autoevaluación benévola, las estadísticas viales muestran una brecha alarmante: durante el año 2025 ocurrieron 73.081 siniestros de tránsito en Chile, cobrando la vida de 1.507 personas. Si el parque automotor estuviera compuesto de forma masiva por “buenos conductores”, ¿cómo se explicaría semejante costo humano?

¿Por qué confundimos la experiencia al volante con la seguridad vial?

El meollo del asunto radica en un error de apreciación sistemático. En la cultura vial chilena se suele confundir la experiencia acumulada con una conducción idónea. Manejar un auto desde hace 10, 20 o 30 años no se traduce de manera automática en tomar decisiones acertadas frente a la calzada, ni garantiza contar con mejores reflejos para responder ante un evento inesperado. Al contrario, la rutina y la costumbre suelen anestesiar el sentido del peligro, alimentando una falsa sensación de control.

El conductor responsable del presente se distancia del mito del “piloto experto” y construye su conducta sobre bases analíticas y preventivas. La evidencia recopilada por CONASET indica que el 28% de las víctimas fatales en los siniestros de tránsito en el país está asociado directamente a la velocidad imprudente o a la pérdida de control del vehículo. Asimismo, solo en zonas urbanas, durante 2025 se registraron 1.539 siniestros atribuibles a velocidades inadecuadas, lo que representó un incremento del 5% respecto a las cifras de 2024.

A esta realidad se suma la falta de autocrítica al momento de desplazarse. Un estudio nacional elaborado por la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) en 2025 reveló que casi uno de cada cinco participantes (cercano al 20%) admitió incurrir de forma explícita en conductas de alto riesgo. Entre las infracciones reconocidas figuran ignorar la luz roja del semáforo, omitir la preferencia de los peatones en los pasos de cebra y conducir superando los límites permitidos.

El contraste internacional: Chile frente a los estándares globales

Al analizar estas cifras en un contexto más amplio, la gravedad de la situación vial en Chile queda expuesta con mayor nitidez. Mientras las naciones líderes en seguridad vial dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) —como Suecia, Noruega o Japón— registran tasas de mortalidad que fluctúan entre 2 y 4 fallecidos por cada 100.000 habitantes gracias a infraestructuras seguras y una rigurosa fiscalización, Chile ha figurado históricamente en las posiciones más vulnerables del bloque.

Con tasas de mortalidad que superan los 7 fallecidos por cada 100.000 habitantes en los últimos registros anuales de CONASET, la brecha frente al estándar internacional no responde a deficiencias técnicas de los automóviles modernos, sino a patrones de conducta.

En los países con menores tasas de siniestralidad, la buena conducción se entiende como un ejercicio comunitario de convivencia en el espacio público. En Chile, por el contrario, prevalece una visión individualista donde el respeto a los límites de velocidad y a las normas de tránsito suele ser percibido como una molestia impositiva y no como una barrera de protección colectiva.

Los pilares fundamentales del conductor moderno

Frente a esta brecha cultural e internacional, ser un buen conductor hoy implica estructurar el manejo diario sobre tres dimensiones fundamentales:

  1. Comprensión de la física vial: Aceptar que la velocidad degrada el campo de visión (efecto túnel) y reduce drásticamente el margen temporal para tomar decisiones evasivas.
  2. Conducción defensiva y empatía urbana: Conducir asumiendo que los demás usuarios de la vía (peatones, ciclistas y otros automovilistas) pueden cometer errores imprevistos, adaptando la marcha para neutralizar esos posibles fallos externos.
  3. Respeto irrestricto de la norma: Comprender que las señales de tránsito y las normas de convivencia vial no son sugerencias situacionales, sino exigencias operativas orientadas a preservar la vida colectiva.

La lección de la pista: cuándo decidir y cuándo no acelerar

Para ilustrar este principio de autocontrol, el ámbito del automovilismo aporta un matiz analítico relevante. En los circuitos de karting queda en evidencia cómo la aceleración acorta de inmediato los márgenes para corregir una trayectoria o reaccionar a tiempo. Como observa Ricardo Páez, fundador de Rally Kart, la diferencia central entre la pista y la vía pública radica en el entorno del error: mientras en un circuito cerrado la equivocación queda contenida dentro de la pista, en la calle una maniobra imprudente involucra a terceros vulnerables.

Por este motivo, la evaluación del buen conductor en la actualidad no se mide por la prisa con que se llega a destino ni por los años acumulados sin sufrir percances. La auténtica capacidad al volante se define por la habilidad de frenar a tiempo, acatar las normativas y comprender que la calle es un espacio compartido donde acelerar debe ser una decisión consciente y no un impulso irracional.

Preguntas frecuentes

¿Cómo se posiciona Chile en seguridad vial comparado con los países de la OCDE?

Chile presenta tasas de mortalidad vial significativamente más altas que la media de la OCDE. Mientras los países europeos líderes registran entre 2 y 4 muertes viales por cada 100.000 habitantes, Chile supera los 7 fallecidos por cada 100.000 habitantes según datos de CONASET.

¿Por qué acumular años de experiencia no garantiza ser un buen conductor en Chile?

Sumar décadas al volante genera hábito, pero no asegura decisiones acertadas ante imprevistos. La rutina suele generar un exceso de confianza que enmascara maniobras imprudentes y reduce la precaución necesaria en la vía pública.

¿Cuáles son los rasgos clave que definen al buen conductor de la actualidad?

El conductor moderno destaca por el autocontrol emocional, el respeto estricto a las normas de tránsito, la conciencia del margen de frenado y la práctica constante de la conducción defensiva para resguardar a todos los usuarios de la ruta.

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