Claudio Orrego: “Me encantaría que el futuro gobernador fuera un alcalde y ojalá de mi sector, hay varios”
El gobernador de la Región Metropolitana vive sus últimos dos años en el cargo y, aunque asegura que se concentrará en terminar bien su gestión, sabe que su carrera política no termina acá. "No me voy a ir para la casa, pero no me obsesiona ningún cargo en particular", afirma. Desde su posición ha sido una figura crítica del Gobierno, principalmente por las paralizaciones a diferentes mega proyectos como la ampliación del GAM, el último tramo de la ciclovía Alameda, o el Tren Santiago-Melipilla, y acusa al Ejecutivo de tener un "patrón" de detener grandes iniciativas. "Hay una mezcla de inexperiencia, exceso de mirada financista del Estado y falta de visión país y ciudad a largo plazo", acusa de la administración de José Antonio Kast.
Por Agustín Morel 4 de Octubre de 2026
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Claudio Orrego, en sus últimos dos años como gobernador metropolitano, dice que no se irá “para la casa” y critica al Gobierno por paralizar obras como el GAM, la ciclovía Alameda y el Tren Santiago-Melipilla. Acusa “inexperiencia”, “exceso de mirada financista” y “falta de visión país y ciudad” en La Moneda.
- Orrego ve el cargo como “el alcalde mayor de Santiago” y dice que no dejará la política.
- Acusa un “patrón” del Gobierno al paralizar proyectos heredados como GAM y ciclovía Alameda.
- Critica la licitación desierta del Tren Santiago-Melipilla y duda de que se cumplan los plazos.
- Tras el Caso Procultura, afirma que “no todo vale en política” y que salió con más vocación.
- Dice que le gustaría que el próximo gobernador fuera un alcalde, ojalá de su sector.
El artículo muestra a Claudio Orrego en la recta final de su gestión como gobernador metropolitano, con una postura crítica hacia el Gobierno por frenar obras y proyectos ya iniciados. También repasa su sobreseimiento en el Caso Procultura y su idea de seguir en política, aunque sin obsesionarse con un cargo específico.
Para Claudio Orrego, el cargo de gobernador metropolitano lo toma como “el alcalde mayor de Santiago”. Con seis años en el cargo, y otros cuatro que cumplió en el extinto cargo de intendente, ha logrado alinearse con alcaldes y alcaldesas de distintos sectores políticos frente a diversas causas, y últimamente ha adoptado un tono crítico a decisiones del Gobierno sobre proyectos en la Región Metropolitana.
Ante las paralizaciones de las obras del GAM y de la ciclovía Alameda, declarar desierta la adjudicación del Tren Santiago-Melipilla pese a tener oferentes, y la incertidumbre generada sobre la mantención del Parque Cerro Chena, Orrego afirma que “hay un patrón” de comportamiento del Ejecutivo con paralizar proyectos de administraciones anteriores.
“Yo espero que esto pare y que el Gobierno lo entienda. (…) A uno no lo eligen para buscar responsables o echarle la culpa que vino antes, a uno lo eligen para resolver los problemas. El Gobierno tiene que demostrar que vino a resolver problemas propios o ajenos”, comenta.
Los motivos, para él, son claros: acusa inexperiencia en La Moneda y falta de conocimiento del Estado, algo que, enfatiza, también lo vio en un inicio en el Gobierno de Gabriel Boric.
De todas formas, advierte sobre esta administración que “hay mucha ideología, hay soberbia. Esto del borrón y cuenta nueva es la máxima expresión de la soberbia. ‘Esto lo voy a hacer porque no es malo, pero venía de antes’. Oye, si el GAM lo empezó Piñera. Él firmó el contrato, se hizo la licitación en el gobierno anterior y se demoró, pero lamentablemente así es el Estado. No podemos tener unas un país que se reescribe y se refunda cada 4 años. Eso les hace mal a los chilenos y le hace mal a la democracia“.
En su último periodo como gobernador, Claudio Orrego ya visualiza su futuro. En primer lugar, anticipa que no dejará la política, pero no adelanta qué cargo tiene en el horizonte.
“Hay una mezcla de inexperiencia, exceso de mirada financista del Estado y falta de visión país y ciudad”
—Sobre los proyectos de Estado que ha pausado el Gobierno, usted dijo “una vez es casualidad, dos es coincidencia y tres es un patrón”. ¿Cree que hay un patrón en esta administración?
—Más allá de lo que yo crea, es un hecho. Partimos con el GAM, que era una obra que no solamente estaba licitada, estaba adjudicada. Después la ciclovía, la misma línea, un proyecto que estaba listo en su tercer tramo, que estaba a financiamiento asegurado. Ahora el último tramo del tren a Melipilla, que el Presidente informó hace menos de un mes que por fin se iba a hacer después de 30 años. Tenemos el conflicto con el parque Cerro Chena, que se nos dijo que no se iba a mantener.
O sea, pareciera ser un patrón de que aquí no hay problema en paralizar cosas que venían de antes, sin reconocer los enormes costos que tiene, primero directos, porque se pierde lo que ya ha invertido, y también que va a ser a futuro. Porque, por otro lado, cuando se licita nuevamente va a salir más caro, las empresas no van a querer participar y, segundo, el costo para la ciudad.

—¿Y qué cree que hay detrás de esta tendencia del Gobierno?
—Hay una mezcla de factores, primero inexperiencia. Mucha gente dice “esto es muy caro”. Lo que no saben es que la próxima vez que se licita va a ser más caro. “Es que se demoró mucho tiempo”. Lo que no saben es que así son las cosas del Estado, demoran tiempo. Segundo, hay algo medio economicista. Pareciera que lo importante es recortar costos, pero no da lo mismo, porque se recortan costos en confianza ciudadana y del sector privado. Los costos directos e indirectos de estas decisiones son mucho más grandes. Lo barato siempre cuesta caro en materia de ciudad. Entonces, yo te diría que entre una mezcla de inexperiencia, un exceso de una mirada financista del estado, y tercero creo yo, de una falta de de visión de país y de ciudad a largo plazo.
El Metro para mí es el mejor de los ejemplos. Siempre toma a por lo menos tres gobiernos hacer una línea: el que lo anuncia, el que lo construye y el que lo inaugura. Si cada cuatro años paralizáramos algo del metro, no tendríamos la red más extensa de América Latina. Así son las ciudades, se construyen en el mediano y largo plazo. A mí me tiene bien descorazonado, frustrado y enojado este patrón de paralizar cosas que ya venían. Porque como tengo experiencia en el Estado y ando todo el día en la calle, sé lo que la gente opina. Lo que no se dan cuenta es que esto no es una frustración puntual, la gente empieza a desconfiar en la democracia.
—La última polémica estuvo vinculada a la licitación del Tren Santiago-Melipilla ¿Hay temor de que no se cumplan los plazos?
—Yo creo que la pulsión básica de este Gobierno es parar. (…) No va a estar lista en cuatro años, te lo doy firmado. Hubo una licitación, cuatro ofertas válidas y se declaró desierta. Y la explicación no es convincente y no es clara. Se tomó una decisión autoritaria y unilateral. Y si se declaró desierta, te puedo asegurar que en cuatro años, porque yo conozco al Estado, no va a estar listo. Entonces, lamentablemente, dejan pésimo al Presidente de la República, que estuvo hace menos de un mes diciendo que después de 30 años se va a construir el tren de Melipilla y Estación Central. Y en menos de lo que canta un gallo, un funcionario, que tiene que haber tenido la instrucción de un ministro, dice “sí, pero no es tan así, hay letra chica”. Parece que era otra metáfora.
—El ministro de Grange habló de que los plazos se iban a cumplir.
—Ver para creer. Yo no quiero pelear con el gobierno, tengo mis diferencias, pero me encantaría poder ponerme de acuerdo. Pero pucha que lo hacen difícil, porque día tras día nos enteramos de otra obra paralizada y mal explicada. ¿Qué cuesta tomar el teléfono sentarnos en una mesa y conversar? Así es la democracia.

“No me voy a ir para la casa, pero no me obsesiona ningún cargo en particular”
—Después de una larga investigación, finalmente fue sobreseído por el Caso Procultura ¿Qué lecciones le dejó esto?
—Ya estoy dando vuelta la página. Creo que fue un año duro y saqué tres grandes conclusiones. Una tiene que ver con que uno puede hacer mejor la pega. Por mucho que estuviera permitido entregar los aportes a las fundaciones o a las universidades en una sola cuota, yo no lo volvería a hacer. Segundo, que no todo vale en política. Si alguien quiere ocupar un cargo, tiene que hacerlo por la urna, por elecciones, no a través de secretaría o utilizando los tribunales. Y aquí se mintió, se dijeron cosas falsas, se dañó la reputación, no solamente mía, sino del Gobierno Regional, y resulta que después 10 instituciones del Estado autónomas dijeron que todas y cada una de las acusaciones eran falsas. Yo no tengo ninguna amonestación y fui sindicado como una suerte de criminal.
Y lo tercero, que quizás le salió el tiro por la culata a mis adversarios, es que si querían sacarme de la política y si querían destruirme, lograron exactamente lo contrario. Hoy día tengo más energía, tengo más ganas, más vocación política y de servicio que nunca. Eso lo logró un año duro, pero a veces, las crisis son para eso, para aprender y para confirmar la vocación que uno tiene del alma.
—¿En algún minuto sospechó algo o tuvo alguna inquietud con Alberto Larraín y Procultura?
—Hicimos 85 convenios con fundaciones. Desde Paz Ciudadana, Arturo López Pérez y Desafío Levantemos Chile hasta Procultura. Todas tuvieron el mismo procedimiento, y a todas les exigimos una póliza de seguro. Lamentablemente, de los 85 tuvimos una que falló. Yo no puedo evitar que alguien haga algo ilícito. Pero lo que sí puedo hacer es tomar las precauciones, hacer las cosas conforme a la ley, y cuando ocurren estas desgracias, hay que actuar con el rigor del derecho. Por eso es que nosotros nos querellamos contra Procultura.

—Ahora no puede ir a la reelección, eventualmente tiene que pensar en su futuro ¿Tiene pensado algo?
—He dicho muchas veces de que esta experiencia me permitió confirmar y reforzar mi vocación pública, que nunca ha tenido que ver con un cargo en particular. Así que lo único que tengo claro, y regálame el beneficio de que vengo saliendo de un año muy difícil, es terminar mi trabajo, hacer la pega y después veremos con calma y con otras personas qué tipo de cosas uno podría hacer. No me voy a ir para la casa, si esa es la pregunta. Pero no me obsesiona ningún cargo en particular.
El futuro del GORE post Claudio Orrego
—De los liderazgos municipales que ve del progresismo, centroizquierda o izquierda ¿Ve alguno que podría tomar la batuta de la Gobernación Regional?
—Veo varios y me encantaría que un alcalde, obviamente, de mi sector, pero si no, también del sector de al frente, fuera el futuro gobernador de Santiago. El problema es que tenemos una ley, que es maldita, que le exige a los alcaldes renunciar un año antes a su cargo. Y eso, creo yo, que hace que ningún alcalde esté pensando en ser gobernador. Ojalá que el Congreso Nacional pueda liberar todas estas restricciones. Yo lo voy a entregar con dos períodos en el cuerpo, con muchas precariedades todavía, y me encantaría que la persona que lo tome, ojalá fuera un alcalde, porque he tratado de darle una impronta al cargo de gobernador como alcalde mayor de Santiago. Creo que los alcaldes y alcaldesas lo reconocen.
—¿Se ha sentido cómodo trabajando con sectores progresistas? Usted participó en campañas políticas junto a alcaldes desde el Partido Comunista hasta la Democracia Cristiana.
—Yo tuve apoyo desde alcaldes independientes de derecha hasta alcaldes comunistas. Hubo hartos alcaldes de derecha que no pudieron hacerlo explícitamente, pero que veían con buen ojo mi postulación porque habían trabajado conmigo en terreno. He tenido mi domicilio conocido desde que nací, sin embargo, creo que mucha gente de centro derecha, cuando tuvo que optar por un gobernador, pensó en quién iba a ser capaz de trabajar con todo el mundo para mejorar en concreto la vida de las personas. Y eligieron a este gobernador.
Es una buena demostración de esta transversalidad que he tenido. E, insisto, a mí me encantaría que el futuro gobernador o gobernadora fuera un alcalde, ojalá de mi sector, hay varios, no quiero manchar a ninguno nombrándolos. También podría ser del otro lado. Porque el espíritu municipal es de soluciones concretas, de mucho terreno y de mucho diálogo y convergencia.



