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6 de Octubre de 2026“Va a haber un progreso muy grande en nuestro conocimiento de la galaxia”: La historia del científico UNAB que trabajó diez años en el Nancy Grace Roman, el telescopio espacial más moderno de la NASA
El Telescopio Nancy Grace Roman es el último gran hito de la exploración espacial de la NASA. En él, trabajó Dante Minniti, astrónomo investigador de la Universidad Andrés Bello (UNAB) que fue parte del diseño del Galactic Plane Survey, un programa que buscará construir uno de los mapas más completos realizados hasta ahora de la Vía Láctea. Conversó con The Clinic sobre su trabajo en el Roman y sus años en la astronomía. “Yo soy fanático de la ciencia ficción, he leído mucho y me encanta y tengo la mente abierta. Científicamente no hay vida en el universo todavía, pero si hablas de creer, eso ya es distinto, las posibilidades son infinitas”, cuenta el astrónomo.
Por Victoria GarcíaCompartir
Un ruido ensordecedor que no te recuerda a nada. El estruendo de un avión ni se le acerca al ruido que hace una nave despegando al espacio. Es una luz gigante, el ruido estruendoso y una vibración que te mueve unos centímetros. Eso, sumado al sentimiento de euforia que sienten los miles de científicos viendo el despegue al espacio, luego de trabajar años, e incluso décadas, en el telescopio que revolucionará nuestra visión de la galaxia.
El 30 de agosto, la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), lanzó al espacio al Nancy Grace Roman, un telescopio diseñado para estudiar áreas desconocidas de la galaxia. Aunque tiene el mismo tamaño del Hubble, su instrumento principal es una cámara infrarroja de 300 megapíxeles, que puede observar una sola imagen de un área del cielo 100 veces mayor.
Esto permitirá mapear el universo con mucha rapidez y estudiar, desde miles de millones de galaxias hasta estrellas y sistemas planetarios de nuestra propia Vía Láctea, antes desconocidos.
En este hito de la exploración espacial participó el científico Dante Minniti, académico del Instituto de Astrofísica de la Universidad Andrés Bello (UNAB) e Investigador Principal del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA).
Hizo sus estudios de pregrado en Astronomía en la Universidad de Córdoba, Argentina, y obtuvo su doctorado en la Universidad de Arizona, Estados Unidos y otro en la Universidad de Córdoba.
No es fácil resumir sus logros. Es autor de más de 500 publicaciones científicas, que acumulan más de 27.000 citas hasta la fecha. Es editor de la revista científica “Astronomy and Astrophysics” (A&A), la cual es propiedad del Observatorio Europeo Austral (ESO) y está respaldada por un consejo que representa a más de 25 países europeos y participantes globales.
Fue incluido entre el 2% de científicos de mayor impacto a nivel mundial, por la revista especializada PLOS One. Y trabajó por una década en el último telescopio de la NASA —el Nancy Roman estuvo en el equipo que desarrolló el Galactic Plane Survey, encargado de construir uno de los mapas más completos que ha existido nunca de la Vía Láctea.
Llegó a Chile maravillado por la forma en la que se hace la astronomía en el país, llamándolo “el paraíso para los astrónomos”. Conversó con The Clinic sobre su último gran trabajo, su pasión por el mapeo espacial y los nuevos descubrimientos.

—Estuvo en el lanzamiento del telescopio del Nancy Grace Roman, con la NASA… ¿Cómo fue después de tantos años de investigación y de trabajo ver el lanzamiento del telescopio?
—El lanzamiento es una experiencia única, a mí me encantó. Uno de los sueños que quería cumplir en mi vida era ver un lanzamiento, y especialmente el lanzamiento del Roman donde estuve trabajando. Fue muy impactante, lo primero que se ve es la luz, después llega el sonido del lanzamiento, que es bastante estrepitoso y continuo, y después llega la onda de choque, que te hace vibrar un poquito. Otra cosa que me impresionó es la euforia de la gente, estábamos todos muy contentos, como que hay una emoción colectiva muy positiva y sobre todo que toda era gente que había trabajado en el Roman mucho, y ver esto hecho realidad es importante.
—Llegaste a trabajar en el Roman porque con un grupo de astrónomos le habían sugerido a la NASA usar el filtro K, ¿Cómo llegaron a eso?
—Lo que pasa es que nosotros estábamos haciendo un mapeo de la galaxia en el infrarrojo y usábamos esos filtros. Y en particular el filtro K es muy importante porque es el que está más al infrarrojo. Entonces, permite penetrar las nubes de polvo y de gas en la galaxia. En la galaxia hay nubes, como las nubes acá en la Tierra que no se puede ver, por ejemplo, un día que hay contaminación en Santiago, pero en infrarrojo sí. Nos permite penetrar esas nubes y ver qué es lo que hay allá y es como abrir una nueva ventana a nuestra propia galaxia. Es como redescubrir la Vía Láctea. Por suerte eso fue aceptado y agregaron este filtro al instrumento, a la cámara principal, y después lo que hicimos fue proponer hacer un mapeo de la galaxia.
—¿Y cómo fue el recibimiento de la NASA?
—Esto no estaba incluido inicialmente en los planes del Roman. Y bueno, después de tira y afloja, de insistir con argumentos científicos, de la importancia de hacer estos mapeos galácticos. Al final tuvimos éxito y la NASA comisionó un grupo para que planeemos este mapeo, este survey.
—¿Y cuánto tiempo estuvieron trabajando en él?
—Un par de años, muy rápido, comparado con los otros mapeos anteriores. Por ejemplo, el mapeo que hicimos nosotros antes, que se llama VVV Vista Survey de la Vía Láctea. Ese mapeo llevó 13 años. Entonces, son trabajos de largo aliento, pero el Roman es un telescopio muy eficiente que va a cubrir el área que queremos cubrir en el plano de nuestra galaxia en el primer par de años. Va a ser un mapeo increíble porque no solo va a ir mucho más profundo, sino que va a tener mucha mejor resolución, la calidad de la fotografía que va a producir va a ser sorprendente. Realmente hay que estar preparado para una avalancha de fotos muy bonitas.
—¿Y hay algo que quieran aclarar sobre nuestra galaxia o que esperan descubrir o esperan que salga como resultado de este mapeo?
—Nuestro objetivo científico, por lo que lo queremos hacer, es para descubrir cosas nuevas, digamos. Un ejemplo son los planetas flotantes o planetas aislados, entre eso se esperan descubrir miles de ellos. También cúmulos estelares, grupos de estrellas que nacen de una misma nube y tienen la misma edad, la misma distancia, la misma composición química y son muy importantes para la astronomía. El Roman va a permitir penetrar estas nubes de polvo y de gas, pero al mismo tiempo tratar de hacer un mapa tridimensional para ver dónde están situadas estas nubes. Esa idea tridimensional de la galaxia va a mejorar muchísimo con este mapeo que va a durar 2 años nomás, va a ser muy rápido, va a haber un progreso muy grande en nuestro conocimiento de la galaxia.
—¿Y cómo deciden qué zonas explorar primero, qué zonas tienen prioridad, dónde poner el foco?
—Hay que planificar dónde vamos a apuntar, de qué manera vamos a hacer el mapa y de manera sistemática, por supuesto, pero tiene una estrategia para ser más eficiente. Qué filtros se van a usar, filtros ópticos, infrarrojos, qué combinación de filtros y eso también es importante para tratar de hacer este mapa tridimensional. Además, hacer observaciones repetitivas, cuáles son los campos que merecen ser estudiados repetitivamente… Todo eso hay que planificarlo con mucho cuidado, hay que ser lo más eficiente posible y al final queda un mapeo homogéneo que puede ser usado como base de datos gigantesca para otras exploraciones que van más allá de lo que uno se imaginaba.
También hay cosas que nos pueden sorprender, que no sabemos ahora y se van a descubrir, porque como digo es abrir una ventana, es como redescubrir nuestra propia galaxia.
—Habías dicho en otras entrevistas que cuando te preguntaban cuál era el descubrimiento más importante que habías hecho, tú decías que iba a ser el que harías el próximo año…
Justamente, y ahora aplica mucho eso, porque los descubrimientos que vamos a hacer en los próximos 2 años, van a ser los descubrimientos más importantes de mi vida. Sobre todo porque ahora, después de haber estudiado tanto tienes una idea de dónde se van a explorar todas estas cosas, pero también van a haber descubrimientos que sorprendan. Hay cosas nuevas y eso es complicado porque uno tiene que mantener la mente abierta, porque pueden aparecer otras cosas y el interés se desvía hacia ese lado. Nos ha pasado antes con el survey VVV, que cuando hicimos un descubrimiento, descubrimos estos objetos que los llamamos WITS (what is this, en inglés). Porque no sabíamos lo que era. O sea, una cosa es descubrir un objeto interesante y otra cosa es saber de qué se trata y medirlo, caracterizarlo.
—¿Y cómo se enfrenta un astrónomo a estos WITS?
—No hay una receta. Como son cosas nuevas que uno no se esperaba, tal vez no puedes aplicar los mismos métodos que estabas aplicando para tus cosas porque son cosas nuevas. Por ejemplo, preguntar a los colegas, todos opinamos hasta que alguno tiene alguna idea brillante y vamos todos detrás de él y lo estudiamos así con cuidado. Otra manera es observar más, adquirir más datos. Por ejemplo, observar con otros telescopios, con otros instrumentos. Y ahí tenemos la riqueza en Chile que es el paraíso de los telescopios. Los mejores telescopios del mundo se están acumulando acá, en el norte y podemos hacer estos estudios más profundos.
—¿Y cómo llegó a Chile? ¿Qué fue lo que le llamó la atención de la exploración astronómica que se hace desde Chile?
—Chile es el paraíso para los astrónomos. Yo estaba trabajando en Estados Unidos y quería venir a Chile y por suerte me ofrecieron un puesto de profesor en la Católica. Trabajé 16 años en la Católica, y ahora hace más de 10 años que estoy en la Universidad Andrés Bello. También soy investigador del Centro de Astrofísica y Tecnología Afines (CATA). Siempre me entusiasmó la astronomía y estar en Chile para una persona que le gustan los telescopios, es fantástico.
—¿Cree en la vida extraterrestre como lo pone la ciencia ficción?
Yo soy fanático de la ciencia ficción, he leído mucho y me encanta y tengo la mente abierta. Ahora, científicamente no hay vida en el universo todavía, no hemos descubierto nada. No tenemos ninguna evidencia de que haya vida en el universo. Pero si hablas de creer, eso ya es distinto. Yo creo que tiene que haber vida porque el universo es tan grande, las posibilidades son infinitas.




