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Foto: UNAB.

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29 de Octubre de 2026

“La vejez se tiñe de una mirada negativa”: Estudio UNAB revela que casi la mitad de los jóvenes chilenos tienen miedo a envejecer

Un estudio de la Universidad Andrés Bello reveló que el 45,6% de las personas entre 18 y 29 años no se ilusiona con llegar a la vejez. La investigación también evidenció una percepción negativa sobre esta etapa de la vida, marcada por asociaciones con la enfermedad y la falta de recursos. La directora del Observatorio para la Inclusión UNAB, Alejandra Ríos, explica que en parte se debe a la forma en que se instala socialmente la idea de la vejez.

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En Chile hay más personas mayores de 60 años que niños y adolescentes. De hecho, según el último Censo, el 19,8% de los habitantes del país son personas de la tercera edad, y se proyecta que al 2070, el 50% de los habitantes del país tendrá más de 60 años.

Esta es una tendencia global, debida al aumento aumento en la esperanza de vida y la caída de la natalidad. Sin embargo, con esto, hay nuevos desafíos para la salud pública, pensiones, mercado laboral y sobre todo, para la convivencia y actitudes que tiene la juventud hacia la vejez.

En ese contexto, el Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Andrés (UNAB) llevó a cabo un estudio titulado “Percepciones y actitudes hacia el envejecimiento en Chile”, que reveló que, al pensar en una persona mayor, más de la mitad de los encuestados cree que la falta de ingresos, fragilidad y enfermedad son las principales características de esta etapa de vida.

El estudio aborda cómo las personas imaginan esta etapa de la vida, sus percepciones hacia lo que será vivir la vejez y las oportunidades de trabajo y desarrollo que tienen las personas mayores.

“La vejez se tiñe de una mirada negativa. Hay un sesgo mucho más cargado a lo negativo como, por ejemplo, la asociación que se hace con la fragilidad, la enfermedad y la falta de recursos. Lo que es curioso es que en la medida que las personas se van acercando a esa edad, la mirada cambia”, expresa la directora del Observatorio para la Inclusión UNAB, Alejandra Ríos, en conversación con The Clinic.

Qué se piensa de la vejez en Chile

La distancia aparece también al preguntar qué ilusiona de llegar a esa etapa. Entre quienes tienen entre 18 y 29 años, el 45,6% respondió que no le ilusiona envejecer. La proporción disminuye al 11% entre los mayores de 65 años.

Sobre esto, Alejandra Ríos expresa que hay varios elementos que lo explican: “Uno es el constructo social con el que se va entregando información. Si tú miras cómo la sociedad describe a la vejez, por ejemplo, te subes a un medio de transporte y dice, ‘Reservado’ la figura a la que se asocia la persona mayor es encorvada con un bastón. Tú vas instalando una idea de fragilidad, de enfermedad, de pérdida de autonomía, de pérdida de capacidad solo con el mensaje que estás entregando”.

“Entonces, creo que las personas en la medida que se van acercando a esa edad se dan cuenta que esa no es su realidad, que no se sienten así. Hay un porcentaje que efectivamente va adquiriendo alguna enfermedad. Pero en el fondo no es el total de la población”, agrega.

Entre los resultados, destaca que el 82,7% de los consultados considera que el mercado laboral no ofrece oportunidades a quienes quieren trabajar en la vejez. A pesar de esto, un 58% quisiera seguir trabajando después de la jubilación, suponiendo que pueden elegir libremente.

Sin embargo, la académica plantea que efectivamente hay barreras en el mercado laboral para los adultos pertenecientes a la tercera edad, siendo el límite etario para postular una de ellos. Sobre esto, Ríos plantea que: “Hay dos elementos. Por un lado, que las personas se van encareciendo. Hay que trabajar con el mercado laboral para que se flexibilicen la mirada, que esta experiencia no sea una barrera y tenga el peso que merece”.

“Y por otro lado, también fortalecer la seguridad económica de las personas para que aquellas que no quieran seguir trabajando, puedan no hacerlo y no tengan que estar obligadamente en el mercado por una necesidad económica”.

La disposición a permanecer en el mercado laboral varía según la edad. Entre las personas de 18 a 29 años, el 32,2% quisiera continuar trabajando tras la jubilación. Entre los mayores de 65 años, la proporción alcanza el 58%. Para el conjunto de la muestra, llega al 45%.

Ríos planteó que la actividad laboral tiene dimensiones que trascienden los ingresos. “Tiene un peso muy importante la soledad en las personas mayores, y el trabajo es una fuente de vínculos. A pesar de que en un porcentaje le dan una importancia económica, también tiene espacio esto de los vínculos y mantenerse activo”.

El estudio también consultó por límites de edad para distintas actividades. Solo el 17,9% consideró que nunca se es demasiado mayor para postular a otro empleo. La cifra fue de 38,7% para estudiar una carrera o diplomado y de 47,8% para aprender tecnologías como la inteligencia artificial.

“La mirada de que las personas no pueden aprender, por ejemplo, o no pueden adquirir nuevos conocimientos respecto a la tecnología, va disminuyendo a medida que la persona va avanzando en edad. Volvemos a lo mismo, en el fondo, está este sesgo de decir ‘una persona mayor no va a aprender’”, afirma Ríos.

Barreras más allá de lo laboral

Fuera del empleo, el 71,6% de los consultados cree que en Chile no se valora la opinión de las personas mayores. Otro 58,5% considera que estas no suelen recibir un trato respetuoso. Las respuestas describen percepciones sobre la sociedad chilena.

Respecto de experiencias personales, el 45% declaró haberse sentido desplazado, discriminado o limitado por su edad con alguna o mucha frecuencia. La proporción alcanza el 36,7% entre quienes tienen de 18 a 29 años y el 57,8% entre personas de 65 años o más.

Ríos afirmó que la convivencia entre generaciones puede modificar esas miradas. “Por eso la intergeneracionalidad es tan importante, porque en la medida que tú convives, te das cuenta que estos sesgos no son reales”, señaló.

Además, plantea que un cambio en las políticas laborales podría mejorar la relación con el trabajo de los adultos mayores: “Las políticas laborales habría que revisarlas para ver cómo poder generar acompañamiento en la entrega de herramientas para que las personas no queden obsoletas, porque es como una obsolescencia programada de las personas mayores porque la tecnología va tan rápido que es muy fácil que queden fuera”.

Agregó además la importancia de “oportunidades de participación social sin apellido, sin calculadora y sin calendario, sin edad. O sea, que todas las personas realmente tengan las oportunidades de aportar y de seguir participando si así lo quieren”.

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