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Francisco Paredes

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8 de Octubre de 2026

El intenso rescate de la Ranita del Loa: estuvo al borde de la extinción y logró reproducirse bajo cuidado intensivo en el Zoológico Nacional

La especie, exclusiva del río Loa y en peligro crítico de extinción, fue rescatada en 2019 y hoy se mantiene bajo cuidado profesional en el Zoológico Nacional y en el Centro de Biodiversidad y Conservación El Loa, en Calama. The Clinic recorrió los acuarios donde el anfibio microendémico está bajo cuidados de profesionales, y especialistas explican su proceso de recuperación. "Baja condición corporal, eran prácticamente hueso y piel. Una vez que llegamos al zoológico, empezamos a hacer todo este trabajo de recuperación", comenta el líder del programa de conservación, Osvaldo Cabezas.

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Tiene cerca de cuatro centímetros, vive únicamente en una zona del río Loa y se encuentra en Peligro Crítico de Extinción. La ranita del Loa (Telmatobius dankoi) es una especie microendémica de la Región de Antofagasta y hoy no existe en ningún otro lugar del planeta.

Su historia reciente es la de una especie que estuvo al borde de desaparecer y que, gracias a un rescate de emergencia, hoy mantiene una población bajo cuidado profesional en el Zoológico Nacional.

La situación llegó a un punto crítico en 2019, cuando el único ambiente conocido donde habitaba la especie perdió prácticamente toda su disponibilidad de agua. El deterioro estuvo asociado a la alteración del sistema hídrico y a distintas intervenciones humanas en el territorio, entre ellas la modificación y desvío de canales de riego y otros usos del entorno.

Frente a este escenario, se realizó un rescate de emergencia de los últimos ejemplares conocidos y 14 individuos fueron trasladados al Zoológico Nacional.

Detrás de ese operativo estuvo el herpetólogo y naturalista Andrés Charrier, quien junto al biólogo Gabriel Lobos detectó en terreno la crítica situación de la especie y logró impulsar el rescate que evitó su desaparición.

Charrier, quien murió en 2025, dedicó buena parte de su trayectoria al estudio y conservación de los anfibios chilenos. Recorrió gran parte del país, trabajó con distintas especies y desarrolló además una importante labor de divulgación científica.

Francisco Paredes / The Clinic

Una especie prácticamente desconocida

El rescate fue solo el comienzo. Los 14 ejemplares llegaron al Zoológico Nacional en un deteriorado estado de salud, con deshidratación, bajo peso y lesiones en la piel. El primer objetivo fue recuperar físicamente a los animales y posteriormente, conseguir las condiciones necesarias para mantenerlos y reproducirlos bajo cuidado profesional.

“Baja condición corporal, eran prácticamente hueso y piel. Con mucho problema de muda, mucho problema de debilidad muscular, asociado obviamente a la desnutrición de las ranitas. Y una vez que llegamos acá al zoológico, empezamos a hacer todo este trabajo de recuperación del estado de salud”, añade Osvaldo Cabezas, herpetólogo y líder del Programa de Conservación de Ranitas del Loa.

El desafío era todavía mayor porque existía muy poca experiencia sobre la mantención de esta especie en condiciones controladas. El equipo tuvo que aprender progresivamente cuáles eran los rangos adecuados para mantenerlas en buenas condiciones, trabajando con parámetros como la calidad del agua, temperatura, alimentación, condiciones ambientales y manejo sanitario. Parte importante de este conocimiento se obtuvo a partir de la observación directa de los propios ejemplares.

El primer gran hito

En 2020 llegó uno de los primeros grandes hitos: se consiguió reproducir a la especie y obtener larvas que dieron origen a un primer grupo de nuevos individuos. El logro era especialmente relevante debido a la alta mortalidad natural de los anfibios durante sus primeras etapas de desarrollo y al desconocimiento que todavía existía sobre la biología de la ranita del Loa.

Francisco Paredes / The Clinic

En octubre de ese mismo año, el proceso alcanzó un nuevo hito cuando nacieron cerca de 200 renacuajos en el Zoológico Nacional (de los cuales pocos llegaron a rana). El resultado, sin embargo, tuvo repercusión internacional y fue celebrado públicamente por el actor y activista Leonardo DiCaprio, quien había apoyado la difusión de los esfuerzos por salvar a la especie. En sus redes sociales, destacó el nacimiento de esta nueva generación como una esperanza para la ranita del Loa y puso nuevamente el foco en el trabajo de conservación realizado en Chile.

El proceso también permitió descubrir aspectos de su comportamiento y generar protocolos para su manejo. El trabajo realizado en el Zoológico Nacional no solo permitió mantener viva a la especie, sino también producir información que puede ser utilizada para la conservación y reproducción ex situ de otros anfibios del género Telmatobius presentes en Chile.

“De la especie no se sabía nada. En términos biológicos, de la ecología, o sea, era un animal nuevo para las ciencias. Todo lo que viene después de conocer los parámetros donde el animal vivía, cómo se reproducía, aspectos de conducta, no había nada en literatura científica”, agrega Guillermo Cubillos, encargado de Educación, Conservación e Investigación del Zoo Nacional.

No depender de una sola población

El hecho de haber comenzado con solo 14 ejemplares también significó un problema genético. Una población tan pequeña presenta una variabilidad genética limitada, lo que dificulta mantener un grupo reproductivamente diverso. Por eso, uno de los objetivos del proyecto ha sido contar con más de una población bajo cuidado profesional: de esta manera se reduce el riesgo de perder toda la especie frente a una eventualidad externa y se fortalecen las capacidades de respuesta ante nuevas amenazas.

En ese contexto, en 2024 se realizó un traslado desde el Zoológico Nacional al Centro de Biodiversidad y Conservación El Loa, en Calama. La creación de este segundo núcleo permitió distribuir los riesgos y, al mismo tiempo, llevar capacidades de conservación a la propia región donde la especie es endémica.

Francisco Paredes / The Clinic

El Zoológico Nacional, sin embargo, continúa siendo parte central de esta cruzada. Allí se mantiene una población bajo cuidado profesional y se ha consolidado un protocolo de trabajo para conservar y reproducir a la especie.

La meta final

Pese a los avances, mantener a la ranita del Loa bajo cuidado humano no constituye la solución definitiva. La conservación permite reducir el riesgo de desaparición y ganar tiempo, pero debe ir acompañada de la recuperación y protección de su hábitat natural. Solo si las condiciones del ecosistema vuelven a ser adecuadas se podrá pensar en una recuperación de la especie en su ambiente.

Por ahora, el trabajo continúa en los centros donde se encuentran los ejemplares. El objetivo es mantener poblaciones viables, seguir aprendiendo sobre una especie de la que hasta hace pocos años se sabía muy poco y fortalecer las herramientas que permitan, siendo la meta final devolverla a su ambiente.

La historia de la ranita del Loa comenzó a cambiar cuando Andrés Charrier advirtió en terreno que aquella pequeña población estaba desapareciendo. Siete años después, su legado continúa gracias al equipo del Zoológico Nacional y en el conocimiento que se ha generado para proteger no solo a esta especie, sino también a otros anfibios amenazados de Chile.

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