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“No sabíamos cómo salir”: los testimonios de quienes quedaron atrapados tras el aluvión en el Duoc UC

El agua y el barro irrumpieron en las salas y el auditorio del Duoc UC de San Carlos de Apoquindo, obligando a decenas de estudiantes a buscar refugio y distintas formas de escapar. Algunos tuvieron que nadar para ponerse a salvo, mientras otros improvisaron cadenas humanas para ayudar a sus compañeros. Estudiantes y profesores reconstruyen los momentos más críticos de la emergencia y cuestionan los comentarios que redujeron la tragedia a un problema de los sectores más acomodados, recordando que muchos alumnos provienen de familias vulnerables y recorren largas distancias para llegar a clases.

Por 10 de Octubre de 2026
Duoc
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Resúmenes generados por Intelgencia Artificial Resúmenes inteligentes

Estudiantes y profesores del Duoc UC de San Carlos de Apoquindo relataron cómo el agua y el barro irrumpieron en salas y auditorio durante el aluvión. Benjamín Rodríguez dijo que “se llenó rápido, en menos de un minuto”, mientras otros nadaron, improvisaron cadenas humanas y pidieron ayuda ante la falta de salida.

  • El aluvión inundó en segundos el auditorio del Duoc UC y obligó a evacuar.
  • Benjamín Rodríguez contó que algunos estudiantes tuvieron que nadar para ponerse a salvo.
  • Karen Rivera dijo que pensó que iban a morir y llamó a su mamá y a Bomberos.
  • Camila Valenzuela perdió documentos, llaves y computador; cuestionó la falta de ayuda.
  • La profesora recordó que hay alumnos de sectores vulnerables y trayectos de varias horas.

El artículo reúne testimonios de estudiantes y una profesora del Duoc UC tras el aluvión que afectó el campus de San Carlos de Apoquindo. Los relatos describen pánico, barro, agua entrando con fuerza y evacuaciones improvisadas, además de críticas a la idea de que la emergencia solo golpeó a sectores acomodados.

Estos resúmenes son generados por inteligencia artificial y chequeados por el periodista a cargo.

La mañana del pasado jueves, Benjamín Rodríguez (23) comenzó como la de cualquier estudiante universitario en octubre, con sueño porque se había desvelado trabajando en un proyecto de animación con su grupo. A pesar del cansancio, estaba emocionado por el día que venía: tenía planes de almorzar pizza y ver películas en la universidad con sus amigos.

Benjamín siguió el rumbo normal de su día, vio un par de nubes negras, algunas gotas, pero no sintió una amenaza. Durante la tarde estaba participando de un conversatorio de su carrera, el que se desarrolló en el auditorio del Duoc UC de San Carlos de Apoquindo. Algunos de sus amigos decidieron irse antes, porque estaba lloviendo fuerte.

Pasada la primera charla, y en un tiempo de preparación para la siguiente, escuchó muchos gritos desde el exterior del auditorio. Uno de sus profesores salió a ver qué ocurría. 

El profesor volvió corriendo y pidió que todos evacuaran. Sin embargo, no hubo tiempo para eso: el agua y el barro comenzaron a ingresar con tanta fuerza que una de las puertas terminó cediendo y el recinto se inundó en segundos. “Se llenó rápido, en menos de un minuto, en 30 segundos”, recuerda Benjamín. 

Sin encontrar una salida, los estudiantes comenzaron a nadar hacia las zonas más altas del auditorio, mientras algunos gritaban, otros intentaban abrir una puerta que había quedado trabada.

—La gente entró en histeria porque estábamos buscando una salida y no había salida. Entonces decidimos nadar porque ya estábamos flotando y nadamos para subir a un punto más alto. Algunos estaban viendo la puerta por donde entraba el agua. 

Las mochilas, bolsos, computadores y documentos quedaron atrás, algunos alumnos utilizaron sus pertenencias para mantenerse más estables, otros prefirieron ahorrarse el peso y dejar ir sus materiales de estudio. 

Benjamín recuerda haber rescatado el bolso de una compañera y seguir nadando con él. Cuando logró encontrar un punto de apoyo, miró a su alrededor y vio al resto de los estudiantes luchando con el barro y tratando de escapar. Se acercó a algunos de ellos sin gritar y calmándolos. Les pidió a cada uno que hicieran una cadena humana y que entre ellos se ayudaran a salir enganchados, “hicimos como un cordón humano para empezar a sacarlos”, añade.

Benjamín fue la última persona en salir del auditorio. 

Agencia Uno

Entre quienes quedaron atrapados en el auditorio también estaba Karen Rivera, de 22 años, también estudiante de Animación Digital. Cuando comenzó a entrar el agua, ella solo pudo pensar en que no sabía nadar. 

“Tuvimos un momento de reacción, nos hicieron subir al escenario del auditorio hasta que de un momento a otro empezó a entrar todo el barro de una manera muy impresionante, se llenó muchísimo”.

—Yo en mi caso pedí ayuda y un chico me dijo que me subiera encima de él y me ayudó a pasar todo eso.

Karen recuerda que dentro del auditorio habían cerca de 50 personas tratando de salir: “Nadie sabía qué hacer, pedíamos ayuda, sentíamos que no había nadie escuchando”. La desesperación fue tanta que decidió llamar a Bomberos. Le dijeron que ya iban en camino. La respuesta la tranquilizó, pero solo por unos minutos.

—Todos gritaban ¡ayuda!, ¡ayuda! y claro, era un momento muy angustiante. Todos pensamos que íbamos a morir, era extraño. Y yo llamé a mi mamá y a mi hermano y les dije les voy a escribir cuando esté bien porque ahora no estoy bien.

Mientras trataba de evacuar, Karen pensó en que la probabilidad de electrocutarse también era alta “las luces no estaban apagadas, estaba todo encendido”.

Cuando llegó a su casa, Karen estaba exhausta. Recién entonces se dio cuenta de las heridas que tenía. Cree que, al bajar la adrenalina, su cuerpo empezó a sentir las consecuencias de lo que había vivido. Tenía rasguños y moretones y, después de una noche llena de pesadillas, despertó adolorida y agotada.

El relato de una profesora del Duoc

Camila Valenzuela, profesora del Duoc UC, también estaba dentro del auditorio cuando ocurrió el aluvión. Destaca la reacción de los docentes y trabajadores del recinto, quienes, según cuenta, dejaron de lado sus funciones habituales para ayudar a los estudiantes y mantener la calma en medio de la emergencia.

Ayer regresó a la universidad para recuperar su auto. Durante el aluvión perdió prácticamente todo lo que llevaba consigo: sus documentos, las llaves y el computador que utilizaba para trabajar.

Agencia Uno

Todavía recuerda con angustia lo que vivió dentro del auditorio: “Muchos pensamos que podríamos haber muerto en esa situación, porque el agua llegó hasta arriba. Si hubiera seguido subiendo, habríamos quedado con el agua por sobre la cabeza”.

La profesora también cuestiona algunos de los comentarios que surgieron tras el temporal, particularmente aquellos que redujeron lo ocurrido a una emergencia que afectó exclusivamente a personas de sectores acomodados. A su juicio, esa mirada desconoce la realidad de muchos de los estudiantes que asisten al recinto.

—En el Duoc hay muchos estudiantes que vienen de entornos muy vulnerables, de sectores periféricos, y que hacen trayectos de tres, cuatro o cinco horas para llegar a estudiar. También tengo alumnos de regiones, de Rancagua, de Melipilla y de distintas partes. Algunos incluso estudian con gratuidad.

“Vi muchas personas en shock”

Paulette G Schampke (25) es alumna de Ingeniería en Marketing Digital, pero se encontraba trabajando en el Centro de Acondicionamiento Físico de la universidad. Al ser la persona a cargo y ver cómo el agua de la cancha se aproximaba al gimnasio, tuvo que actuar rápido y coordinar la salida de quienes se encontraban en su interior.

Comenta que lo primero que hizo fue pensar en cómo ayudar a los demás  “yo lo primero que atiné fue a pedir botellas de agua para empezar a lavarle como la carita a la gente, los ojos”. Al estar cubiertos de barro, las personas tenían dificultades para ver y ubicarse al interior del campus. 

—Vi muchas personas en estado de shock, llorando, gritando. Yo soy consejera y trabajo en el punto estudiantil también, entonces en un momento todas las autoridades estaban pendientes de un sector, yo con el megáfono empecé a preguntar quién necesitaba agua, cambio de ropa, ya después cuando llegaron los bomberos me dijeron que les pidiera a todos que subieran al segundo piso.

Agencia Uno

Dasha Castillos (21) se encontraba en su sala de clases cuando escuchó un ruido que le parecía similar al de las máquinas que suele utilizar para realizar los proyectos de su facultad como estudiante de audiovisual, pero a los pocos minutos el ruido se intensificó y comenzó a temblar.

Miró a sus compañeros con confusión, “¿Está temblando?”,  a los minutos se dieron cuenta de que no era un temblor, era muy largo, leve pero constante y acompañado de un ruido que recuerda como “apocalíptico”. 

“No sé realmente cómo explicarlo, pero el sonido de los palos chocando con todo, y las piedras constantemente, es como si estuvieses dentro de una secadora con algo duro adentro”, añade.

Cuando los profesores les dieron la indicación de evacuar, lo hicieron con calma, al edificio en el que se encontraban no le había alcanzado a entrar agua. Recién al bajar de donde se encontraban se dieron cuenta de la magnitud de lo que había sucedido.

—A mí me daba miedo ir bajando y que algo estuviera en la corriente y que nos llevara. Y realmente fue muy apocalíptico ver las micros y los autos flotando dados vuelta, y todos los palos, las piedras y todo eso. 

Dasha al igual que otros estudiantes logró acortar su recorrido gracias a la coordinación con algunos micreros. Ellos, como un servicio a la comunidad, accedieron a ir bajando con estudiantes por las calles que no se encontraban cortadas.

Sin embargo, la caminata hasta el Metro Los Dominicos fue de más de dos horas, luego de informarle a su familia que se encontraba bien, hizo una única petición: “le dije a mi mamá que cuando llegue me ayudara a sacarme la ropa, porque pesaba como 10 kilos, pesaban mis zapatos y mis pantalones con barro”.

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