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“Hay una redefinición de lo que significa el éxito en la vida”: la generación que cambió el sueño universitario por el orgullo de tener un oficio técnico

Durante décadas, el título universitario fue visto como el camino más seguro hacia el éxito profesional. Pero esa promesa comienza a perder fuerza: el desempleo juvenil alcanza el 24,6% en Chile y, entre los menores de 30 años con educación superior completa, la desocupación llega al 15,9%. En medio de la incertidumbre laboral y el avance de la inteligencia artificial, una nueva generación está cambiando sus prioridades: las carreras técnicas y los oficios comienzan a ganar terreno como una elección con futuro, oportunidades laborales y una nueva forma de entender el éxito.

Por 24 de Octubre de 2026
Sandro Baeza
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En las conversaciones con amigos, en las redes sociales y en foros de conversación en internet, las dudas sobre el valor de un título universitario encuentran espacio. Dudas respecto de si “valió la pena estudiar cinco años”, rondan en los primeros meses de desempleo. Incluso cuando los profesores de las mismas carreras afirman que “no hay trabajo”.

Ese fue el caso que vivió Isidora (23), titulada de una carrera humanista, “para mí fue chocante la primera vez que un profesor dijo irónicamente que ‘sus papás deben estar felices pagando una carrera universitaria que está saturada’”.

Entre las experiencias, aparecen relatos de profesionales que, pese a haber terminado sus estudios, no han logrado trabajar en el área para la que se prepararon.

Así le ocurrió a un joven que estudió Ingeniería Industrial en horario vespertino mientras trabajaba. Sin embargo, tras egresar, asegura que nunca ha logrado ejercer realmente como ingeniero, más allá de su práctica profesional. Desde entonces, se ha desempeñado como operario y bodeguero, con remuneraciones que fluctúan entre los $600 mil y los $700 mil, dependiendo de las oportunidades laborales que encuentra.

Después de años de estudio, hoy evalúa volver a las aulas, pero en otro formato. Al revisar las ofertas laborales, identificó un sector que, a su juicio, ofrece mejores oportunidades. Por eso, considera estudiar una carrera técnica vinculada al mantenimiento. Una decisión que, de concretarse, lo llevaría a iniciar un nuevo camino profesional después de haber obtenido un título universitario.

Durante décadas, la ruta parecía estar trazada: terminar el colegio, ingresar a la universidad, obtener un título profesional y conseguir un trabajo que permitiera alcanzar cierta estabilidad económica. La educación superior se instaló como una de las principales herramientas de movilidad social. Una promesa que miles de familias asumieron como una certeza.

Pero esa fórmula no solo comienza a mostrar sus grietas, sino que un forado gigante. Para las nuevas generaciones, pasar por la universidad ya no garantiza encontrar trabajo, recibir un buen sueldo ni desempeñarse en aquello para lo que estudiaron.

Plan A: Carrera técnica 

En un escenario complejo frente al desempleo, las carreras técnicas y los oficios comienzan a adquirir un nuevo valor.

Entre 2022 y 2026, los institutos profesionales registraron un mayor crecimiento porcentual
de la matrícula de primer año (un 28%) que las universidades (26,36 %). En cuanto a Duoc UC presentó
un crecimiento del 21%, pasando de 29.126 matrículas de inicio el 2022 a 35.356 el 2026.

Frente a trayectorias universitarias que pueden extenderse por cinco o más años, con los costos económicos que eso implica y un mercado laboral cada vez más competitivo, la formación técnica aparece como una alternativa que permite desarrollar habilidades específicas y entrar al mundo del trabajo en menos tiempo. 

La tasa de desempleo entre las personas con educación superior completa alcanzó un 8,3% en el trimestre junio-agosto de 2026, mientras que entre quienes tienen menos de 30 años dentro de este grupo llegó al 15,9%, de acuerdo con un informe del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC-UDP).

Alejandro Acevedo (20), titulado de Técnico en Mecánica Industrial en el Duoc UC de Puerto Montt, optó por continuar en la misma área en la que se había formado durante su etapa escolar. En el colegio Salesiano se formó en Mecánica Industrial, una especialidad que, según cuenta, tenía un fuerte componente práctico, con clases en talleres, desarme de motores y soldadura, entre otras actividades.

Esa experiencia le permitió llegar con una base de conocimientos que resultó útil al comenzar Ingeniería en Mantenimiento Industrial en el Duoc. Agradece que durante el primer año gran parte de los contenidos correspondían a materias que ya había visto en el colegio.

Enfatiza que seguir con la carrera técnica fue “una decisión importante porque acá en el sur hay muchas áreas relacionadas a la carrera, ya sean astilleros, fábricas, fábricas de tratamiento de agua, entonces todo lo que es industrial siempre tiene puestos de trabajo. Los profes siempre nos dicen que las empresas les piden gente”.

Afirma que una de sus motivaciones fue “el poder tener asegurado un trabajo una vez saliendo de estudiar”.

La preocupación por las posibilidades de encontrar empleo comienza a tener un peso importante en la elección de una carrera. Más allá de la vocación o los intereses personales, los jóvenes también consideran las oportunidades que ofrece cada área y las posibilidades de incorporarse al mercado laboral una vez terminados sus estudios.

Una tendencia que, según Victoria Valdés, vicerrectora de Desarrollo Institucional y Estrategia de Duoc UC, responde a una inquietud que atraviesa actualmente a la sociedad: “Uno de los principales temas a nivel país está relacionado al desempleo. Es uno de los grandes dolores que tenemos hoy día como sociedad. Las nuevas generaciones también están evaluando muy bien qué es lo que quieren y cómo quieren hacerlo”.

Valdés afirma que más allá de las decisiones individuales, la formación técnico-profesional también cumple un papel relevante en el desarrollo económico del país. Su aporte se extiende a sectores como la minería, la agricultura, el transporte y la salud, donde los trabajadores técnicos cumplen funciones fundamentales para el funcionamiento de las organizaciones y el desarrollo de la actividad productiva.

“Las carreras técnicas son clave y son la base de la matriz productiva del país (…) Si nosotros somos capaces de tener una base de nuestra pirámide mucho más productiva, evidentemente el país le va a ir mejor y vamos a tener más empleo y vamos a ser capaces de volver a crecer”, añade.

Entre los factores que pueden influir en la elección de una carrera técnica está la posibilidad de completar una formación en menos tiempo e incorporarse tempranamente al mundo laboral. A esto se suma la opción de continuar los estudios más adelante, compatibilizando la educación con las responsabilidades personales, familiares y económicas. Un modelo que, además, permite adquirir experiencia laboral y retomar la formación para ampliar las oportunidades profesionales.

“Al momento de hacer una evaluación más objetiva, se dan cuenta de que el valor que les puede aportar una formación técnico-profesional en una institución de calidad, que les entrega las herramientas y las competencias para poder desarrollarse en el mundo laboral”, agrega Valdés.

Al respecto, Valdés cree que hay un cambio de paradigma en la educación técnica. Habla de aspectos sociológicos que resume con un concepto simple: “Hay redefinición de lo que significa el éxito en la vida”.

Revalorización de los oficios

En los años 80, Los Prisioneros retrataron en sus canciones a un Chile donde el futuro de los jóvenes parecía estar definido mucho antes de que terminaran el colegio. La universidad era una posibilidad para algunos, mientras que otros debían conformarse con una educación técnica que, lejos de representar una elección, aparecía como el destino impuesto por su origen social.

Mis amigos se quedaron/ Igual que tú/ Este año se les acabaron/ Los juegos, los doce juegos, cantaban en “El baile de los que sobran”, una de las críticas más reconocibles a las desigualdades del sistema educativo chileno.

En otra de sus canciones también advertían: “Nos explican que está de más intentar pensar siquiera en ser profesional”.

Cuatro décadas después, aquella aspiración parece estar experimentando un giro. El título universitario, que durante años fue visto como una garantía de progreso, ya no ofrece las mismas certezas. Y las carreras técnicas y los oficios, que alguna vez fueron considerados una alternativa de segunda categoría, comienzan a despertar un renovado interés entre quienes buscan mejores oportunidades laborales.

Hay algo de ironía en ese cambio. Lo que en los años 80 Los Prisioneros denunciaban como una imposición social, hoy comienza a aparecer, para algunos, como una elección atractiva. Y uno de los propios integrantes de la banda reconoce esa transformación.

Claudio Narea, guitarrista, compositor y cofundador de Los Prisioneros, observa el fenómeno desde una perspectiva distinta a la de aquellos años. “Está lleno hoy día de cesantes ilustrados y se echan de menos las carreras técnicas, más oficios. Y sobre todo ahora que viene el tema del desempleo por la inteligencia artificial. Entonces yo creo que efectivamente hay muchos universitarios sin trabajo hoy día”, sostiene.

Frente a un mundo cada vez más digitalizado, los oficios y las carreras técnicas ofrecen una formación vinculada al hacer, a la resolución de problemas concretos y al desarrollo de habilidades que requieren experiencia práctica.

Ricardo Pradenas estudió la carrera de Oficios Creativos en la Universidad Católica de Temuco, donde se forman profesionales a través del aprendizaje práctico y el trabajo manual con materiales como madera, arcilla y fibras. Su enfoque combina técnica, creatividad y emprendimiento, con el objetivo de desarrollar proyectos propios y generar oportunidades en las industrias creativas

Ricardo se especializó específicamente en trabajar con madera, hoy ya realizando su práctica valora la lentitud de sus procesos: “Estamos viviendo en un mundo donde todos quieren todo muy rápido, de manera inmediata. No hay muchas ganas de dedicarle tiempo a algo, con más detalle. Siento que estudiar esto es una oportunidad, un paréntesis, a todo lo que está pasando alrededor con tanta velocidad. Siento que es una buena oportunidad”.

Le gusta crear objetos: “funcionales, que te sirvan y que uno también pueda interactuar con lo que uno hace. Siento que es lindo hacer algo que funcione, no solamente  para uno, sino para un entorno”.

En una época marcada por el avance de la inteligencia artificial y la automatización de distintas tareas, el trabajo manual adquiere un nuevo valor. 

Soledad Ibacache (22) es una joven que se atrevió a explorar un área dominada principalmente por hombres. Trabaja como soldadora de aluminio en ASMAR y estudió Técnico en Estructuras Metálicas.

Soledad valora que cada proyecto implica transformar un plano en algo tangible, un proceso que combina conocimientos técnicos, precisión y experiencia. Pero también hay una motivación que va más allá del trabajo mismo: saber que lo que construye puede cumplir una función importante para otras personas.

“Es muy genial, a nosotros nos pasan un plano y hay que armar una lancha, reparar una lancha. Ver algo así en reparación y luego verlo en el agua (…) gracias a mí van a poder ir a rescatar más gente y esa lancha no se va a hundir, es muy inspirador”, añade.

“A mí siempre me decían ‘tú dentro de un escritorio vas a ganar más plata’, pero eso era estar siempre encerrada. Entonces en cambio trabajando en un oficio conocí mucha gente, gente buena y se gana lo mismo y mucha más experiencia”, enfatiza.

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