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Viaje al corazón de San Carlos de Apoquindo: la historia del residencial barrio de Las Condes que se convirtió en una pequeña ciudad y los vecinos que hoy enfrentan los efectos del cambio climático

Desde que comenzó a habitarse masivamente a fines del siglo pasado a lo que es hoy, San Carlos de Apoquindo ha tenido una gran transformación. Vecinos, especialistas y actores inmobiliarios abordan su evolución, en la que pasó de ser un sector residencial de Las Condes hacia una subcentralidad con universidades, clínicas y comercio. Todo esto tras presentar su vulnerabilidad frente al cambio climático, con los recientes aluviones que revelaron una crisis en el exclusivo barrio santiaguino.

Por 31 de Octubre de 2026
San Carlos de Apoquindo
San Carlos de Apoquindo
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En las últimas semanas una inusual imagen se ha repetido en el sector oriente de Santiago. Las calles de San Carlos de Apoquindo, el residencial y exclusivo barrio de Las Condes, se llenaron de barro y escombros luego de que las intensas lluvias activaran una de las principales quebradas que lo atraviesa y generaran aluviones que provocaron daños en decenas de hogares, dejando con pérdida total en los primeros niveles de algunas.

Solo tres semanas después del primer aluvión, las inundaciones volvieron a replicarse, activando las alarmas entre vecinos. El pasado 26 de octubre el retorno de las lluvias nuevamente generó inundaciones, pero esta vez, los vecinos estaban preparados. Algunos residentes llenaron sus casas con sacos de arena en rejas y puertas, barreras anti olas, y otros mecanismos para impedir el ingreso de agua a las viviendas.

Así, estos episodios terminaron por gatillar un cambio urgente en la vida de un San Carlos de Apoquindo, que dejó de ser ese tranquilo barrio residencial al que comenzó a trasladarse una parte no menor de la clase alta chilena progresivamente desde mediado de los noventa, y hoy pasó a ser una pequeña ciudad, con sus propios colegios, universidades y servicios de salud, pero que también debe saber enfrentar las adversidades del cambio climático.

Especialistas y residentes comentan que esta nueva tendencia podría cambiar la dinámica del barrio, pero no necesariamente su estilo de vida.

“Me imagino que la municipalidad con el Ministerio de Obras Públicas harán algo para evitar que vuelva a ocurrir algo de esta índole. Pero vamos a tener que estar acostumbrados a que las lluvias, los cambios de temperatura, los cambios de clima, nos van a seguir afectando de aquí en adelante“, comenta Verónica Villegas, residente de San Carlos de Apoquindo desde 1992.

En términos de mercado, se estima que no debería haber una depreciación. Así lo explica el experto inmobiliario, Teodosio Cayo, que sostiene que “no corresponde castigar económicamente a un barrio por riesgo que puedan estar concentrados en determinadas situaciones. Más bien es qué cosas nos está diciendo la naturaleza que tenemos que atender para que esas mismas inversiones, esos mismos desafíos por los cuales se eligió ese lugar, puedan seguir teniendo un desarrollo altamente demandado”.

Vecinos toman medidas contra las lluvias. Foto: Agencia UNO.

De un gran potrero a una mini ciudad

Cuando Verónica Villegas se instaló junto a su marido y tres hijos a inicios de los noventa en la calle San Carlos de Apoquindo, asegura que en la zona no predominaban las casas. De hecho, reivindica la icónica frase relacionado a los barrios periféricos que hoy son residenciales, y manifiesta que era un gran campo.

“Cuando llegamos era un barrio súper tranquilo. La última calle llegaba hasta mi casa, que era San Carlos. Donde estaba la Universidad de Los Andes íbamos a andar con los niños en bicicleta, porque todo eso era campo. Hacia el otro lado, estaba más construido, pero con casas nomás, no había nada”, comenta.

Los motivos que la llevaron junto a su familia a trasladarse de barrios más centralizados de Las Condes a una zona periférica fueron la búsqueda de tranquilidad y el precio. En ese entonces, era una opción económica. Hoy no lo define esta característica, pero sigue siendo una preferencia.

“Esto ya se transformó en un barrio completo. O sea, la verdad es que yo lo más lejos que salgo a comprar, cuando no estoy haciendo cosas de pega, es al Alto de Las Condes. Tienes acceso a todos lados, te puedes mover por todos lados a pesar de que igual es lejos”, acota Verónica.

Maite Reñasco, vecina hace treinta años de San Carlos de Apoquindo, comparte esa visión. Llegó motivada por las vistas y la calma que entregaba el barrio en construcción. Sin embargo, afirma que lo que ve hoy es un panorama completamente distinto al que llegó a fines de los noventa. “Ahora como es una mini ciudad. Está bien, a mí me gusta. Sigue siendo un barrio seguro. Creo que la pandemia nos dejó una maravilla que fue aprovechar las plazas, aprovechar todas las áreas verdes, porque tenemos mucho aquí”, dice.

Y efectivamente, cuando llegaron al barrio, había poco y nada de lo que hay hoy. El estadio de la Universidad Católica comenzaba a instalarse, tras su construcción en 1988. La Universidad de los Andes recién sumaba su primer edificio en 1996, y en 2001 aterrizaba la primera clínica, también de la UC, hoy UC Christus. La oferta de comercios se limitaba a pocos locales ubicados en la calle Las Terrazas, y oferta gastronómica no había, como tampoco llegaban los deliverys de comida.

Ahora cuentan con su propia independencia. La remodelación del antiguo Estadio San Carlos de Apoquindo, hoy Claro Arena, pareciera ser un símbolo del progreso de aquel barrio que se modernizó completamente, pasando a tener tres instituciones de educación superior, dos clínicas, y múltiples colegios y locales comerciales a lo largo de sus miles de hectáreas. Pero toda esa expansión, a veces cuestionada, fue planificada desde el primer día.

La construcción del San Carlos de Apoquindo de hoy

Pablo Allard, decano de la Facultad de Arquitectura de la UDD y socio de Allard&Partners, explica que desde 1980 comenzó la planificación de San Carlos de Apoquindo a lo que pasó a transformarse hoy. Quizás no exactamente a lo que vemos hoy día, pero sí hubo una hoja de ruta inicial.

Sobre cómo pasó a ser un conjunto residencial distribuido en cuatro calles principales a lo que es hoy, señala que “hay que entender que el desarrollo de todo el sector de Los Dominicos a San Carlos de Apoquindo es parte de lo que ha sido la expansión urbana que vivió Santiago. Particularmente después de los años 50, de esta especie de migración de los grupos socioeconómicos de más altos ingresos. Desde el barrio Brasil en los años 20, al barrio Providencia en los 50, luego Vitacura y finalmente Las Condes”.

En esa línea, comenta que “no se va haciendo por fragmentación de parcelas que se van consolidando, sino que hay un plan maestro, que incorpora vialidades estructurales. Ese plan maestro fue con un diseño de barrios de muy buena calidad, con pequeñas plazas vecinales y viviendas. Que, si bien son todas similares, son densas, pero compactas”.

Y agrega: “El desarrollo de San Carlos de Apoquindo ha sido un desarrollo planificado, muy equilibrado, ha sido un desarrollo que ha permitido generar una subcentralidad en la periferia. Porque no solamente hay vivienda, sino que también hay equipamiento deportivo, de salud, educacional, comercial de muy buena calidad. Lo único que todavía le falta es mejorar la oferta de transporte público”.

Las deudas del barrio

Pero la progresiva expansión de San Carlos de Apoquindo, vista con buenos ojos por residentes y expertos, también ha arrastrado consigo los males que invocan los grandes barrios. Hoy, las deudas se concentran en problemas de vialidad.

Rita Cox, expuso a fines del año pasado en su columna “San Carlos de Apoquindo: el ‘paraíso’ tiene sombras” publicada en The Clinic que el barrio ha experimentado un alza importante de congestión vehicular.

“Si hace unos 20 años era Camino Las Flores, con sus dos colegios, el único nudo, ahora se suman varios más. Lo sé porque al menos una vez por semana hago en auto el trayecto de 6 kilómetros que separan mi casa de Av. La Plaza, y en ese horario punta puedo demorar unos 35 minutos; el doble de un día de semana a las 11 o en cualquier momento del fin de semana”, compartió en su momento.

Esa tesis la confirma Verónica Villegas. “Se transformó de verdad en una locura. Yo antes salía de mi casa, no tenía ningún problema, ahora para poder salir de la casa tienes que esperar que te den la pasada. Porque es un desfiladero de autos que van a las universidades”, comenta.

Al mismo tiempo, como plantea Allard, hay pendientes con movilidad. Aunque algo ha avanzado —de tener solo conexión mediante líneas de radiotaxi hace 25 años— hoy solo cuenta con dos recorridos de micros que cruzan las arterias principales de San Carlos de Apoquindo, la 421 (desde Maipú) y la C02 (Escuela Militar) y C02c (Los Dominicos). A estos, se suman recorridos que rodean los puntos principales, como los C09, C15 y 407.

El fantasma del cambio climático

Los aluviones de las últimas semanas, si bien existían sospechas de que podría pasar algo, fueron de completa sorpresa para los residentes. “No se podían prever las inundaciones. Porque la infraestructura hidráulica se diseña en base a evaluaciones de lo que se llama el beneficio del daño evitado. (…) Básicamente, el ancho de banda con que se construyeron estos barrios no es suficiente para hacerse cargo de los cambios que ha tenido el patrón de lluvia y el cambio climático“, explica Pablo Allard.

Agencia UNO.

Si bien en redes sociales trascendió que la expansión de las viviendas pudo haber incidido en el desborde de la quebrada, el académico advierte que no hay prueba de aquello. Al respecto, menciona que “no se le puede echar la culpa a la urbanización de San Carlos de Apoquindo de lo que pasó. Sí se le puede echar la culpa a que la infraestructura de manejo de aguas lluvias no fue suficiente. O a que no se tomaron las medidas de precaución para reducir el riesgo de remoción en masa y de aluviones después del incendio. Que no podemos seguir entubando los cauces urbanos y tenemos que empezar a buscar otras soluciones basadas en la naturaleza, como los parques inundables y otras medidas que han estado en discusión”.

Verónica agrega por su parte que “sinceramente sabía que había un tema ahí, pero nunca me preocupó. Nunca lo pensé, para qué te voy a decir una cosa por otra. Además nunca ha sido un barrio que llueva y se inunde. Hemos tenido nevazones, de todo acá. Entonces fue súper sorpresivo para mucha gente que vive acá. Lamentablemente, no tenía ninguna información así como que nos hubieran explicado que podía pasar esto. Se sentía como impensable“.

De todas formas, según la visión de Teodosio Cayo, este fenómeno no debería afectar en la valorización del sector. “Si es que no hay una preocupación de largo plazo, por supuesto, las construcciones pueden llegar a tener algún tipo de depreciación. Sin embargo, hay que recordar que por alguna razón el mercado inmobiliario se movió a estos lugares y reconoció atributos que no tienen otros. Hay atributos naturales en distintas zonas del país que el mercado inmobiliario ha visualizado y la demanda la ha reconocido. Por eso siguen creciendo esas zonas”, dice.

Las oportunidades a futuro

Expertos ven en la continua expansión de San Carlos de Apoquindo una interesante oportunidad de seguir fortaleciendo esta “ciudadela”.

Pablo Allard manifiesta que en la UDD trabajan en un proyecto para potenciar la avenida Pie Andino, algo que está incluido en el plan regulador comunal. Al respecto, menciona que “supuestamente, está previsto para hacer un anillo que va a completar o cerrar el crecimiento en la ciudad. Y va a generar esta especie de barrera entre la ciudad y la montaña”. Con ello, al dejar la calle como un corredor, se abren oportunidades de vegetación y vialidad, que permitirían hacer frente incluso al problema generado por las lluvias.

Además, presentaron a la municipalidad un plan de construcción de un barrio universitario, particularmente en Avenida La Plaza. Sobre esto explica que puede servir para que “su bandejón central, que en algunos sectores tiene el mismo ancho que la Alameda, no se siga convirtiendo en esta acumulación de strip centers, sino que se convierta en un gran bulevar peatonal, con cafés, librerías. Donde las universidades se vuelquen hacia ese bulevar y se genere vida urbana, vida de barrio”.

Teodosio Cayo estima que el crecimiento podría volcar a expandirse hacia arriba. “Lo que uno esperaría es que en barrios como estos se empiecen a consolidar, y que incluso las casas pasen a ser futuros edificios”, cierra.

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