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12 de Octubre de 2026Camilo Arancibia, el premiado actor chileno por Il Cileno: “No es una película sobre la dictadura, es una historia humana”
Tras recibir el Boccalino d’Oro en el Festival de Locarno por su actuación en Il Cileno, el actor chileno profundiza en su personaje, Aldo Marín, un guerrillero marcado por sus ideales. La película tendrá su estreno en Chile en el marco del 33° Festival Internacional de Cine de Valdivia.
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Camilo Arancibia no tendrá que ir muy lejos para presentar Il Cileno en Chile. Oriundo de Valdivia y residente en la ciudad, el actor llega al 33° Festival Internacional de Cine de Valdivia con la película de Sergio Castro San Martín, por la que recibió el Boccalino d’Oro en el Festival de Cine de Locarno. Tras participar en producciones para plataformas y en películas como Los colonos, Arancibia comienza a consolidar su camino en el cine de autor.
La trama de Il Cileno transcurre en 1976 y está basada en el libro Aldo Marín. Carne de cañón, una investigación periodística de Juan Cristóbal Guarello sobre la vida de Aldo Orlando Marín Piñones. Revolucionario chileno de la década de 1970, Marín partió al exilio durante la dictadura de Augusto Pinochet y terminó involucrado en una peligrosa célula anarquista italiana. En la película, Arancibia interpreta a este personaje, cuya historia cruza el exilio, los ideales políticos y las consecuencias de la violencia.
El vínculo de Camilo Arancibia con la actuación comenzó en la infancia, cuando todavía vivía en Valdivia. En 2010, su familia se trasladó a Barcelona, cuando él tenía 10 años, pero la idea de convertirse en actor ya estaba presente. Su acercamiento al cine partió en casa, viendo películas que su padre llevaba de la feria o descargaba de su trabajo. Entre esos títulos, comenzó a imaginar personajes propios dentro de historias como Star Wars y Piratas del Caribe. Dos años después, a los 12, tuvo una experiencia que marcaría su camino: interpretó a Laura Larraín, la antagonista de La pérgola de las flores, en una obra escolar en la que salió a escena con falda, tacos y pelo largo.
A los 14 años comenzó a tomar talleres de actuación frente a cámara con Samuel González y tuvo sus primeras experiencias en producciones audiovisuales locales. Su primer trabajo remunerado fue en un videoclip del cantautor valdiviano Camilo Eque. En 2016 participó en Bichos raros, dirigida por Cristián Jiménez, junto a otros jóvenes de la zona. Esa experiencia reforzó su decisión de estudiar actuación y lo llevó a postular a la Universidad de Chile, en Santiago. Aunque el cambio implicó adaptarse a una ciudad más grande y a sus desigualdades, fue el paso que necesitaba para comenzar a construir una carrera profesional.
—¿Qué esperas que la película provoque en el espectador y qué buscas mostrar a través de tu personaje?
—Creo que esta película lleva al espectador hacia una historia muy particular para nosotros como chilenos, porque mezcla, de alguna forma, la historia de los años setenta en Italia con la de Chile.
Los personajes de Andrew Barstead y el mío son espectadores y, al mismo tiempo, cómplices de una historia que no es la suya, pero que también lo es. En Italia fueron a ver la película personas que habían sido exiliadas políticas, porque los personajes también son exiliados y remiten a ese proceso histórico.
—¿Por qué crees que es importante abordar esta historia desde una perspectiva humana y no polarizada?
—No es necesariamente una película que hable sobre la dictadura o que tenga una idea controversial sobre el tema. Tampoco busca hablar de blancos y negros, de malos y buenos. Es una película humana sobre personas que, por causas políticas, tuvieron que dejar su país y a sus seres queridos.
Creo que Sergio se esforzó en eso, y nosotros también: en entregarle al espectador esa idea de la humanidad que existe dentro de estos procesos.
—¿Cómo fue acercarte a Aldo Marín, un personaje real y controvertido?
—En cuanto a mi personaje, Aldo Marín, me encanta porque tiene particularidades muy bonitas en relación con esa misma historia. Es un personaje un poco controversial, un guerrillero idealista del que no se habla tanto y que, al mismo tiempo, terminó siendo un peón más dentro de una historia mucho más grande.
Es una persona real. Eso le entrega una profundidad humana muy especial, tanto para mí como actor como, espero, para el espectador.
—¿Qué referencias utilizaste para construir al personaje?
—La referencia para construirlo está en un libro de Juan Cristóbal Guarello, Aldo Marín, carne de cañón. Al final, este personaje también representa a personas que fueron carne de cañón en una revolución que, a fin de cuentas, fue menoscabada por la dictadura.
—¿Qué te interesa que el público comprenda de Aldo Marín, más allá de sus posiciones políticas?
—Creo que es importante que la película no se vea desde una mirada polarizada, como si se tratara simplemente de alguien que era comunista o violentista. Era una persona que creía en ciertos ideales. Eso es lo que más me interesa: la sensibilidad de alguien que no sabía qué iba a pasar con su familia. También es difícil anticipar qué va a generar una película en el público. Uno puede decir muchas cosas y después ocurre todo lo contrario. Eso es muy bonito del cine: dejarnos sorprender por lo que venga.
El rodaje y el recorrido internacional
—¿Cómo llegaste a Il Cileno?
—A esta película llegué por un casting que hice trabajando con Roberto Matus. Me llegaban muchos mensajes de gente que me enviaba la convocatoria, porque estaban buscando a una persona con mis rasgos: joven, chileno, moreno. Era para una película italiana, pero yo no sabía absolutamente nada del proyecto ni se sabía mucho. Solo que se iba a grabar en Italia.
Sergio, el director, ya me había visto en Los colonos, una película en la que trabajé anteriormente. Le interesó mi casting y pasé varias etapas, unas tres o cuatro, en las que hicimos escenas primero con Roberto y después con el propio director.
—¿Cómo recibiste la noticia de que habías quedado en la película?
—Todo ocurrió muy rápido, dentro de un mismo mes. Me avisaron que había quedado y que al mes siguiente nos íbamos a grabar a Italia. Fue súper intenso y bonito, porque son de esas experiencias que vienen a desordenarte todo, pero al mismo tiempo te dan ese empujón que a veces necesitas. Estuvimos grabando en Turín durante un mes y dos semanas, aproximadamente, entre noviembre y diciembre de 2024. Después volvimos a Chile para grabar una semana en Andacollo. La gente de la zona nos recibió súper bien y estaba muy interesada en la película.
—¿Cómo fue trabajar con un equipo compuesto mayoritariamente por italianos?
—La grabación fue un proceso creativo muy bonito e intenso. Éramos pocos chilenos en el equipo: Andrew Barstead y yo como actores, el director, un continuista y los productores. La mayoría del equipo era italiano, pero nos llevamos muy bien.
—¿Qué significó para ti estrenar la película en el Festival de Locarno?
—Después vino una espera de casi dos años, hasta que en 2026 estrenamos en Locarno. Presentamos la película ante unas ocho mil personas en Piazza Grande, una sección del festival donde se muestran películas nuevas, pero también clásicos como Taxi Driver.
—¿Cómo recibiste el reconocimiento por tu interpretación?
—Además, para mi sorpresa, recibí el premio a la mejor interpretación del círculo de periodistas del festival, el Pardo de Oro. Yo no tenía idea de que me lo iban a entregar; a los directores también les avisaron ese mismo día.