El angustiante relato de la generación que no duerme: el insomnio alcanza su mayor nivel desde la pandemia y afecta al 14,3% de los chilenos
Las noches en vela se han vuelto una realidad cada vez más común en Chile. El estrés, la ansiedad y la hiperconexión aparecen entre los factores que dificultan el descanso en un país donde los síntomas de insomnio moderado a severo alcanzaron su nivel más alto desde 2021. Personas que llevan años sin poder dormir bien relatan la desesperación de ver pasar las horas mientras especialistas advierten sobre los riesgos de las pantallas, la automedicación y las consecuencias de vivir sin un sueño reparador.
Por Marcelo Silva 17 de Octubre de 2026
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Son las cuatro de la madrugada. Andrés, relacionador público de 41 años, se da vueltas en su cama. Lleva horas tratando de dormir. Se acostó a las 10 de la noche y dejó el celular en su velador una hora después, pero por más posiciones cómodas que busque, cierre los ojos o intente técnicas de respiración, el bullicio de su mente es mayor y no logra conciliar el sueño.
Su desesperación aumenta cada vez que mira la hora. Lo hace compulsivamente, y en cada revisión nota que le queda menos tiempo para ir al trabajo. Sol, no te atrevas a salir.
“Lo pasé mal. Sentía que necesitaba descansar. Quería tener mi mente en blanco, pero sentía que estaba sobrepensando”, cuenta.
La falta de sueño inició tras una reciente ruptura matrimonial. “Siento que ha sido una de las respuestas que mi cuerpo ha mostrado por esa situación”. Es algo recurrente, aunque no diario. “Los días en que no sufro de insomnio son básicamente porque duermo de lo cansado que estoy al no haber dormido la noche anterior”.
Relata que la mayor consecuencia, hasta ahora, ha sido el desgano, no sentir que disfruta de lo que habitualmente sí era un motivo de satisfacción en su vida.
Lo mismo reconoce Dafne (32), enfermera. “Me siento constantemente agotada, como una sensación de que pesa el cuerpo. Mi salud mental sufre aún más porque ando irritable, me duele la cabeza, me veo al espejo y se me nota apagada”.
El insomnio apareció en la vida de Dafne hace 15 años. Afirma que lo sufre por periodos, principalmente en momentos de estrés. El periodo más complejo fue cuando falleció su padre hace cinco años. “He llegado a estar dos días sin dormir”.
“No me siento yo la mayor parte del tiempo. Y si bien he aprendido a vivir con esto y tengo algunas ayudas como técnicas de respiración controlada, la mayor parte del tiempo podría ser más feliz si durmiera bien”.
Andrés y Dafne no son casos aislados, sino parte de un fenómeno que crece cada año. El estudio Termómetro de la Salud Mental realizado por la Asociación Chilena de Seguridad y la Pontificia Universidad Católica de Chile dio cuenta de un deterioro generalizado del bienestar psicológico de la población, que coincide con el alza de estresores como la incertidumbre del futuro, el cambio climático, lo inestable del entorno y el temor a perder el empleo.
En el último año, los síntomas del insomnio moderado a severo aumentaron de 8,6% a 14,3%, el valor más alto desde agosto de 2021, cuando el mundo atravesaba uno de los periodos más complejos de la pandemia de covid-19.
“El insomnio es una patología bastante frecuente. Entre el insomnio y los trastornos respiratorios en el sueño se llevan la gran mayoría de las consultas en nuestra unidad”, señala Carolina Aguirre, neuróloga jefa del Centro del Sueño de la UC Christus.

El teléfono en la cama: el peor enemigo para conciliar el sueño
Com base a su experiencia, Aguirre observa que la imposibilidad de dormir es cada vez más común por los cambios de vida que experimentan las personas.“Están activos hasta bien tarde y sobre todo con la exposición a las pantallas”.
“No es solo el hecho de tener una pantalla que emite luz hacia la retina, sino el contenido interactivo como responder WhatsApp y correos, o viendo Reels o TikTok, es una cosa que tira estímulos todo el rato. Y eso ha ido creciendo demasiado, sobre todo ahora con la llegada de la inteligencia artificial”, subraya.
La masividad tecnológica lleva a las personas a estar hiperconectadas, derivando en que el cerebro se mantenga en alerta por más horas. “Ya no a las seis de la tarde, sino mucho después. Y cuando llega la hora de decir apágate, les cuesta porque no existe el switch que uno pueda apagar y dormirse”, dice Aguirre.
Dafne reconoce que usa el teléfono al acostarse y que al dejarlo de lado empieza su lucha por quedarse dormida. “Uso sonidos de fondo porque quedarme a oscuras no me sirve. Mi cerebro no se queda callado, entonces es como que no me puedo apagar”.
Paula Cáceres, conocida en redes sociales como “La Loca del Sueño”, es matrona y una de las principales impulsoras de la Clínica Somno. Plantea que el uso del teléfono antes de dormir “es un enemigo terrible. En la noche el cerebro ya está cansado y tiende a tomar malas decisiones, y eso lleva a que si yo pongo un estímulo muy atrayente para el cerebro, que le encanta porque le libera dopamina, y empieza el ‘escroleo’ nocturno y se dificulta aún más el dormir”.
La luz azul compite con la melatonina, la hormona del sueño, impidiendo una correcta latencia, periodo que va desde el acostarse hasta lograr dormir. “Nosotros a nivel de especie funcionamos de día y en la noche dormimos. Es en la oscuridad donde la melatonina hace su función y si se expone a luz se vuelve ineficaz”, indica Cáceres.
Para la profesional, el teléfono u otras pantallas interactivas deben dejar de usarse dos horas antes de dormir, aunque matiza: “En el mundo actual, como estamos hoy en día en Chile, uno de los países con peor calidad de sueño en Latinoamérica, con que dejen el teléfono una hora o cuarenta minutos antes ya es un triunfo”.
Cannabis y fármacos: un arma de doble filo
Al no poder dormir, las personas están acudiendo a alternativas como la cannabis o fármacos como la zopiclona. Tal es el caso de Sandra Correa (55), quien padece insomnio hace cinco años, cuando inició la menopausia. “A mí esto me cambió la vida. Te dicen que es parte del proceso, pero no, en realidad no. Son años que no logro dormir por mi cuenta y hace dos meses empecé con zopiclona para poder conciliar el sueño porque los tramos donde sí dormía se hacían muy cortos”.
Gracias al medicamento, Sandra asegura que ha tenido una mejor calidad de vida.
Carolina Aguirre advierte que el uso de medicamentos es un arma de doble filo porque generan dependencias y tienen efectos adversos que no son menores. “Sobre todo los hipnóticos pueden llevar a pacientes a tener conductas automáticas que después no recuerdan haber tenido”.
“He tenido pacientes que manejan y no se acuerdan de que fueron a cierta parte, o mandan correos o transacciones de plata. Los fármacos como la zoplclona se deben tomar bajo estricta supervisión médica”.
Victoria Mery, neuróloga jefa del Centro de Trastornos del Sueño de la Clínica Alemana, aborda el uso del cannabis: “Esta sustancia efectivamente reduce la latencia del sueño, uno se demora menos en quedarse dormido. Pero está demostrado que disminuye la cantidad del sueño REM, etapa que tiene que ver con la consolidación de la memoria, el aprendizaje y el periodo que uno sueña“.
Al ser una droga poco regulada en Chile, su estandarización es mínima. “Es probable que la cannabis que usaste hoy, no sea exactamente igual a la que va a usar mañana, ni de la misma pureza ni de la misma concentración”.
Algo que coincide Cáceres: “Los estudios que hay sobre la cannabis muestran una alteración de los ciclos del sueño. Se genera un parcelamiento de los ciclos, se van fragmentando y eso genera que no sea un sueño de calidad”.

Un daño a largo plazo
Para las nuevas generaciones, el uso de pantallas es algo innato. A corta edad, los niños pueden manejar con maestría una tablet o un teléfono, concentrando su atención en las coloridas animaciones que abundan por montón en plataformas como YouTube o Netflix.
Su uso en exceso pueden provocar en menores no solo problemas a la hora de conciliar el sueño, sino también en el desarrollo de estímulos necesarios para su crecimiento. “Un niño absorbe mucho más, es más impresionable a todos esos estímulos que generan las pantallas”, subraya Mery. “Les genera más irritabilidad, problemas de concentración, problemas en sus relaciones sociales y les altera el sueño”.
Carolina Aguirre acota: “No es solo el sueño que se ve perjudicado, sino el desarrollo cerebral. Si tu expones a un niño a pantallas interactivas, donde le pasan todo digerido, este niño deja de desarrollar conexiones”.
En esa línea, la neuróloga destaca: “Si tú le cuentas un cuento, donde el niño tiene que imaginar lo que tú le estás contando, es como echarle un poco de fertilizante a tu cerebro para que genere nuevas conexiones. Versus, si tú le muestras un cuento, en una película con colores, él no se imaginó nada. Lo tiene todo ahí, a su disposición”.
“Ese es un poco el efecto que tienen las pantallas en el desarrollo cognitivo de los niños. Es muy dañino y a la hora del sueño se nota mucho más que los adultos, porque el efecto de la melatonina a la hora de generar la inducción del sueño es mucho más relevante y los niños se les bloquea la melatonina cuando se ven expuesto a pantallas hasta muy tarde”, ahonda.
Terapia cognitiva-conductual: el tratamiento más recomendado para combatir el insomnio
Las tres profesionales de la salud contactadas para este reportaje coinciden en que la mejor alternativa para combatir el insomnio y poder tener una mejor calidad de sueño es la terapia cognitiva-conductual.
“Es una psicoterapia en la que uno busca, a través de distintas estrategias, cambiar la forma en cómo la persona está enfrentando el sueño. Y está demostrado, en el largo plazo, que es lo más efectivo para mejorar la calidad del sueño y el insomnio”, afirma Victoria Mery.
Paula Cáceres sostiene que la terapia cognitivo-conductual es la primera línea del tratamiento del insomnio. “Son aproximadamente cinco sesiones y tienen un índice de eficacia muy alto. Estamos hablando de un 90%”.
Si al término de la terapia continúa el insomnio, se prueban fórmulas naturales como el magnesio o la melatonina. “Y si no, ya pasa a un fármaco que son estos hipnóticos, que te inducen químicamente el sueño”, agrega “La loca del sueño”.
“No todo trastorno del sueño se arregla con pastillas. Nuestra experiencia en el centro nos ha demostrado que la terapia, con una profesional con vasta experiencia, es el mejor tratamiento”, concluye Aguirre.



