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27 de Octubre de 2026

“Te muestra un camino, una salida”: ISP aprueba el primer ensayo clínico para el uso de hongos alucinógenos como tratamiento para la depresión resistente

El ensayo evaluará la seguridad y eficacia de la psilocibina en cerca de 68 pacientes que no han respondido adecuadamente a al menos dos antidepresivos y tienen la característica de tener depresión resistente a tratamientos químicos. Se utilizará una única macrodosis de 2,5 gramos, porque "antes de que vengan las visiones mágicas, cuando uno consume psicodélicos, uno siente que uno está desapareciendo. Y ese es el componente terapéutico de mayor utilidad. Las visiones son secundarias. También las hay, por supuesto", explica el médico Sergio Sánchez.

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En Chile el consumo de hongos alucinógenos no es nuevo; gente lo utiliza hace décadas de manera recreativa, pese a que forma parte de las sustancias controladas en la Ley 20.000 y por ende, con restricciones de consumo en lugares públicos y la prohibición de su venta, entre otras.

En particular el consumo es de hongos que contienen el compuesto activo psilocibina, que suele generar por unas horas: alteraciones en la percepción -colores más vívidos o una realidad alterada-, una sensación de introspección o exacerbación de las emociones y alucinaciones.

Según el Instituto de Salud Pública, los efectos alucinógenos comienzan después de 30 a 60 minutos y comienzan a disminuir luego de 2 a 3 horas desde su consumo. Los datos sugieren que los efectos son similares a los del LSD y la mescalina, con una diferencia en potencia y duración. Sin embargo, no genera adicción ni síndrome de abstinencia.

Es más: los efectos secundarios graves o letales relacionados al consumo de psilocibina son escasos, según el mismo ISP. Por lo mismo, de hecho, a lo largo del mundo se ha comenzado a avanzar en el potencial terapéutico que puede tener la ingesta de hongos alucinógenos, sobre todo para enfermedades de salud mental. Y en el caso de Chile los últimos años también ha avanzado la investigación en esa línea.

Luego de años bajo estudio, esta semana el ISP autorizó el primer ensayo clínico nacional que evaluará la psilocibina como tratamiento para la depresión resistente.

La esperanza de los pacientes con depresión resistente a tratamientos clínicos

El estudio, presentado por la Universidad Adolfo Ibáñez, contempla la participación de aproximadamente 68 personas de entre 18 y 65 años que no hayan respondido adecuadamente a al menos dos antidepresivos.

La investigación se realizará en la Clínica San Carlos de Apoquindo, de la Red UC Christus, y estará a cargo del psiquiatra Rodrigo Figueroa Cabello. En el ensayo de fase 2, los participantes serán asignados aleatoriamente a recibir una dosis de 25 miligramos de psilocibina o niacina (vitamina B3), utilizada como placebo activo, con el objetivo de evaluar la seguridad y eficacia del tratamiento. Ni los investigadores ni los pacientes sabrán quién recibe qué.

Según el propio ISP, “lo novedoso de la psilocibina es que actúa de una forma distinta a los antidepresivos tradicionales. Es un psicodélico clásico que actúa principalmente sobre la serotonina, un mensajero químico del cerebro relacionado con el ánimo. En concreto, activa un receptor llamado 5-HT₂A, que explica sus efectos sobre la percepción, el pensamiento, las emociones y las experiencias de tipo místico”.

Y es que precisamente hasta ahora su potencial uso terapéutico ha sido objeto de investigaciones clínicas para tratar trastornos de salud mental, entre ellos la depresión resistente al tratamiento químico.

Los estudios han evaluado principalmente la administración de dosis controladas de psilocibina en combinación con apoyo psicológico, bajo supervisión profesional. Aunque algunos ensayos han reportado una reducción de los síntomas depresivos, los resultados no han sido uniformes y todavía se investiga la duración de sus efectos y su seguridad.

Un tratamiento que el Ministerio de Salud ya había evaluado

Fue a fines de 2023 que el Ministerio de Salud, a cargo en ese entonces de Ximena Aguilera, informó que la cartera creó un equipo de trabajo para estudiar el uso medicinal de hongos alucinógenos.

La mesa fue liderada por el doctor Sergio Sánchez, médico con experiencia en medicina complementaria que fundó la Fundación Latinoamérica Reforma, centro dedicado a la investigación en torno al uso responsable de drogas.

En conversación con The Clinic, el médico comenta que la psilocibina ya está autorizada y se utiliza en Australia, y que “se ocupa justamente para depresiones resistentes al tratamiento, para pacientes con consumo problemático de drogas, para pacientes con estrés postraumático, para enfermedades psiquiátricas de difícil manejo en el fondo”.

Y pese a las intenciones del ministerio, menciona, no se logró avanzar demasiado en el testeo del uso de hongos como tratamientos medicinales. Asegura que estaban a la espera de los resultados del estudio Compass, probado en Estados Unidos en veteranos de guerra, “y no teníamos los resultados todavía, entonces había como un debate por esperar ese resultado. La posición del Instituto de Salud Pública era más bien conservadora en cuanto a esperar que la FDA lo aprobara primero, y que una vez con la aprobación de la FDA, no tenían ningún problema en hacerlo. El otro camino era hacer estudios clínicos, que se trata del caso del doctor Figueroa”.

Con todo, asegura que al ritmo que está avanzando la medicina en esta línea, con estudios que muestran “seguridad y eficacia”, como es este estudio de fase 2 con énfasis en la seguridad del producto, “después habría que hacer un estudio clínico de fase 3. Y una vez hecho el estudio de fase 3, ya se puede registrar el producto como para ocuparlo con pacientes. O sea, igual estamos hablando a lo mejor de cinco años más por ese camino”.

Por qué una macrodosis y no una microdosis: “Te produce como un aprendizaje, se produce como una visión”

En el caso del estudio clínico que conducirá la UAI, eso sí, la psilocibina no será administrada con microdosis, por el contrario: los participantes recibirán una dosis única de 25 mg (2,5 gramos de hongos) en cápsula, siempre acompañados por terapeutas capacitados. 

“Es una dosis terapéutica, pero también psicodélica”, comenta el doctor Sánchez. Según él, los tratamientos con psilocibina funcionan más con grandes dosis “porque se produce el efecto psicodélico que justamente es lo que le llaman la terapia psicolítica, que es cuando el paciente siente que su ego desaparece. Y en el ego reside todo el dolor psíquico también“.

“Entonces, el paciente experimenta la desaparición del ego y con él también experimenta la desaparición del sufrimiento psíquico. Entonces el paciente tiene la experiencia de poder existir sin ese dolor que lo hace tener la depresión. La apuesta terapéutica es que él aprenda a existir menos apegado a su ego una vez que experimenta eso”, puntualiza Sánchez.

En esa línea, precisamente apunta a que el principio activo del hongo tiene que precisamente generar “alucinaciones” en cierto sentido: “Eso es un requisito de la terapia. Que más que estar drogado o alucinando, que tenga la experiencia de que su ego desaparece. Antes de que vengan las visiones mágicas, cuando uno consume psicodélicos, uno siente que uno está desapareciendo. Y ese es el componente terapéutico de mayor utilidad. Las visiones son secundarias. También las hay, por supuesto”.

“Al alterarle la realidad al paciente que vive en la depresión, estamos pensando en un paciente que no resultó en ningún tratamiento y que está con ideas de muerte. Justamente tú al modificarle la realidad, tú demuestras que en el fondo se puede vivir de otra manera. Y esa otra manera es el camino que él tiene que recorrer. El hongo es como el gatillo, no vamos a decir que el hongo es mágico en el sentido de que te solucionó la vida en un momento. Te muestra un camino, te muestra una salida”, explica.

Un tratamiento que se recomienda hacer “no muy seguido, a lo mejor cuatro o cinco veces en la vida”

De todas formas, Sánchez asegura que con las macrodosis, como son los 2,5 gramos, la recomendación es “hacer este tipo de experiencia no muy seguido, a lo mejor cuatro o cinco veces en la vida”.

Además, dice que son tratamientos que se tienen que realizar “en la vida adulta, por supuesto, no en niños ni adolescentes. Porque primero, para que el ego desaparezca, tú tienes que tener consolidado tu ego. Y tu ego o tu identidad, tú la terminas de consolidar más o menos a los 30 años. Entonces es para adultos, y es para adultos que están en sufrimiento. Por el dolor de existir, por decirlo de forma poética”.

Y que a diferencia de las microdosis, las macrodosis, aunque dure el efecto como tal menos de un día, “puede tener un efecto benéfico hasta por 26 semanas después de la toma. Genera un bienestar muy agradable por varias semanas y meses. Y también produce un momento de aprendizaje emocional muy importante. Entonces, no es como una sustancia estimulante que sí te gusta sentir el estímulo cada vez que la usas. Te produce como un aprendizaje, se produce como una visión. Entonces, no es necesario ocuparla con fruición”.

“No produce ese placer medio del amor y medio erótico que tiene el éxtasis, sino que produce como un bienestar de estar en equilibrio con el mundo. Por eso es una experiencia religiosa“, concluye Sánchez.

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