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Foto: Agencia Uno.

Ciudad

29 de Octubre de 2026

Junaeb estima pérdidas de hasta $20 mil millones al año en la entrega de alimento a escolares: una de cada dos raciones de párvulos no se consume

Aunque no existe una medición ni una cifra oficial en torno a cuánta comida se pierde en los programas escolares, las certificaciones informadas sobre porciones efectivamente servidas muestran que cerca del 10% de las raciones escolares programadas no se sirve. En el caso de los párvulos, la diferencia llega al 50%.

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Los programas de alimentación escolar han estado en tela de juicio en diversas oportunidades. Incluso este año Junaeb presentó nuevos antecedentes ante el Ministerio Público por presuntas irregularidades que elevarían a más de $14 mil millones los pagos asociados a raciones de comida que no habrían sido entregadas.

Pero la alimentación que cada día reciben miles de estudiantes en sus establecimientos educacionales también tiene un problema menos visible: la comida que no llega a servirse o que termina en la basura.

Nunca ha existido una cifra oficial en torno a cuánto es lo que se desperdicia al año. Si bien existe una percepción generalizada en comunidades educativas respecto de un alto porcentaje de comida que se pierde en el marco del Programa de Alimentación Escolar (PAE) y el Programa de Alimentación de Párvulos (PAP), Junaeb cuenta con muy pocos indicadores que permitan asegurar aquello.

Eso sí, existen datos sobre las certificaciones que deben realizar los encargados PAE o PAP en los distintos establecimientos educacionales. Es decir, lo que efectivamente se sirvió de las raciones que se proyectaron (y por las que el Estado pagó).

Y allí, comentan fuentes de Junaeb a The Clinic, es que se puede apreciar que del total de raciones programadas mensualmente, en el caso del PAE, se sirve cerca de un 90% de lo contemplado. El 10% restante es “pérdida”.

Pero la cifra empeora en el caso del programa de párvulos: la diferencia entre lo proyectado y lo que efectivamente se consume es en torno al 50%.

En otras palabras, alrededor de una de cada diez raciones programadas para escolares no es consumida, mientras que en el caso de los párvulos la proporción llega a una de cada dos.

Esa merma entre raciones servidas y las certificadas, según estimaciones de Junaeb, se traduce en pérdidas que podrían alcanzar los $20 mil millones al año.

Por qué se producen millonarias pérdidas por mermas en alimentos

En Chile, se entregan cerca de 4 millones de raciones diarias en el marco de estos programas, alimentando a más de dos millones de párvulos y escolares en más de 11 mil establecimientos.

Pese a la dimensión del servicio, el organismo reconoce que hasta ahora ha contado con pocos indicadores para determinar cuánto alimento se pierde efectivamente y cuáles son las principales causas.

Y es que las razones de las pérdidas pueden ser por múltiples razones. Desde que se prepararon raciones en exceso y lo restante se botó a la basura; o porque simplemente se adquirió la materia pero finalmente no se preparó por alguna contingencia, como que se hayan cancelado las clases.

Aun así, entre las principales causas identificadas por Junaeb están el ausentismo escolar y la aceptabilidad de los alimentos por parte de los estudiantes.

Un estudio para medir el desperdicio

Con todo, para enfrentar esa falta de información, la actual administración de Junaeb, encabezada por su director nacional, Fernando Peña, inició un estudio destinado a cuantificar las pérdidas de alimentos en los establecimientos que reciben el Programa de Alimentación Escolar.

El trabajo distingue dos situaciones: los alimentos que fueron preparados o manipulados pero no se sirvieron, y aquellos que sí llegaron a las bandejas de los estudiantes, pero no fueron consumidos.

La institución contrató mediante licitación pública a la empresa Cliodinámica para diseñar una metodología que permita medir el desperdicio de manera permanente en los establecimientos con PAE.

El trabajo de campo considera 367 establecimientos educacionales de 41 comunas, distribuidas en las 16 regiones del país, donde operan 21 empresas proveedoras, para realizar una estimación de la cantidad de alimento desperdiciada.

Una vez finalizada esta etapa, la asesoría deberá entregar un plan de acción con medidas para reducir las pérdidas de alimentos. Según Junaeb, se espera contar con información oficial hacia fines de 2026, lo que permitiría establecer un diagnóstico más preciso y orientar las medidas para enfrentar el problema.

Los alimentos que más se desperdician

La falta de cifras nacionales no significa que el fenómeno no haya sido estudiado. En septiembre de 2024, una investigación de la Universidad del Bío-Bío (UBB) informó que en los comedores escolares de la Región de Ñuble se perdían, en promedio, 144 kilos de comida al día.

El estudio, desarrollado en 23 establecimientos educacionales, identificó el plato de fondo —especialmente cuando incluye legumbres— y los postres a base de frutas entre los alimentos que más se desperdician.

Así también en 2023, un estudio publicado en la Revista Chilena de Nutrición explicaba que, a raíz de grupos focales realizados a manipuladoras del programa PAE en el centro-sur del país, se había detectado que lo menos consumido por los estudiantes eran legumbres, verduras frescas, mariscos y algunas salsas, y estimaron un desperdicio de entre 25 y 100 kg por día.

Precisamente por estos factores es que la FAO en 2021 hizo un llamado a contar con menús que permitan mitigar el desperdicio de alimentos.

En esa misma instancia, Junaeb, liderado en ese entonces por Jaime Tohá, presentó la experiencia del Laboratorio Gastronómico, que había mostrado un resultado positivo y un incremento en la aceptación de los alimentos por parte de los estudiantes. Sin embargo, las cifras y estimaciones del organismo indican que aun queda un largo camino para evitar grandes desperdicios de alimentos.

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