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2 de Noviembre de 2026

“Cuando manifiestas síntomas ya es tarde”: El llamado a derribar el mito del dolor en el cáncer de próstata y el rol de la braquiterapia

Especialistas en urología oncológica advierten que postergar el chequeo prostático hasta la aparición de dolor o alteraciones urinarias suele cerrar la ventana de curación temprana. En pacientes diagnosticados oportunamente con enfermedad localizada, la braquiterapia prostática ofrece una alternativa terapéutica ambulatoria que concentra altas dosis de radiación directamente en las células malignas, resguardando el tejido sano.

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El cáncer de próstata encierra una contradicción clínica tan silenciosa como letal: en sus estadios iniciales, justo cuando las probabilidades de curación son altos, prácticamente no genera dolor ni alteraciones funcionales perceptibles. Esta característica colisiona a menudo con un arraigado sesgo cultural en la población masculina, donde la ausencia de malestar físico se confunde erróneamente con la ausencia de problemas. 

Sin embargo, cuando la detección se produce en una etapa localizada, el abanico de respuestas médicas ha dejado atrás la obligatoriedad de cirugías invasivas asociadas a extensos periodos de recuperación. Entre las alternativas terapéuticas modernas, la braquiterapia prostática se consolidó como un estándar de alta precisión. A través del implante guiado por imágenes de semillas radiactivas milimétricas en el tejido afectado, la técnica suministra dosis concentradas de radiación interna, neutralizando el foco maligno y blindando las estructuras anatómicas responsables de la continencia urinaria y la función sexual.

El oncólogo, Piero Bettoli, explicó a The Clinic que “la fuente radioactiva está en contacto con el tumor. Eso la diferencia del otro tipo de radioterapia, donde radiación está desde fuera, atraviesa el cuerpo y llega con los distintos tipos de tecnología tratando de alcanzar el tumor. Son dos estrategias distintas. La braquiterapia como herramienta terapéutica para tratamientos localizados es el gran pilar de herramientas que se ofrecen para los pacientes. Tienes la cirugía, la radioterapia externa y la braquiterapia”. 

El tratamiento con Braquiterapia

El oncólogo recalca que este tipo de tratamiento es mínimamente invasivo y requiere menos recuperación. “El paciente llega en la mañana, está en pabellón a las 08:00 y el procedimiento está habitualmente terminando, es con anestesia general habitualmente, a las 10:00. El paciente se recupera de la anestesia, orina y se va para la casa”, detalla. 

“Se trata el día viernes y el día lunes puede estar trabajando. Es una gran ventaja comparativa en razón a otras estrategias, elimina el problema de la radiación externa que habitualmente tiene que atravesar tejidos. Esa fase la evitas introduciendo la semilla a través de un proceso mecánico dentro de la próstata”, recalca. 

En ese sentido, puntualiza que la braquiterapia “se utiliza como una estrategia única para enfermedades que son más tempranas, enfermedades más localizadas. Dentro de ese grupo de pacientes, al menos los datos nuestros de 20 años de seguimiento, tienen cerca de un 95% de éxito. La tasa de fallas locales, es decir dentro de la propia próstata, es menos del 2%. También tiene esta cuota de calidad de vida, los pacientes manifiestan bajas complicaciones que afectan su calidad de vida”.  

El peligro de no hacer chequeos

El especialista también señala que “lamentablemente en Chile, alrededor de un 40% de los pacientes que consultan que lo hacen cuando ya está la enfermedad avanzada, cuando ya manifiestan síntomas. En el país existe esta creencia que mientras yo no sienta eventualmente no debería estar pasando nada. Pero es al contrario, cuando manifiestas síntomas ya es tarde”.

Con respecto al tratamiento, asevera que “está incorporado dentro del GES entre comillas. Hay ciertos bemoles porque no solamente el hecho que esté significa que llega a todos los pacientes”. El médico cirujano y especialista en urología, Felipe Balbontín, recuerda que “empecé hace un poco más de 20 años, cuando esto estaba metido en un boom. Hace un tiempo pasó que mucha gente se lo hacía y realizamos las primeras braquiterapias en la Clínica Alemana”.

“Hace varios años, en el primer gobierno de la Presidenta Bachelet, logramos hacer un proyecto de ley para incluirlo en Fonasa y que tenga código, que con eso se solucionan todos los problemas. Pero como esto fue parado por los mismos urólogos, quienes viendo mezquinamente que viene un tratamiento que nos compite en la cirugía que hacemos. Entonces, la Sociedad Chilena de Urología señaló a la ministra de Salud de ese tiempo que no era recomendable porque era muy caro y porque había poca experiencia. Es sentirse el Quijote y los molinos vienen de todas partes”, rememora. 

Balbontín afirma que “como tratamiento único, la braquiterapia habitualmente está confinado a enfermedades muy localizadas y la data internacional apunta que se va movilizando y, efectivamente, es muy buena para etapas incluso intermedias más avanzadas. Los datos internacionales son muy potentes. Dentro de las publicaciones que hicimos afuera, es que validan esta recomendación de las sociedades internacionales de ir un poquito más allá como tratamiento único”. 

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