“Señor Director, en estos últimos días los medios de comunicación se han afanado en bombardear, a una absorta y entretenida audiencia, con datos e información sobre los pormenores y oscuro trasfondo del asesinato de Felipe Schmidt-Hebbel, en el cual se ha develado, con aparente absolutismo, la implicancia de María del Pilar Pérez López, tía de su novia, quien habría pagado al sicario José Ruz para asesinar a su cuñado.

Al respecto, llama la atención que este frenesí informativo haya afectado transversalmente a la gran mayoría de los medios de comunicación nacionales, sin discriminar por tradición, historial, orientación ni reputación de los mismos. Así, hemos sido testigos de una elaborada campaña de incriminación pública de la Sra. Pérez, en la cual tristemente no se han guardado las formas ni el fondo que uno esperaría: como “La Quintrala” la han identificado insignes medios de formatos escrito y televisivo que se ufanan de no crear estereotipos; y el tiempo condicional ha sido pasajeramente olvidado para ser reemplazado por el pretérito perfecto.

De esta manera, hemos podido formarnos ya una opinión manifiestamente ecuánime y argumentada respecto de la culpabilidad de la Sra. Pérez como autora intelectual de este caso. Adelantándonos así al lento proceso judicial, que sin duda no vendría más que a confirmar, en algunos meses más, lo que ya todos intuíamos gracias a la trascendencia de la comunicación objetiva.

Pero esto no termina ahí: producto de la esmerada labor de nuestros infalibles medios de comunicación hemos podido no solo conocer el rostro y vivienda de la acusada, sino que además enterarnos de la sórdida trama de su vida, en la que al mejor estilo maquiavélico ha sabido anotar un par de decesos más en su hasta ahora desconocido prontuario – ex marido y pareja- y un par de intentos frustrados adicionales – nuera y una antigua ex pareja, hoy refugiado en Canadá.

Sin embargo, haciendo un esfuerzo por soslayar este raudal de sugestivos datos de culpabilidad, me surgen una serie de reflexiones que me gustaría compartir: los medios de comunicación masivos, al ser formadores de opinión y generadores de consciencia, ¿no debiesen procurar presentar la información con total imparcialidad y sin sesgos? ¿no debiesen al menos sus editores tener la altura moral para saber discriminar entre una portada vendedora pero tendenciosa y una presentación imparcial de hechos? ¿con qué garantías cuenta la inculpada que será objeto de un juicio justo?¿es plausible pensar que la jueza que dictamine su culpabilidad o inocencia, en base exclusiva a las pruebas presentadas en el tribunal, podrá tomar una decisión objetiva y ajena de presiones? ¿podría asimismo fallar una sentencia justa?

Me parece que más allá de lo razonable que pueda parecer la potencial culpabilidad de la acusada, lo que en realidad debiese entrañarnos es la manera en que nuestra sociedad está manejando los límites de lo ético en los medios de comunicación, sobre la verdadera consecución de su objetivo primordial de informar, y de como la labor de estos afecta los derechos individuales más básicos, como la presunción de inocencia y el resguardo de la identidad.

Solo a modo de ejercicio intelectual, como una trivia, anagrama o puzzle, cuestiónese usted mismo, sólo por un momento: ¿y qué sucedería ahora si finalmente la Sra. Pérez fuera inocente? ¿podría retomar su vida?

José Miguel Besnier”