Apenas superaba los veinte años el policía colombiano John Pinchao cuando, el 2 de noviembre de 1998, la comisaría en la que trababaja fue asaltada por guerrilleros de las FARC, quienes, tras haber matado a varios policías, procedieron a tomar secuestrados a los sobrevivientes. Pasaron casi nueve años hasta que Pinchao aprovechó una chance y se convirtió en el primer y único fugado de las FARC. Aquí, da detalles de su captura, de su fuga, de su relación con Ingrid Betancourt y de sus aspiraciones a futuro. También cuenta cómo “gracias” al secuestro conoció la literatura al punto que, tras su escape, escribió ”Mi fuga hacia la libertad”, un testimonio que se ha convertido en un best seller.

por J.P.A. – Foto: Jonathan Espíndola

Eres policía y fuiste secuestrado casi nueve años por las FARC. Estás en Chile promocionando tu libro “Mi fuga hacia la libertad”. ¿Pensas alguna vez que escribirías un libro?
-No, pues. Siempre escuchaba que en la vida uno tenía que sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro, pero como es un decir, en realidad nunca llegué a pensar que lo iba a hacer.

¿Cómo era tu relación con la literatura, eras buen lector?
-Mi relación con la literatura era lejana antes del secuestro. Ya estando secuestrado tuve un acercamiento con ella, la oportunidad de leerme la Biblia en su totalidad y más de cien libros.

REHÉN LEYENDO

¿Cómo cuáles?
-Muchos clásicos; recuerdo “Crimen y castigo”, “La madre”, muchos libros de García Márquez, de Paulo Coelho, de un autor colombiano que se llama Germán Castro Caycedo. También leímos “El siglo de las luces” de Alejandro Carpentier, incluso leí autores chilenos, como Isabel Allende.

¿Y los libros se los daba la guerrilla?
-Así es, la guerrilla nos proporcionaba los libros y en algunas pocas ocasiones tuvimos la posibilidad de escoger los títulos que a nosotros nos interesaban. Recuerdo que escogí “La novia oscura”, otro compañero escogió “El código Da Vinci” y otro escogió “Vivir para contarla” de Gabo, y así un sinnúmero de títulos que tuve la oportunidad para leer.

¿Qué produjo en ti pasar de leer muy poco a no tener más que hacer que leer?
-Allí en el secuestro a raíz de la disponibilidad de la totalidad del tiempo, se hacían distintas actividades. Algnos se dedicaban pues a cultivar las obras manuales, haciendo esculturas o pequeñas artesanías, otros se dedicaban a hacer confecciones, otros a hacer ejercicios, otros a no hacer nada y otros nos dedicamos a la lectura y el dibujo. Yo me desenvolvía muy bien en ese campo, hacía muchas caricaturas, retratos y paisajes.

Y siendo la propia guerrilla la que les daba los libros y materiales para la distracción, ¿no se producía una relación más de amistad con sus captores?
-No, en absoluto. Nosotros teníamos claro que ellos eran nuestros secuestradores. Por mi profesión, tuve muchos enfrentamientos con ellos a través de combates. No era primera vez que teníamos contacto con ellos. En otras ocasiones habíamos tenido enfrentamientos con heridos y muertos. Y cuando nos tomaron rehenes, mataron a 16 compañeros policías y un sinnúmero de civiles. Eso le deja en claro a uno que ellos son nuestros enemigos y en ningún momento se le pasa por la mente a uno ser amigos de ellos.

¿Ni siquiera como estrategia para liberarse establecían buenos vínculos con los secuestradores?
-Como estrategia sí, pero no como un sentimiento de amistad de corazón. Es una relación de amistad ficticia, falsa, pues es para que ellos nos proporcionaran elementos para emprender la huída.

CADENAS Y RADIOS

¿Cómo se hace para resistir mentalmente casi nueve años secuestrado?
-Gracias al acompañamiento tal vez indirecto de nuestras familias.

¿Cómo?
-O sea, directo de corazón pero indirecto físicamente. Lo hacían a través de cartas en un principio, cartas que nosotros respondíamos, pero eso terminó a los pocos años de secuestro y a partir de ahí nos contactábamos a traves de los mensajes radiales. Era una comunicación de una sola vía, en la cual pues nosotros escuchábamos los mensajes que nuestros familiares nos emitían a través de la radio.

¿Eso la guerrilla lo permitía?
-Lo permitía y nos proporcionaban los radios y las baterías de los radios. Entonces esa inyección diaria de energía, de amor, era lo que nos iba fortaleciendo y nos permitía soportar ese calvario.

En tu libro cuentas que estuviste encadenado con un hombre con el que casi no hablabas.
-Fueron varias etapas. Inicialmente estuve encadenado con un sargento con el que no nos llevábamos muy bien.

¿Cuánto tiempo estuviste encadenado con él?
-Por fortuna fue muy corto, alrededor de una semana, pero generalmente estuve con un gran amigo mío, que es como mi hermano. Una persona muy espiritual, bondadosa, un hombre a carta cabal.

¿Estaban todo el día y toda la noche encadenados el uno al otro?
-Las 24 horas encadenado del cuello del uno hacia el cuello del otro. Ya en otra etapa del secuestro, por razones estratégicas de la guerrilla, somos divididos en pequeños grupos y allí voluntariamente accedo a que nos encadenemos con otro compañero que es un capitán del Ejército Nacional de Colombia.

El que a todo lo que le decías te contestaba con un “mmm”.
-Exacto, con él.

¿Y con él, cuánto tiempo estuviste encadenado?
-Cerca de tres años.

¿Cómo fueron las relaciones humanas entre los secuestrados?
-Esto es una comunidad y como tal es como una sociedad pequeña, y en una sociedad suceden múltiples cosas a pesar de que se intentaba mantener el equilibrio, pues igualmente se generaban diferencias y amistades muy fuertes.

También hablas de que te hiciste muy amigo de Ingrid Betancourt, dices que ella te apoyó mucho, te dio mucha seguridad. ¿Ella te entusiasmó a que te fugaras?
-Así es, ella fue el motor de esta fuga, debido a que ella a través de su ejemplo me motivaba a emprender una actividad igual. Ella se intentó fugar cuatro veces junto con Clara Rojas y una quinta vez con Luis Eladio Pérez. Entonces, al observarla a ella, que no tenía ninguna instrucción militar, que sus orígenes eran de la clase alta, uno decía: ¡caramba! ¡cómo es posible que una mujer así sea tan valiente y nosotros que tenemos cierta instrucción militar no seamos capaces de por lo menos imitarla! Entonces esto fue como un corrientazo, como un baldado de agua fría diciéndome “¡no pues, usted tiene que hacer algo!”. Y así lo hice.

LA FUGA, CULEBRAS , TIGRES

¿Tenías mucho miedo cuando decidiste que te fugarías?
-No, fíjese que en el momento en que uno decide escaparse tiene que abandonar el temor, porque si conserva el temor no se escapa.

¿Tenías la convicción de que te iba a resultar?
-Sí.

Y ya en medio de tu fuga, que duró 17 días, ¿perdiste la esperanza de que te encontraran y te quedaras dando vueltas por la selva?
-Eso de dar vueltas por la selva es un mito porque fíjese que el sol siempre sale por el oriente y se oculta por el occidente, y si uno hace uso del sol para orientarse es imposible que se pierda.

Y además te ayudaste de los ríos.
-Exacto, y también los ríos son una vía muy importante para poder salir de allí. A diario permanecía en el río. Lo que hice fue prácticamente una combinación entre caminar y nadar.

¿Y te alimentabas de lo que la selva te daba?
-Exacto, pero además llevaba una harina a base de yuca que sirve para el consumo.

¿Y mientras huías no te encontraste con animales salvajes?
-Sí, claro, hay tigres, culebras gigantes, hay… unos animales ellos los llaman perros jaguar, son como perros salvajes acuáticos. Yo tuve suerte, en una ocasión tuve un tigre cerca y unos perros jaguar que estaban en la orilla y me ladraban, yo por fortuna estaba nadando.

VOLVER A COLOMBIA

¿Cómo te ves hacia adelante? ¿Qué te gustaría hacer, seguir escribiendo libros?
-Por el momento me estoy preparando, a pesar de que continúo como miembro activo de la fuerza pública de la Policía Nacional de Colombia, pero estoy adelantando mi carrera en relaciones internacionales y estudios políticos, esto con el objeto de, en un futuro, proyectarme dentro del país desde otro ámbito.

¿Entonces te gustaría volver a Colombia?
-Sí, claro. Colombia es un país muy hermoso, es el que me ha dado todo y creo que uno debe ser consecuente con eso, debe haber cierta reciprocidad, entonces así como el país le ha dado a uno, uno debe estar en disposición de entregarse al país.

Y después de todo lo que te pasó, ¿no quedas con una sensación muy grande de inseguridad permanente?
-Yo creo que hay que arriesgarse. Los colombianos no nos podemos convertir en una población de desplazados. Colombia es nuestro país y tenemos que regresar y trabajar por él.

¿Cómo se recuperan esos nueve años de tu vida?
-Ha sido una carrera contra el tiempo. Son casi nueve años en los cuales se ha atrasado uno cultural, tecnológica, educativa y profesionalmente, entonces se sale a ganar la carrera al tiempo. Es como intentar aprender en el menor tiempo posible todo lo que ha dejado de aprender.

¿Qué es lo que más te sorprendió a tu regreso a la vida normal?
-La masificación de la tecnología, el uso de internet, la masificación de los celulares, eso es como lo más sorprendente. Encontrar niños, pues cada uno con su celular cuando esto era un lujo. Todo el mundo con su portátil. Y la infraestructura de las ciudades, nueve años es un cuarto de vida y es lógico pues que haya muchos desarrollos.

¿Cuál es el sentimiento que experimentas hoy hacia tus captores?
-Mire, tuve la oportunidad de leer un libro acerca del perdón. Decía que cuando uno odiaba el único que se hacía daño era uno mismo, entonces tenía uno que entregarle ese dolor a Dios y que Dios se encargaría de hacer justicia. Entonces, uno tenía que perdonar y la justicia divina, pues, recaería sobre las personas que le hicieron daño a uno. Es una forma muy práctica de vivir ya que si vivo sin el perdón, la única persona que saldrá afectada seré yo.

A propósito de dios, ¿fuiste siempre un hombre de fe o ésta apareció producto de las circunstancias?
-No, fíjese que en un principio del secuestro tenía fe pero llega un momento en que son liberados un grupo de compañeros y ahí como que pierdo la fe y digo ¿pero para qué tanto rezar? ¿Para qué tanto orar y pedirle a Dios? Eso fue más o menos en julio de 2001. Y se fueron los que ni siquiera rezaban, se fueron los ateos y ahí hago como un corte con la fe y la recupero prácticamente en el momento de la fuga, cuando digo ¡tiene que haber un Dios supremo y me abandono a las manos de Él!

¿Tú fuiste el principal responsable del rescate de Ingrid Betancourt?
-Yo creo que hay una herramienta muy importante para el rescate de Ingrid y es el libro que yo escribí “Mi fuga hacia la libertad”. A través de ese libro se dan las herramientas necesarias como para hacer un análisis de la situación que se estaba viviendo en el cautiverio. Las autoridades toman este libro además de muchos otros elementos.

¿Cuál es tu opinión del presidente Uribe?
-Es un hombre muy comprometido con el país, con una capacidad de trabajo ejemplar. Él le ha dado un vuelco a la realidad nacional, le ha devuelto la seguridad al país y esto le ha hecho muy bien a Colombia.

Al final del libro le pides a dios por la unión de los colombianos, ¿crees que todo el problema con la guerrilla se puede solucionar?
-Ya ha llegado la hora de darle fin a esta guerra fratricida que solo conduce a la destrucción y la pobreza. He tenido la oportunidad de conocer nuevos países, en este caso Chile y uno encuentra un país en unas condiciones mucho mejores que el nuestro y se da cuenta que esto se debe a la unidad nacional. Creo que ha llegado el momento de la reconciliación, ha llegado un momento de paz y que ganemos todos. Solo es posible mejorar las condiciones de vida de los colombianos mientras se brinde seguridad y tranquilidad a los que viven en el país y a aquellos que quieran llegar al país. Y para hacer esto es necesario un proceso de paz.

CHILE, PAÍS SEGURO

¿Qué te ha gustado de Chile?
-Me ha gustado la organización y la paz que se respira aquí, lo siento como un país seguro y así está catalogado internacionalmente.

Tu libro ha sido un éxito de ventas, en Colombia van por la décima edición y acá en Chile por la tercera; ¿qué crees que motiva a la gente a comprarlo?
-Creo que la gente tenía muchas dudas acerca de lo que realmente se vivía adentro del secuestro. Se especulaba mucho, en ocasiones se llegó a decir que nosotros estábamos recogiendo hojas de coca, ¡falso! ¡totalmente falso!, Se dijo alguna vez que Ingrid se había convertido en ideóloga de la guerrilla, ¡totalmente falso!, que la tenían como una reina… Una cantidad de mitos debido a la falta de información. Había que dar a conocer que este es un grupo terrorista y que al contrario de la filosofía que dicen tener, lo que hacen es cometer actos en contra de sus supuestos principios. Es un grupo
que lo que hace es destruir.

¿Qué te gustaría que pasara con el libro, independiente de que ya esté convertido en superventas?
-El libro es como un grito de libertad para que el mundo no deje caer en el olvido a aquellos que aun permanecen secuestrados. Para que todos unan sus voces para pedir su libertad.

Hace un par de semanas discovery channel emitió un documental al respecto de los 17 días que duró tu fuga, ¿lo viste?
-Sí, claro que lo vi.

¿Qué te pasó cuando lo viste?
-Sentí satisfacción de que las personas que no han tenido acceso al libro tuviesen la oportunidad de conocer a través de este documental parte de la realidad de lo que se vivió en el secuestro. Pero el libro es mucho más completo y trae muchos más detalles.

¿En qué cambiaste después de los casi nueves años de secuestro?
-Mi visión sobre el mundo es totalmente diferente,antes tal vez la tenía un poco más reducida, hoy es más amplia, lo que pude adquirir y compartir con mis compañeros en el secuestro me enriqueció mucho, también lo que pude leer y lo refuerzo hoy día con todas las posibilidades que tengo, conocer gente nueva, visitar países nuevos de conocer culturas nuevas, es como un enriquecimiento día a día entonces eso fue lo que me sirvió, el poder tener una visión diferente de lo que es el mundo.

“MI FUGA HACIA LA LIBERTAD”
John Pinchao
Editorial planeta, 2008
precio de referencia: $7.500.