POR P. F. Y CATALINA MAY • FOTO: ALEJANDRO OLIVARES

Creador de la revista Paula, fotógrafo de moda y de los Cuerpos Pintados, Roberto Edwards Eastman habló con The Clinic a propósito de su participación en la producción de un libro-homenaje a los 50 años del Hotel Valdivia. De moteles, de por qué las mujeres le parecen más choras que los hombres, de sus relaciones familiares, del Chile post Pinochet y de su personal sueño bolivariano para América Latina, habla aquí el hermano del director de El Mercurio.

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¿Qué sabes del Hotel Valdivia?
-Como todos los chilenos, he oído hablar mucho del Hotel Valdivia pero no he ido nunca (risas). Todos hemos ido, pero tú le preguntas a cualquier persona y te dice: “No, cómo se te ocurre, jamás he ido”. A mí me encanta, lo encuentro precioso. Algún día va a ser un museo, porque es único en el mundo, es mucho más que un negocio.

¿Por qué se te ocurrió entrar en este proyecto con el Hotel Valdivia?

-Porque me llaman la atención todas las cosas que encuentro especiales o distintas. Estoy aburrido de la cosa obvia.

¿Recuerdas la impresión que te causó la primera vez que fuiste?
-Sí, fantástico, lo encontré sensacional. Fue hace tiempo y ha ido cambiando. Mella (Abelardo, dueño del Hotel Valdivia) es el que lo hizo y sus hijos lo administran. Yo una vez escuché este comentario: “oye, papá, hasta cuando sigues decorando esa pieza, ganemos plata algún día en esta huevada”. Llevaba diez años decorándola, entonces como negocio es como las peras. Es que el negocio verdadero de él es el arte chino, y viaja por el mundo entero encontrando cosas, y las mejores las reserva para el Hotel Valdivia.

En Chile los moteles, como los café con piernas, tienen un éxito particular.
-Puede ser porque somos re chuecos en este país, jajaja. A mí me carga la hipocresía, las cosas son como son y yo lo miro como que esto es un Disneyworld para adultos. No le veo la parte morbosa ni sórdida.

Pero acá los moteles están llenos a la hora de almuerzo y se supone que somos un país cartucho, ¿crees que Chile es conservador?
-No conservador, hipócrita. Se hacen las mismas cosas que en todos lados, pero hay doble estándar. Hay una cara pública y otra íntima. Yo creo que por inseguridad y susto. No vayan a creer, no vayan a pensar. Vivimos demasiado pendientes de la opinión del otro, y demasiado poco diciendo: “Si les gusta bueno y si no, que se jodan”, que es lo que debería decirse para vivir una vida un poquito más plena.

MUJERES

Hiciste la revista Paula en 1967, que en su momento representó los ideales de las mujeres que querían más libertades. ¿Qué produjo eso?
-Un poquito de escándalo. Yo empecé la Paula porque estaba en el negocio de imprentas. Las revistas en ese momento eran todas en blanco y negro y yo quería que fueran en colores. Como nadie las hacía, yo hice un estudio para ver cuáles eran las revistas que vendían más avisos, y eran las femeninas. Me costó harto elegir a la directora. Un amigo me propuso a la Delia (Vergara), que había estudiado periodismo. Y yo me acordé de lo siguiente…

A ver…
-Muy joven yo pololié con la Delia y ella un día me invitó a un almuerzo en su casa en Algarrobo. Era una de esas mesas largas, donde está el dueño de casa en la cabecera, la señora al lado, el cura de Algarrobo al otro lado y nosotros al final. Y el cura se largó a dar una prédica sobre el matrimonio. Y la Delia le dice: “¿Oiga, usted ha sido casado alguna vez, que habla con tanta propiedad del matrimonio?”.

¿Y?
-Y a la pieza sin postre inmediatamente, castigada. Entonces pensé que ése era el carácter que yo quería, alguien que se atreviera a hacer la pregunta que todos piensan pero nadie se atreve a hacer. No se trata de insolencia. Entre nosotros, una cosa que no me gusta del Clinic a veces es que encuentro que es muy agresivo. Me gusta el humor, pero la agresividad creo que basta.

¿Te interesaban las mujeres?
-No, podría haber sido una revista de puzzles. Pero en mi vida me tocó mucho trabajar con mujeres y aprendí que la mujer es mucho más chora que el hombre. Toda mi vida he preferido trabajar con ellas. Y también tengo más amigas mujeres que amigos hombres.

¿Qué te gusta de las mujeres?
-Las encuentro más leales, más comprometidas, trabajadoras y apasionadas. Por ejemplo, yo partí haciendo un libro sobre gente chora, que es lo que me apasiona. Pero después de unos seis meses lo cambié por mujeres choras, porque no encontré hombres choros, jajaja.

¿Te parece que hoy las mujeres deben luchar por el derecho a la píldora del días después y del aborto?
-No me siento calificado para poder opinar sobre cosas tan complicadas.

En algún minuto decidiste venderle la revista Paula a Copesa. ¿Por qué?
-Es que yo ya estaba fuera, cambiando de rumbo. Vendí la editorial, porque vi que a largo plazo se iba a la mierda, porque las revistas estaban vendiendo mucho menos. Veinte años atrás vendíamos 150 ó 200 mil ejemplares semanales.

¿Te parece que la revista Paula sigue defendiendo los mismos valores de siempre?

-Yo estoy alejado, vendí la revista y me gusta estar o no estar. La leo rara vez, pero sigue bien. Mi hija Alexandra sigue ahí. Pero yo creo que el objeto de la revista no es defender valores, es pintar retratos del diario vivir, mirar, observar y difundir. Y como no controla para dónde va la sociedad, tiene que ir variando en el tiempo, irse acomodando.

EL MERCURIO Y AGUSTÍN

Cuando salió la Paula, que representaba las causas liberales y feministas, ¿te causó problemas, siendo tú hermano del dueño de El Mercurio?
-Sí, pero yo nunca tuve nada que ver con El Mercurio. Yo tenía fama de ser medio loco, pero me da lo mismo. Me gusta vivir mi vida y que los demás piensen lo que les da la gana. Yo creía que la revista estaba yendo por un buen camino y resultó ser, además, exitosa.

¿Cómo están tus relaciones con Agustín?

-No existen mucho, no tengo mucha relación con él, desgraciadamente. Me da pena. Tomamos caminos totalmente distintos en la vida. Yo lo respeto a él, pero nos hemos alejado mucho. Me da mucha pena, porque es mi hermano.

El Mercurio no es tu mundo…
-No me tocó, nunca estuve metido, sólo al principio y por cinco minutos. Yo no tenía nada que ver, no tenía arte ni parte en el cuento.

¿Viste el documental “El diario de Agustín”?
-No lo he visto, ni supe.

Agustín heredó El Mercurio, ¿qué te gustaría heredar a ti?
-Yo me siento mucho más contento con lo que heredé, que es una vida maravillosa, lo he pasado muy bien, no me quejo de nada.

¿Cuántos hermanos eran ustedes?
-Cuatro, dos mujeres y dos hombres. Mi hermana Marisol tenía dos años de diferencia conmigo y yo creo que mi amor por las mujeres viene de ahí, porque nunca he querido a nadie como a ella. Por eso le puse Marisol a mi hija mayor. Se murió a los 22 años, cuando dio a luz a su hijo. Eso me marcó mucho. Altiro me quería casar con alguna mujer, pero nadie le llegaba ni a los talones. Empecé a salir con todas las amigas de ella.

¿Qué ha significado para ti la plata?
-Es muy útil y necesaria, pero al mismo tiempo ojalá que se aproveche bien, no es por acumular.

CHINA

¿Te interesa la política?
-Me carga porque encuentro que es una guerra de tirarle mierda al otro. Yo voy mucho a la China y fui justo cuando se abrió el turismo la primera vez. No había cafés, restoranes, cines, nada, ningún tipo de entretención. Toda la gente vivía hacinada una encima de la otra, compartían la cocina, los baños, todos. Y yo pregunté qué hacían en el tiempo libre. Y me dijeron: “Vamos al parque, miramos los árboles, jugamos con los niños, conversamos entre los amigos”. Y yo, plop, me fui para adentro.

Es que hasta en la peor de las dictaduras la gente se acomoda para sobrevivir.
-¡Pero es mucho más lindo lo que hacen ellos que lo que hacemos nosotros!

Pero no por eso les vas a dar una vida de mierda…
-Mira, hace poco vi en la BBC de Londres una entrevista de un chino y un americano. El americano le dijo al chino: “Súper interesante lo que han hecho ustedes, pero qué han hecho por los derechos humanos?”. Y el chino le dijo: “Hemos sacado de la extrema pobreza a mil cuatrocientos millones de chinos”. ¡Punto! Entonces todo lo demás se justifica. Yo he recorrido todo China y vas a un taller que uno ve como un infierno, ganan una miseria, trabajan 14 horas diarias, no conversan entre ellos. Pero lo más lindo es que están contentos, porque tienen casa, comida, ropa limpia, salud. Y saben que hay que trabajar y encuentran lindo trabajar. Entonces tú dices, bueno, de repente, lo más importante es que haya orden, después vendrá un poquito más de libertad.

¿En Chile falta un poco más de orden y menos libertades?
-Soy demasiado ignorante para opinar de eso. Y a medida que uno va siendo más viejo, cada vez tiene menos certezas.

¿Fuiste pinochetista?
No, porque estuve en la Escuela Militar y Pinochet era capitán. Por eso que no soy muy hincha de Pinochet.

¿Por qué te mandaron a la Escuela Militar?
-Yo fui por mi cuenta, para arrancarme de la casa. Pero una vez adentro me quería salir y me dijeron que no. Así que me tuve que quedar los tres años, y estoy súper agradecido. Lo que aprendí ahí no lo habría aprendido jamás en ninguna parte. Es una mezcla muy grande de gente, aprendes humildad. Si el comandante te dice que te comas una mierda, te la comes y después reclamas. Yo tenía que aprender un poco de eso.

¿Y cuando saliste de ahí qué vino?
-Me metí a la universidad, empecé a estudiar arquitectura, después economía, pero la odié y arranqué inmediatamente, y empecé a trabajar.

JULITO ASTABURUAGA

¿Te consideras imprentero y fotógrafo?
-No, yo he sido imprentero. Soy fotógrafo como quien juega golf, tenis o fútbol. Yo hice foto desde chico, me entretenía, era un hobbie. Incluso en la época de Paula, las fotos las hacía los fines de semana, nunca lo mezclé con el trabajo.

¿El arte te interesa?
-Me encanta, por la misma razón que me gustan las mujeres, tú no sabes bien por qué, jajaja. Creo que el arte sirve para apreciar muchas cosas. Para mí, el arte es todo y no tiene barreras.

¿Te interesa algo de lo que se está haciendo acá?
-Mucho, ponte tú el teatro de La Troppa lo encuentro súper original y bueno. Me gusta cuando el arte supera lo que se está haciendo en otras partes del mundo, cuando no está copiando.

¿Te sientes artista?
-No, yo me siento un artista fracasado. A mí me gustaba la pintura, pero tengo las manos torpes. Me gusta la música y tuve muchos años clases de piano, pero las manos no iban donde iba la cabeza. Ya que no puedo hacerlo yo, prefiero buscar a los que lo hacen bien.

El gran mundo de la moda, ¿cómo es?
-Tan interesante como todos. No hay que juzgar. Hay lugares que son auténticos y gente que se apasiona con esas cosas. A mí lo que más me gusta es la pasión humana.

Ya, pero cuéntanos un poco de ese mundo.
-Las minas son regias, eso sí. Pero a mí no me gusta juzgar. Uno de los problemas mayores que tenemos en Chile es que encasillamos antes de conocer y eso nos impide ver. Ponte tú, yo voy mucho a las inauguraciones de arte, porque soy amigo de los artistas. Y eso hace que salga en los diarios, entonces soy un Julito Astaburuaga. Pero me importa un rábano.

Un prejuicio que no debe ser fácil es ser un Edwards. ¿Qué ha significado para ti?
-Es que yo creo que cada persona lo lee de manera distinta, pero cada uno es un individuo sea donde sea que esté. Prefiero no perder tiempo en esas cosas.

¿Y tú como individuo qué quisieras decir?
-Es que a mí me gusta más ver que decir. No soy nadie para andar opinando de nada. Me gusta observar y gozar cada minuto. A mí por razones médicas me hacen caminar todos los días, y me pongo los anteojos oscuros y gozo observando. Espío las cosas más increíbles. Te voy a mostrar un ejemplo (saca dos retratos que compró en la calle). Esto es papel rasca y tiza, pero está a la altura de cualquier hiper realista. Lo vendía un cabro de 25 años que nunca ha estudiado y a los diez minutos de hablar conmigo lo echaron los pacos. Acuérdense: a este gallo yo lo voy a hacer famoso. Ya fui a una galería, les vendí la idea y vamos a hacer una gran exposición. Él todavía no lo sabe.

¿Tú sientes que te has atrevido en la vida?
-Sí, he sido un poquito loquito. Por ejemplo, siendo bien joven venía de un viaje a Europa en barco y me bajé en las Islas Canarias. Cuando llegué de vuelta el barco había partido, con las maletas y todo. Me quedaba re poca plata en el bolsillo y tenía dos alternativas: mandar un telegrama a la casa pidiendo ayuda o correr la aventura y ver qué pasaba.

¿Y qué pasó?
-Fue fantástico. Yo me había bajado con una mujer, que se me acercó en el momento de bajarnos y me pidió ir conmigo porque le daba susto ir sola. Y hasta el próximo barco tuvimos que pasar un mes con cero peso. Lo pasamos bomba.

UN BOLÍVAR PARA AMÉRICA

Después de Pinochet, ¿Chile ha cambiado para bien o para mal?
-Yo creo que viene bien, pero siempre es una incógnita. Ojalá que tengamos gente para delante que saque buen partido de las posibilidades. Me gustaría ver una América más unida, pero no vía Chávez, ése no es el camino. Tampoco Bush. Me gustaría ver una especie de Bolívar de verdad. Ponte tú, Chile, con todo el mar que tiene, cederle un poco a Bolivia me parece lo más lógico que hay. A cambio de nada, de buena voluntad. Y los otros de buena voluntad van a hacer otra cosa, y que empiece la cadena y nos empecemos a entender. Encuentro el colmo que tengamos una situación tan distante y tan llena de prejuicio con los bolivianos y los peruanos.

¿Por quién vas a votar?
-Voy a votar contra los tres. No me gusta ninguno. Son todos tira mierda. No hay ninguno que diga qué va a hacer y que uno le crea. No hay ninguno apasionado con lo que está haciendo.

¿Pero hasta acá te parece que la Concertación ha hecho bien la pega?

-Difícil pregunta. Encuentro que en cierta forma sí, por lo menos no han pasado cosas terribles, eso para mí es lo principal. Ha habido avances en muchas cosas, pero queda mucho por hacer.