THE CLINIC PRESS
El conocido rostro de la beata católica Laura Vicuña (1891-1904), venerado por miles de devotas, monjas y escolares, resultó ser más falso que especulador con vocación de servicio público. Ahora, luego de una extraña investigación secreta realizada por Carabineros -a pedido de las monjas Salesianas de Argentina-, se viene a descubrir que esa lolita ajustada a los cánones de belleza europea (de sonrientes labios humedecidos, mejillas acaloradas, ojos claros y cabello castaño, digno de publicidad de shampú), en realidad era una niña de aspecto amerindio; linda, pero de mirada terca y expresión de no tener demasiados amigos.

El contraste entre idealización y realidad ha dejado estupefactos a los creyentes. Pero todo podría tratarse de una sobrerreacción, pues hay que reconocer que las narices de ambas imágenes son casi idénticas.

Laura Vicuña es beata y patrona de las víctimas de abusos e incesto. Se encuentra en proceso de canonización, principalmente por rezar todos los días para que su madre viuda dejara de tener relaciones íntimas con un tal Manuel Mora, en casa del que madre e hija vivían. Algo que la pequeña consideraba un pecado. Mora, hombre violento y con costumbres muy de su época, -ante la oposición de la niña- le tomó odio y le propinó palizas en un par de oportunidades. Poco antes de morir producto de una enfermedad, Vicuña le dijo a su madre: “Muero, yo misma se lo pedí a Jesús, hace dos años que ofrecí mi vida por ti, para pedir la gracia de tu conversión, Mamá, antes de morir ¿tendré la dicha de verte arrepentida?”. Es de suponer que tales palabras dejaron a la madre con un sentimiento de culpa que, en nuestros días, habría requerido al menos de un par de años de atención especializada.

Todo eso, si es que la historia no tiene el mismo origen del rostro conocido hasta ahora, uno deformado por la imaginación (y quizá el inconsciente racismo), de las monjas salesianas, a quienes todos parecen considerar las culpables del bochorno de estos días.

“Esto no lo merecía la beata. No pienso que fue con intención. Supongo que no hubo gran reflexión frente al tema. Creo que existió un error al no prestarle la debida atención al padre Ciro Brugna, él tenía las cosas muy claras. Acá hay un error de información de parte de las salesianas”, declaró a El Mercurio el sacerdote y biógrafo de Laura Vicuña, Pedro de la Noi, en un lenguaje sacerdotal, que no por indirecto deja dudas: señala con el dedo acusador a las monjas y reivindica a un colega cura, que fue el primer promotor de la niña que murió reprochando a su madre.