Fotos: Alejandro Olivares

“Es fome y cliché”, dice, lapidario, Rodrigo Maturana sobre la novela de Enrique Lafourcade “Palomita Blanca”, llevada al cine por su gran amigo Raúl Ruiz y donde él mismo -Maturana- protagoniza una de las escenas más recordadas del cine chileno: encarna a un profesor de música que le habla a las niñitas sobre su preocupación por las lagunas que tienen como estudiantes por culpa de las profesoras, “una viejas chifladas que las llevan a exposiciones de otras viejas chifladas que dibujan mamarrachos”. Es una escena chistosísima, que surgió de la cabeza de Maturana, quien hoy dice que esa escena fue visionaria, como todas las que ha protagonizado en cine. “Es como una profecía de Nostradamus”. Y enumera: “En Colonia Penal hice de un dictador militar como Pinochet que se tomaba el poder, lo que sucedió años después; en Vías Paralelas de Cristián Sánchez, unos saqueadores me roban hasta el catre y años después el lumpen me roba todo en la vida real; en otra de Raulito digo frente a la cámara que en Chile habrá una monarquía gobernada por una reina virgen, como la Reina Victoria, y no me equivoqué: salió la Santita de los Andes, la Bolocco, la Bachelet”.

Pero las últimas no son vírgenes.
-No lo son, no todo es perfecto, pero sí son reinas.

En todo caso, Maturana es mucho más que esos roles. Además de improvisado actor, es guionista, productor y director de cine. Y también conocedor de las estrellas, mecánico celeste, traductor de chino mandarín y botánico experto en especies nativas. Su historia es digna de guión cinematográfico. Hace 40 años se recluyó en su casa para cuidar a unas tías enfermas. No participó más en películas, perdió contacto con sus amigos y se dedicó a cultivar bonsái que vendía a japoneses. Sus conocidos lo dieron por muerto. Y se formó un mito en torno a él. Se decía, incluso, que las gafas negras que usaba -y que sigue usando- eran regalo del mismísimo Marcello Mastroianni. Mitos más, mitos menos, Maturana estaba más vivo que nunca. Y seguía produciendo. Escribió libros de poesía que vendía “como mote” en el Tavelli de Providencia, puso una librería en el centro donde iba Pinochet y hasta vendió lápices pasta a los meseros de boliches porteños. Y grabó un sinnúmero de películas caseras. “Hice una película autobiográfica, filmé a los niñitos jugando, a las viejas que se juntaban en sillas de ruedas en la plaza”.

Hasta que decidió que era hora de salir a superficie. “Como se fue mi gran amigo Raúl, es hora que yo siga su legado”. Tan prendido está con su regreso que, a sus 76 años, sus planes son “filmar, filmar, filmar. Estudiar, estudiar, estudiar. Amar, amar, amar. Vivir, vivir, vivir”.

LO QUE EL LUMPEN SE LLEVÓ
Las películas de Maturana surgen en instantes: “Yo soy la improvisación misma, soy jazzístico para mis cosas”, dice. Sus trabajos los sitúa en lo que llama “Video Vida”, una consigna que se traduce en libertad de acción y creación, donde la única premisa es jugar estableciendo relaciones demenciales entre las cosas. “Lo mío se mueve en lo onírico. Soy un tipo que sueña muchísimo. Nunca he soñado nada surrealista ni con enanitos verdes. Son sueños muy reales los míos, donde nada es absurdo. Y así es mi cine. Los lugares y los objetos me sugieren cosas. Por ejemplo, ‘El sueño del ratón en la sopa’ surgió en el colegio donde hacía clases mi amigo Farfán. Y ese colegio me sugirió un ambiente de secta masónica o clínica siquiátrica.

En esa película, hay un guiño a Ruiz…
-Un homenaje. Él sale mirando a la cámara. Pero no es Ruiz, sino un doble. Yo estaba estudiando a los dobles, a los que quieren ser otros y busqué uno que se pareciera a él. Raúl siempre quiso entrevistarme, pero nunca lo dejé. Al final lo consiguió, pero haciéndome una entrevista falsa.

¿Cómo fue esa entrevista falsa?
-Anotó todo lo que hablamos una tarde y en Francia llamó a un fulano amigo suyo para que se aprendiera todo lo que yo dije y se hiciera pasar por mí. Lo grabó en la penumbra de su biblioteca y la llamó “Le retour d’un amant de biblioteque”. Como respuesta, lo metí en esa película mía con un doble.
De Maturana también es el filme “Mister Off en busca del cineasta perdido” (1986), que hoy se puede ver íntegramente en youtube, y que surgió de su rabia al enterarse de la censura que sufrió un amigo en un festival de video arte. Todos los actores que aparecen en ese filme eran amigos y desconocidos con los que se topó en la filmación.

¿Por qué no ocupaba actores profesionales?
-No me gustan los paquetes. Por ejemplo, Percy Matas, o Mercy Patas como lo llamo, me pidió que le hiciera el guión de “Cortázar, Capital Rayuela”. Y cometí el error de no ayudarlo más. Cuando la vi terminada, casi me morí de la impresión. Era espantosamente mala. Le metió cosas de su cosecha y usó actores podridos de malos como Julio Jung, que habla assíííí con la voozz impoostaaada. Y la Duvauchelle, que era igual. Es terrible verla, me gustaría hacer de nuevo esa película, rescatando algunas cosas kitsch que recuerden ese mal paso.

Sus películas, vistas hoy, resultan de absoluta vanguardia para su tiempo. ¿De dónde salía eso?
-En la literatura y poesía vi eso, pero en el audiovisual era bastante pobre el panorama.

¿Por qué?
-Aparte de Raúl Ruiz, no se me ocurre nadie más. Los demás hacían cine comercial. Y Chile no es para eso. Váyanse a Hollywood, a Egipto, a India o a China a hacer cine comercial. Si quieren transformarlo en negocio, mejor pongan una fábrica de bicicletas y les iría mejor que como cineastas. Ese señor Carozzi, cómo se llama…

Caoizzi
-Hace cine comercial. Me invitó para actuar en “Julio comienza en Julio”, un título bastante estúpido, para que hiciera de un profesor como el de la Palomita. Y le dije que no.

¿Por qué?
-No soy actor y ese fue un chiste que hice para mi amigo Raúl. Por respeto no lo iba a repetir. Y lo mandé a buena parte. Ahora en las nuevas generaciones hay gente más interesante como este chico Justiniano y este otro niño Pepe Maldonado. Ve Negocio Redondo, de Ricardo Carrasco Farfán, te gustará y después vas a quedar tentada de ir al mercado a comerte unas almejas.

Ok, le haré caso.
-Y no hay más. Los otros cineastas derivaron a la tv y hacen programas con el Che Copete, el Kike Morandé y la farándula. O sea, basura pura.

¿Y ha visto películas chilenas últimamente?
-Nada. He estado en otra, preocupado del lumpen que robó todo lo que pilló en mi casa. Pero con mis vecinos logramos extirpar el lumpen y grabamos todo.

Podría hacer una película.
-Que se llamaría “Lo que el lumpen se llevó”.

BELLABESTIA CON PUTÍSIMA
En la biblioteca del Maestro Maturana conviven libros como “Secretos de los templarios”, “Las misiones de los judíos”, “Amor y aventuras en la Edad Media”, “El libro de la ceremonia del té”, el libro egipcio de los muertos “Salida del alma hacia la luz del día” (“que le servirá a Raulito en su camino que empieza”) y “Ciudadano”, del poeta Armando Rubio, que murió en extrañas circunstancias (“yo creo que lo mataron, lo vi mal esa noche, venía del Rapanui y le dije que se fuera a dormir, pero no hizo caso”).

Como se ve, Maturana pasa de un tema a otro a toda velocidad. Pasa de contar cómo se hizo amigo de los galenos del Hospital El Salvador a cómo conquistaba a las mujeres en su juventud: “De los 20 a los 30 tenía un ritual: tomaba oncecita, me duchaba, me cambiaba de ropa, me ponía perfume y salía de caza mayor a la calle, a buscar muñecas de primera, a las verdaderas gacelas, pero después me aburrí y quise ser cazado”.

¿Y lo cazaron?
-Estoy casado con mi oficio. Pero a nadie le falta Dios.
Luego muta a otro tema: El Charles Bronson Chileno, el documental de Carlos Flores del Pino donde colaboró como guionista, productor y sanguchero. “Le hice hasta los panes con palta y jamón”, ironiza. Y continúa: “Llevé a todas las putas del centro. Mi idea era hacer realismo absoluto, porque la historia era de Fenelón Guajardo López, un matón de bar y tenía que ser lo más realista posible. Y salí a buscar a todos los cafiches, malandras y putas del centro de Santiago.

¿Y cómo los convenció?
-Es que me tienen buena. Tendré carisma, qué sé yo. Las gallas de los cafés me invitan a sus cumpleaños y me presentan a sus mamás, sus papás, a todos. Que quede claro: nunca me metí con putas, te lo digo con mucho pudor, pero nunca me acosté ni lo haré con ninguna.

Las prefiere virginianas.
-Como buen virgo que soy. A las putas les tengo mucho respeto y nunca las he discriminado. Pero de lejitos. No me encatro con ellas, porque sabiendo que están en eso, me da asco. Bueno, pero a la película llevé a maleantes y putas de verdad. Y me conseguí un local del tío de un travesti, que se había hecho amigo mío cuando filmamos Vías Paralelas de Sánchez: un colita buena onda, que me daba tecito, me trataba muy bien y nunca se pasó para la punta como otros maricones que les gusta andar mariconeando con todo el mundo. Pero su tío tenía este cabaré donde yo iba siempre…

¿A mirar solamente?
-¿A qué más, pues? Si soy cineasta y videasta, las imágenes me las devoro… Este cabaré tenía una particularidad: una orquesta de milicos que tocaba siempre los fines de semana. Y los milicos llegaban como si fueran cubanos con guayaberas. Eran todos chicos, guatones, pero tenían una sonora de miedo. Y conseguí todo eso para el Charles Bronson. Y ese tontón de Flores del Pino me decía “estos hueones van a dejar la cagada”. Pero daba lo mismo porque en el local siempre quedaba la cagada y los malandras hacían de las suyas, decía el dueño. Los bandidos hueveaban a Flores del Pino y le decían “oye, Fellini, te querís tomar un trago conmigo, nosotros te ponemos las muñecas”. Pero no pescaba.

Después el maestro Maturana se para y cambia nuevamente de tema:
-Estudiando chino descubrí que Pinochet era un general chino muy querido allá. La hija de Pinochet es recibida como una reina cuando va a China. Pinochet en chino se llamaba Ping o Cheng, que quiere decir “soldado represor abominable”. Cosas de la vida.

¿Puedo fumarme un cigarro?
-Claro. No fumo desde los ocho años.

Bien precoz para empezar y dejarlo a esa edad…
-De los cinco fumaba y a los ocho dije qué animal hace eso, lo boté y nunca más. Pero fuma, tranquila, no soy talibán para mis cosas. Tampoco soy de tomar vino, ni chicha, ni nada de eso.

Pero eso lo dice ahora, porque antes iba de bar en bar.
-Iba a todos. En ese sentido era ecuménico. Empezaba mi recorrido por El Parrón, después al Liguria, luego al Café del Patio, de ahí al Tavelli y terminaba en el Barrio Bellabestia con Putísima. Filmé en todos esos locales donde iba Jodoroswky y Giaconi q.e.p.d. La bohemia era muy intensa en los años 70, por algo ahora me acuesto a las 6 de la mañana todos los días. Mi biología se acondicionó a ese ritmo. Después de las 3 de la tarde, funciono nuevamente.

Tenía harta plata para llevar ese ritmo…
-No, no me cobraban nunca. Si te digo que era parte del mobiliario. Hasta el día de hoy me atienden bien.

LOS POETA RATONES
¿Qué pasará ahora con la muerte de su amigo Raúl? ¿Cómo será este Chile sin él?
-No pasará nada, porque los intelectuales en este país son contados con una mano y se han muerto casi todos. Cuando murió Lihn, todas las ratas se dejaron caer sobre mí, me querían como gurú y seguían para todos lados. Los espantaba diciéndoles “vade retro, vade retro”. No me interesa tener parásitos alrededor. Por último, les decía “tráiganme lolitas pero no lumpen malacatoso y poetas ratones”.

¿Cómo fue su relación con Lihn?
-Me peleé con él por Rodrigo Lira, que andaba en sus huestes, pero nunca como parásito. Lira tuvo unos encontrones con Lihn, que influyeron en su suicidio porque todos le hicieron el vacío en un momento. Le decía a Lira “no le hagas caso, eso es basura, vales mucho más que ellos”.

Y no pescó.
-Y se suicidó. Quedé muy enfurecido. Cuando murió, Lihn fue a su casa a hablar con la mamá para decirle que con Lira eran amigos entrañables, casi como dobles y que le entregara los derechos de sus obras para publicarlo. Y lo hizo. En el prólogo del libro lo comienza halagando y termina dándole como caja ningunéandolo. Eso me produjo una indignación monumental.

¿Qué hizo?
-Soy malo para los combos, pero cuando pego, pego. Le dije que era un tal por cual y cuando lo pillara le iba a dar una fleta. Le prohibí que fuera a los lugares donde yo iba. Y lo hizo. No se acercó nunca más con sus poetas ratones.

En los 70, ¿se vinculó a la Escena de Avanzada?
-¿Qué es eso?

La escena artística posterior al Golpe, donde estaba Nelly Richard…
-Ah no, todos esos gallos son chantas. Esa escena no era de avanzada, sino de retaguardia. Al cojo Díaz le dieron el Premio Nacional pero no salva a nadie. Al guatón Leppe, el maricón Leppe, lo vi en una performance con Altamirano. El Leppe preparaba una batea con yeso y agua para que después se lo echaran en el cuerpo transformándose en estatua. El guatón Leppe andaba en puro eslip. Y cuando estaba transformado en estatua había que sacarlo para que no quedara así para siempre.

Claro…
-Y con un hacha, este hueón de Altamirano lo sacaba. Todos los maricones gritaban “ay, ay”. El guatón Leppe tenía cara de magdalena. Es la cosa más horrible que he visto. Un francés que estaba viendo conmigo eso decía preocupado “llamemos a la ambulancia, a ese hombre le puede pasar algo…”. Y yo le decía “déjelo ahí nomás, que se le caiga todo el edificio encima”.

EL VELORIO / LA VALLEJO
Tras la muerte de su amigo Raúl Ruiz, y como homenaje, Maturana declaró unos días de duelo oficial en su casa y pegó una foto de Ruiz en la ventana con unas flores a modo de animita. Maturana no tenía muchas ganas de ir al velorio. No quería toparse con gente que no veía hace tiempo. Pero, por su amigo, lo hizo. Ese día fue a pata, “no a putas”, según aclara.

¿Cómo estuvo el velorio ?
-Fui el primero en llegar, así que el ataúd lo recibí yo. Antiguos amigos me reconocieron y abrazaron. Perdoné a tres a díscolos que se habían portado mal y quedamos en buenos términos. Todo sea por Raulito. Al Lucho Alarcón lo vi más flaco y se lo dije: “es mejor que estés así antes que gordo”. Fue penoso el reencuentro con mi amigo Raúl, ver que volvía a Chile dentro de un cajón. Pero espérate, deja pararme a buscar una cosita para mostrarte…
Y regresa con un libro en chino, que solamente él entiende. “Mira las ilustraciones aunque sea, son milenarias, pero ése no es el que quiero mostrarte, sino que el libro chino tipo mercurial”. Y busca nuevamente.

¿Y cómo llegó al chino mandarín?
-Por casualidad.

¿Por qué le gusta?
-China es una gran cultura. Los japoneses no tenían ideogramas y los chinos se los enseñaron. Y la pintura japonesa es china. Y los haiku son chinos. Todo es chino. Y los japoneses empezaron a usar estos ideogramas para comunicarse usando sólo 2800 ideogramas, lo que es poco considerando que hay más de un millón.

¿Cuántos ideogramas maneja usted?
-Con suerte unos ocho mil.

Más japonés que los japoneses.
-Claro, pero no es tan sencillo. Se requiere mucho estudio.
Y Maturana vuelve a cambiar de tema para hablar de “la chiquilla Vallejo, que va para reina”.

¿Qué le parece?
-Fantástica. Quisiera tener yo 20 años… No la dejaría ni a sol ni a sombra. Es espectacular, lúcida, inteligente, fina.

¿Y qué piensa de la lucha del movimiento estudiantil?
-Es lo menos que pueden hacer. Este sistema es asqueroso. Salen puros idiotas de los liceos. Los profesores son unos idiotas en un 99%. Enseñan puras leseras que no sirven de nada.

Por eso no estudió formalmente.
-¿Dónde me iban a enseñar todo lo que aprendí? ¡En ninguna parte! Estudié basándome en los planes quinquenales soviéticos. O sea, cada cinco años estudiaba una cosa. Después empecé a dividir el tiempo en tres o cuatro años, porque no me quedaba tiempo para estudiar todo lo que quería. Los astrónomos me dan sus libros, los científicos también…

¿Es algo de Humberto Maturana?
-Nada que sepa. Por suerte. Es un loro parlanchín, que tiene un montón de señoras que andan tras él. Es gurú de las viejas.

Ambos son los Maestros Maturana.
-La palabra maestro no me agrada.

¿Cómo lo ha hecho el gobierno?
-La gente votó por ese gobierno y todos sabíamos cómo iba a ser. No hay que sorprenderse tanto.

¿Votó?
-No. Voto de otra manera.

¿Cómo?
-Con opinión. El gobierno éste es de los empresarios, los banqueros, los que se han robado todo, de La Polar, de llegar y robar. Con Piñera no vamos a ningún lado. Es basura. El único que salva es el hermano que anda con un jockey pegado en la pelá: es taquillero, se agarra buenas minas, tiene negocios en el Caribe. El otro es un paquete, siútico, usa palabras que no sabe lo que significan y hace el loco siempre. Piñera si no se pone las pilas luego se irá a la cresta.

¿Se identifica con algún partido?
-Soy maturariano, consecuente conmigo mismo. Dénme el poder y van a ver.

¿Qué haría?
-Repartir los bienes como corresponde, crear incentivos nacionales en gran escala y tratar que al Maestro Maturana le alcance para vivir dignamente y comprarse una caluga.

¿Por qué estuvo sentido con la prensa?
-No me interesa, sino estaría en la farándula, conviviendo con la Tanza Varela y andaría en ese cahuín.

Igual se mantiene informado.
-Primer Plano no me lo pierdo. Es la síntesis de la imbecilidad, la quinta esencia de la abyección nacional: basura, basura, basura. La Tanza, que la quisiera yo de secretaria, no saldría a ningún lado. Y veo la tele cuando sale la Anita Alvarado, esa mujeraza. Puta, tener ocho maridos y no sé cuántas guaguas más… y que se la siga pudiendo. Es chora. Esa galla me simpatiza mucho. Hasta podría ser su noveno marido, si ella quisiera.

Para ver sus películas y videos:
http://elmaestromaturana.blogspot.com