Foto: Agencia UNO

Este mes se festejó el día mundial por el Trabajo Decente. Trabajadores de 70 países del mundo se movilizaron a través de más de 400 acciones, exigiendo empleos justamente remunerados y que permitan satisfacer las necesidades humanas.

Este año se trata de un momento especial, una vez más ante el fantasma de una crisis crónica a nivel planetario, que al parecer desde el año 2008 llegó para quedarse, son los trabajadores quienes deben soportar principalmente sus costos. Así, mientras los especuladores, los banqueros y los grandes empresarios (responsables directos de las crisis, con sus comportamientos depredadores y la mala costumbre de querer hacer mucho dinero en poco tiempo) siempre terminan obteniendo ganancias por sus poderes oligopólicos y/o el salvataje que reciben de los Estados, los recortes se hacen por la parte más delgada y es el trabajo el que una vez más se utiliza como moneda de cambio o como objeto de sacrificio para el Dios Dinero.

Cada ciclo recesivo se aprovecha para relajar las condiciones laborales y los sistemas de protección asociados al trabajo formal, ante la amenaza del desempleo y el movimiento serpentino de las empresas que se instalan en los países donde pueden pagar salarios más bajos y donde encuentran condiciones más flexibles para enfrentar la siguiente crisis.

Por supuesto, Chile no es la excepción. El actual Gobierno ha montado un plan comunicacional en donde mes a mes sólo da cuenta de la tasa de desempleo clásica y de la variación de ocupados y casi como una suerte de Teletón del Trabajo, nos comunica cuánto va quedando para llegar a la meta del millón de empleos.

Según la última medición entregada por el INE, para el trimestre junio-agosto 2011, la tasa de desempleo es de 7,4% y en los 17 meses de la administración Piñera se han creado 545 mil empleos, o sea, ya llevamos un 54,5% de la meta y nos quedan 31 meses de Gobierno. No obstante, es pertinente recordar que venimos saliendo de una crisis y un terremoto, períodos de shock que fueron aprovechados para cambiar la composición de nuestro “mercado del trabajo”.

La tasa de desempleo de 7,4% que parece baja, en realidad esconde un tremendo problema, tal como está ocurriendo en Estados Unidos: el fenómeno del Subempleo. Cuando existen muchas personas que trabajan cinco, diez o veinte horas a la semana, quieren trabajar tiempo completo, pero no encuentran ese añorado empleo full time (esta es la definición de subempleo), la tasa oficial de desempleo comienza a entregar poca información y se requiere recurrir a indicadores alternativos como la Tasa de Desempleo Integral (TDI) que hace más de un año calcula la Fundación SOL, para monitorear de manera más fehaciente el estado del trabajo en Chile.

La TDI nos arroja una tasa de 12,8% y contabiliza un desempleo equivalente de casi 1,1 millón de personas. El subempleo llega a su nivel más alto desde que es posible medirlo (comienzos del 2009), con 760 mil personas padeciéndolo. Las mujeres y las regiones y ciudades afectadas por el terremoto y tsunami son las más perjudicadas, ya que detrás de sus “bajos” niveles de desocupación, se esconde principalmente subempleo y precariedad. Vale decir, trabajos que penden de un hilo.

Y qué decir de la meta del millón de empleos, cuando se constata que 6 de cada 10 nuevos empleos a “la Piñera” son por cuenta propia (principalmente jornada parcial y baja calificación), familiar no remunerado, personal de servicio doméstico o empresarios de microempresas de menos de 5 trabajadores y el resto, los asalariados a “la Piñera” corresponden en un 100% a trabajos tercerizados, fundamentalmente subcontratación y suministro de personal.

Peligrosamente comenzamos a acumular un ejército de trabajadores pobres, que debe hacer uso del endeudamiento para comer y llegar a fin de mes. Aunque muchas personas trabajan y se sacan la mugre día a día, simplemente no les alcanza, sin embargo el país crece y crece, una dolorosa contradicción.

Dado que se prometieron un millón de empleos de “calidad”, en este mes en que se celebra el día del Trabajo Decente, Chile debe agachar la cabeza y reconocer que la prueba no fue superada. Esperemos que el próximo año aprendamos la lección y las consecuencias de las crisis no la paguen los mismos de siempre.

@lafundacionsol