Por Lorena Penjean y Tania Tamayo

WE DON’T SPEAK ENGLISH
El “Florida High School” de La Florida es un colegio “particular-privado”, al que para ingresar hay que entrevistarse con la directora y una sicóloga que evalúan el “entorno familiar” del postulante. La incorporación (matrícula) cuesta sesenta y nueve mil pesos; la mensualidad, setenta, y ofrece actividades extra programáticas como hockey, tenis, cheerleaders (barras) y básquetbol. La enseñanza es personalizada y los cursos son pequeños, “pero no hablamos inglés. A ver- se disculpa la secretaria- cómo te lo explico, no es un colegio bilingüe y lo que en verdad hacemos es potenciar las clases de inglés, que son el doble de las que se hacen en un colegio común y corriente”. El “Florida High School” no es el único colegio inglés en que sólo se speak spanish. De hecho, tampoco en el “Jean Paul School” y en el “The Chilean College” de La Florida, o el “Ashell College” de San Miguel y el “Oxford College” de Maipú, se habla inglés.

“El Matías Ignacio y la Javierita Constanza estaban en el Cristo Redentor de Maipú y los cambié al Boston College de la misma comuna porque me interesa que tengan mejor roce. Gracias a Dios, la situación económica me lo permite y con mi marido estamos felices. Imagínate, les hacen más horas de inglés y computación y para qué andar con cosas, los niños son más decentitos y educados”- señala Paula Negrete-. El colegio le sale veinticinco mil pesos por mes.

Estos chicos de colegios casi ingleses tienen su propio look. Las damas no usan jumper y presumen ante sus amiguitas las lindas faldas tableadas y escocesas (verdes, burdeos o grises), boinas y cintas que van en vez de corbata. Los niños usan poleras y los vestones son reemplazados por sweaters con las iniciales del colegio bordadas.

NOSOTROS TAMPOCO
“¿Dónde vives?” le preguntó Daniel García a la buenamoza Andrea mientras bailaban la Mayonesa en el Entre Negros. “En El Arrayán”- le respondió la joven -. “Qué piola –le dijo Daniel -. Debe ser la raja vivir en la montaña”. Y Andrea, que no quiso mentir, aclaró: “No, no vivo en ese Arrayán, vivo en El Arrayán de Maipú, un condominio nuevo de lo más lindo”.

“Las Palmas de Maipú”, “Ciudad del Este” en la Florida, “Santa María de Maipú” y “Altomacul” son otros ejemplos.

Los nombres de los nuevos “condominios” (que muchas veces no superan el conjunto de blocks con piscina, no olímpica por cierto), no son lo único particular. Los interesados en comprar una casa casi deben llevar un diccionario para traducir los términos en inglés con los que les hablan hermosas promotoras. Es así como bow window no significa otra cosa que ventana inclinada, walk in closet algo así “como un ropero tan, pero tan grande que se puede caminar dentro de él” –en palabras de Rosa, una vendedora de casas-, show room un departamento piloto y club house, el salón de eventos. Todos “condicionados a stock”, por supuesto.

PLAYAS SUCEDÁNEAS
Decir que se va de vacaciones a (La) Serena cuando en realidad se va a Coquimbo, a Quintay cuando se aloja en Quintero, a Las Rocas de Santo Domingo en lugar de Llolleo, a Algarrobo Norte en vez de El Quisco, es una costumbre generalizada. “Es que está al lado y da lo mismo. Además, suena mejor. Mira, no le encuentro nada de malo, tengo una amiga que dice que vive en Pirque y en realidad vive en el cuarenta de Vicuña Mackenna”, señala Andrea, que, a su vez, dice veranear en Zapallar en circunstancias que lo hace en la Laguna Zapallar, a diez kilómetros del verdadero balneareo top.

No importa el precio. “Este año pedí un préstamo de trescientos mil pesos en una financiera y cien mil más en Ripley –cuenta Francisco -. Lo hice para ir de vacaciones a Viña del Mar por una semana a un departamento en la Avenida Perú. Yo creo que valió la pena, lo pasamos súper bien con mi mujer y con mis dos enanos, la Isidorita y el Martín Javier. Recién este mes termino de pagar el préstamo y parece que para este verano voy a hacer lo mismo, pero para ir a Bahía Inglesa, que me han dicho es un lugar fantástico”. Lo que omite Francisco es que la gracia de una semana pasándolo “regio” en Viña le significó dejar el tratamiento que seguía para mermar los dolores de columna que sufre producto de una operación. Lo primero es lo primero.

Las vacaciones de la “clase media de luxe” dan para todo. Hoy, con las facilidades que dan las agencias de viajes, se puede viajar al extranjero por una semana (siete días y seis noches, para ser exactos) al destino que más le agrade. “Este año me fui de viaje a Cancún. Nada más entretenido, nada”, se jacta Sebastián Muñoz. Por si le interesa, ir a Cancún por una semana sale mil trescientos dólares (aproximadamente un millón de pesos), que se pueden pactar en veinticuatro cuotas, justo para salir de vacaciones cada dos años.

EN LA GRAN AVENIDA, ESTAMOS A UN PASO DE LA KENNEDY
Paulina Santis tiene veintiocho años, es madre de José Pablo y sufre por vivir en la Gran Avenida. No le gusta su comuna, la encuentra rasca, por eso pasa la mitad de su vida en Las Condes: la ropa la compra en el Parque Arauco y la mercadería para el mes en el Jumbo. En esos lugares se siente mejor, aunque recalca que su casa en Gran Avenida es “preciosa”. “Yo voy p’ arriba porque en mi barrio los centros comerciales son una lata. Hay un caracol donde venden ropa barata, pero te juro que me da alergia cuando entro ahí. No es de arribista, pero no falta el lanza que te roba la cartera o el roto que te grita m´ijita rica. En mi sector todos compramos en el Parque Arauco”. Paulina prefiere gastar bencina antes que “mirar picantes”. “Si uno va en auto puede tomar la carretera y de ahí a la avenida Kennedy estamos a un paso. Figúrate que voy prácticamente todos los días para allá y lo tendré que seguir haciendo hasta que me cambie de casa. Ahora ando viendo en qué colegio matriculo a José Pablo. Parece que me voy a quedar con el Saint George, aunque tenga que gastar todos mis ahorros. La educación es lo más importante que le puedo dejar a mi niño”.

Si bien sueña con vivir en el barrio alto, por lo pronto se consuela con su enorme casa y con ocupar los muebles “nuevos” que tiene, además del aire acondicionado en verano y la losa radiante en invierno. Ella no quiere que olvidemos escribir que su casa tiene alarma y un par de Rotweiler, porque “vivir acá es como un oasis: un poco más allá está La Victoria y para el otro lado, más para La Cisterna, está El Bosque. Hay que cuidarse de los ladrones que vienen de esos sectores. La seguridad es muy importante”. “Mira, igual hay buenos lugares acá, mi mamá se va a divertir al Club San Miguel y yo antes iba al Bowling del paradero 7, aunque ahora no hay muchos lugares donde vaya gente de bien”.

FANÁTICO DEL GOLF
Gustavo Hormazábal es floridano y tampoco se siente bien en su comuna. Reconoce que en la Florida hay de todo, pero piensa que su verdadera comuna es Providencia. Antes, todo lo hacía ahí: compraba en el Panorámico y “carreteaba” en la calle Suecia, hasta que se le acabó la plata y tuvo que aprender a compartir con la gente de la Florida”. Antes iba todos los viernes al Café Vallarta que está en la Plaza San Enrique, pero ya no puedo, tengo que pagar el colegio de mis hijos y mi gimnasio, así que ahora voy ir a los pub de acá como el Staff y el Grado 6, donde igual se pasa bien”, agrega Gustavo mientras limpia sus anteojos Armani, con la marca bien grande.

Gustavo es fanático del golf, por eso está contentísimo desde que descubrió que en Pirque hay un Club de Golf y de Polo que vale 48 mil pesos mensuales. Su gran problema es que para ingresar debe pagar 288 mil pesos de una. Tendrá que ingeniárselas: “todo sea por el golf”, sentencia. La situación económica de Gustavo tampoco le permite volver al Estudio Gigante, donde antes celebraba su cumpleaños con todos sus amigos, luego de pasar tres horas en un solarium de Santiago Centro para estar más guapo para la ocasión.

“HOY NO HAY PISCINA”
Las doce sesiones de masaje reductivo le salen $ 80.000 a Macarena Uribe, estudiante de secretariado. La “Maca” no quiere que la confundan con “chula” porque vive en Maipú, y para que no le suceda, se viste con ropa cara y accesorios dignos de una estrella de la tele. De comprar ropa en Patronato ni hablar, “allá van las rotas y yo no me arriesgo a usar ropa cuneta, ni loca”.

También se tiñe el pelo rubio y la producción que realiza cada mañana antes de salir no le debe tomar menos de una hora: “como te ven te tratan, mi linda”. Luego del desayuno light, se traslada todos los días una hora y media para llegar al instituto en que estudia ubicado en Providencia. “Vale la pena, siempre vale la pena salir de donde uno vive para conocer otros mundos, eso se llama tener altura de miras”. Junto a su familia vive en un edificio con piscina y gimnasio que les cuesta “muy caro”. “Una vez pasé la vergüenza de mi vida. Invité a varios amigos del instituto a la piscina del condominio y justo cuando iba a entrar aparece el conserje y me dice: ¡No señorita, hoy no hay piscina!, su papá debe dos meses de gastos comunes y hasta que no pague no va a poder entrar. Casi me muero de la plancha”.

NACIÓ EN AUTO
A Carlos Díaz su afición por los autos lo ha llevado a la quiebra. Hace dos años se compró un Kía Pop en 36 cuotas, vehículo que, al final, no pudo pagar y que finalmente vendió más barato que lo que le costó. Pero trasladarse en micro o metro como cualquier mortal le pareció un infierno y como pudo juntó un millón de pesos para darlos en pie para comprarse un Nissan V16 que cuesta $5.900.000. Este mes va en su décima cuota, $225.000 cada una. Pero no sabe de dónde sacar el dinero mensual para pagar:

“Yo cacho que voy a te- ner que vender este auto también, imagínate que he tenido que dejar de comer para poder pagar mi Nissan, a veces no tengo ni para la bencina, pero es un esfuerzo que hago porque estoy acostumbrado a andar en auto, no soporto el transporte público”. Carlos tiene por lo menos dos modelos en vista que podría comprar más adelante, y no porque sean los más baratos, sino porque están muy de moda por donde vive y las facilidades para poder pagarlos son infinitas. “Si vai a andar en auto, tiene que ser en uno bueno y bonito. No soporto las chatarras. Para eso ando en bicicleta. Me gustaría no tener que vender el auto que tengo ahora, pero si lo hago, voy a juntar plata para comprar un Hyundai Accent o uno que no sé cómo se llama pero parece una Van”.

HOTEL PARA PERROS
La costumbre de dejar a los perros en hoteles mientras la familia viaja se ha extendido por todo Santiago. Es así como en Macul, el mismo veterinario va a buscar a la mascota a la casa y luego de chequearla delante de sus amos se la lleva a un campo a San Vicente de Tagua Tagua. Los precios varían, dependiendo del tamaño del can, y van desde los cuatro mil hasta los ocho mil pesos por el sólo alojamiento: la comida y tratamientos especiales se cobran por separado. Cabe señalar que si el perrito está con depre, muchos hoteles están bien dotados para curarlos y cuentan con juegos y veterinarios que las hacen de sicólogos.

LOS “CUICOS” NADAN EN MIERDA
Imago Mundi, en la avenida Colón, es el condominio por excelencia, la meca de todos los condominios. Lo tiene todo, pleno barrio alto, con piscina, entrada monumental y algunos vecinos rubios. Da lo mismo que los cientos de carísimos departamentos no guarden relación alguna con la calidad de su construcción. Tampoco importa que la educación no esté “a la altura” del sector high: ni que en la piscina de vez en cuando – según informan algunos vecinos -, aparezcan heces fecales. Menos, que al interior existan pandillas de adolescentes, que en muy poco se diferencian de las de sectores populares y que tienen a los vecinos vueltos locos con la bu- lla. Lo que importa realmente es jactarse con un rotundo: “Yo vivo en Las Condes”. Felipe Izquierdo fue uno de los principales promotores de esta monstruosa obra arquitectónica.