HUMANOS AQUILTRADOS:
“Las cruzas de dos razas de sicologías diversas, no hablo de distintos grados de cultura, traen asimismo el desequilibrio de las relaciones nerviosas periféricas con los centros receptores y moderadores cerebrales. Los reflejos se hacen de preferencias espinales, sin que la corriente nerviosa centrípeta al alcance a los órganos encefálicos que las convierten en ideas, permitiendo sólo la reflexión que el entendimiento juzga necesaria. Carecen esos mestizos de lo que se llama control cerebral, y constituyen la carga social de los apasionados, de los impulsivos, de los atávicos, de los instintos pervertidos, de los degenerados morales de todas las especies, con los que no es dable formar sociedad alguna, y a los que el lenguaje corriente llama con razón desequilibrados. Eso justifica la observación de la sabiduría popular, que considera al zambo como más malo que al negro fino”.

INDIAS PÍCARAS:
“Nació, pues, nuestra raza como deben haber nacido todos los grupos humanos llamados razas históricas: de la conjunción del elemento masculino vencedor con el elemento femenino del vencido, cumpliéndose así la sentencia bíblica de que la mujer vengará a su raza, perpetuándose por ella la sangre de la especie vencida. En el nacimiento de la raza chilena se realizó aquel tributo de vírgenes que refieren los poetas que cantan el origen de los pueblos. Sólo la raza germana y algunas mestizas de su sangre han alcanzado el insigne honor de la chilena, de que sus orígenes fueran cantados por la epopeya, la más alta distinción literaria de la poesía”.

BLACK POWER:
“No estará demás recordar aquí que la sangre negra tiene un poder de absorción mucho mayor que la blanca. Así, mientras del blanco no queda ningún rastro a la cuarta generación unilateral con el negro, esto es, cuando aún queda en el mestizo un 6,25 % de la sangre blanca, la naturaleza del negro es posible constatarla hasta la sexta generación, cuando sólo está representada en el mestizo por el 1, 05 % del total; y la cualidades cerebrales propias del negro: la falta de control mental, el predominio de la imaginación y la poca elevación de ideales, persisten aún mucho más”.

EL ROTAJE:
“Hay quien cree que el roto es demasiado soberbio para que pueda ser un individuo socialmente organizable. No saben lo que dicen. La adaptación espontánea y rapidísima a la severa ordenanza militar es el mejor desmentido práctico de esa creencia. Si el roto, con su faz alzada, mira a las pupilas de su interlocutor, no es que provoque a nadie, sino que abre las suyas para mostrar el fondo de su alma transparente, sin que en su espíritu sereno exista siquiera la sospecha de que hay castas enteras de hombres que se sienten humillados y se dan por ofendidos al conocer su incapacidad de hacer lo mismo. Si no se sonríe al hablar es porque sus padres no se vieron nunca forzados a solicitar gracia de amos displicentes. Si el roto no se inclina con gracia cortesana al saludar, es porque heredó una columna vertebral e inhiesta de dos razas que jamás fueron esclavas”.

MACHITOS:
“Numerosos son los casos en que las luchas a muerte entre dos rotos no tienen más objetos que la de dejar establecido a firme quién es más hombre: reminiscencias raciales, atavismos despertados por el tósigo alcohólico y que al 80 % de los chilenos, ricos o pobres, nos lleva a guapear en pasando los 60 puntos. De los condenados a penitenciaría en 1901, el 43 % delinquieron en estado de embriaguez”.

JUDÍOS Y EUROPA:
“Los grandes males que los escritores judíos están causando a algunas naciones europeas, y que con sus emigrantes a América están extendiéndose entre nosotros, harán un día comprender a Europa cuál es el verdadero sacrificio que le demanda mantener en su seno escritores de una raza tan extraña a todas las suyas como los del parásito hebreo”.

LLORONES:
“En Chile llegó después de Montt la “era de las lágrimas mujeriles” a favor de los criminales, como llama Lombroso la extraña generosidad y compasión que despiertan los malhechores en algunos hombres. Se habló de que las cárceles eran incómodas, de que los presidiarios podían corromperse viviendo muchos en la misma celda, de que su alimentación no era suficientemente nutritiva, que su ropa era poco abrigadora, y comenzó una campaña por la prensa a favor de los pobrecitos encarcelados. Se dieron bailes pagados, funciones teatrales, etc., para allegar fondos con que socorrerlos, hasta que los tales bellacos se vieron colmados de regalos y golosinas de todas clases”.

LES GUSTA SER FUSILADOS:
“Le repito que la pena de muerte para los crímenes graves no nos ha asustado nunca, “el que la hace la paga” y “para morir nacimos” y “al que muere se le entierra”. Repetidos son los casos en que un condenado a muerte ha pedido que se le fusile. Conociendo el desgraciado roto que será incapaz de dominar sus instintos sanguinarios, en frente del trance terrible de la muerte, sus sentimientos sociales de justicia logran ese triunfo magnífico sobre sus instintos de propia conservación. Pronto está el pueblo chileno a respetar las leyes de Dracón o cualesquiera otras siempre que se dicten en bien de la patria y de la raza, y que se apliquen sin excepciones que envuelvan una ofensa; pero estamos cansados de esperar en vano que se fusile a un criminal de la clase gobernante”.

MUJERES Y PODER:
“Chile ha estado ya en una ocasión gobernado por faldas. Hace ya de esto muchos años. Fue a mediados del siglo XVlll cuando llegó de gobernador a Chile el anciano Acuña, casado con una italiana joven, la Pallavicini, la cual tomó el mando de la colonia mientras su esposo se curaba de antiguos reumas. Vestida de hombre y montada en brioso corcel dirigió una campeada en contra de los araucanos para hacerlos prisioneros y venderlos como esclavos. El resultado se adivina. El desastre fue espantoso y estuvo a punto de perderse la colonia (…) Pero ya sabemos que la intervención de la mujer en asuntos de la calle indica descuido de los de la casa, flojedad del control varonil, atrofia el celo y de las virtudes que de él se derivan”.

SOMOS FEOS Y HEDIONDOS:
“No somos una raza de facciones finas, con predominio de las líneas rectas o curvas suaves y de proporciones griegas. ‘El hombre para que sea hombre ha de ser feo’, dice el pueblo en Chile. Estoy convencido de que esa sentencia la trajeron los godos conquistadores, porque va unida a otras dos condiciones consideradas indispensables al carácter varonil, y las cuales son seguramente góticas: una de ellas, la que ha de ser ‘peludo’, y la otra de que ha de ‘tener mal olor’.