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El viernes pasado, centenares de santiaguinos alzaron sus miradas al cielo enfocándose en seis “objetos brillantes”. Hasta los escépticos creyeron ver Objetos Voladores No Identificados. Con las diversas teorías sobre el fin de los tiempos para este 2012, no fueron pocos los que pensaron que este era un signo del Armaggedon desatado sobre Santiago de Chile. Pero no. Horas más tarde se explicó que los objetos brillantes en realidad eran globos plateados de helio lanzados por la escuela de arquitectura de la Universidad Mayor. Muchos se quedaron con las ganas de que realmente se hubiera tratado de una invasión extraterrestre. Pero ¿Realmente ha habido OVNIs en Chile?

El periodista experto en ufología y autor del libro La Noche de los Centinelas, Patricio Abusleme, no tiene dudas, aunque se apura en aclarar que el hecho de que un caso OVNIs sea “real” significa simplemente que no existe evidencia científica que lo refute, por lo que son objetos voladores no identificados. “Pero de ahí a afirmar que efectivamente se trata de naves extraterrestres… eso es algo arriesgado” añade.

El Ufólogo chileno Rodrigo Fuenzalida comenta que “Hay cosas que no sabemos lo que son. Yo no te puedo decir que son extraterrestres que vienen de tal galaxia, pero sí que hay objetos voladores que no tienen que ver con nada conocido que han estado de paso por Chile”.

Chile es el tercer país con mayor cantidad de avistamientos de OVNIs, solo detrás de México y Estados Unidos. Sin ir más lejos, el primer avistamiento documentado de OVNIs en la época moderna ocurrió en Chile durante el siglo XIX. Se trata del avistamiento de la “mina fantasma” el 16 de marzo de 1868 y fue publicado en el diario “El Constituyente” de Copiapó.

Con la particular redacción de esa época, una carta del diario dice “Ayer, a eso de las cinco de la tarde, a tiempo que habían concluido los quehaceres del día en esta mina, y estando todos los operarios reunidos esperando su cena, vimos venir por los aires una ave gigantesca que a primera vista tomamos por una de las nubes”. Lo que un primer momento parecía un gran pájaro, después se fue interpretando como una bestia mitológica.

Continuando con la descripción, el diario señala: “A medida que el objeto en cuestión se acercaba infundiéndonos una justa sorpresa, pudimos notar que era un volátil desconocido, tal vez un Dijin de las Mil y una noches. Cuando pasó a corta distancia sobre nuestras cabezas pudimos notar la rara estructura de su cuerpo. Sus grandes alas estaban vestidas de plumas parduscas; la cabeza del monstruo parecía la de una langosta, mientras que su cuerpo sólo dejaba ver escamas brillantes que sonaban como partículas metálicas cuando el raro animal se replegaba sobre sí mismo”. De está descripción se desprende que, pese a las evidentes características de maquina del objeto volador, lo seguían confundiendo con un monstruo.

Este avistamiento no fue un caso aislado y se señala como el comienzo de una oleada de OVNIs descritas como un grupo de estrellas filantes o bólidos capaces de cruzar el cielo. El ufólogo Rodrigo Fuenzalida comenta que “se trató que decir que en realidad lo que cayó fue una lluvia de meteoritos. Pero un astrónomo francés descartó científicamente está teoría”.

Abusleme, en tanto, explica que la diferencia entre los avistamientos de épocas antiguas y los modernos es que “los avistamientos de hace miles de años se pueden haber confundido con creencias mitológicas, a diferencia de las modernas, que se basan en la observación”.

Otro caso famoso es el del Cabo Valdés. Ocurrió la madrugada del 25 de abril en la Pampa Lluscuma, cerca de Putre. Según la descripción del caso de Patricio Abusleme en su libro, mientras Armando Valdés estaba patrullando la zona junto a siete conscriptos que tenía a su cargo, divisaron una extraña luz. La patrulla se puso en posición de combate y Valdés se aproximó hacia el cuerpo luminoso ante las atónitas miradas de los otros militares. El cabo se acercó hacia la luz y desapareció completamente.

Se supone que quince minutos más tarde Valdés habría reaparecido con una barba de días, su reloj adelantado en cinco días y balbuceando semiconsciente: “Ustedes nunca sabrán quienes somos, ni de donde venimos, pero pronto volveremos”.

Este caso adquirió particular relevancia por el gran nivel de difusión mediática que alcanzó. En la revista española “Más allá” aparecen las portadas de diarios chilenos tradicionalmente “serios” como La Segunda y La Tercera que dicen “Patrulla Militar se enfrentó a dos ovnis” y “Desconcertante mensaje de los ovnis: Nunca sabrán lo que somos”. Hasta el día de hoy, investigadores italianos consideran al caso de Valdés como “el más importante ejemplo de distorsión temporal en la historia de los fenómenos extraterrestres”.

Durante la dictadura, nunca hubo una investigación seria del caso. Pero, investigaciones recientes desmienten casi totalmente la veracidad de este incidente. Los cuestionamientos comenzaron cuando una serie de los antecedentes del caso arrojaron cabos sueltos. En primer lugar, nunca se trató de una patrulla, tan solo era un grupo de soldados que cuidaba los caballos del ejército. Otro antecedente que desacredita el caso, es que nunca se estudió ni fotografió el reloj en cuestión.

En una entrevista concedida en 2009, el cabo negó haber sido abducido y explicó que en realidad todo fue una broma que se le fue de las manos. Adelantó su reloj e inventó lo de la barba para evitar la sanción militar que le habría correspondido por no haberse afeitado. Patricio Abusleme, quién investigó el tema a fondo, cuenta que “ahora incluso hay militares que cuentan haberlo visto con barba antes del incidente”.

Pero ¿Por qué que durante 30 años Valdés mintió diciendo que fue abducido? Los ufólogos sostienen que frente a la repercusión y fama que adquirió gracias al incidente, Valdés tuvo miedo por las consecuencias que sufriría en el ejército si decía la verdad. Para Fuenzalida, pese a las confesiones de Valdés, el caso sigue siendo veraz: “Los militares que estuvieron ahí, siguen sosteniendo que vieron las luces en el cielo. Por lo que sí hubo un avistamiento. Ahora, que haya pasado una picantería a la chilena en que Valdés inventó una abducción, esa es otra cosa que no me interesa”.

La isla que lleva al metro Pedro de Valdivia
De todos los avistamientos de OVNIs en Chile, hay uno que llama la atención por tratarse no solamente de una nave, sino que incluye la supuesta existencia de una isla, un barco y una civilización que vive en el deshabitado archipiélago de los Chonos, ubicado en el extremo sur de Chile.

En la isla de Friendship (amistad en ingles) viviría una sociedad extraterrestre muy avanzada que efectúa experimentos genéticos, lanza platillos voladores y tiene una extensa red de comunicación tanto “tradicional” como de “teletransportación” que se extiende por todo el territorio. Incluso, las versiones más descabelladas hablan de que en la estación de Metro Pedro de Valdivia, habría una conexión oculta con las instalaciones de Friendship.

Pero ¿Quiénes son los que habitan la isla de Friendship? Según la versión “oficial” se trata de extraterrestres, pero existen otras hipótesis respecto al tema. Mientras algunos sostienen que se trata de una secta religiosa o un experimento militar; hay quienes incluso afirman que se trata de un refugio de Nazis que escaparon con armas de avanzada tecnología en las postrimerías de la segunda guerra mundial.

El fenómeno de Friendship fue ampliamente difundido en los años ochenta y noventa por la televisión chilena en programas como “Sábado Gigante” y “OVNI”, este último conducido por Patricio Bañados. En ambos espacios apareció hablando Ernesto de la Fuente, el principal defensor de la existencia de está isla. En el programa “OVNI” se hizo una investigación respecto a la isla que Fuenzalida considera bastante acertada, porque “pillaron in fraganti a un tipo que estaba haciendo una farsa con la isla”.

El investigador Patricio Abusleme también le resta credibilidad a las teorías que afirman la existencia de Friendship, explicando que “se trata un típico caso de sugestión alentada por los rumores. Como investigador de estos fenómenos, uno debe distinguir entre lo que tiene evidencia concreta y lo que es solo sugestión”.

Aunque la mayoría de los avistamientos de OVNIs se han dado en regiones aisladas, también hay algunos casos interesantes en Santiago. Si piensa que los “extraterrestres” escogieron un lugar “piolita”, se equivoca. En 1995, un platillo volador supuestamente se posó en el Cerro San Cristóbal.

El sábado 7 de octubre de 1995 se reportaron misteriosas luces en distintas comunas de Santiago y en Rancagua. El domingo 8 en la tarde, un joven de nombre Roberto estaba trotando por el cerro cerca de la piscina Antilén. Según su relato, reproducido en la revista Conozca Más: “Eran las 16:15 y estaba trotando cerca de la piscina Antilén, cuando un extraño brillo entre los matorrales me llamó la atención. Cuando estaba a unos 30 metros vi un gran objeto, parecido a una gota de mercurio, que se había posado en el pasto. Me acerqué más, pero el objeto lanzó un destello tan fuerte que me tuve que tapar los ojos”.

Rodrigo Fuenzalida cuenta que existieron otros cuatro testigos, pero que lo vieron desde una mayor distancia. De acuerdo a los antecedentes que han recabado la CIFAE y AION (principales asociaciones chilena de investigación de OVNIs), este caso sería verídico. Incluso, es probable que esa noche más de un OVNI se haya posado sobre el cerro, según relatan testigos que los vieron desde los ventanales de sus viviendas. Abusleme explica que “los OVNIs vienen en oleadas. Es el equivalente a un escuadrón militar”.

En La Serena existe un avistamiento conocido con el hollywoodense apodo de “El Rosswell chileno”. El 7 de octubre de 1998 cayó un objeto volador sobre el cerro Paihuano. El hecho fue presenciado por miles de personas y rápidamente llegaron una serie de operativos militares a la zona. Al igual que en el caso Roswell, los militares se llevaron los restos de la supuesta nave en vehículos castrenses y no se dio ninguna explicación oficial de lo ocurrido.

Los que defienden la existencia del Roswell chileno, argumentan que el tema se tapó mediaticamente para ocultar la evidencia de vida extra terrestre. Sin embargo, Rodrigo Fuenzalida tiene una teoría muy distinta: “lo que cayó en el cerro fue un Drone norteamericano. Es decir, un avión no tripulado gringo, muy similar a lo que utilizaron en la Guerra de Libia”. Siguiendo este argumento, el ejército chileno se habría coordinado con el norteamericano para ocultar que un avión de guerra americano cayó cerca de un territorio densamente poblado.