La historia sobre los anuncios del Gobierno de Sebastián Piñera en educación tienen varios episodios. Durante 2011 fueron más de un par. Entre Ministros y el mismo Presidente cayeron en la tentación hacer anuncios de forma grandilocuente, con puestas en escena totalmente fuera de lo correspondiente, y con contenidos por lo menos decir confusos.

El último anuncio del Presidente Piñera muestra un avance sustantivo en la forma. No se anuncia con tantos bombos y platillos como los anteriores y no se construyen expectativas desmedidas. Sobre lo que sí conviene detenerse, es sobre si los montos y medidas anunciadas alcanzan para una reforma educacional, al menos desde el punto de vista de la demanda estudiantil apoyada por la mayoría de los chilenos. Más allá de las valoraciones personales, sobre cuánto se ganó o se perdió con este anuncio y con la firma de la reforma–ajuste- tributaria, déjenme poner ciertos números sobre la mesa para esclarecer la discusión.

Volvamos al inicio.

En primer lugar, ¿cuánto cuesta tener un sistema educativo que responda a la demanda del movimiento estudiantil por una verdadera igualdad en nuestros niños y jóvenes? Distintas aproximaciones se han hecho sobre este monto, considerando como elementos claves, la cobertura completa garantizada en educación preescolar, la reformulación del financiamiento escolar, duplicación de la subvención escolar y el aumento de la subvención escolar preferencial, el aumento considerable en las remuneraciones de nuestros profesores, el aumento de las becas en educación superior, la gratuidad para los alumnos del 70% de menores ingresos (paso a paso) y el aumento de los aportes basales para las universidades públicas. Si valorizamos todas estas mejoras nos acercamos a un valor que cercano a 2 puntos porcentuales del PIB. En plata esto significa cerca de 5.400 millones de dólares anuales.

¿Qué es lo que por su parte ha propuesto el Gobierno, a partir de la firma de la reforma tributaria que se negoció con la Concertación? Los ítems que la componen y los montos aproximados que se recaudar y dejan de recaudar son los siguientes: aumento de los impuestos a las empresas (600$US millones), reducción del impuesto de timbres y de estampillas (500$US millones), modificación de la estructura tributaria del tabaco (50$US millones), compromiso de envío de proyecto de ley sobre facturación electrónica (300$US millones), incrementando proporcionalmente el beneficios a quienes ganan menos y disminuyéndolo a quienes ganan más (1.000$US millones). Adicional a estos aumentos en recaudación salió nuevamente a la palestra el FE, Fondo para la Educación, el que mediante un endowment de 4.000 millones de dólares pretenden sostener en el tiempo la reforma educativa. Sobre este último fondo, no se engañe. No estamos hablando de que se inyecten estos recursos de manera directa al sistema educativo, tampoco todos los años. La forma en que se comporta este fondo no es más complejo que meter recursos en una cuenta y rentar de sus intereses. En este caso, tributando a una tasa del 3% aproximado, agregamos 120$US millones al año.

La pregunta del millón es la siguiente, ¿los nuevos montos que se recaudarán alcanzan para financiar la reforma educacional que Chile demanda? La respuesta es no. Alcanza para financiar los ajustes que quiere el gobierno, que no son una reforma, al menos no la que el país necesita. En cifras, la Reforma Tributaria recauda entre un 0.4% y un 0.5% del PIB, cifra que no se acerca ni de cerca a las demandas estudiantiles, ni a las de Educación2020, ni a la de la comunidad de académicos que ha argumentado favorablemente en torno a parte importante de los estudiantes. Si le interesan los estándares internacionales, tampoco se acerca a las tendencias de la OCDE en cuánto a gasto público en educación.

Saliéndose de lo números y mirando el sentido, ¿representa las inversión en educación que ha anunciado el Presidente un reforma al sistema educativo? Tampoco. No pocos de los anuncios representan avances necesarios para el sistema educativo. Los aumentos a la subvención escolar y la subvención preferencial son indispensables para nivelar la cancha. Universalizar el acceso a la educación preescolar, con calidad y gratuidad también es un avance en la dirección adecuada. Otras medidas parecen más auspiciosas de lo que, desde mi mirada, podrían llegar a serlo. Se aumentarán los montos para becas en educación superior ¿para qué tipo de instituciones?, ¿seguiremos despilfarrando dinero en un sector altamente desregulado y en donde se lucra a vista de todos con los sueños de los estudiantes y sus familias?

Lo que no se toca es el modelo. Piñera es claro, avanzar sin transar en la libertad de emprender y elegir en educación. En castellano, o al menos esa es la experiencia que Chile tiene en esta materia, libertad para negociar y lucrar con la educación, copago para los particulares subvencionados manteniendo y profundizando la segregación escolar, prioridad cero de la educación pública sobre la privada.

Es importante que todos quienes nos sentimos parte del movimiento estudiantil comprendamos que esta “reforma” no es lo que parece. Bien por tener más recursos comprometidos para el ítem educación dentro de la ley de presupuesto, pero mucho atención en la forma en que se invierten en estos recursos. Más plata para un modelo educativo en decadencia y en donde la educación pública desaparece año a año no es garantía de nada. Hoy sólo será garantía el mantener la unidad y la fuerza del movimiento estudiantil para detener aquellos ítems en la agenda del gobierno que atenten contra una mayor igualdad, y volver a convocar a las familias chilenas para que todos juntos empujemos por recuperar la educación pública, era que por derecho propio nos pertenece.