Este mediodía se dio a conocer la muerte del ex jugador de la selección chilena y comentarista deportivo Sergio Livingstone, más conocido como el “Sapito”.

El veterano y admirado panelista de Zoom Deportivo estaba con una licencia médica de un mes por sobrecarga laboral y hoy se dio a conocer su deceso.

Revisa la entrevista realizada por The Clinic en 2009 donde habla de su carrera en las canchas y en la televisión con Zoom Deportivo.

Por Claudio Pizarro 

¿Cuándo llegaron los primeros Livingstone a Chile?

Llegaron en el siglo XIX, provenientes de Escocia, pero mi padre nació acá en el año 1889. Se llamaba John Henry Livingstone. En esa época llegaban muchas firmas inglesas a trabajar y ellos fueron los que sembraron la semilla del fútbol en Chile.

Su padre, de hecho, jugó en Santiago National…
Sí, jugaba de wing izquierdo y el equipo estaba integrado en su mayoría por gringos. Mi padre era un hombre multifacético: organizó pelas, inauguró el Teatro Caupolicán y, además, fue árbitro de fútbol y boxeo.

De ahí viene entonces su afición al fútbol…
Siempre me gustó el fútbol y, cosa curiosa, cuando entré al colegio San Ignacio, a los ocho años, jugué al arco. Es algo increíble porque a los niños les gusta correr detrás de la pelota y a mí siempre me gustó estar bajo los tres palos.

¿Por qué le llamaba la atención?
No sé, me gustaba. Creo que va en la personalidad, en la individualidad, porque yo era un portero muy ágil, saltaba y doblaba las piernas, por eso me pusieron sapo.

¿Quién lo bautizó?
El negro Aguirre que era jefe de barra de la católica. Resulta que como en la “U” estaba el pulpo Simián se le ocurrió ponerme sapo. Lo encontré horrible y al principio no me gustó. Le dije que estaba loco, que a los otros arqueros los bautizaban de una forma poética y todos salían beneficiados menos yo.

¿Qué nombres tenían?
Había un Cataldo en Sportiva Italiana que le decían El Murallón, qué fantástico, a otro le decían la Maravilla Elástica, un nombre precioso; a Eugenio Soto, otro portero, le decían Garras de Águila y a mí me pusieron Sapo. Hasta el día de hoy a mis hijos y mis nietos le dicen igual. Se quedaron pegados.
Pero, ahora, qué le voy a hacer.

Al contrario de lo que muchos piensan usted se inició en el fútbol en Unión Española…¿Cómo fueron sus inicios?
Dos días después de un partido que jugué en contra del Instituto Inglés llegó don Luis Tirado, en ese entonces entrenador de la selección, a preguntar por mí al San Ignacio y me dijo si quería jugar en Unión Española. Me encandilé de inmediato, le dije que sí y me inscribieron. Tenía 15 años.

¿Jugó harto?
No, porque como no tenía muy buenas notas en conducta mi papá no me dejaba salir los domingos del internado. Además, era el tiempo de la Guerra Civil Española y asociaban a la colonia con el franquismo. A los jugadores les hicieron la vida imposible en la cancha, Unión no aguantó más y pararon durante tres años.

De ahí pasó a la Católica…
Sí, a los dieciocho años entré a estudiar Derecho a la universidad y empecé a jugar en el club que, en ese tiempo, el año 38, jugaba en una división amateur con la reserva de otros equipos. Ese año la “U” ascendió a primera y, al año siguiente, causó tal conmoción en el ambiente, llevando multitudes al estadio, que la Católica se subió por el chorro y pidió ser incorporado a la primera división.

¿Cómo era el fútbol en aquella época?
Era otra exigencia, otro ritmo, otra manera de jugar, entrenábamos tres veces a la semana y cuando llovía no se podía jugar porque, como la pelota era de cuero, absorbía el agua, quedaba muy dura y era imposible pegarle. Dolían mucho las manos.

De hecho jugaba sin guantes…
Sí, pero en ese sentido fui pionero porque empecé a jugar con guantes de calle, esos de cuero, que me prestaba gente amiga. Después fuimos a Europa, años después, y todo el mundo andaba con guantes. Los empecé a usar el año 49 y jugué el mundial del 50 con ellos.

¿Y el calzado cómo ha variado?
La gente siempre menosprecia el pasado pero a nosotros nos hacían zapatos de cuero a la medida en una tienda que se llamaba Alonso Hermanos que estaba en la Alameda. Me acuerdo que íbamos, nos tomaban las medidas y elegíamos los estoperoles. Eran unos zapatos contundentes.

Y se los amarraban detrás del tobillo.
Sí, y también por debajo del zapato por eso nunca se nos salían. Ahora los jugadores se los abrochan con una rosita igual que los zapatos de calle. Son livianos, como una pluma, fantásticos.

LA ACADEMIA

Tres años después de debutar en Católica fue considerado el mejor jugador de un sudamericano que se realizó en Chile. ¿Fue primera vez que un portero ganó esa distinción?
Eso fue en el año 41, tenía 20 años y ya era seleccionado. Santiago en esa época era muy chico y no había mucha entretención. El sudamericano fue una fiesta, era entretenido, duraba un mes y los estadios se llenaban. Me acuerdo que Chile jugó bien, ganó unos partidos, perdió otros y yo jugué bastante bien.

Tan bien que al poco tiempo lo vinieron a buscar de Racing…
Eso fue después, cuando vino Ferrocarril Oeste de Argentina y le hice dos partidos fenomenales. Racing ya me tenía visto y mandó a un enviado especial, Casildo Osés, a quien le parecí muy apetecible para el club. Católica al principio no me quería dejar partir pero finalmente accedió. Fue el pase más caro de esa temporada en Argentina: 24 mil dólares. Fue un hito en el fútbol nuestro.

Su traspaso generó tanta expectativa como cuando Zamorano se fue al Real Madrid.
Es que no era habitual que vinieran a buscar a un jugador desde Argentina. De hecho fui el tercer futbolista chileno que jugó allá después de “Chincolito” Mayo y Luco. Lo que pasaba es que estábamos en plena guerra, Europa no existía, y Argentina, Brasil y Uruguay siempre estaban sobre nosotros, por eso que llamaba mucho la atención que hubiera algún chileno que se destacara.

¿Cómo fue su debut contra Boca Juniors el 11 de abril de 1943?
Muy malo, jugué y perdimos cuatro a dos.

¿Estaba nervioso?
Sí, porque estaba toda la embajada chilena en el estadio, incluido su embajador, don Conrado Ríos Gallardo. Fue un papelón del porte de una casa.

¿De hecho le hicieron un gol olímpico?
De dónde saca todos esos datos… Sí, en realidad fue medio olímpico porque traté de agarrar la pelota y se me fue para adentro. Me sentí mal pero le voy a decir algo, estoy viejo así que no importa que lo diga: yo tenía clase, me imponía, mientras más gente en contra y más difícil era el partido, mejor jugaba. Por eso alcancé gran fama cuando actué en el terreno internacional. Y cómo esa vez había jugado mal me mentalicé para mejorar.

Incluso terminó siendo capitán de Racing…
Lo que pasó es que tuvimos un partido con Banfield y el capitán era José Salomón y jugó muy mal. Como vivía en Lomas de Zamora, cerca de Banfield, las malas lenguas dijeron que había ido para atrás y lo sacaron. Y a mí, que era chileno, extranjero y jugaba mi primer año en Argentina, con 23 años, me nombraron capitán. Pero, cuando se comprobó que era un rumor, le devolvieron la capitanía.

¿Cómo fue la experiencia en Argentina?
La gente me recibió muy bien, los tres primeros partidos jugué mal pero fui mejorando y terminé muy bien. Jugué todos los partidos de ese año. Tuve gran aceptación y la gente fue muy cariñosa.

SAPITO FARANDULERO

¿Es cierto que se vino de Argentina por el amor de una mujer…?
En cierta medida es cierto. Me metió en un tema que no quería abordar pero se lo voy a contar. Cuando me contrataron en Racing, una amiga mía me convidó a comer y la comida resultó más cálida de lo que pensaba. Entonces, me fui a Buenos Aires, me quedó dando vueltas eso y, cuando vine con el club a jugar acá, me volvió a convidar y empezamos a pololear como locos.

Se enamoró hasta las patas…
Sí, y después me casé con ella y se transformó en la madre de mis hijos. Pero con el tiempo me separé. Al principio uno piensa que es la única mujer en el mundo y desgraciadamente no es así. Así que dejé botado Racing, con un contrato pendiente, y me vine. Fue algo absolutamente estúpido. Ahora cuando hay jugadores que hacen cosas y los enjuicio, me digo, “cómo te olvidas de tu vida, de los disparates que cometiste”.

Sería incapaz, entonces, de criticar a Pinilla.
Es que las mujeres son fundamentales. Quién no ha tenido mujeres que lo han querido, que lo han pateado, a las cuales hemos dejado, engañado, tal como somos los pobres y tristes seres humanos.

Si hubiera jugado en esta época es probable que lo hubiéramos pillado en la KMasú.
Claro que sí, hubiera sido farandulero, seguro.

Cuénteme del mundial de Brasil en el año 50.
Jugamos el primer partido con Inglaterra, fue el segundo partido después de la inauguración del Maracaná y perdimos dos a cero… Estuvimos sumamente honorables. Después jugamos con España y perdimos por el mismo marcador. El tercer partido lo jugamos con Estados Unidos y ganamos cinco a dos. Lo curioso es que Estados Unidos le ganó a Inglaterra.

Hablando de curiosidades también tuvo un paso fugaz por Colo-Colo..
Sí, fue en el año 57, a Misael Escuti lo habían castigado por una actuación en un sudamericano porque salieron de farra y tomaron con otros jugadores en el aeropuerto. Entonces Colo Colo habló conmigo y la Católica finalmente me prestó por un año. Ahí me di cuenta del poderío de club y del peso que tiene en la gente.

Usted contó por ahí que los encontronazos de la vida lo alejaron del fútbol y fueron apagando la llamita. ¿Por eso se retiró del fútbol en el 59?
Sí, fue por mi primera separación. La segunda fue hace poco. Hace como 18 años atrás.

¿Ahora vive solo?
Solo…

¿Ha perdido mucho por dedicar toda su vida al fútbol?
Tengo que haber perdido muchas cosas pero el fútbol ha llenado mi vida absolutamente. Yo soy un hombre solitario, me acostumbré, vivo para mi familia, mi trabajo, mi familia es el area deportiva de TVN.

¿Cómo es su rutina a sus 89 años?
Pero tenía que decir esa impertinencia.

Me está tratando como a Pedro Carcuro, sapito.
Pero es que lo único que trato es que nadie sepa la edad que tengo, figúrese, a pesar de los años todavía sigo funcionando. Me despierto temprano, hago mis cosas, vengo al canal y hago dos programas de radio.

¿Cómo lo hace para tener tanta energía?
No sé, a pesar de que tengo artrosis en una rodilla y me molesta pero de ahí para arriba ando bien.

Acaba de cumplir 40 años de dupla con Pedro Carcuro.
Lo curioso es que Pedro siempre me trata de usted, me dice don Sergio, nunca me ha tratado de tú y yo lo trató de huevón para abajo.

Alguna anécdota todos estos años…
Hay, pero no quiero recordarlas, quiero mirar para el frente no para atrás.