El escritor y actual embajador chileno en Francia, en su última novela titulada “Los círculos morados”, relató los abusos que sufrió cuando niño por el sacerdote jesuita Eduardo Cádiz Jara.

“Las efusiones del padre Cádiz crecieron en forma paulatina, a un ritmo que no podría precisar, con besos más insistentes y provocaciones diversas” dice Edwards a El Mercurio, que hoy publica este artículo.

Eduardo Cádiz nació en Valparaíso en 1909 y ya en 1940 era un sacerdote ordenado. En el colegio San Ignacio de Alonso Ovalle ejerció sus primeras labores pedagógicas. Allí fue donde conoció a Edwards, que según relata el escritor, por esas épocas el cura prefirió llamarle  Lalito.

Cádiz, según cuentan estudiantes que lo conocieron a El Mercurio, era un hombre entusiasta que siempre jugaba con los niños y arbitraba sus partidos de fútbol. Era un reconocido hincha futbolero. Su equipo era el Racing de Santander.

En la nota, habla Jorge Lavandero  -que cumplió 5 años de condena por abuso de menores- también estudiante del San Ignacio de Ovalle: “No fue profesor mío, estaba a cargo de los más niños, pero siempre lo veías con el silbato dirigiendo partidos”.  En todo caso, la cercanía de Cádiz con los más pequeños habría comenzado de casualidad: como era chico de porte lo mandaron con los niños, porque los más grandes no lo respetaban, según afirma a El Mercurio un estudiante del San Ignacio de Ovalle.

El cura que abusó de Edwards salió de los Jesuítas en 1954 y no se tienen mayores registros de lo que hizo después. Uno de los últimos vestigios que dejó Cádiz fue un par de fotos en la revista Zig Zag de 1951 donde aparece en la isla Chinquío -isla que los jesuítas compraron  en la X región- comiéndose un curanto con el alcalde de Puerto Montt de entonces.

Eduardo Cádiz murió el 85 a los 76 años. Edwards le perdió la vista cuando el sacerdote desapareció del colegio, en 1943.

 

 

 

 

A Radio Bio Bio:

“El cura estaba loco, era un loco sexual”

 

De repente vuelven, vuelven como fantasmas las cosas”