La noticia del despido del director del CEP, Arturo Fontaine, sorprendió debido a su extensa trayectoria en el influyente think tank, el que encabeza desde 1983. La decisión tomada por el Comité Ejecutivo de la entidad habría sido por su presunto “bajo perfil mediático”, según informó hoy el diario Financiero. Sin embargo, existen varios archivos periodísticos que dan cuenta de sus opiniones anti lucro en las universidades y opositoras a un proyecto emblemático del gobierno de Sebastián Piñera: la Ley de Superintendencia de Educación Superior.

Su postura, poco común en el emblemático centro de estudios del empresariado chileno, se expresa en varios artículos de Ciper Chile. A continuación, sus principales lineamientos:

-Respecto al libro de “El problema no es el lucro, es el mercado”, de Patricio Meller:

“A mi juicio, el lucro importa y mucho. A mi juicio, no debiera estar permitido en instituciones educacionales que reciben subsidios del Estado. Entre hacer un laboratorio de física o hacerse una casa en el lago, ¿qué escogerá nuestro empresario, dueño de universidad? Entre tener una proporción razonable de alumnos por profesor y aumentar los alumnos al máximo para aprovechar economías de escala, ¿no escogerá lo último? Entre pagar arriendos y servicios necesarios y a un costo de mercado y multiplicar servicios innecesarios y pagar más arriendo del de mercado siendo dueño de las empresas que prestan dichos servicios y de los edificios que se arrienda él mismo, ¿no tenderá a escoger lo último? Bueno, es que en tal caso eso no ha ocurrido. Bueno, se nos dice, habría que demostrar que eso ha ocurrido.

Bueno, no todos los dueños de bancos prestan el dinero de los depositantes a sus propias empresas aunque estén al borde la quiebra. Algunos separan el banco y sus demás negocios. Pero la tentación es grande, es peligrosa. Por eso la ley restringe y regula los préstamos a empresas relacionadas. Nada impide que un director de banco que fuese parlamentario separara el bien público del de su banco y legislara incluso en contra de los intereses de su banco. Pero la tentación de hacer lo contrario es muy grande. Por eso la ley prohíbe que un parlamentario sea director de banco. Es una norma preventiva y prudencial.

El Estado, se nos dice, debiera supervigilar a estos empresarios de la educación universitaria. Bueno, ya es difícil a Impuestos Internos y a la Superintendencia de Valores supervisar a los empresarios en negocios comunes y corrientes. Ya es dificilísimo supervigilar a las instituciones educacionales sin fines de lucro. No es prudente, no es realista pensar que los funcionarios públicos a cargo de dicha vigilancia van a poder hacerlo con eficacia si los vigilados tienen por fin el lucro.

La norma que hace de las universidades corporaciones sin fines de lucro puede quedar de este modo sin efecto. Esta práctica ha tendido un manto de duda y sospecha sobre las universidades privadas a pesar de que también las hay que son de calidad, hacen un aporte significativo al país y respetan plenamente la legislación vigente. Esta práctica -que el proyecto quiere evitar- tiende a carcomer la confianza en el emprendimiento privado.

A mi juicio -y estoy haciendo esta tarde un planteamiento estrictamente personal- es de gran importancia que se desarrolle en Chile una cultura de la filantropía y de las instituciones sin fines de lucro. Estoy convencido de que, como ya lo anticipara Tocqueville, ello le da raíces profundas a la democracia, a una real economía social de mercado y a la sociedad pluralista”.

-Sobre el proyecto de Ley de Superintendencia de Educación Superior:

“Este procedimiento, tal como está, no asegura suficientemente el cumplimiento de la ley orgánica que prohíbe el lucro abierto y encubierto.

El proyecto de ley bajo discusión -según señala el Mensaje Presidencial que origina su trámite parlamentario- se propone “modificar la Ley General de Educación” con el objeto de “regular las operaciones de todas las universidades con personas relacionadas, de modo que esa vía no sea empleada para obtener los beneficios económicos que la ley prohíbe”. Adicionalmente, se incorporan a los directorios de dichas universidades tres miembros independientes a fin de “asegurar una mayor ecuanimidad en la toma de decisiones”.

Lo ocurrido, y que el mensaje reconoce, es que por décadas en muchas universidades se ha vulnerado el espíritu de la ley por la vía de contratos que celebran empresas comerciales de propiedad de los propios controladores de la corporación universitaria con esa misma universidad. En otras palabras, los mismos están a los dos lados del mesón. Eso genera un serio conflicto de interés. La norma que hace de las universidades corporaciones sin fines de lucro puede quedar de este modo sin efecto. Esta práctica ha tendido un manto de duda y sospecha sobre las universidades privadas a pesar de que también las hay que son de calidad, hacen un aporte significativo al país y respetan plenamente la legislación vigente. Esta práctica -que el proyecto quiere evitar- tiende a carcomer la confianza en el emprendimiento privado”.

-Sobre la calidad de la educación superior mientras haya lucro:

“Vamos a tener un enorme ejército de profesionales que, en el fondo, creyeron que eran licenciados reales, pero son licenciados de papel.

¿Cómo es que esto ha funcionado tanto tiempo? Creo que ha habido una gran ilusión, una especie de gran sueño ingenuo, y del cual estamos empezando a despertar. La ilusión nos dice más o menos así: los intereses económicos de los empresarios que usan las universidades para lucrar (lucro ilegal y encubierto), coinciden milagrosamente con el viejo ideario de “universidad para todos”; estos mismos empresarios se encargan, aparte de ganar dinero, de disminuir la desigualdad en Chile, de aumentar la movilidad social y de aumentar los ingresos del país… Todo coincide: los viejos ideales socialistas y el viejo afán de lucro se dan la mano y tenemos una situación armónica, ideal, en la cual no hay conflicto de interés ninguno.

Entonces, dejemos que haya lucro universitario y sin importar demasiado la calidad de las universidades, pongámonos a esperar. Los resultados serán maravillosos: subirán los ingresos, disminuirá la desigualdad de ingresos y de status, y nos acercaremos a la universidad para todos. Esta ilusión se está desmoronando ante nuestros ojos. Es evidentemente una ilusión cruel, porque lo que se ha hecho es lucrar y engañar a la juventud -sobre todo a la juventud más modesta- con una promesa que la universidad en muchos casos no puede cumplir.

Además, aquí hubo una ceguera respecto a lo que es el mercado. El mercado no es estúpido. Entonces, ante 20 títulos de abogados, periodistas y psicólogos de universidades diferentes, el mercado poco a poco empieza a distinguir entre los profesionales de tipo A, B, C y D. Y eso condiciona los ingresos de esos profesionales (muchos de los cuales jamás trabajarán como tales, por cierto), mantiene las desigualdades y no surge esta igualdad de status que a veces se invoca”.

-Sobre Sebastián Piñera en la campaña presidencial de 2009:

“Tiene que mostrar que, además de inteligencia, tiene corazón. Un líder debe despertar cariño en sus seguidores, no sólo admiración. Y (Piñera) despierta poco cariño, porque, pienso, bloquea sus vulnerabilidades”.