Vía: www.w5.cl

Autor: Carlos Basso

Luego que el 1 de abril de 1991, cuando Ricardo Palma Salamanca y Raúl Escobar Poblete, miembros de la llamada “Fuerza Especial” del Frente Patriótico Manuel Rodríguez Autónomo (FPMR-A), descerrajaran sus armas en contra del senador de la UDI Jaime Guzmán, el grupo subversivo entró en una debacle interna sólo semejante a la que se había producido en 1987, a consecuencias de la cual se dividió en dos facciones. Dentro de los “autónomos”, la facción más violenta y que siguió operando pese al retorno a la democracia, no había un acuerdo total respecto del crimen del parlamentario, pero finalmente los seis comandantes que formaban el comité central decidieron cerrar filas tras  la ejecución y seguir adelante con sus planes, que ya estaban trazados al menos desde 1989: asentarse en la VIII Región del Bío Bío.

Para ello, comenzaron a planificar el secuestro que cometieron en septiembre de 1991 en contra del periodista Cristián Edwards del Río, cuyo fin último era obtener dinero.

El millón de dólares que consiguieron les permitió poner en rodaje el que era el más ambicioso proyecto del FPMR-A, la creación de las Fuerzas Armadas Rodriguistas (FAR), una guerrilla rural que se asentaría en las sierras de Nahuelbuta, con su base operativa en Curanilahue y que ejercería influencia desde esa comuna, por el norte, hasta Lumaco y Purén, por el sur. Para ello, en Curanilahue ya tenían instalado hacía un buen tiempo a un hombre que en el pueblo era conocido como “el caballero de la miel” (pues durante varios años manejó una apicultura); mientras que para el FPMR-A era simplemente “Claudio” y, para el Registro Civil, Agdalín Valenzuela Márquez, un especialista en secuestros al cual se le encomendó en 1989 la misión de trasladarse a Concepción como jefe zonal e iniciar las acciones tendientes a crear las FAR, el sueño guerrillero que todos los grupos de ultra izquierda chilenos habían intentado sin éxito.

Por cierto, Valenzuela no era cualquier militante.  Había actuado en varios secuestros, en Brasil y en Chile, entre ellos el del cabo Germán Obando y el del teniente coronel de Ejército Carlos Carreño (liberado en 1987 en Sao Paulo), había recibido adiestramiento en Cuba y otros países, y era de la máxima confianza de la jefatura del FPMR.

Región dormitorio

Tras la liberación de Cristián Edwards, la policía civil logró la captura de varios frentistas implicados en el secuestro y también en el crimen de Jaime Guzmán, el más importante de los cuales era Ricardo Palma Salamanca. Sin embargo, los seis “comandantes” de la cúpula seguían en libertad, con dinero y nuevos domicilios. En efecto, a principios de 1992 comenzaron a moverse a la VIII Región, no sólo porque para ellos era una zona de “dormitorio” (es decir, donde podían ocultarse fácilmente gracias a las bases de apoyo y a la densidad poblacional), sino porque querían estar encima de su proyecto estrella, las FAR.

Así fue como esporádicamente empezó a aparecer en Talcahuano el líder máximo del grupo, Galvarino Apablaza Guerra, quien durante los años 80’ residió por varios periodos en un domicilio de población Los Lobos. Sin embargo, se estima que hacia fines de 1992 abandonó el país, reapareciendo hacia 2006 en Argentina, donde como es conocido se le concedió asilo.

Mucho antes de ello, sin embargo, cuando “Salvador” se fue de Chile, la dirección del FPMR-A quedó en manos de su segundo, Iván Figueroa Araneda (“Gregorio”), respecto del cual lo único que se sabe es que fue “ajusticiado” en 1995 por sus ex compañeros.

Juan Gutiérrez Fischman, “El Chele”.

El número tres de la organización era Juan Gutiérrez Fischman, “El Chele”, quien comenzó a viajar muy seguido a la VIII Región, alojando habitualmente en la casa de un familiar en el sector de Pedro de Valdivia, en Concepción, desde donde se trasladaba en bus hacia Curanilahue y Chillán, zona en la cual siempre se especuló ―pero nunca se pudo comprobar― que el FPMR-A había invertido dineros en una plantación forestal. El habría sido el “comandante” que encabezó una escuela de adoctrinamiento político que se realizó en el verano de 1993 en Dichato. Gutiérrez era un sujeto con prosapia dentro de la izquierda chilena. Su padre, Lisímaco Gutiérrez, perteneció a la guerrilla del Che Guevara, y “El Chele” estudió en la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, de La Habana, de donde egresó como subteniente de Ejército. Combatió con los sandinistas y se casó con Mariela Castro Espín, hija del actual presidente de Cuba, Raúl Castro, con quien tuvo dos hijas, aunque se habrían separado a fines de los años 80, pese a lo cual nunca habría perdido sus privilegios en la isla.

El cuarto hombre de la jerarquía del FPMR-A, en tanto, era Enrique Villanueva Molina, “Eduardo”, que en 1997 fue acusado por su mismo grupo de ser un infiltrado, lo que motivó su huida a Venezuela. A fines de 2010 el ministro en visita que investiga el caso Guzmán, Mario Carroza, lo sometió a proceso por dicho crimen y a fines del año pasado la Fiscal Judicial Beatriz Pedrals solicitó 15 años y un día de prisión en su contra. Según su versión, él no tuvo nada que ver con el crimen de Guzmán, pues asegura que dejó de pertenecer en 1989 al grupo subversivo, luego de que fuera sancionado por las fallas que se cometieron en un fallido atentado al comando de aviación de Tobalaba, donde fue asesinado un teniente de la FACH y donde también murió Roberto Nordenflycht, alto dirigente del FPMR e hijastro de Volodia Teitelboim, el entonces dirigente máximo del Partido Comunista.

Pese a ello, ha admitido ser él quien dio una entrevista en México, poco después del asesinato del senador, en la cual un encapuchado reivindicó el homicidio para el Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

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