¿Es necesario el relato breve? ¿Hay alguna intensidad retórica que tenga como base una cierta velocidad atenuada de la enunciación? ¿Algo así como una eyaculación precoz, positivizada, o un coito interrupto que economiza el gasto corporal? ¿Esa velocidad -que no debe ser confundida con aceleración- que nos reduce a una economía narrativa o a un desplazamiento retardado de la acción? Por eso este narrador apela a la síntesis de algún registro anecdótico. Resumen, reducción, atenuación o minimalismo del acontecimiento. Ojalá un silencio evocativo que le dé algún volumen o relieve a la posibilidad de la historia.

Cultivo una rosa blanca

Compro una rosa blanca en la pérgola de la subida Cumming, se la regalo a una amiga que atiende en el café Reina Victoria. En el momento de la entrega intento vanamente recitar un poema de Martí en que uno de sus versos es “cultivo una rosa blanca”. ¿Por qué hice eso si a mí no me gusta el verso y menos el modernista? Por una cierta opción sistémica por el registro paradójico, me respondo. Llega una madre con dos niños, se conocen con mi amiga. Hay una conversación distendida, los niños merodean por el café, comento lo del regalo y los versos olvidados, uno de los niños se lo sabe y lo recita: “Cultivo una rosa blanca/en junio como en enero/para el amigo sincero / que me da su mano franca”. Mi amiga se sonroja, creo, la madre del niño y yo nos emocionamos, a pesar de la humillación a que soy sometido, felicito al niño y le palmoteo la espalda.

Aparición azarosa

En otra ocasión, leo en el mismo café un artículo de mi autoría en voz alta a unas amigas y menciono la posibilidad de encontrarme con el operador cultural Cristián Warken, como ratificación de una situación negativa y paradojal, y el susodicho aparece por mediación del azar en el mismo lugar en que hacíamos la mención. Fue muy divertido para mis amigas la llegada del intelectual triunfador frente al fracasado que resentía su presencia en las zonas que supone propias; soy sometido a la doble humillación de estar en la provincia donde los otros, los de fuera, son requeridos y los locales, despreciados, por la lógica perversa que impera en el mundo liberal.

Ordinariez electoral

En una reunión de colegas comento que no hay nada más ordinario que ser candidato a CORE, porque esos tipos probablemente perdieron todas las internas de sus partidos y como consuelo les dan esa posibilidad (hard)core de manipular recursos y hacer lobby criminal. Mi sorpresa es que uno de mis interlocutores es candidato a CORE, el poeta chilote Mario Contreras. Yo a él lo entiendo porque corresponde a una orden de partido. Pero, además, me entero de que mi gran amigo Fernando Orellana también lo es por la zona de Vallenar-Huasco, incluso me regaló unos afiches. Hasta yo mismo fui tanteado para ser candidato a (hard)CORE. A ese nivel de decadencia. Me complico, sólo me resta admirar a los que hacen el esfuerzo, fuera del negocio corporativo de la derecha y la concertación. Insisto en que la recomendación más saludable es no votar y aprovechar ese día como un simple feriado. Alguien me comenta que es impactante ver la asquerosa oferta electoral; a nivel parlamentario es casi la misma basura humana, incluso un cómplice al observar la publicidad política en los parabrisas traseros de las micros de Valpo, echa de menos la figura del guatón Pinto con un niño en brazos. A ese nivel de hardcorismo.

El llanto de un niño

Voy al hospital Van Buren a buscar una doctora que me debiera atender del asma que me tiene a maltraer. La misma que padeció el Che y Lezama Lima. La busco en el consultorio pediátrico por una mala información y me topo a boca de jarro con el llanto de un niño que debe ser operado, su madre y una enfermera se lo acaban de comunicar, su llanto es digno, silencioso, tiene entre 10 o 12 años.

Está en una banca con los pies entre sus rodillas. Su madre está en el mesón de informaciones, su tranquilidad me tranquiliza y también a su hijo, creo. La escena me sobrecoge, alcanzo a palmotearle el hombro, tímidamente; me reprocho no ser más expresivo. El pudor me impide meterme en su dolor. A mi doctora no la encuentro, porque está enferma con sinusitis, me voy del hospital achacado.

De lo que me hubiera gustado decir y no dije en mi calidad de oyente en una mesa de crítica en el ex Pedagógico, en el contexto del Encuentro Nacional de Escritores en que participó mi amigo Jaime Lizama y la Patricia Espinosa, porque desconfío de la oralidad.

-Que no quiero que parezca que uno quiere ajustar cuentas con alguna lectura interpretativa del periodismo literario de la Espinosa.

-Que parece que el orden libresco o literalitoso necesita del efecto que produce un juicio legitimador (o no) que proviene de la prensa mercurial o del estilo pontificador vaticano.

-Que hablar desde el discurso académico simulando una barricada marginalona y una causa emancipadora es altamente sospechoso, no tanto por el refugio universitario, sino por el proyecto de canon promovido por esa agencia del poder cultural nacioanal.

-Que el sistema crítico no puede estar referido a una emisión libresca, asumida como obsesión por parte del gremio literario; en ese contexto comparto con Jaime Lizama que opta por un diálogo con otros productos más amplios que el formato editorial.

-Que las prácticas territoriales de escritura son refractarias al modo canónico proveniente de esa ideología de la compulsión enunciativa que, sin humor y con mínimo espesor crítico, asume todos los protocolos y solemnidades institucionales, y que frente al poder sólo aplica un reproche blando y contenidista, producto de la opinión construida con ideologemas, y no por una operación reflexiva.

-Que gracias al ejercicio descomposicional de las prácticas territoriales de escritura los formatos y soportes se han multiplicado, superando el registro autoral-editorial consagratorio.

-Que hay un nuevo momento de la asociatividad gremial de los agentes de escritura (SECH) que lo reconoce al incorporar el texto de nuevas generaciones y al exhibir una actitud afectiva y respetuosa, en relación con los colegas, me imagino.

-Que la nueva provincia está estableciendo un nuevo estatuto crítico que la razón metropolitana -patriarcal, uniformadora y discrimanadora- omite y/o desprecia, pero que es la base de un nuevo relato.

-Que o la tumba será y la CTM.

Nota: Ojo, la CTM corresponde a ese tercero que hay en toda relación dialógica (esto es letra chica).